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Documento:

EL OCIO COMO DISPOSITIVO PARA LA POTENCIACIÓN DEL DESARROLLO HUMANO ¨

Autor:

JOSÉ FERNANDO TABARES FERNÁNDEZ

Presidente Corporación CIVITAS. ¨

Origen:

I Congreso departamental de recreación de la orinoquia colombiana

Villavicencio, Meta. Octubre 20 – 22 de 2005



 

 

 

 

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PONENCIA

 

 

PRESENTACIÓN

El presente trabajo pretende dar a conocer a los asistentes algunas regularidades propias del fenómeno del ocio, que intentan aportar a la reflexión y atención de un fenómeno tan olvidado pero tan valioso para la construcción de mejores vidas humanas.

Quizás no sea este el espacio para hacer una disertación profunda sobre el binomio ocio y desarrollo humano, sino para explicitar aquel mundo de las prácticas gustosas, con altos niveles de autonomía y atravesadas por la gratuidad, que aportan de manera decidida a vidas más integrales.

Así pues, este documento ofrece algunas pistas que intentan caracterizar este tipo de prácticas para que los participantes encuentren elementos concretos que les permitan, de manera intenciona, favorecer procesos hacia la potenciación de proyectos desarrollados con cualquier tipo de población.

Este taller propone al ocio y la recreación como derechos ciudadanos, trascendiendo aquellas posturas que van desde considerarlo como símbolo de las sociedades “industrializadas”, hasta identificarlo como la madre de todos los vicios.

 

CONSIDERACIONES PRELIMINARES

Como el cometido de este documento es el de presentar al ocio como un ámbito propicio para la búsqueda de mejores condiciones de vida para las personas, se inicia con algunos conceptos que tradicionalmente se han asociado con este tipo de prácticas y que han representado uno de los mayores obstáculos para su desarrollo.  Particularmente en nuestro medio, se encuentran imaginarios tales como: El ocio es madre de todos los vicios, es peligroso y por tanto debemos estar ocupados en algo útil para evitar estar en tal situación.  El ocio es propio de sociedades desarrolladas, que pueden disfrutar de él por tener garantizadas todas las demás necesidades y además por poder contar con los suficientes recursos para acceder a sus prácticas.  El trabajo es complejo y difícil y requerimos de formación y preparación para realizarlo, el ocio en cambio es fácil y cualquier persona está en condiciones de vivenciarlo.

En relación al primer imaginario relacionado con la perspectiva negativa del ocio, es importante anotar que ha sido quizás uno de los mayores obstáculos para avanzar en propuestas que permitan posicionar las prácticas de ocio en los diferentes escenarios, sea el familiar, el escolar o el comunitario.  Una sociedad fundamentada en el trabajo, no puede ver en el ocio sino una amenaza contra la cual luchar, mediante todas las estrategias posibles. 

Vale anotar que en esta perspectiva el ocio es mirado de manera menos despectiva, cuando aparece como el espacio donde se recuperan las fuerzas para volver al trabajo.  Es, podríamos decir, la mirada “positiva” más reiterativa frente a este tema.

En referencia al concepto de ocio que lo ubica en un determinado tipo de sociedades, vale la pena citar a Ruiz Olabuenaga cuando afirma:

“Una última interpretación relaciona al ocio con el desarrollo industrial haciéndolo dependiente de un determinado grado de afluencia socioeconómica de la que, hoy por hoy, solamente pueden disfrutar los ciudadanos de unas pocas sociedades, las opulentas del capitalismo industrial, la elite internacional, social o política.  Con estas limitaciones de planteamiento el ocio queda reducido a una condición de oportunidad socioeconómica sin que pueda atribuírsele ninguna otra connotación intrínseca.  El ocio equivale al tiempo libre del que disponen las sociedades industrializadas avanzadas, durante el cual ejercen una serie de actividades que la ley económica de la subsistencia impide a otras sociedades, a quien obliga a dedicarlas al trabajo constreñido”. [1]

Este tipo de imaginarios ha conducido a situaciones en donde lo económico como referente fundamental aparece como determinante en la existencia o no de las diferentes expresiones del ocio.  Para nuestro caso particular se considera que el factor económico condiciona, más no determina la existencia de diversas prácticas en todas las sociedades del mundo.  De Lima Camargo[2], en relación con este aspecto, plantea que supeditar la afluencia económica como determinante del ocio es, en referencia a la pobreza, como vaciar a los empobrecidos de todo referente de deseo humano de divertirse, de interactuar con los demás, de encontrar espacios que bajo referentes distintos, posibilite la inclusión y la participación.  Hoy otras perspectivas del desarrollo más integrales reconocen el valor y presencia del ocio en todas las sociedades del mundo, con sus características propias en cuanto a manifestaciones, referentes culturales y barreras de acceso.

