LOS
NIÑOS Y LA CRISIS
Oscar Incarbone
Coordinador Internacional de la
Comisión permanente de Recreación de los CPEF.
Las consecuencias que la crisis económica está dejando en los niños es
definitivamente, nefasta. Nuestras criaturas miran azoradas como sus padres se
empobrecen y se angustian, se desequilibran y se desorientan, se estresan y se
enferman.
No comprenden, no pueden comprender, por qué casi
repentinamente en sus vidas todo cambió, por qué no pueden obtener el juguete o
la golosina que siempre disfrutaron, por qué la comida ya no es tan rica ni tan
abundante como era, por qué no pueden seguir concurriendo al colegio que les
gustaba y por qué papá y mamá, están siempre tensos y de mal humor y cada día
les prestan menos atención.
Para los niños no hay respuesta posible - quizá para los
adultos tampoco - que justifique este desconcertante estado de cosas, e incapaces
de procesar estos terribles cambios, somatizan sus tensiones, desembocando en
cuadros clínicos agudos, como lo atestiguan los médicos que diariamente ven
aumentada la cantidad de pequeños pacientes en los hospitales
infanto-juveniles.
Las estadísticas médicas no mienten cuando muestran un
aumento significativo de las consultas por niños con desbordes emocionales,
trastornos de ansiedad, crisis de angustia y crisis de excitación psicomotriz
en chicos muy pequeños que no aceptan límites, que repentinamente se tiran al
piso y patalean como poseídos, desconcertando a sus padres y agregándoles un
pesar adicional a los que ya acumulan, por obra y gracia de la crisis que se
abate sobre todos nosotros.
Por otra parte, los adolescentes - como es natural - también
se ven seriamente afectados y, al desconcierto y rebeldía que son normales para
esa edad, agregan crisis de pánico, violencia desmedida, desprecio por la vida
propia y ajena, inclinación a las adiciones y sexualidad precoz, con su secuela
de riesgos de contagios de enfermedades transmisibles y de embarazos de
adolescentes casi niñas.
Lo más preocupante es comprobar que los niños asisten al
derrumbe social y moral de sus padres, quienes se encuentran inmersos en los
avatares de una crisis que no pueden controlar, víctimas del desempleo y la
expulsión de la sociedad productiva, agobiados por las deudas y sin saber como
salir, ni como avizorar un futuro, sin medir que preocupados por construir el
futuro de sus hijos los están matando en el presente..
Para los niños el soporte de sus padres es fundamental, ya
que ellos siempre han sido su ejemplo y su referencia, por lo que ver a sus
padres endebles y temerosos, les provoca reacciones de desamparo, inseguridad y
temor.
Así se están criando nuestros hijos en la actualidad, y esto
no se refiere específicamente a las clases socioeconómicamente más bajas, ni a
los grupos sociales marginales, sino prácticamente, a todo el tejido social.
Un ejemplo clásico es el del industrial de clase media alta,
que se vio obligado a cerrar su fábrica, despedir a sus obreros, asumió deudas
comerciales que hoy no puede afrontar, quiebra y se derrumba, luego de una vida
entera de dedicación a construir la futura seguridad de los suyos.
En la familia de este industrial argentino, elegido como
ejemplo (leading case), en pocos años todo cambió, de la creciente prosperidad,
se pasó a la amenazante bancarrota. Ya no pueden sumir los gastos de un lujoso
country, los autos importados y los largos viajes al exterior. La vida social
con sus pares, que están en una situación similar, se resiente y los afectados
se aíslan.
Aumentan el mal humor y las tensiones intra familiares, los
reproches y los desencuentros. De la prospera holgura se pasó a restringir el
contenido de la heladera.
Y allí, presenciándolo todo, sufriéndolo todo, están los
niños, que en el caso que hemos elegido, ya no podrán seguir estudiando en
colegios privados bilingües, no dispondrán de los juguetes electrónicos a los
que estaban acostumbrados, no encontrarán respuestas favorables a sus demandas
de solaz y diversión, y sobre todo, experimentarán la sensación de que el mundo
se les vino abajo y que entre tantas pérdidas, también están perdiendo la
dedicación y el amor de sus padres.
Recuerden que estamos ejemplificando el caso de una familia
acomodada de la clase media superior, ahora piensen en una familia de condición
humilde, cuyo padre era obrero y fue despedido de su trabajo.
Entonces el panorama es angustiante. Y recuerden que allí
también están los niños - que siempre son más numerosos que en los sectores
sociales con más poder adquisitivo - que lo presencian todo, lo sufren todo.
Y la gran pregunta es: si los niños de hoy están angustiados
¿qué podemos esperar de los adultos que serán mañana? La posible respuesta es
ensombrecedora: Si no contamos con niños sanos e inteligentes hoy, no esperemos
contar con adultos sanos e inteligentes en el futuro.
¿Qué se está haciendo desde el estado para paliar esta
terrible situación? Prácticamente nada, como respuesta institucional orgánica,
se podrían mencionar algunas acciones de Municipios puntuales, pero como plan
estratégico global de alcance Nacional estamos sin horizontes, y sí mucho,
muchísimo por la buena voluntad y el espíritu de servicio de los profesionales
médicos y terapeutas que, por unas monedas, que a veces ni siquiera son monedas
de curso legal, ponen todo su esfuerzo para colocar un pequeño tapón a un dique
que se desborda. ¿Qué están haciendo las instituciones privadas, las
intermedias y las ONG? ( organizaciones no gubernamentales). Muchos análisis,
muchas teorías y casi nada en la práctica, salvo contados casos puntuales que
se pierden ante la gran demanda o mejor dicho necesidad y crisis social.
