|
|
funlibre |
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Ponencia |
|
|
SER IGUALES PERO DISTINTOS IGUALES EN DERECHOS Y EN
DIGNIDAD. FORMANDO PARTE DE UN TODO COMÚN
AL ESTAR VIVOS, AL TENER CONDICIÓN HUMANA,
SIENDO PARTE DE UN DESTINO COMÚN. PERO DISTINTOS AL SER ÚNICOS,
IRREPETIBLES, IRREMPLAZABLES, SINGULARES, DIVERSOS, IGUALES PERO DISTINTOS A LA VEZ. El concepto de ocio y su desarrollo histórico Claramente
hablar de ocio no es algo nuevo. Ya para los Griegos era un estado continuo
del que disfrutaban las clases privilegiadas y un camino hacia la sabiduría
por medio de la contemplación. Aristóteles, incluso, lo consideraba un medio
para acceder a la felicidad, el fin último de la vida. El ocio no debía,
según esta concepción, aportar ningún beneficio que estuviera más allá del
logro espiritual, lo que es muy distinto de ver en al ocio solo como una
forma de mejorar la productividad. Más adelante en su desarrollo histórico, y en
complemento, el ocio aparece visto como una actitud fundamental para acceder
a la sabiduría, siendo entendido como una oportunidad de ejercitar el
recuerdo y por ende el conocimiento de uno mismo. Ya en el medioevo, el trabajo era un estado
continuo en el que el campesino vivía prácticamente inmerso toda la semana y en
el séptimo día no se les ocurría hacer otra cosa que descansar. No había nada
que pensar, ni que decidir, ni que elegir. Aquí no existía aún una separación
entre tiempo propio y tiempo de trabajo destinado a otros. Se tuvo que luchar mucho para lograr ganar el
tiempo libre para el ocio. Solo basta recordar que las jornadas de trabajo,
en las fábricas europeas, a mediados del siglo XIX eran, en muchos casos, de
15 o 17 horas diarias, esto es de 75 a 80 horas semanales. La jornada de 8
horas diarias y 48 semanales solo se propuso después de la primera convención
que la Organización Internacional del Trabajo, OIT, realizó el año 1919. Esto
es hace menos de un siglo. Más
recientemente su incorporación en La Declaración de los Derechos Humanos
desde el año 1948 reconoce el derecho al tiempo libre e indirectamente es un
reconocimiento al ocio, en su artículo 24 donde dice: “toda persona tiene
derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable
de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas”. Cuando tienes que ganarte la vida, minuto a
minuto, muchas veces el tiempo libre solo alcanza para el descanso y no queda
momento para el ocio, la recreación o el esparcimiento. Es entonces el
derecho al ocio muchas veces un privilegio al que solo algunos pueden
acceder, pero paralelamente es una realidad para muchas personas que viven
una vida más simple y sin tanta ambición en este afán productivista actual. En
los barrios y villorrios de nuestra América Latina aún juegan los niños en
las calles, aún se reúnen los vecinos de todas las edades a conversar y
compartir en las esquinas, aún se ven familias paseando por los parques y
plazas, aún existen artistas, músicos, poetas y soñadores, atletas y
deportistas, o simplemente caminantes que hacen camino al andar. En algunas definiciones se llama ocio o tiempo
libre a los momentos empleados en actividades no obligatorias y voluntarias. Es
entonces un espacio donde no estoy obligado a cumplir labor alguna y donde
puedo hacer lo que decido de forma libre y voluntaria. Este tiempo libre se
puede emplear en actividades creativas, motivadoras e incluso productivas,
pero libremente decididas. Desde la perspectiva de la salud de los seres
humanos el salir de las actividades que a diario realizamos en nuestros
trabajos o estudios es algo vinculado no solo a una necesidad psíquica y
física fundamental, la de “ocio”, sino también un elemento esencial para un
desarrollo integral. De aquí nace la profunda pregunta ¿Trabajar para vivir o
vivir para trabajar? ¿Que es lo importante? ¿Qué está primero? La Real Academia Española define el ocio como el
momento de “Cesación del trabajo, inacción o total omisión de la actividad”,
es el “tiempo libre de una persona”, ocupado para la “diversión u ocupación
reposada, especialmente en obras de ingenio, porque estas se toman
regularmente por descanso de otras tareas”. Desde esta perspectiva la
relación que se establecerá entre “ocio” y trabajo será casi directa pero en
sentido inverso. Entonces desde una definición más coloquial podríamos
definir “ocio” como el no trabajo, en especial no trabajo obligado para una
única finalidad productiva dentro de un espacio de subordinación, y más aún
como la no sumisión del tiempo propio para un servicio entregado a otro. De
ahí quizá la subvaloración del ocio y del tiempo libre, por ser considerado
como tiempo no productivo y por esto como tiempo perdido, por ser un tiempo
en el cual no se transa nada, ni fuerza de trabajo, ni ningún servicio, ni
ningún esfuerzo, un tiempo gratis, y por consiguiente, según los parámetros
de la mentalidad economicista actual, como un tiempo sin valor. Obviamente
debemos manifestar, para no caer en malos entendidos, que discrepamos
totalmente de esta visión alienante y reducida del ser humano, ya que como
hemos manifestado todo en la vida de un ser humano no podrá ser solo
trabajar, trabajar y trabajar… también necesitamos además del descanso para reponer
fuerzas, de espacios donde poder desarrollar nuestras otras dimensiones de lo
humano en la búsqueda de la trascendencia, como son lo desinteresado, lo
altruista, nuestro ser creativo y soñador… atrevernos a divagar e incluso a
vagar por un rato, sin requerimientos precisos. Estos serán momentos que
cuando los tomas, es como si esos instantes fueran los únicos verdaderamente
tuyos. Ocio y Desarrollo a Escala Humana En la actualidad la forma habitual o
convencional como entendemos las necesidades humanas es como algo infinito y
en constante crecimiento. Homologando necesidad con deseo y la satisfacción
de esta con la adquisición de bienes o servicios. No es para nada raro que
esto ocurra, ya que así somos coherentes y estaremos actuando de forma acorde
con la cosmovisión económica, o más bien economicista, para la cual “más es
siempre igual a mejor”. Esta forma de ver las necesidades ha ido lentamente
permeando todos los otros espacios humanos sociales y culturales, e
imprimiendo una visión, una forma de entender y explicarnos la realidad. Este
no es un fenómeno reciente y está presente desde los primeros tiempos del
capitalismo, pero podemos postular que se ha venido acrecentando en las
últimas décadas producto de esta invasión consumista y productivita de este
último tiempo. Entonces no es extraño que lo habitual sea el entender y
sentir las necesidades humanas como infinitas e inacabables, ya que esto
responderá claramente a la lógica de crecimiento exponencial de la economía,
expresión clara de la ideología base de nuestra época actual. Pero si nos sacamos un poco este sesgo epocal que nos
