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Documento:

EL OCIO ENTENDIDO DESDE LA TEORÍA DEL DESARROLLO A ESCALA HUMANA:
Buscando experiencias de aprendizajes
para la transformación social

Autor:

RODRIGO ELIZALDE SOTO [1]
Universidad Bolivariana de Chile.

Origen:

X Congreso Nacional de Recreación
Coldeportes / FUNLIBRE
10 al 12 de Julio de 2008. Bogotá, D.C., Colombia.

 

 

 

 

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Ponencia


 

SER IGUALES PERO DISTINTOS

IGUALES EN DERECHOS Y EN DIGNIDAD.

FORMANDO PARTE DE UN TODO COMÚN AL ESTAR VIVOS,

AL TENER CONDICIÓN HUMANA, SIENDO PARTE DE UN DESTINO COMÚN.

PERO DISTINTOS AL SER ÚNICOS, IRREPETIBLES, IRREMPLAZABLES, SINGULARES, DIVERSOS,

IGUALES PERO DISTINTOS A LA VEZ.

 

 

El concepto de ocio y su desarrollo histórico

 

Claramente hablar de ocio no es algo nuevo. Ya para los Griegos era un estado continuo del que disfrutaban las clases privilegiadas y un camino hacia la sabiduría por medio de la contemplación. Aristóteles, incluso, lo consideraba un medio para acceder a la felicidad, el fin último de la vida. El ocio no debía, según esta concepción, aportar ningún beneficio que estuviera más allá del logro espiritual, lo que es muy distinto de ver en al ocio solo como una forma de mejorar la productividad.

 

Más adelante en su desarrollo histórico, y en complemento, el ocio aparece visto como una actitud fundamental para acceder a la sabiduría, siendo entendido como una oportunidad de ejercitar el recuerdo y por ende el conocimiento de uno mismo.

 

Ya en el medioevo, el trabajo era un estado continuo en el que el campesino vivía prácticamente inmerso toda la semana y en el séptimo día no se les ocurría hacer otra cosa que descansar. No había nada que pensar, ni que decidir, ni que elegir. Aquí no existía aún una separación entre tiempo propio y tiempo de trabajo destinado a otros.

 

Se tuvo que luchar mucho para lograr ganar el tiempo libre para el ocio. Solo basta recordar que las jornadas de trabajo, en las fábricas europeas, a mediados del siglo XIX eran, en muchos casos, de 15 o 17 horas diarias, esto es de 75 a 80 horas semanales. La jornada de 8 horas diarias y 48 semanales solo se propuso después de la primera convención que la Organización Internacional del Trabajo, OIT, realizó el año 1919. Esto es hace menos de un siglo.

 

Más recientemente su incorporación en La Declaración de los Derechos Humanos desde el año 1948 reconoce el derecho al tiempo libre e indirectamente es un reconocimiento al ocio, en su artículo 24 donde dice: “toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas”.

 

Cuando tienes que ganarte la vida, minuto a minuto, muchas veces el tiempo libre solo alcanza para el descanso y no queda momento para el ocio, la recreación o el esparcimiento. Es entonces el derecho al ocio muchas veces un privilegio al que solo algunos pueden acceder, pero paralelamente es una realidad para muchas personas que viven una vida más simple y sin tanta ambición en este afán productivista actual. En los barrios y villorrios de nuestra América Latina aún juegan los niños en las calles, aún se reúnen los vecinos de todas las edades a conversar y compartir en las esquinas, aún se ven familias paseando por los parques y plazas, aún existen artistas, músicos, poetas y soñadores, atletas y deportistas, o simplemente caminantes que hacen camino al andar.

 

En algunas definiciones se llama ocio o tiempo libre a los momentos empleados en actividades no obligatorias y voluntarias. Es entonces un espacio donde no estoy obligado a cumplir labor alguna y donde puedo hacer lo que decido de forma libre y voluntaria. Este tiempo libre se puede emplear en actividades creativas, motivadoras e incluso productivas, pero libremente decididas.