En cuanto al poco valor asignado al ocio como escenario de potenciación humana, basta mirar su presencia en los planes de desarrollo municipal o en el sistema educativo.  La preparación del ser humano está dirigida más al mundo del trabajo que al del ocio.  Quizás un ocio estéril que  sólo posibilita la reproducción básica de la vida y la existencia de condiciones injustas de exclusión y marginación de las mayorías.

Reivindicar el valor del ocio como aspecto importante en la vida humana, requiere trascender los imaginarios que lo ubican como algo sin valor y apenas merecedor de alguna atención.  En palabras de Csikszentmihalyi

… hemos llegado a asumir que el tiempo libre es una de las metas más deseables a que podemos aspirar.  Aunque el trabajo se considera como un mal necesario, ser capaz de relajarse y de no tener nada que hacer le parece a la mayoría de las personas  la vía regia hacia la felicidad.  La creencia popular consiste en que para disfrutar del tiempo libre no se necesita ninguna habilidad especial y que cualquiera puede hacerlo.  Pero las pruebas obtenidas sugieren lo contrario: el tiempo libre es más difícil de disfrutar que el trabajo.  Tener ocio a disposición de uno no aumenta la calidad de vida, a menos  que se sepa cómo servirse de él eficazmente, y esto no es de ningún modo algo que se aprenda automáticamente [3].

 

QUÉ ENTENDEMOS POR OCIO [4]

Frente al ocio, muchas definiciones han sido propuestas.  Diferentes autores en diferentes momentos históricos han presentado definiciones de ocio.  Para el caso de este documento, más que apostar por alguna de ellas o por una nueva, lo que se presenta es la identificación de las regularidades constitutivas de dichas experiencias, que a su vez están condicionadas por factores sociales y culturales.

En la búsqueda de referentes que apuesten por estrategias de encuentro más que de desencuentro, se considera que la presentación de unos elementos constitutivos alrededor de los cuales generar encuentro y reflexión, en relación con el desarrollo humano, aparecen como más pertinentes. 

Así pues se proponen tres elementos constitutivos presentes en el ocio:

1.      El elemento constitutivo temporal: 

El componente temporal es un referente importante.  Es decir, la referencia a lo que en horas puede ser un día de cualquier persona y que permite dar cuenta de sus diferentes ocupaciones y saber lo que realmente puede ser considerado como tiempo realmente libre.  Este elemento constitutivo tiene un valor fundamental, pues de acuerdo al género (los roles asociados al género), al estrato (las posibilidades de acceso), al empleo (empleo estable, subempleo, trabajo informal), etc., la disponibilidad de tiempo libre es mayor o menor y por tanto las condiciones para el ocio lo son de igual manera. En este sentido, se encuentran posiciones que consideran tiempo libre a aquel lapso de tiempo que no está ocupado por la obligación de trabajar.  Así pues, puede entenderse como el tiempo no dedicado a una labor remunerada.  Otras posiciones agregan al tiempo de no trabajo, el tiempo dedicado a tareas y obligaciones como la familia y los cuidados personales.  Hay otros que incluso excluyen del tiempo libre el dedicado a actividades espirituales y políticas, entendiendo como tiempo libre aquel que no está determinado por ninguna imposición sea del tipo que sea.

El tiempo puede ser considerado como uno de los componentes fundamentales del ocio.  Hay una parte del tiempo en donde la persona se dedica a actividades necesarias o socialmente impuestas.  Cuando se está en condiciones  de disponer de espacios de tiempo que no responden a lo  impuesto, puede empezar a hablarse de un tiempo realmente libre.  Es decir, un tiempo que la persona puede dedicar a realizar actividades a las cuales atribuye valor y en la cual encuentra momentos de placer y disfrute.  De acuerdo con Trilla y Puig  el elemento constitutivo temporal es la condición primera y necesaria del ocio, y puede ser entendido  en cierto sentido como la <<libertad de>> imprescindible para hacer posible la <<libertad para>> que nos acerque al ocio.  De acuerdo con esta mirada, el tiempo, es el fundamento objetivo y cuantificable sobre el que se puede manifestar una actividad de ocio”.