impone la avalancha cognitiva y perceptual del sistema económico actual,
podremos darnos cuenta que tal como plantea la teoría del Desarrollo a Escala
Humana (1986, Max-Neef, Elizalde y Hopenhayn) deberemos reentender y
reinterpretar las necesidades humanas fundamentales desde otra óptica. Lo primero
será recordar el postulado básico del Desarrollo a Escala Humana, esto es
que: “el desarrollo se refiere a las personas y no a los objetos”. Entonces
“¿cómo podría establecerse que un determinado proceso de desarrollo es mejor
que otro?”. Dentro del paradigma tradicional se tienen indicador de
crecimiento cuantitativo de los objetos de ese país o región, por ejemplo del
Producto Interno Bruto. Necesitamos ahora un indicador del crecimiento
cualitativo de las personas. Frente a esto podemos decir que: “el mejor
proceso de desarrollo será el que permita elevar la calidad de vida de las
personas”. Entonces:
“¿Qué determina la calidad de vida de las personas?” Podemos postular que la
calidad de vida de las personas dependerá de la capacidad para satisfacer
adecuadamente sus necesidades humanas fundamentales. Ahora nos
surge una tercera pregunta: “¿cuáles son esas necesidades humanas
fundamentales y quién decide cuales son?” Antes de
seguir avanzando será necesario diferenciar las necesidades y los
satisfactores de esas necesidades. Siguiendo en el Desarrollo a Escala Humana
(1986), tendremos necesidades según categorías existenciales y según
categorías axiológicas. Esta combinatoria permite, por una parte reconocer
las necesidades de Ser, Tener, Hacer y Estar; y, por otra parte, las
necesidades de Subsistencia, Protección, Afecto, Entendimiento,
Participación, Ocio, Creación, Identidad y Libertad. Por ejemplo, la
alimentación y el abrigo no deben considerarse como necesidades, sino como
satisfactores de la necesidad fundamental de Subsistencia. Del mismo modo, la
educación (formal o informal), el estudio, la investigación serán
satisfactores de la necesidad de entendimiento. De igual forma, la
imaginación, la despreocupación, los juegos, los espectáculos, las fiestas,
la calma, la receptividad, la curiosidad, el humor, la tranquilidad, el
divertirse, el soñar despiertos, serán todos distintos satisfactores de la
necesidad fundamental de Ocio. No existe una
correspondencia biunívoca entre necesidades y satisfactores. Esto es que un
mismo satisfactor puede contribuir simultáneamente a la satisfacción de
diversas necesidades; y a la inversa, una necesidad puede requerir de
diversos satisfactores para ser satisfecha. A la vez es
necesario destacar que para los seres humanos las necesidades podrán
presentarse de formas múltiples e interdependientes. Es así como
llegamos a otros postulados de base. Primero: “Las necesidades humanas son
pocas, delimitadas y clasificables”. Segundo: “Las necesidades humanas son
las mismas en todas las culturas y en todos los períodos históricos”. Entonces
lo que está culturalmente determinado no son las necesidades humanas
fundamentales, sino los satisfactores de estas necesidades. Siguiendo en el modelo del Desarrollo a Escala
Humana proponemos cinco tipos de satisfactores: I) Los satisfactores Violadores o Destructores
son de efecto paradojal ya que al ser aplicados con la intención de
satisfacer una determinada necesidad, no sólo aniquilan la posibilidad de su
satisfacción en un plazo mediato, sino que imposibilitan por sus efectos
colaterales, la adecuada satisfacción de otras necesidades. Un ejemplo
clásico son los supuestos satisfactores “armamentismo” o “doctrina de
seguridad nacional” que pretende satisfacer la necesidad de Protección y que
finalmente terminan imposibilitando la satisfacción de las necesidades de
Subsistencia, Afecto, Participación, Libertad, incluso Identidad. Otro
ejemplo, las borracheras en que terminan hoy gran parte de las celebraciones
colectivas (partidos de fútbol, bailes, matrimonios, etc.) y que se traducen
en agresiones y destrucción. Apuntando a un Ocio mal entendido se termina
imposibilitando la Subsistencia, la Libertad, la Participación, el
Entendimiento. II) Los Pseudosatisfactores estimulan una falsa
sensación de satisfacción de una necesidad determinada. Tenemos amplios
ejemplos de este tipo de satisfactores tales como la publicidad o la moda que
aparentan satisfacer la necesidad de Identidad; o la prostitución que
aparenta satisfacer la necesidad de Afecto; los programas sobredirigidos o
tecnocráticos de animación sociocultural
que aparentan satisfacer la necesidad de Ocio o de Participación; la
democracia formal que aparenta satisfacer la necesidad de Participación. III) Los satisfactores inhibidores por el modo
en que satisfacen (generalmente sobresatisfacen) una necesidad determinada,
dificultan seriamente la posibilidad de satisfacer otras necesidades. Algunos
ejemplos son el paternalismo que pretende satisfacer la necesidad de
Protección pero finalmente termina inhibiendo la satisfacción las necesidades
de Entendimiento, Participación, Libertad, Identidad; la familia
sobreprotectora que inhibe la satisfacción de las necesidades de Afecto,
Entendimiento, Participación, Identidad, Libertad y Ocio. IV) Los satisfactores singulares son aquellos
que apuntan a la satisfacción de una sola necesidad, siendo neutros respecto
a la satisfacción de otras necesidades. Podemos pensar en los clásicos
programas de suministros de alimentos que solo satisfacen la necesidad de
Subsistencia; los espectáculos deportivos que solo satisfacen la necesidad de
Ocio; los tour dirigidos que solo satisfacen la necesidad de Ocio. V) Los satisfactores sinérgicos ([2]) son aquellos
que por la forma en que satisfacen una necesidad determinada, a su vez
estimulan y contribuyen a la satisfacción simultánea de otras necesidades. Su principal atributo
es el de ser contrahegemónicos en el sentido de que revierten racionalidades
dominantes tales como las de competencia y coacción. Un ejemplo clásico será
la lactancia materna (en su tiempo adecuado) que satisface la necesidad de
Subsistencia, pero a la vez estimula la satisfacción de las necesidades de
Protección, Afecto, Identidad; en el ámbito social las organizaciones
comunitarias democráticas que satisface la necesidad de Participación, pero a
la vez estimula la satisfacción de las necesidades de Protección, Afecto,
Creación, Identidad, libertad y Ocio; la meditación que satisface la
necesidad de Entendimiento, pero a la vez estimula la satisfacción de las
necesidades de Identidad, Creación, Ocio; la televisión cultural que
satisface la necesidad de Ocio, pero a la vez estimula la satisfacción de las
necesidades de Entendimiento e incluso las necesidades de Identidad y
Participación. Solo para completar esta presentación del
Desarrollo a Escala Humana es necesario señalar que:
Por todo lo anterior postulamos la necesidad