 

Desde la perspectiva de la salud de los seres humanos el salir de las actividades que a diario realizamos en nuestros trabajos o estudios es algo vinculado no solo a una necesidad psíquica y física fundamental, la de “ocio”, sino también un elemento esencial para un desarrollo integral. De aquí nace la profunda pregunta ¿Trabajar para vivir o vivir para trabajar? ¿Que es lo importante? ¿Qué está primero?

 

La Real Academia Española define el ocio como el momento de “Cesación del trabajo, inacción o total omisión de la actividad”, es el “tiempo libre de una persona”, ocupado para la “diversión u ocupación reposada, especialmente en obras de ingenio, porque estas se toman regularmente por descanso de otras tareas”. Desde esta perspectiva la relación que se establecerá entre “ocio” y trabajo será casi directa pero en sentido inverso. Entonces desde una definición más coloquial podríamos definir “ocio” como el no trabajo, en especial no trabajo obligado para una única finalidad productiva dentro de un espacio de subordinación, y más aún como la no sumisión del tiempo propio para un servicio entregado a otro. De ahí quizá la subvaloración del ocio y del tiempo libre, por ser considerado como tiempo no productivo y por esto como tiempo perdido, por ser un tiempo en el cual no se transa nada, ni fuerza de trabajo, ni ningún servicio, ni ningún esfuerzo, un tiempo gratis, y por consiguiente, según los parámetros de la mentalidad economicista actual, como un tiempo sin valor. Obviamente debemos manifestar, para no caer en malos entendidos, que discrepamos totalmente de esta visión alienante y reducida del ser humano, ya que como hemos manifestado todo en la vida de un ser humano no podrá ser solo trabajar, trabajar y trabajar… también necesitamos además del descanso para reponer fuerzas, de espacios donde poder desarrollar nuestras otras dimensiones de lo humano en la búsqueda de la trascendencia, como son lo desinteresado, lo altruista, nuestro ser creativo y soñador… atrevernos a divagar e incluso a vagar por un rato, sin requerimientos precisos. Estos serán momentos que cuando los tomas, es como si esos instantes fueran los únicos verdaderamente tuyos.

 

Ocio y Desarrollo a Escala Humana

 

En la actualidad la forma habitual o convencional como entendemos las necesidades humanas es como algo infinito y en constante crecimiento. Homologando necesidad con deseo y la satisfacción de esta con la adquisición de bienes o servicios. No es para nada raro que esto ocurra, ya que así somos coherentes y estaremos actuando de forma acorde con la cosmovisión económica, o más bien economicista, para la cual “más es siempre igual a mejor”. Esta forma de ver las necesidades ha ido lentamente permeando todos los otros espacios humanos sociales y culturales, e imprimiendo una visión, una forma de entender y explicarnos la realidad. Este no es un fenómeno reciente y está presente desde los primeros tiempos del capitalismo, pero podemos postular que se ha venido acrecentando en las últimas décadas producto de esta invasión consumista y productivita de este último tiempo. Entonces no es extraño que lo habitual sea el entender y sentir las necesidades humanas como infinitas e inacabables, ya que esto responderá claramente a la lógica de crecimiento exponencial de la economía, expresión clara de la ideología base de nuestra época actual. Pero si nos sacamos un poco este sesgo epocal que nos impone la avalancha cognitiva y perceptual del sistema económico actual, podremos darnos cuenta que tal como plantea la teoría del Desarrollo a Escala Humana (1986, Max-Neef, Elizalde y Hopenhayn) deberemos reentender y reinterpretar las necesidades humanas fundamentales desde otra óptica.

 

Lo primero será recordar el postulado básico del Desarrollo a Escala Humana, esto es que: “el desarrollo se refiere a las personas y no a los objetos”.