2.      El elemento constitutivo de la actividad:

Otro componente importante para hablar del ocio, es la actividad que se realiza.  La actividad como componente importante para el acercamiento al ocio  puede ser considerada como aquello que hacemos en nuestro tiempo libre y que va desde el descansar, dormir, practicar alguna actividad deportiva, leer, ver televisión, salir de paseo, ir al cine, etc. 

El ocio, además del tiempo libre, se ve materializado en actividades que son elegidas para ocupar ese tiempo libre.  En opinión de Trilla y Puig, la importancia de la actividad no radica en ser vehículo del ocio, sino en la significación que tiene para la persona y en el aporte que tiene para la formación personal y el desarrollo social.  Es decir, la actividad juega un papel fundamental en el análisis del ocio, pues en ella confluyen imaginarios, intenciones y estructuras que es necesario entender sobre todo en la perspectiva del desarrollo humano.

3.      El elemento constitutivo de la Experiencia:

De acuerdo con WLRA[5] El ocio se refiere a un área específica de la experiencia humana, con sus beneficios propios, entre ellos la libertad de elección, creatividad, satisfacción, disfrute y placer, y una mayor felicidad.  Comprende formas de expresión o actividad amplias cuyos elementos son frecuentemente tanto de naturaleza física como intelectual, social, artística o espiritual.

Es lo que actualmente se puede denominar como experiencia de ocio, centrada en la persona.  Desde este planteamiento el llamado tiempo libre y la actividad como tal pierden importancia.  La persona en su tiempo de trabajo, puede realizar una actividad con la que se identifique tanto que no represente un opuesto con lo que haría en el llamado tiempo libre.  Sin embargo para el caso de este documento no es lo mismo trabajo que ocio, y más bien, pudiera decirse que hay labores que potencian condiciones para el desarrollo de las personas, pero que en ningún caso pueden ser entendidas como ocio.  Por tanto la experiencia a la que se hace referencia es la de ocio y que contiene los dos elementos constitutivos desarrollados anteriormente (tiempo libre y actividad).  Para un análisis más detallado de este aspecto véase Csikszentmihalyi [6]. 

Las características distintivas de la experiencia de ocio, son:

1.             Autonomía en la elección de la actividad.

Es decir que la persona no depende sólo de influencias externas para participar o no en una determinada actividad.  Podría entonces hablarse de autonomía en un doble sentido, la autonomía en el qué y autonomía en el cómo.  Para la primera, la autonomía supone libertad para elegir la actividad.  Con respecto a la segunda, el individuo mantiene la responsabilidad sobre el desarrollo de la actividad y la manera de realizarla.

Es importante anotar que cada forma de ocio propone sus condiciones; así por ejemplo cuando se decide participar en una determinada actividad se asume que se respetarán las reglas de la misma. En este caso, la autonomía tiene que ver  con la decisión de participar respetando o concertando las reglas de dicha actividad. 

2.      Autotelismo.

Es decir que las prácticas de ocio tienen una finalidad en sí misma.  No es deseable una actividad en razón de lo que produce sino en el valor intrínseco que le asigna una persona.  Se busca entonces la vivencia agradable que produce una actividad en la que se encuentra valor por sí misma. 

3.      Encontrar placer y disfrute.

Esto es que las actividades que son elegidas libremente para vivir el ocio, sean ellas mismas generadoras de placer y disfrute.  No es imaginable un ocio aburrido, tedioso y penoso, pues en realidad sería un ocio fracasado.  Sin embargo no debe ser confundido con definiciones de diversión que remiten sólo a risas y recocha.  La gratificación tiene que ver con el hecho de hacer por el gusto que produce, y que incluso puede incluir el esfuerzo en la ejecución de las actividades elegidas para vivir el ocio.

Puede ser interesante plantear que aunque cada uno de los componentes que se han presentado es importante para explicar el ocio, ninguno de ellos alcanza por separado a explicarlo en su totalidad.

Así por ejemplo, cuando una determinada sociedad no garantiza las condiciones básicas para que las personas puedan disponer de condiciones dignas en su tiempo libre, condiciona el valor y aporte de las experiencias de ocio en lo referente a su aporte a mejores condiciones de vida.  Igualmente se podría decir de las actividades que se realizan en el tiempo libre, es decir que no es suficiente con una gran cantidad de programas y eventos para decir que el ocio es elemento valioso en la dirección del bienestar humano.