urgente de encontrar satisfactores sinérgicos como uno de los elementos
decisivos a la hora de diseñar políticas comunitarias y públicas de
desarrollo local, vinculadas a la satisfacción de la necesidad fundamental de
Ocio, para frenar toda la avalancha de nuevas patologías sociales e
individuales emergentes. Generalmente se diseñan estrategias aisladas sin
encontrar las sinergias necesarias para potenciar los talentos comunitarios,
colectivos e individuales, ni para fomentar espacios de involucramiento y
encuentro comunitario, necesarios para lograr mejores niveles de calidad de
vida mediante redes de autoayuda y colaboración, así como para la
construcción de espacios de respeto y consideración mutuo. A su vez creemos
imprescindible detectar tanto los satisfactores destructores,
pseudos-satisfactores, e inhibidores, para tener precaución en su aplicación
por descuido, por falta de conocimientos o por la inercia inherente a nuestra
época actual. De igual forma creemos necesario volver a destacar y
profundizar en algunos elementos teóricos básicos vinculados con la teoría
del Desarrollo a Escala Humana. Primero al decir que “el desarrollo se refiere a
las personas y no a los objetos” estamos diciendo que el eje central de nuestro
accionar deberán ser las personas y la satisfacción adecuadas de sus
necesidades humanas, entendiéndose el derecho al Ocio como una de ellas. Es
así como frecuentemente pasamos a llevar los saberes propios de las personas
y no consideramos todos los amplios conocimientos existentes en ellos, y así
se diseñan estrategias de intervención sin considerar lo que cada uno de los
miembros de esa comunidad cree, siente y piensa, sin escuchar sus
motivaciones, miedos, experiencias, anhelos, utopías, mitos, fantasías e
historias. Actuando de este modo por un lado desaprovechamos todo el
potencial sinérgico de la comunidad, y a la vez no los involucramos, por lo
cual no se sienten partícipes y de esta forma no se comprometen en las
acciones y planes específicos. En muchos casos el hablar desde un nosotros
incluyente y vinculante marcará una diferencia radical en la receptividad, el
nivel de compromiso y la continuidad que cualquier acción comunitaria de
desarrollo local pueda establecer. En cambio si las acciones son diseñadas
desde un espacio aislado, casi como desde una cúpula de expertos y técnicos
especialistas, sin participación de la comunidad y sin considerar a los
afectados, y solo desde una visión asistencialista y paternalista, lo más
probable es que esa iniciativa no tenga durabilidad en el mediano y largo
plazo, y su impacto no sea el deseado. Podemos llenar la plaza de juegos,
pero si los vecinos no sienten seguro ni propio ese territorio, lo más
probable es que esa plaza permanezca vacía igual que antes. A la vez postulamos que la recreación como
estrategia comunitaria de desarrollo local y cumpliendo todos los elementos
óptimos antes mencionados, puede volverse, desde la perspectiva de la
educación social y la animación sociocultural, un satisfactor sinérgico de
primera línea, al vincular la satisfacción de la necesidad de Ocio con otras
necesidades que se estimula en su satisfacción, tales como la necesidad de
Protección al recuperar los territorios por parte de la comunidad, o la
necesidad de Participación al vincular y motivar a la comunidad en un
conjunto en actividades co-construidas, o la necesidad de Identidad al crear
un espacio comunitario colectivo y posibilitar el regenerar las redes
sociales fragmentadas y desintegradas. Paralelamente postulamos como satisfactores
sinérgicos los espacios de vida cultural y social comunitarios, vinculados al
uso del tiempo libre y a la recreación, como un fuerte impulso de resistencia
en cuanto fuerzas contrahegemónicos para hacer frente a la avalancha de patologías
psicosociales emergentes y a los avatares propios de nuestras sociedades
actuales, que tienen como rasgo esenciales el individualismo, la
despersonalización, la fragmentación social, la alienación individual y
colectiva, la perversión en cuanto no consideración del otro (distinto o
distantes) como legítimo otro. Entonces postulamos claramente la urgente y
apremiante necesidad de diseñar estrategias nuevas e innovadoras acordes con
las urgentes necesidades actuales de nuestras sociedades contemporáneas. El ocio como un derecho fundamental de todo ser humano Como ya mencionamos, la Declaración de los
Derechos Humanos reconoce el derecho al ocio desde 1948, en su artículo 24,
al postular que “toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo
libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones
periódicas pagadas”. No ha sido fácil el reconocer lo universal de
los derechos humanos. Son siglos de opresiones del hombre sobre el hombre y
sobre la naturaleza. Basta solo recordar que hace menos de un siglo aún
existía esclavitud en algunas partes del planeta y si somos un poco más
rigurosos podremos reconocer que aún existe esclavitud, aunque esta sea
ilegal o esté escondida. Lo concreto es que nuestras sociedades así como presentan
grandes avances en aspectos tecnológicos y científicos, paradojalmente
presentan a su vez grandes atrasos en aspectos éticos y morales. Tal parece
que nuestra sociedad actual más que caminar hacia la justicia social, la
equidad y el acceso de la mayoría a los beneficios de la modernidad, está por
el contrario caminando en un sentido inverso a lo esperado y es así como cada
día existe más injusticia social al haber cada vez más cantidad de excluidos,
mayor concentración del poder económico en pocas manos, lo que se ve agravado
por la pérdida de soberanía nacional frente a grandes empresas
transnacionales. Y nuestros pueblos se quedan con las migajas, mientras el
norte del mundo, incluidas las propias oligarquías financieras nacionales, se
siguen llevando nuestras riquezas como hace más de 500 años. Seamos realistas y veamos lo que pasa en nuestro
mundo a nivel global con datos verdaderos e indesmentibles. Por ejemplo, el
gasto en armas a nivel mundial ha crecido en un 45% en estos últimos 10 años,
esto es 850.000 millones de euros anuales, 6% más que el 2006, esto es 190
veces más que lo se destinó en la última cumbre de la FAO (Roma 2008) para
combatir el problema del hambre en el mundo (El Pais.com, 10 de junio de
2008), que según cifras oficiales son cerca de 900 millones de personas,
quienes a la vez viven sin acceso a agua potable y otros servicios mínimos
para una vida digna. Paralelamente los problemas ambientales y desequilibrios
ecológicos, de origen antropogénico, van en aumento en casi todos los
rincones del planeta. Solo por mencionar algunos: el cambio climático con su
efecto de alteración exponencial de prácticamente todos los ecosistemas
planetarios, con efectos no conocidos, la pérdida de biodiversidad en