 

Entonces “¿cómo podría establecerse que un determinado proceso de desarrollo es mejor que otro?”. Dentro del paradigma tradicional se tienen indicador de crecimiento cuantitativo de los objetos de ese país o región, por ejemplo del Producto Interno Bruto. Necesitamos ahora un indicador del crecimiento cualitativo de las personas. Frente a esto podemos decir que: “el mejor proceso de desarrollo será el que permita elevar la calidad de vida de las personas”.

 

Entonces: “¿Qué determina la calidad de vida de las personas?” Podemos postular que la calidad de vida de las personas dependerá de la capacidad para satisfacer adecuadamente sus necesidades humanas fundamentales.

 

Ahora nos surge una tercera pregunta: “¿cuáles son esas necesidades humanas fundamentales y quién decide cuales son?”

 

Antes de seguir avanzando será necesario diferenciar las necesidades y los satisfactores de esas necesidades. Siguiendo en el Desarrollo a Escala Humana (1986), tendremos necesidades según categorías existenciales y según categorías axiológicas. Esta combinatoria permite, por una parte reconocer las necesidades de Ser, Tener, Hacer y Estar; y, por otra parte, las necesidades de Subsistencia, Protección, Afecto, Entendimiento, Participación, Ocio, Creación, Identidad y Libertad. Por ejemplo, la alimentación y el abrigo no deben considerarse como necesidades, sino como satisfactores de la necesidad fundamental de Subsistencia. Del mismo modo, la educación (formal o informal), el estudio, la investigación serán satisfactores de la necesidad de entendimiento. De igual forma, la imaginación, la despreocupación, los juegos, los espectáculos, las fiestas, la calma, la receptividad, la curiosidad, el humor, la tranquilidad, el divertirse, el soñar despiertos, serán todos distintos satisfactores de la necesidad fundamental de Ocio.

 

No existe una correspondencia biunívoca entre necesidades y satisfactores. Esto es que un mismo satisfactor puede contribuir simultáneamente a la satisfacción de diversas necesidades; y a la inversa, una necesidad puede requerir de diversos satisfactores para ser satisfecha.

 

A la vez es necesario destacar que para los seres humanos las necesidades podrán presentarse de formas múltiples e interdependientes.

 

Es así como llegamos a otros postulados de base. Primero: “Las necesidades humanas son pocas, delimitadas y clasificables”. Segundo: “Las necesidades humanas son las mismas en todas las culturas y en todos los períodos históricos”. Entonces lo que está culturalmente determinado no son las necesidades humanas fundamentales, sino los satisfactores de estas necesidades.

 

Siguiendo en el modelo del Desarrollo a Escala Humana proponemos cinco tipos de satisfactores:

 

I) Los satisfactores Violadores o Destructores son de efecto paradojal ya que al ser aplicados con la intención de satisfacer una determinada necesidad, no sólo aniquilan la posibilidad de su satisfacción en un plazo mediato, sino que imposibilitan por sus efectos colaterales, la adecuada satisfacción de otras necesidades. Un ejemplo clásico son los supuestos satisfactores “armamentismo” o “doctrina de seguridad nacional” que pretende satisfacer la necesidad de Protección y que finalmente terminan imposibilitando la satisfacción de las necesidades de Subsistencia, Afecto, Participación, Libertad, incluso Identidad. Otro ejemplo, las borracheras en que terminan hoy gran parte de las celebraciones colectivas (partidos de fútbol, bailes, matrimonios, etc.) y que se traducen en agresiones y destrucción. Apuntando a un Ocio mal entendido se termina imposibilitando la Subsistencia, la Libertad, la Participación, el Entendimiento.

 

II) Los Pseudosatisfactores estimulan una falsa sensación de satisfacción de una necesidad determinada. Tenemos amplios ejemplos de este tipo de satisfactores tales como la publicidad o la moda que aparentan satisfacer la necesidad de Identidad; o la prostitución que aparenta satisfacer la necesidad de Afecto; los programas sobredirigidos o tecnocráticos  de animación sociocultural que aparentan satisfacer la necesidad de Ocio o de Participación; la democracia formal que aparenta satisfacer la necesidad de Participación.