Quizá por falta de recursos - ¿cuando no? - o por lo
intempestivo y galopante del problema, o porque no tienen a mano una posible
solución para aplicar.
Ante esta terrible realidad, la sociedad debe reaccionar y
crear autodefensas, tal como un organismo infectado. Todos deberían aportar su
creatividad y su esfuerzo para revertir la situación, sin banderías ni
mezquindades.
¿Qué podemos hacer nosotros, los profesionales de la
educación física y la recreación?. Yo creo - y lo creo sinceramente - que
mucho. Podemos hacer mucho, precisamente ocupando los espacios que esta
endemoniada crisis genera o deja al descubierto.
Desde ya que no tenemos una solución integral para la crisis
económica - Dios sabe cuando desearíamos tenerla - pero es nuestra obligación
acercar nuestro aporte posible y pertinente, que con una aplicación cuidadosa,
basada en las experiencias internacionales para los niños y los adolescentes,
puede resultar muy eficaz.
Y propongo que nosotros, los profesionales de la educación
física y la recreación, tomemos la delantera organizando una campaña nacional -
de acción, no de discursos - para paliar, desde nuestros específicos
conocimientos la triste situación que hasta aquí he descrito.
Todos sabemos que cuando estamos tristes, angustiados o
deprimidos, una buena válvula de escape es divertirnos, entretenernos y, aun
sin muchas ganas, obligarnos a cambiar de ánimo haciendo algo tan simple como
salir a caminar o encontrarse con un amigo a conversar.
Una posible alternativa, una forma de solucionar - aunque
sea en parte - el angustioso problema de los niños afectados por esta tremenda
crisis, es volverlos a los juegos, inducirlos y reorientarlos hacia la
actividad primigenia y básica de todos los seres humanos. Al juego, ese
elemento formador de mente, cuerpo y conexión social. Ese mundo maravilloso de
imaginación y solaz que atesoran los niños y que no se puede reemplazar por
nada. Ese entrenamiento placentero para hacerlos adultos eficientes en el
mañana.
Todos los especialistas del mundo coinciden en que el juego
- la actitud lúdica - es una parte indispensable del desarrollo humano, que
comenzando en los primeros años de la infancia, no se debería abandonar durante
el resto de la vida.
Los niños juegan espontáneamente, como una parte natural de
sus conductas, juegan aun
durante situaciones muy extremas y dolorosas como la guerra, por ejemplo. Los
niños necesitan jugar, quieren jugar y disfrutan jugando.
El juego los retorna a su verdadero mundo interior, el de la
imaginación y de las ilusiones, los preserva del agresivo ambiente exterior y,
sin aislarlos, los rodea de una atmósfera protectora, que neutraliza, al menos
por un tiempo, las angustias, las tensiones y los miedos que el comportamiento
de los adultos, hoy tan alterado, les puedan infundir.
Nosotros, los profesionales del mundo de la actividad física
y de los juegos sabemos mucho sobre esto, y creo que llegó la hora de que
pongamos nuestro talento al servicio de la comunidad. Y nada mejor que brindar
ese servicio a través de los niños, en busca de un doble propósito:
Primero, aliviar la angustiosa confusión de los niños y segundo, aliviar la
estresante sensación de impotencia de los padres para mantener a sus hijos
sanos y felices.
Es posible que esta parezca una contribución pequeña, pero
estoy convencido de que si todos juntos no proponemos llevar adelante este
plan, la contribución resultará sorprendentemente grande.
Para ello debemos ocupar todos los espacios físicos que
nuestro entorno nos permita: parques, plazas, edificios públicos, colegios,
escuelas, bibliotecas, cines, teatros, locales comerciales o galpones, pueden
ser la sede básica donde se reciba a los niños y se les induzca a jugar
creativa y alegremente durante algunas horas. Bajo la atenta vigilancia de los
profesionales, que deberán contenerlos, alentarlos y proporcionarles las ideas
y los elementos básicos para el propósito que se busca. Se trata de aportar a
la creatividad y transmitirles seguridad.
Este plan que, aunque masivo no exige grandes inversiones,
dado que opera sobre lo ya existente, si requiere del apoyo imprescindible de
la prensa, que con un par de notas en las revistas y diarios principales y
alguna aparición en televisión, producirá una convocatoria masiva, base del
éxito del proyecto.
Y, por supuesto, también requiere del apoyo desinteresado de
las autoridades de la nación, o las provincias.
Algún día la crisis actual habrá pasado y ya no será
necesario asistir a los niños con juegos cooperativos, juegos inclusivos para
el, sus pares y porqué no para su familia toda, inducidos para calmar sus
angustias. Pero el juego subsistirá, inducido o no, porque así es el designio
natural de la vida.
Los niños jugarán, simplemente porque son niños, jugarán por
que les gusta... simplemente, ¡jugarán por jugar!
Oscar Incarbone