constante aumento, la creciente contaminación de agua, suelo y aire, de
diversos tipos, dejando su huella de degradación imborrable en la vida humana
y no humana, la desertificación, la erosión y la creciente pérdida de capa
vegetal, la preocupante disminución del agua dulce, el agotamiento de las
fuentes de energía no renovables, entre tantos otros problemas… ¿Y qué se
hace? A veces pareciera que nada cambia y es como si los humanos, en cuanto
civilización, no despertáramos a esta verdadera situación de emergencia
planetaria (http://oei.es/decada/index.html). Asociados a todos estos desequilibrios a nivel
social surgen verdaderas pandemias tales como la pérdida de diversidad
cultural, el surgimiento cada vez mayor de mafias organizadas que trafican
con armas, drogas y personas, el preocupante consumismo en sus diversas
formas, asociado al sobre endeudamiento de la población en la búsqueda de
tener más y más, el surgimiento de nuevos fundamentalismo tales como la
xenofobia, las violencia de clase, violencias interétnicas e interculturales,
o todas las variadas formas de violencias de empresas que imponen condiciones
de explotación destructoras del medioambiente natural y de comunidades
humanas. A su vez el surgimiento, también en aumento, de nuevas patologías
físicas, psíquicas y sociales. Podríamos seguir con una larga lista, pero
aclaro enfáticamente que no comento todo esto para caer en un fatalismo
inmovilizador, sino que por el contrario, para recuperar la esperanza y la
lucidez, ya que sin duda alguna vivimos en el seno de una crisis social y
ambiental de carácter global, que algunos autores ya definen como un
verdadero colapso civilizatorio. Debemos despertar, por lo cual ahora más que
nunca se hace necesario recuperar nuestras utopías, volver a creer y negar
enfáticamente que haya llegado el fin de la historia. Hay algo sagrado y
trascendente en la vida, que debemos recuperar y despertar para empezar a
construir este verdadero salto evolutivo que requerimos. Partamos por preguntarnos ¿qué es una
crisis...? Attali (1982) la define
como "la larga y difícil reescritura que separa dos formas provisionales
del mundo", aquella que, al menos en parte, es necesario abandonar por
haberse mostrado incapaz de resolver los problemas y esa nueva visión que al
ir planteando alternativas innovadoras, nuevas formas de valorar y de
construir sociedad, puede posibilitar la evolución y las transformaciones
necesarias que muchos anhelamos. Entonces, ya que en parte nuestra crisis
actual es producto de falsas creencias que se traducen en determinadas formas
de producción y consumo, estimamos indispensable realizar una verdadera
revolución educativa, tanto a nivel de la educación formal, pero en especial
en la educación informal y no formal. Nos han hecho creer que nada se puede
hacer y que de nada sirve tener esperanzas. Discrepamos de estas posiciones
derrotistas ya que aún existen espacios de solidaridad, aún existen personas
que trabajan desinteresadamente por otros, aún existen soñadores, y cada día
es más la cantidad de personas que despiertan a reconocer lo innegable del
fin inminente de una época y de la apremiante necesidad de una transformación
a nivel local y global. Es así que postulamos que la recreación en el
tiempo libre y de ocio posee ciertos elementos necesarios de destacar, ya que
en su esencia contienen aspectos transformacionales que posibilitan el
empezar a soñar con otro modelo de sociedad. En primer lugar, el ocio es un
tiempo propio de cada persona, el cual puede destinarse libremente a lo que
se estime conveniente. Por lo tanto, en su raíz más profunda pudiese tener
elementos transgresores al orden establecido, a la forma clásica y
tradicional de entender los modos de intercambio y la forma de situarse por
parte del individuo frente a la sociedad. Desde los espacios de ocio yo les
puedo dar mi tiempo voluntariamente sin esperar retribución, quizá solo basta
con saber que me consideran como un otro legítimo. Desde el ocio podemos
compartir algo de forma gratuita, estableciendo vínculos desinteresados en
cuanto a la búsqueda de un beneficio directo, esto es una búsqueda no
lucrativa de beneficio mutuo. Por lo cual se rompe con el patrón cultural
hegemónico capitalista, el cual se ha impregnado en las diversas formas de
relaciones e intercambio social. Por todo lo anterior postulamos que el ocio es
un derecho humano básico y una necesidad humana fundamental que debe ser
reposicionado, comprendido y abordado como un elemento transformacional en la
búsqueda de esta revolución educativa que requerimos como civilización. Volviendo a hacer esta necesaria revisión
histórica podemos ver que una de las primeras reivindicación de lucha del
movimiento obrero a nivel mundial, fue la reducción de la jornadas laboral,
lo que se alcanzó el año 1919 con la creación de la primera convención que la
Organización Internacional del Trabajo, alcanzando las actuales 8 horas
diarias y 48 semanales de jornada laboral. Podemos tomar este como uno de los
primeros hitos en el reconocimiento del espacio de tiempo libre y de un
primer paso en la valoración del ocio como un derecho humano. La alienación del trabajo y la precariedad laboral en su vinculación con
la subvaloración de los tiempos y espacios de “ocio y recreación” En la esfera del trabajo, a pesar de los avances,
en muchos casos se pierden conquistas ganadas por las luchas obreras
laborales y sindicales. Lo interesante de destacar será que la vida, al igual
la sociedades humanas, son dinámicas y así como se avanza en algunos
aspectos, al mismo tiempo se retrocede en otras dimensiones. Nada es estático
y en muchos casos los desarrollos y espacios ganados, por décadas e inclusos
siglos de luchas, se pueden perder producto de fenómenos cada día más
presentes en nuestras sociedades. Es el caso de la innegable precarización
del mundo del trabajo asalariado, producto de la tan aplaudida globalización
económica neoliberal. Vemos como ya no se cuenta con la estabilidad laboral
tan añorada por millones de trabajadores, y en muchos casos se siente
incertidumbre respecto a mantener el empleo en el futuro. Otro fenómeno es el
desempleo, que en muchas economías latinoamericanas supera los dos dígitos,
lo que podemos entender como algo casi estructural al sistema económico
actual. A su vez según cifras de la OIT, sólo el 30% del empleo, en el caso
de Chile por ejemplo, es catalogado como “trabajo decente”. Esto explica en
parte la creciente tendencia a la precarización del trabajo. Mientras los
empresarios exigen mayor flexibilidad laboral, en Chile por ejemplo existen
más de 300 mil trabajadores subcontratados. Otro fenómeno presente en casi
toda América Latina es la innegable inflación, que hace que el mismo sueldo
valga cada día menos… los precios suben y los sueldos se mantienen, lo que en