 

III) Los satisfactores inhibidores por el modo en que satisfacen (generalmente sobresatisfacen) una necesidad determinada, dificultan seriamente la posibilidad de satisfacer otras necesidades. Algunos ejemplos son el paternalismo que pretende satisfacer la necesidad de Protección pero finalmente termina inhibiendo la satisfacción las necesidades de Entendimiento, Participación, Libertad, Identidad; la familia sobreprotectora que inhibe la satisfacción de las necesidades de Afecto, Entendimiento, Participación, Identidad, Libertad y Ocio.

 

IV) Los satisfactores singulares son aquellos que apuntan a la satisfacción de una sola necesidad, siendo neutros respecto a la satisfacción de otras necesidades. Podemos pensar en los clásicos programas de suministros de alimentos que solo satisfacen la necesidad de Subsistencia; los espectáculos deportivos que solo satisfacen la necesidad de Ocio; los tour dirigidos que solo satisfacen la necesidad de Ocio.

 

V) Los satisfactores sinérgicos ([2]) son aquellos que por la forma en que satisfacen una necesidad determinada, a su vez estimulan y contribuyen a la satisfacción simultánea  de otras necesidades. Su principal atributo es el de ser contrahegemónicos en el sentido de que revierten racionalidades dominantes tales como las de competencia y coacción. Un ejemplo clásico será la lactancia materna (en su tiempo adecuado) que satisface la necesidad de Subsistencia, pero a la vez estimula la satisfacción de las necesidades de Protección, Afecto, Identidad; en el ámbito social las organizaciones comunitarias democráticas que satisface la necesidad de Participación, pero a la vez estimula la satisfacción de las necesidades de Protección, Afecto, Creación, Identidad, libertad y Ocio; la meditación que satisface la necesidad de Entendimiento, pero a la vez estimula la satisfacción de las necesidades de Identidad, Creación, Ocio; la televisión cultural que satisface la necesidad de Ocio, pero a la vez estimula la satisfacción de las necesidades de Entendimiento e incluso las necesidades de Identidad y Participación.

 

Solo para completar esta presentación del Desarrollo a Escala Humana es necesario señalar que:

 

  • cualquier necesidad humana fundamental no satisfecha de manera adecuada produce una patología;
  • hasta el momento, se han desarrollado tratamientos para combatir patologías colectivas individuales o de pequeños grupos;
  • hoy en día, nos vemos enfrentados a una cantidad de patologías colectivas que aumentan de manera alarmante, para las cuales los tratamientos aplicados han resultado ineficaces;
  • para una mejor compresión de estas patologías colectivas es preciso establecer las necesarias transdisciplinariedades.

 

Por todo lo anterior postulamos la necesidad urgente de encontrar satisfactores sinérgicos como uno de los elementos decisivos a la hora de diseñar políticas comunitarias y públicas de desarrollo local, vinculadas a la satisfacción de la necesidad fundamental de Ocio, para frenar toda la avalancha de nuevas patologías sociales e individuales emergentes. Generalmente se diseñan estrategias aisladas sin encontrar las sinergias necesarias para potenciar los talentos comunitarios, colectivos e individuales, ni para fomentar espacios de involucramiento y encuentro comunitario, necesarios para lograr mejores niveles de calidad de vida mediante redes de autoayuda y colaboración, así como para la construcción de espacios de respeto y consideración mutuo. A su vez creemos imprescindible detectar tanto los satisfactores destructores, pseudos-satisfactores, e inhibidores, para tener precaución en su aplicación por descuido, por falta de conocimientos o por la inercia inherente a nuestra época actual. De igual forma creemos necesario volver a destacar y profundizar en algunos elementos teóricos básicos vinculados con la teoría del  Desarrollo a Escala Humana.