Queda planteado entonces que una adecuada lectura del ocio debería pasar por un análisis de las condiciones de las personas, de sus preferencias, de su tiempo libre disponible, de las actividades que realiza y del aporte que todo esto hace a las condiciones reales de bienestar.

 

EL OCIO COMO DISPOSITIVO PARA LA POTENCIACIÓN DEL DESARROLLO HUMANO

Los estudios de ocio en por lo menos los últimos 20 años, han venido desarrollando importantes esfuerzos en torno a la construcción de marcos referenciales que permitan trascender aquella mirada que situaba su desarrollo, casi exclusivamente, en la cantidad de ofertas ofrecidas o las prácticas realizadas.

Una mirada más cualitativa y relacionada con conceptos como bienestar, calidad de vida o desarrollo humano, ha empezado a conocer algunos planteamientos que cuestionan la relación directa del ocio con el desarrollo humano.  Hoy la búsqueda se dirige más a la pregunta de ¿cuál ocio es el que más potencia el desarrollo humano?  Para responder a esta pregunta es necesario pasar por el análisis de las diferentes prácticas de ocio. 

Hoy es posible afirmar que no todas las prácticas de ocio potencian de igual manera el desarrollo humano.  Planteamientos como los de Csikszentmihalyi [7] quien lo plantea como ocio pasivo o activo,  Stebbins [8] quien habla del ocio serio y el casual, para Cuenca [9] el ocio autotélico y para Tabares [10] y Osorio ¨ los satisfactores del ocio, dan algunas pistas a este respecto.

Es decir que bajo la identificación de las regularidades propias del ocio, es posible dar cuenta de su relación con el desarrollo humano.  Una relación más, o menos, orientada hacia dicho referente.

Así entonces, el ocio puede ser potenciador de transformaciones o por el contrario ayudar a mantener el status quo. Por ello y antes de adentrarnos en el análisis de las prácticas de ocio, nos apoyaremos en el planteamiento de Victor Andrade de Melo y Edmundo de Drummod Alves [11], quienes para el análisis el ocio desde la perspectiva de la animación cultural plantean tres sentidos en dicha intervención.

En primer lugar está el paradigma tecnológico, en el cual el ocio cumple una función algo así como de ambulancia, es decir va de lugar en lugar atendiendo las situaciones más críticas, buscando fundamentalmente la atenuación de la situación problemática, pero sin avanzar en atender las causas de dicha situación. En este paradigma se inscriben las prácticas de ocio dirigidas, planteadas desde el profesional, de manera masiva y esporádica en la mayoría de las ocasiones.  Bajo este paradigma se busca garantizar las mejores condiciones para el estado de cosas se mantengan.

Un segundo paradigma, denominado por estos autores como Interpretativo, busca, desde la motivaciones y preferencias, garantizar el acceso a posibilidades que permitan desarrollar las prácticas de ocio a las que se atribuye valor.  Aunque este paradigma es presentado como la superación del tecnológico, se cuestiona su poca capacidad transformadora, pues su objetivo el garantizar el acceso a bienes y servicios sin preguntarse apenas por las condiciones e intencionalidades bajo las cuales se instauran.  Este paradigma corresponde al ofrecimiento de cursos, visitas a lugares y demás tipos de ofrecimientos para la población.

En último lugar, se encuentra el paradigma dialéctico, que entiende la realidad como algo histórico, con intereses de clases, que tiene en cuenta el contexto y las situaciones que son producidas en cada lugar por dichos condicionantes.

En este paradigma el ocio es orientado hacia el empoderamiento personal y político, la participación y en últimas en la búsqueda de mayores niveles de autonomía frente a las prácticas que son elegidas en relación con la potenciación de capacidades humanas. En últimas corresponde al planteamiento de Nelly [12] quien frente al tema del ocio dice:

Quizá el cambio más significativo sufrido por los estudios de ocio durante la última década haya sido considerar el ocio como algo <refutable>.  Este cambio está relacionado con otras perspectivas:  el ocio como algo socialmente imbricado en lugar de cómo algo separado o especial; el ocio como aspecto culturalmente situado, el ocio como aspecto político y el ocio como aspecto basado en los esquemas de producción y distribución de una economía mundial capitalista.  La naturaleza refutable del ocio suscita, asimismo, los antiguos aspectos sociológicos de género y clase social y los asuntos culturales de raza y etnia.  El ocio no es un ideal filosófico, sino un complejo conjunto de comportamientos, significados, estructuras e ideologías socialmente construidos.