términos reales significa que bajan los salarios. Sumado a lo anterior vemos
como las jornadas laborales son aumentadas llegando en muchos casos a 10
horas promedio diarias o más, que no se respetan los días libres, que no se
pagan las cotizaciones previsionales e incluso no se tiene contrato de
trabajo. En Europa más allá de las propuestas de reducir la jornada laboral a
35 o 36 horas laborales, en la actualidad ya se están levantando propuestas
relativas a elevar la jornada laboral a 65 horas semanales, si trabajador y
empresario se ponen de acuerdo, tema que fue recientemente debatido por los
ministros de trabajo de la Unión Europea (http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/noticia.asp?pkid=416583). A lo anterior podemos recordar las ya
reconocidas prácticas antisindicales, o que el crecimiento económico,
supuesto objetivo del proceso productivo de nuestras economías, no se traduce
necesariamente en mejores empleos, ni en mejores condiciones de vida laboral,
ni en mejor calidad de vida para los trabajadores y sus familias. Como mencionamos, en la realidad laboral, como
en lo social, así como se avanza también se retrocede. ¿El vaso está medio
lleno o medio vacío? Solo dejo la pregunta planteada desde un interés
exclusivamente problematizador y cuestionador. Como hemos visto, distinto será entender el
espacio de tiempo libre y de ocio como un espacio de libertad del cual se
puede disponer a voluntad, contrariamente a esto vemos que todo trabajador
dependiente estará en cierta forma sometido a un involuntario tiempo de
subordinación, perdiendo así su autonomía y en cierta medida estando al borde
de ir perdiendo el sentido de la labor que realiza. De aquí a la alienación
del trabajo estamos solo a un paso. Reiteramos que desde una perspectiva
economicista y productivista, el tiempo de ocio será considerado como un
tiempo perdido, por ser un tiempo improductivo para la económica. Por esto
mismo consideramos necesario revalorar el “ocio” y el “tiempo libre” como un
tiempo válido, necesario, especialmente como tiempo útil para la salud de
toda persona y de toda sociedad, y más aún como un derecho inalienable de
todo ser humano. El “ocio y la recreación” homologado al espacio social del consumismo La Real Academia Española define consumismo
como: “Tendencia inmoderada a adquirir, gastar o consumir bienes, no siempre
necesarios”. Nuestros hábitos cotidianos están contribuyendo
a la degradación de la Naturaleza. La sociedad en que vivimos favorece el
consumismo y el despilfarro, somos la generación, como dice Galeano, del
“usar y tirar", pero nuestro planeta a nivel biofísico constituye un
sistema cerrado, limitado y finito, y la basura y los desechos no desaparece en el
contenedor, todo va a parar a algún lugar: al aire, a la tierra o al agua… y
por está vía también a nuestra sangre y de ahí a nuestras células. Por lo anterior, y volviendo al Desarrollo a
Escala Humana (1986), postulamos que en las civilizaciones industrializadas,
como la nuestras, los bienes (entendidos como objetos o artefactos que
aumentan o merman la eficacia de un satisfactor) se han convertido en
elementos determinantes. La forma en que se ha organizado la producción y
apropiación de los bienes económicos en el capitalismo industrial los ha
condicionado de forma falaz como el tipo de satisfactor dominante. Sobredimensionando,
de forma inadecuada, el poder de los bienes para satisfacer las necesidades
humanas fundamentales. Hoy en día la forma de producción y consumo de
bienes conduce a que éstos se conviertan en fines en si mismos. Esta forma
supuesta de satisfacción de una necesidad no nos deja ver las potencialidades
de vivirlas en toda su amplitud. Queda allí abonado el terreno para la
instauración de una sociedad alienada que se embarca en una carrera
productivista y consumista sin sentido. “La vida se pone al servicio de los
artefactos, en vez de estar los artefactos al servicio de la vida”. La
búsqueda de una mejor calidad de vida es remplazada por la obsesión de
incrementar la productividad de los medios y el consumo de bienes y
servicios. El desafío será entonces pensar formas de organización económica y
social en que los bienes potencien los satisfactores para vivir las
necesidades de manera coherente, sana y plena, apuntando al desarrollo
integro del ser humano y a la satisfacción de sus necesidades fundamentales. Como plantea Antonio Elizalde Hevia, en su libro
“Desarrollo Humano y Ética para la Sustentabilidad”, en la actualidad la
riqueza es entendida casi exclusivamente como la posesión de bienes, en
cuanto se refiera a una mayor disposición relativa de bienes y servicios. Por
el contrario, pobreza es equivalente a ausencia o privación de bienes. En su
misma línea argumentativa sugerimos necesario hablar ya no de pobreza, sino
de pobrezas. De hecho cualquier necesidad humana fundamental no satisfecha
revela una pobreza humana. Es así que tendremos pobreza de Ocio, si el tiempo
libre es utilizado inadecuadamente solo como momento de consumo, si la
recreación se transforma en un espacio exclusivo de evasión, si los sueños y
las fantasías son ocupados para pensar en como tener más dinero, bienes o
mayor estatus, si las fiestas son únicamente un espacio de desenfreno
hedonista y narcisista perdiendo la valoración del compartir con otros, o si
los espectáculos son entendidos solo como espacios de consumo aplacando la
posibilidad de desarrollo y disfrute estético y cultural que pudiesen poseer. Lamentablemente la necesidad de ocio será así
confundida y desvirtuada en su potencial sinérgico y el espacio propicio para
el surgimiento del sobreconsumo desmedido típico de nuestra época. Por lo cual será necesario tomar conciencia de
la arremetida y el avasallamiento creciente, especialmente en los medios de
comunicación social, entiéndase televisión, radio, prensa escrita, revistas,
internet y otros, por la vía publicitaria y por todos los mecanismos
disponibles, de estrategias dirigidas exclusivamente a exacerbar a nivel
masivo los niveles de consumo en las personas. Es así como la publicidad va
enseñando y transmitiendo valores vinculados a los atributos del consumo,
internalizando silenciosamente nuevos códigos sociales, casi como si
pudiésemos hablar de una realidad cultural donde estar fuera del consumo es
casi como estar fuera de la sociedad. Con lo cual el espacio de vínculo
social se homologa al espacio de consumir. Las variadas implicaciones que esto acarrea en
la constitución de un nuevo imaginario social son múltiples y no estudiadas
en profundidad como portadoras de nuevas patologías, ya que estas huellas
irán quedando enquistadas en la personalidad de cada sujeto. Es así como el
tener identidad propia se traduce casi únicamente en un acto de consumo
diferenciado, como si las preferencias frente al consumo determinaran tu identidad.