 

Primero al decir que “el desarrollo se refiere a las personas y no a los objetos” estamos diciendo que el eje central de nuestro accionar deberán ser las personas y la satisfacción adecuadas de sus necesidades humanas, entendiéndose el derecho al Ocio como una de ellas. Es así como frecuentemente pasamos a llevar los saberes propios de las personas y no consideramos todos los amplios conocimientos existentes en ellos, y así se diseñan estrategias de intervención sin considerar lo que cada uno de los miembros de esa comunidad cree, siente y piensa, sin escuchar sus motivaciones, miedos, experiencias, anhelos, utopías, mitos, fantasías e historias. Actuando de este modo por un lado desaprovechamos todo el potencial sinérgico de la comunidad, y a la vez no los involucramos, por lo cual no se sienten partícipes y de esta forma no se comprometen en las acciones y planes específicos. En muchos casos el hablar desde un nosotros incluyente y vinculante marcará una diferencia radical en la receptividad, el nivel de compromiso y la continuidad que cualquier acción comunitaria de desarrollo local pueda establecer. En cambio si las acciones son diseñadas desde un espacio aislado, casi como desde una cúpula de expertos y técnicos especialistas, sin participación de la comunidad y sin considerar a los afectados, y solo desde una visión asistencialista y paternalista, lo más probable es que esa iniciativa no tenga durabilidad en el mediano y largo plazo, y su impacto no sea el deseado. Podemos llenar la plaza de juegos, pero si los vecinos no sienten seguro ni propio ese territorio, lo más probable es que esa plaza permanezca vacía igual que antes.

 

A la vez postulamos que la recreación como estrategia comunitaria de desarrollo local y cumpliendo todos los elementos óptimos antes mencionados, puede volverse, desde la perspectiva de la educación social y la animación sociocultural, un satisfactor sinérgico de primera línea, al vincular la satisfacción de la necesidad de Ocio con otras necesidades que se estimula en su satisfacción, tales como la necesidad de Protección al recuperar los territorios por parte de la comunidad, o la necesidad de Participación al vincular y motivar a la comunidad en un conjunto en actividades co-construidas, o la necesidad de Identidad al crear un espacio comunitario colectivo y posibilitar el regenerar las redes sociales fragmentadas y desintegradas.

 

Paralelamente postulamos como satisfactores sinérgicos los espacios de vida cultural y social comunitarios, vinculados al uso del tiempo libre y a la recreación, como un fuerte impulso de resistencia en cuanto fuerzas contrahegemónicos para hacer frente a la avalancha de patologías psicosociales emergentes y a los avatares propios de nuestras sociedades actuales, que tienen como rasgo esenciales el individualismo, la despersonalización, la fragmentación social, la alienación individual y colectiva, la perversión en cuanto no consideración del otro (distinto o distantes) como legítimo otro. Entonces postulamos claramente la urgente y apremiante necesidad de diseñar estrategias nuevas e innovadoras acordes con las urgentes necesidades actuales de nuestras sociedades contemporáneas.

 

El ocio como un derecho fundamental de todo ser humano

 

Como ya mencionamos, la Declaración de los Derechos Humanos reconoce el derecho al ocio desde 1948, en su artículo 24, al postular que “toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas”.

 

No ha sido fácil el reconocer lo universal de los derechos humanos. Son siglos de opresiones del hombre sobre el hombre y sobre la naturaleza. Basta solo recordar que hace menos de un siglo aún existía esclavitud en algunas partes del planeta y si somos un poco más rigurosos podremos reconocer que aún existe esclavitud, aunque esta sea ilegal o esté escondida. Lo concreto es que nuestras sociedades así como presentan grandes avances en aspectos tecnológicos y científicos, paradojalmente presentan a su vez grandes atrasos en aspectos éticos y morales. Tal parece que nuestra sociedad actual más que caminar hacia la justicia social, la equidad y el acceso de la mayoría a los beneficios de la modernidad, está por el contrario caminando en un sentido inverso a lo esperado y es así como cada día existe más injusticia social al haber cada vez más cantidad de excluidos, mayor concentración del poder económico en pocas manos, lo que se ve agravado por la pérdida de soberanía nacional frente a grandes empresas transnacionales. Y nuestros pueblos se quedan con las migajas, mientras el norte del mundo, incluidas las propias oligarquías financieras nacionales, se siguen llevando nuestras riquezas como hace más de 500 años.