Definido pues el ocio y partiendo de la base de su complejidad, su lectura en términos de aporte al desarrollo humano no puede quedarse en la descripción de las prácticas ni en el inventario de los equipamientos, sino que se hace necesario pensar referentes que puedan dar cuenta de la mayor cantidad de variables presentes en dichas prácticas.  En cada práctica u ofrecimiento subyacen imaginarios y representaciones que deben ser develados para dar cuenta realmente de su relación con el desarrollo humano.

 

A MODO DE CONCLUSIÓN

Las prácticas de ocio, en ellas mismas, no pueden ser presentadas todas como elementos potenciadotes de capacidades humanas.  Se hace necesario relacionarlas con formas de vida, con tipos, con la forma como favorecen u obstaculizan la participación y los niveles de autonomía, para poder afirmar su direccionamiento hacia el desarrollo humano.

Buscar referentes que permitan leer en su complejidad este fenómeno, permitirá una lectura más clara que aportará a posicionar este tipo de prácticas, como ámbitos con sus valores y beneficios propios, tan importantes para la vida  como cualquier otra necesidad.

 

 

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¨ Este trabajo se basa en el presentado al XIV SEMINARIO MAESTROS GESTORES DE NUEVOS CAMINOS  SEMINARIO  ESCUELA Vs JUVENTUD: ¿Encuentros o Desencuentros? Celebrado en la ciudad de Medellín el 24 y 25 de agosto de 2005.  Este documento hace parte de los avances realizados en el marco de la investigación Espacio, Ocio y Política: Distribución comparativa de los equipamientos culturales en la ciudad de Medellín, que lidera la Corporación CIVITAS.

¨ Corporación para el estudio y la promoción del ocio, la recreación y el tiempo libre orientados al desarrollo humano

[1] RUIZ OLABUENAGA, I., Ocio y estilos de vida, en Informe   sociológico sobre la situación social de España, Sociedad para todos en el año 2000, Fundación FOESSA, Madrid, 1994, Vol. 2, p. 1885.

[2] DE LIMA CAMARGO, L., Educación para el ocio. Editorial Moderna.  Sao Paulo Brasil.  1999

[3] CSIKSZENTMIHALYI, M.  Riesgos y oportunidades del ocio.  Aprender a Fluir.  Editorial Kairós, Barcelona.  1998

[4] TABARES. F., Ocio, recreación y desarrollo humano.  En Memorias VI Congreso Departamental    de Recreación.  Medellín, Mayo de 2005

[5] World Leisure and Recreation Association

[6] CSIKSZENTMIHALYI, M.  Aprender a Fluir.  Editorial Cairos S. A., Barcelona – España. 2003

[7] Ibid.  Pag. .86

[8] STEBBINS, R.  Un estilo de vida óptimo de ocio:  combinar ocio serio y casual en la búsqueda del bienestar personal.  En CUENCA, M. (ed.)  Ocio de desarrollo humano.  Propuestas para el 6º Congreso Mundial de Ocio.  Universidad de Deusto & World Leisure.  Bilbao.  2000.  Pags. 109 - 116

[9] CUENCA. M.,  Concepción actual del ocio y sus dimensiones.  Materiales de trabajo.  Núm. 1 (1997/1998).  Teoría del ocio.  Prof.  Manuel Cuenca, Prof.  Concepción Maiztegui.  Centro de Documentación en Ocio.  Universidad de Deusto.  Bilbao - España

[10] TABARES. F.,  El Desarrollo Humano como Marco de Análisis del Ocio en la Actualidad. http://www.redcreación.org/documentos/simposio2if/JFTabares.htm

http://sportsciences.com/sportdoc/

¨ Esperanza Osorio autora que ha desarrollado importantes aportes al sector de la recreación en relación al Desarrollo Humano.  Ha conceptualizado sobre el tema de los satisfactores.  Para mirar sus principales aportes mirar  http://www.funlibre.org

[11] ANDRADE DE MELO. V. y  DE DRUMMOND, E., Introducción al ocio.  Editora Menole Ltda., Barueri Brasil, 2003

[12] KELLY, John R.  Asuntos del milenio.  Una perspectiva global.  En CUENCA, M. Ocio y desarrollo humano.  Propuestas para el 6º Congreso Mundial de Ocio.  World Leisure & Universidad de Deusto.  Bilbao.  2000