Paralelo a todo esto, el espacio de sobreconsumo llevará a una perdida de la
valoración de todo lo que no esté dentro de mis rangos de preferencias, ya
que aquí lo único que tendrá importancia será lo auto referido, esto es solo
lo que ayude a encontrar la autosatisfacción hedonista y narcisista de ese
deseo insaciable. Con esto los seres humanos, al igual que la naturaleza,
pasaran a ser solo objetos de uso, con un claro aumento de los rasgos
perversos de personalidad. A la vez la sexualidad humana perderá su raíz
inicial, en cuanto búsqueda del encuentro de otro en la diferencia,
centrándose cada vez más en formas autoeróticas, perdiendo de este modo la
importancia del encuentro y de la búsqueda de los otros y reduciéndose solo a
la búsqueda en cuanto autosatisfacción inmediata. Como ya mencionamos, nuestra tesis central será
que en todo este proceso el tiempo libre y la recreación quedarán relegados a
esta subcategoría del consumo. Por esta vía serán vaciados de todo su
potencial sinérgico y de todo su impulso transformacional. La necesaria revaloración del ocio y el tiempo libre como elementos
facilitadores en la constitución de un ser humano integral y de
sociedades sustentables En América Latina existe un amplio desarrollo
teórico de los conceptos que involucran la sustentabilidad. A partir de estos
avances teóricos y prácticos se avizora la necesidad imprescindible de
avanzar en un cambio de paradigma gnoseológico y epistémico, en cuanto a
asumir la crisis ambiental como la posibilidad real de realizar un verdadero
salto evolutivo para entrar en una nueva etapa civilizatoria, donde la
solidaridad, la justicia y el respeto por la diversidad ambiental y social
sean los nuevos valores de las sociedades humanas. Este cambio paradigmático al que nos referimos,
es una verdadera revolución educativa de consciencias y conductas, que
posibiliten el remover mitos ampliamente arraigados en el dominante
pensamiento occidental, que suelen ser hegemónicos y que se pueden sintetizar
en los siguientes enunciados: -
Creencia en la ciencia occidental como verdad superior,
lo que se traduce en la incorporación de tecnologías externas que no
necesariamente serán apropiadas para las realidades locales específicas. -
Creencia en que más es igual a mejor. Esto es, que el
crecimiento económico será siempre bueno y positivo, lo que se traduce en
sobreexplotación de recursos y contaminación desmedida, sin considerar los
límites naturales. -
Creencia en la existencia de una naturaleza planetaria
ilimitada. -
Creencia en la capacidad de la tecnología humana para
controlar todos los procesos naturales y revertir todos los efectos
indeseados. -
Creencia en la naturaleza como objeto de uso, lo que se
traduce en un desmedido antropocentrismo. -
Creencia en el progreso civilizatorio continuo, como
una realidad dada y, por lo tanto, incapacidad de autocrítica para provocar
un cambio de fondo como el que se requiere. A su vez podemos releer la crisis actual desde
una perspectiva mucho más compleja y profunda al señalar que: -
La crisis ambiental no afecta solo a la naturaleza,
sino que a la vez también a la sociedad humana en su interior y a la relación
que esta establece con la naturaleza. -
“La crisis ambiental marca el límite del logocentrismo
y la voluntad de unidad y universalidad de la ciencia, del pensamiento único
y unidimensional, de la racionalidad entre fines y medios, de la
productividad económica y la eficiencia tecnológica, del equivalente
universal como medida de todas las cosas, que bajo el signo monetario y la
lógica del mercado han recodificado al mundo y los mundos de vida en términos
de valores de mercado intercambiables y transables” (Leff, 2003). -
“La crisis ambiental es la manifestación primera de una
crisis mucho más profunda, cual es la crisis de sentido que hoy está viviendo
la humanidad… Dicha crisis de sentido se manifiesta por una parte como una
crisis de las formas como percibimos la realidad, esto es las cosmovisiones,
paradigmas o matrices epistémicas desde las cuales hemos construido nuestra
interpretación del universo. Requerimos en consecuencia de nuevas matrices
epistémicas, de nuevos paradigmas, de nuevas percepciones… También, en la
crisis de sentido se expresa una profunda crisis moral, una crisis de
principios, un trance donde se vienen abajo las formas del cómo valoramos,
del cómo sentimos, del cómo jerarquizamos, del cómo actuamos, e incluso del
cómo nos emocionamos en y con la realidad… Lo que está detrás de lo que
vivimos y expresamos como crisis de sentido tiene su expresión en una crisis
de los principios y del método. Muchos de los principios fundantes de nuestra
civilización se han mostrado febles y equivocados. Por otra parte, los viejos
métodos han caducado. Se ha perdido la relación entre esfuerzo y significado.
La solidez de las certezas se ha difuminado. Estamos arribando a un mundo de
incertidumbres crecientes. Hemos llegado a los límites del método y estamos
sufriendo las contradicciones del sistema que hemos construido” (Elizalde,
2003-1). Para realizar este necesario y profundo cambio de
paradigma requerido, la búsqueda de satisfactores sinérgicos y nuevas formas
de entender tanto la pobreza, como los subsistemas de las necesidades, los
satisfactores y los bienes será un factor decisivo e imprescindible. Como ya lo habíamos señalado la teoría del
Desarrollo a Escala Humana plantea la reinterpretación del concepto de
pobreza, ya que el concepto tradicional es limitado y restringido, puesto que
se refiere exclusivamente a la situación de aquellas personas que pueden
clasificarse por debajo de un determinado umbral de ingreso y viven la falta
de algo, en especial de bienes materiales. La noción es estrictamente
economicista. Sugerimos ampliar esta visión y no hablar de pobreza, sino de
pobrezas. De hecho, cualquier necesidad humana fundamental que no es
adecuadamente satisfecha revela una pobreza humana. A la vez será necesario ampliar la noción de
necesidad y dejar de concebirla solo como carencia y entender que en la
medida en que las necesidades comprometen, motivan y movilizan a las personas,
son también potencialidad y, más aún, pueden llegar a ser recursos. La
necesidad de participar es potencial de participación, tal como la necesidad
de afecto es potencial de afecto, la necesidad de ocio es potencial de ocio. Siguiendo las ideas de Antonio Elizalde (2003,
2003-1) podemos definir la sociedad occidental actual global como una
sociedad consumista, en la cual se produce un sobredimensionamiento del
subsistema de los bienes y obviamente un subdimensionamiento de lo que son
las necesidades y los satisfactores. Este tipo de sociedad es la que vivimos
nosotros actualmente. Una sociedad en la cual el exceso de bienes nos va
embotando tanto desde el punto de vista valorativo como desde el punto de