 

Seamos realistas y veamos lo que pasa en nuestro mundo a nivel global con datos verdaderos e indesmentibles. Por ejemplo, el gasto en armas a nivel mundial ha crecido en un 45% en estos últimos 10 años, esto es 850.000 millones de euros anuales, 6% más que el 2006, esto es 190 veces más que lo se destinó en la última cumbre de la FAO (Roma 2008) para combatir el problema del hambre en el mundo (El Pais.com, 10 de junio de 2008), que según cifras oficiales son cerca de 900 millones de personas, quienes a la vez viven sin acceso a agua potable y otros servicios mínimos para una vida digna. Paralelamente los problemas ambientales y desequilibrios ecológicos, de origen antropogénico, van en aumento en casi todos los rincones del planeta. Solo por mencionar algunos: el cambio climático con su efecto de alteración exponencial de prácticamente todos los ecosistemas planetarios, con efectos no conocidos, la pérdida de biodiversidad en constante aumento, la creciente contaminación de agua, suelo y aire, de diversos tipos, dejando su huella de degradación imborrable en la vida humana y no humana, la desertificación, la erosión y la creciente pérdida de capa vegetal, la preocupante disminución del agua dulce, el agotamiento de las fuentes de energía no renovables, entre tantos otros problemas… ¿Y qué se hace? A veces pareciera que nada cambia y es como si los humanos, en cuanto civilización, no despertáramos a esta verdadera situación de emergencia planetaria (http://oei.es/decada/index.html).

 

Asociados a todos estos desequilibrios a nivel social surgen verdaderas pandemias tales como la pérdida de diversidad cultural, el surgimiento cada vez mayor de mafias organizadas que trafican con armas, drogas y personas, el preocupante consumismo en sus diversas formas, asociado al sobre endeudamiento de la población en la búsqueda de tener más y más, el surgimiento de nuevos fundamentalismo tales como la xenofobia, las violencia de clase, violencias interétnicas e interculturales, o todas las variadas formas de violencias de empresas que imponen condiciones de explotación destructoras del medioambiente natural y de comunidades humanas. A su vez el surgimiento, también en aumento, de nuevas patologías físicas, psíquicas y sociales. Podríamos seguir con una larga lista, pero aclaro enfáticamente que no comento todo esto para caer en un fatalismo inmovilizador, sino que por el contrario, para recuperar la esperanza y la lucidez, ya que sin duda alguna vivimos en el seno de una crisis social y ambiental de carácter global, que algunos autores ya definen como un verdadero colapso civilizatorio.

 

Debemos despertar, por lo cual ahora más que nunca se hace necesario recuperar nuestras utopías, volver a creer y negar enfáticamente que haya llegado el fin de la historia. Hay algo sagrado y trascendente en la vida, que debemos recuperar y despertar para empezar a construir este verdadero salto evolutivo que requerimos.

 

Partamos por preguntarnos ¿qué es una crisis...?  Attali (1982) la define como "la larga y difícil reescritura que separa dos formas provisionales del mundo", aquella que, al menos en parte, es necesario abandonar por haberse mostrado incapaz de resolver los problemas y esa nueva visión que al ir planteando alternativas innovadoras, nuevas formas de valorar y de construir sociedad, puede posibilitar la evolución y las transformaciones necesarias que muchos anhelamos. Entonces, ya que en parte nuestra crisis actual es producto de falsas creencias que se traducen en determinadas formas de producción y consumo, estimamos indispensable realizar una verdadera revolución educativa, tanto a nivel de la educación formal, pero en especial en la educación informal y no formal. Nos han hecho creer que nada se puede hacer y que de nada sirve tener esperanzas. Discrepamos de estas posiciones derrotistas ya que aún existen espacios de solidaridad, aún existen personas que trabajan desinteresadamente por otros, aún existen soñadores, y cada día es más la cantidad de personas que despiertan a reconocer lo innegable del fin inminente de una época y de la apremiante necesidad de una transformación a nivel local y global.