vista emocional. En nuestra propuesta creemos necesario avanzar
hacia la construcción de sociedades
ecológicas, entendidas estas por aquellas donde lo que se trabaje
preferentemente deberá ser la oferta de satisfactores, tanto en calidad como
en cantidad; buscando así enriquecer las formas como damos cuenta de las
necesidades humanas. Es importante señalar que los satisfactores, en cuanto
son los elementos inmateriales de una cultura, no tienen peso material, no
generan una carga sobre el medio ambiente. Los satisfactores son las formas
culturales, son lo más propiamente humano porque es lo que creamos
culturalmente. Aquí la concepción de
riqueza será entendida como la dotación de mayores y mejores satisfactores. La
pobreza será entonces la existencia de satisfactores de menor calidad y en
menor cantidad (Elizalde 2003, 2003-1). Es así como las nuevas formas de entender el
tiempo libre y la recreación como satisfactor sinérgico de la necesidad
fundamental de ocio, claramente colaboran en la construcción de sociedades
sustentables, ya que al ser esta necesidad satisfecha adecuadamente a su vez
estimulará la satisfacción de otras necesidades generando de esta forma un
efecto en exponencial y multiplicador. Una nueva visión de
los tiempos y espacios de “ocio y recreación” desde una perspectiva de la complejidad A su vez la ciencia de la complejidad, ciencia
con conciencia, nos abre caminos absolutamente novedosos por donde avanzar en
la comprensión y creación de alternativas a la profunda crisis de la
actualidad, crisis de sentido, crisis de despersonalización y alienación. Sabemos que la realidad está interrelacionada e
interafectada, y que mi accionar, por ejemplo el día de hoy dejará una huella
en ustedes y lo mismo de forma recíproca. Entonces ¿Cómo comprender e incidir
desde estas interrelaciones e interafectaciones? ¿Cómo comprender e interactuar con y desde el todo y con y
desde las partes? Tenemos claro que solo conocemos fragmentos de la realidad
y que navegamos en un mar de incertidumbre, llegando solo a ratos a estas
pequeñas y provisionales islas de certezas, que en muchos casos no serán más
que construcciones culturales. Entonces un primer paso será traducir estos
modos de entender la realidad a nuestro accionar cotidiano. En el sentido que
estamos en un barco sin saber muy claramente como se debe navegar. Un primer
punto será el entender que debemos dotar de humildad nuestras percepciones
sobre el mundo y entenderlas solo como verdades provisionales y en ningún
caso como verdades absolutas. Esto que digo no es para nada menor ya que el
desafío al que estamos invitados no podremos realizarlo solos. Un segundo
elemento será el reconocer la necesidad de los otros, en especial en la
construcción de conocimientos innovadores y adecuados. En este punto creo
necesario volver a reconocer, como lo menciona Enrique Leff (2003) el fin del
logocentrismo. Ya no existe un único actor social poseedor de la verdad, por
lo cual todos los miembros de una comunidad en cierta forma poseerán parte,
fracciones, de esa realidad, más aún si consideramos que la realidad humana
es social y culturalmente construida. Llegó la hora de reconocer que todas
las personas, y no solo los especialistas, si saben sobre lo que los afecta. En
este mismo sentido se deberá reconocer que solo con otros y entre todos se
podrá construir una realidad social distinta, para construir una nueva
relación hombre-tecnología-naturaleza. Es por esto que un tercer elemento
será el atrevernos a compartir el poder en la toma de decisiones, logrando
así verdaderos consensos para acceder al bien común. Desde aquí surge un
cuarto elemento necesario que será la recuperación y revaloración de la
solidaridad como eje central de este nuevo accionar. Solidaridad
intrageneracional, solidaridad intergeneracional y solidaridad con la
naturaleza y la vida entendida como expresión sagrada de lo infinito del
universo. Desde este nuevo accionar moral y ético social
el tiempo libre renace y se hace imprescindible para expresar todo eso que lo
formal de la academia y del especialista o lo rígido del empleo no permite
expresar, ni comprender. Necesitamos de estos espacios donde, aunque sea por
un rato, el tiempo se detenga, para calmar la prisa y escuchar nuevamente
todas las voces. Es por todo esto y por mucho más que renombramos
al ocio como un tiempo nuevo, tiempo de libertad, tiempo de compartir, que
será partir otra vez en momentos y espacios en que quepamos todos, tú, yo,
nosotros y ellos. Nuestro mundo alcanza para satisfacer todas las
necesidades pero no todas las codicias y egoísmos. En matemáticas uno más uno
es dos, pero en lo humano uno más uno es más que dos, ya que tendremos, tú,
yo y nosotros, y eso es mucho más que
dos. El riesgo de una sociedad adicta al trabajo, al crecimiento económico y
al sobreconsumo Formulamos de forma explícitas nuestras preguntas
primeras: ¿Trabajar para vivir o vivir para trabajar? ¿Crecimiento de los objetos o desarrollo de las
personas? Como hemos visto una sociedad adicta al trabajo,
al crecimiento económico y al sobreconsumo, claramente será insustentable. Insustentabilidad
que se manifestará por diversos síntomas o en variados síndromes, pero que al
final de cuentas todos apuntarán a la negación de ciertos elementos básicos
que habría que considerar, tales como son los equilibrios y umbrales
permitidos por los seres humanos y por la vida natural. Una sociedad adicta al trabajo marcará una
tendencia clara hacia la alienación y deshumanización de la vida social, pero
a la vez de los propios individuos que la conforman, disminuyendo las
posibilidades de lograr encontrar una vida sana, plena, que posibilite un
desarrollo integral de sus miembros. Una sociedad adicta al crecimiento económico
está condenada a enfrentar cada día más conflictos ambientales y
desequilibrios de los sistemas naturales en su conjunto, incluido dentro de
esto el propio sistema social humano, y a su vez los propios cuerpos de sus
habitantes en cuanto sistemas naturales biológicos. Desde esta perspectiva
cada vez será más innegable lo imposible de un crecimiento continuo al
entender que la economía es un subsistema que
es sostenido por otro sistema mayor como es el planetario, el que
claramente es cerrado, finito y con límites materiales y físicos. Por lo cual
será necesario recordar que la economía debe de estar para servir a las
personas y no las personas para servir a la economía. Un elemento interesante de señalar es que para
que un ser humano realice una vida de sobreconsumidor claramente esto será
posible por la existencia de otros que quedarán excluidos, en una categoría
de infraconsumo o de subconsumidores, con lo cual el sobreconsumo se plantea
como inherentemente inhumano y perverso, ya que intrínsicamente lleva el
germen del egoísmo y la codicia. Un ejemplo claro es que hoy en día los
niveles de concentración económica van en aumento, pero al mismo tiempo en el
mundo existen más y más excluidos, como algo casi estructural de la
actualidad. Para cruzar este abismo que tenemos al frente
deberemos lograr salir de este laberinto en que se han vuelto nuestros
actuales estilos de vida. Como especie humana y como comunidades locales,
deberemos enmendar nuestro rumbo y volver a encontrar el sentido profundo y
trascendente de nuestras acciones. Nada es neutral y nada es imparcial. Toda acción
y toda palabra genera realidades y esto tiene efectos impensables en los
desenlaces futuros de nuestras historias. Por lo cual revalorar el trabajo, e
incluso repensar el trabajo, ya no exclusivamente desde la búsqueda de mayor
empleabilidad, sino desde una perspectiva de cambiar las formas de
intercambio entre los seres humanos será algo decisivo. A su vez revalorar y
repensar al ocio como una necesidad que satisfecha de forma adecuado y
sinérgica podrá potenciar otras dimensiones de lo humano, será uno de los
pasos primeros para devolver a la humanidad la posibilidad de construir una
historia distinta. Como vemos muy diferente será el empleo alienado y sin
sentido, que el trabajo que nos dignifica y nos vuelve a dar sentido a nuestras vidas, para
encontrar y responder el por qué, para qué y para quiénes, ya que por esta
vía podremos reconocer que si necesitamos de los otros, siendo este un
elemento base del desarrollo local y sustentable. Entonces el crecimiento económico y el
sobreconsumo no pueden ser nuestros anhelos, por ser un teorema de la
imposibilidad, pero a la vez por haberse mostrado incapaz de solucionar las
necesidades apremiantes de tantas y tantos seres humanos, al estar basado en
el competir y la acumulación por sobre el cooperar, colaborar y compartir,
pero a la vez por mostrarse incapaz de ayudarnos a ser más felices. Solo a modo de cierre creo necesario destacar
que las políticas, planes y programas concretos de promoción y uso del tiempo
libre y la recreación, para volverse reales satisfactores sinérgicos
transformacionales en pro de un verdadero
desarrollo sustentable a escala humana, deberán plantearse como acciones no
neutrales y ser explícitamente intencionadas en la búsqueda del
empoderamiento de las comunidades y sus miembros, entendiendo que para esto
se deberán concebir como formas educativas nuevas, ya sea en como resolver
los emergentes conflictos socioambientales, desde una perspectiva capaz de
dotar a los actores locales de capacidades tales como liderazgo
participativo, o en como tomar decisiones por consenso, en el sentido de aprender
a compartir el poder, o en como profundizar la visión clara del necesario
cambio en nuestros estilos de vida, de producción y consumo. Todos estos,
entre otros, serán elementos claves que prioricen la urgencia de acciones
concretas para el necesario cambio de paradigma civilizatorio que requerimos. Para esto será necesario que aprendamos a
escuchar las diversas voces de la comunidad y a la vez la voz de la
naturaleza, ya que de esta forma se aprenderá de y en la cooperación, para
dejar atrás la competitividad y el individualismo, ya que en las comunidades
locales, al igual que en la naturaleza, todos somos dignos de existir y todos
tenemos un valor intrínseco. Al parecer deberemos hacer ese largo y necesario
viaje de reencuentro con nuestras raíces, con nuestra esencia perdida, para
rehabitar nuestra casa planetaria donde la diversidad será nuestro mayor
patrimonio y nuestra mejor defensa frente a la muerte. Por último, quiero agradecer esta hermosa
invitación con la claridad de que solo volviendo a creer en nuestros sueños y
anhelos comunes construiremos una sociedad más justa, libre, solidaria y
sustentable, esto es una sociedad a escala humana para todas y todos. BIBLIOGRAFÍA Attali,
Jacques (1982). Los tres mundos (para
una teoría de la post-crisis ), Cátedra, Madrid. Elizalde,
Antonio (2003). Desarrollo humano y
ética de la sustentabilidad, PNUMA, México. Elizalde,
Antonio (2003-1). “Desde el Desarrollo
Sustentable hacia Sociedades Sustentables”, Revista Polis, Universidad Bolivariana, Vol.1,
Nº4, Santiago de Chile / http://www.revistapolis.cl/polis%20final/4/eli.htm Leff, Enrique
(2003). “La Ecología Política en
América Latina. Un campo en construcción”, Revista Polis, Universidad
Bolivariana, Vol.1, Nº5, Santiago de Chile / http://www.revistapolis.cl/polis%20final/5/leff.htm Max-Neef, M.,
Elizalde, A., y Hopenhayn, M. (1986). Desarrollo
a Escala Humana: Una opción para el futuro, Numero especial de la Revista
Development Dialogue, Cepaur - Fundación Dag Hammarskjöld, Uppsala Vilches, A. y
Gil, D. (2003). Construyamos un futuro
sostenible, Cambridge University Press, Madrid. Diccionario
Real Academia Española / http://www.rae.es/rae.html http://oei.es/decada/index.html http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/noticia.asp?pkid=416583 |
|
1. Los documentos pueden
ser bajados o impresos (una sola copia) para uso personal. 2. Usted esta en libertad
de editarlos y usarlos en sus proyectos, dando el crédito al autor
del documento. 3. Está prohibido, moral
y legalmente, vender el documento o hacer una reproducción del mismo con
ánimo de lucro. 4. No esta autorizado
copiar, extraer, resumir o distribuir el documento fuera de su propia
organización y/o de manera que compita o substituya la base de documentos
de FUNLIBRE o de las Redes de las que la Fundación es el Nodo Central. |
|
|
FUNLIBRE es una ONG sin ánimo de lucro que
desde hace más de 20 años ha venido impulsando con vocación
latinoamericanista el fortalecimiento y desarrollo del sector de la
recreación y el tiempo libre en Colombia y la Región mediante la
Investigación, la Formación, las Vivencias y la Gestión en Recreación. Nos interesa conocer sus comentarios sobre
los documentos Envíenos un mensaje |
|
|
Fundación Colombiana de Tiempo Libre y Recreación - FUNLIBRE © 1988 -
2008 Fundación
Latinoamericana de Tiempo Libre y Recreación - FUNLIBRE Costa Rica |
|
Psicólogo, Mediador y Especialista
Universitario en Educación Ambiental y Globalización.
Docente e Investigador de
[2] Sinergia
significa el comportamiento de un sistema completo, que resulta impredecible a
partir del comportamiento de cualquiera
de sus partes tomadas aisladamente. Fueron los químicos en reconocer la
sinergia, cuando descubrieron que toda vez que aislaban un elemento complejo, o
separaban átomos o moléculas de un compuesto, las partes separadas y sus
comportamientos singulares jamás lograban explicar el comportamiento de todas
las partes asociadas. En este sentido, la sinergia connota una forma de potenciación, es decir, un proceso en que la potencia
de los elementos asociados es mayor que la potencia sumada de los elementos
tomados aisladamente.