 

Es así que postulamos que la recreación en el tiempo libre y de ocio posee ciertos elementos necesarios de destacar, ya que en su esencia contienen aspectos transformacionales que posibilitan el empezar a soñar con otro modelo de sociedad. En primer lugar, el ocio es un tiempo propio de cada persona, el cual puede destinarse libremente a lo que se estime conveniente. Por lo tanto, en su raíz más profunda pudiese tener elementos transgresores al orden establecido, a la forma clásica y tradicional de entender los modos de intercambio y la forma de situarse por parte del individuo frente a la sociedad. Desde los espacios de ocio yo les puedo dar mi tiempo voluntariamente sin esperar retribución, quizá solo basta con saber que me consideran como un otro legítimo. Desde el ocio podemos compartir algo de forma gratuita, estableciendo vínculos desinteresados en cuanto a la búsqueda de un beneficio directo, esto es una búsqueda no lucrativa de beneficio mutuo. Por lo cual se rompe con el patrón cultural hegemónico capitalista, el cual se ha impregnado en las diversas formas de relaciones e intercambio social.

 

Por todo lo anterior postulamos que el ocio es un derecho humano básico y una necesidad humana fundamental que debe ser reposicionado, comprendido y abordado como un elemento transformacional en la búsqueda de esta revolución educativa que requerimos como civilización.

 

Volviendo a hacer esta necesaria revisión histórica podemos ver que una de las primeras reivindicación de lucha del movimiento obrero a nivel mundial, fue la reducción de la jornadas laboral, lo que se alcanzó el año 1919 con la creación de la primera convención que la Organización Internacional del Trabajo, alcanzando las actuales 8 horas diarias y 48 semanales de jornada laboral. Podemos tomar este como uno de los primeros hitos en el reconocimiento del espacio de tiempo libre y de un primer paso en la valoración del ocio como un derecho humano.

 

La alienación del trabajo y la precariedad laboral en su vinculación con la subvaloración de los tiempos y espacios de “ocio y recreación”

 

En la esfera del trabajo, a pesar de los avances, en muchos casos se pierden conquistas ganadas por las luchas obreras laborales y sindicales. Lo interesante de destacar será que la vida, al igual la sociedades humanas, son dinámicas y así como se avanza en algunos aspectos, al mismo tiempo se retrocede en otras dimensiones. Nada es estático y en muchos casos los desarrollos y espacios ganados, por décadas e inclusos siglos de luchas, se pueden perder producto de fenómenos cada día más presentes en nuestras sociedades. Es el caso de la innegable precarización del mundo del trabajo asalariado, producto de la tan aplaudida globalización económica neoliberal. Vemos como ya no se cuenta con la estabilidad laboral tan añorada por millones de trabajadores, y en muchos casos se siente incertidumbre respecto a mantener el empleo en el futuro. Otro fenómeno es el desempleo, que en muchas economías latinoamericanas supera los dos dígitos, lo que podemos entender como algo casi estructural al sistema económico actual. A su vez según cifras de la OIT, sólo el 30% del empleo, en el caso de Chile por ejemplo, es catalogado como “trabajo decente”. Esto explica en parte la creciente tendencia a la precarización del trabajo. Mientras los empresarios exigen mayor flexibilidad laboral, en Chile por ejemplo existen más de 300 mil trabajadores subcontratados. Otro fenómeno presente en casi toda América Latina es la innegable inflación, que hace que el mismo sueldo valga cada día menos… los precios suben y los sueldos se mantienen, lo que en términos reales significa que bajan los salarios. Sumado a lo anterior vemos como las jornadas laborales son aumentadas llegando en muchos casos a 10 horas promedio diarias o más, que no se respetan los días libres, que no se pagan las cotizaciones previsionales e incluso no se tiene contrato de trabajo. En Europa más allá de las propuestas de reducir la jornada laboral a 35 o 36 horas laborales, en la actualidad ya se están levantando propuestas relativas a elevar la jornada laboral a 65 horas semanales, si trabajador y empresario se ponen de acuerdo, tema que fue recientemente debatido por los ministros de trabajo de la Unión Europea (http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/noticia.asp?pkid=416583).

 

A lo anterior podemos recordar las ya reconocidas prácticas antisindicales, o que el crecimiento económico, supuesto objetivo del proceso productivo de nuestras economías, no se traduce necesariamente en mejores empleos, ni en mejores condiciones de vida laboral, ni en mejor calidad de vida para los trabajadores y sus familias.

 

Como mencionamos, en la realidad laboral, como en lo social, así como se avanza también se retrocede. ¿El vaso está medio lleno o medio vacío? Solo dejo la pregunta planteada desde un interés exclusivamente problematizador y cuestionador.

 

Como hemos visto, distinto será entender el espacio de tiempo libre y de ocio como un espacio de libertad del cual se puede disponer a voluntad, contrariamente a esto vemos que todo trabajador dependiente estará en cierta forma sometido a un involuntario tiempo de subordinación, perdiendo así su autonomía y en cierta medida estando al borde de ir perdiendo el sentido de la labor que realiza. De aquí a la alienación del trabajo estamos solo a un paso.

 

Reiteramos que desde una perspectiva economicista y productivista, el tiempo de ocio será considerado como un tiempo perdido, por ser un tiempo improductivo para la económica. Por esto mismo consideramos necesario revalorar el “ocio” y el “tiempo libre” como un tiempo válido, necesario, especialmente como tiempo útil para la salud de toda persona y de toda sociedad, y más aún como un derecho inalienable de todo ser humano.

 

 

El “ocio y la recreación” homologado al espacio social del consumismo

 

La Real Academia Española define consumismo como: “Tendencia inmoderada a adquirir, gastar o consumir bienes, no siempre necesarios”.

 

Nuestros hábitos cotidianos están contribuyendo a la degradación de la Naturaleza. La sociedad en que vivimos favorece el consumismo y el despilfarro, somos la generación, como dice Galeano, del “usar y tirar", pero nuestro planeta a nivel biofísico constituye un sistema cerrado, limitado y finito, y la basura  y los desechos no desaparece en el contenedor, todo va a parar a algún lugar: al aire, a la tierra o al agua… y por está vía también a nuestra sangre y de ahí a nuestras células.

 

Por lo anterior, y volviendo al Desarrollo a Escala Humana (1986), postulamos que en las civilizaciones industrializadas, como la nuestras, los bienes (entendidos como objetos o artefactos que aumentan o merman la eficacia de un satisfactor) se han convertido en elementos determinantes. La forma en que se ha organizado la producción y apropiación de los bienes económicos en el capitalismo industrial los ha condicionado de forma falaz como el tipo de satisfactor dominante. Sobredimensionando, de forma inadecuada, el poder de los bienes para satisfacer las necesidades humanas fundamentales.

 

Hoy en día la forma de producción y consumo de bienes conduce a que éstos se conviertan en fines en si mismos. Esta forma supuesta de satisfacción de una necesidad no nos deja ver las potencialidades de vivirlas en toda su amplitud. Queda allí abonado el terreno para la instauración de una sociedad alienada que se embarca en una carrera productivista y consumista sin sentido. “La vida se pone al servicio de los artefactos, en vez de estar los artefactos al servicio de la vida”. La búsqueda de una mejor calidad de vida es remplazada por la obsesión de incrementar la productividad de los medios y el consumo de bienes y servicios. El desafío será entonces pensar formas de organización económica y social en que los bienes potencien los satisfactores para vivir las necesidades de manera coherente, sana y plena, apuntando al desarrollo integro del ser humano y a la satisfacción de sus necesidades fundamentales.

 

Como plantea Antonio Elizalde Hevia, en su libro “Desarrollo Humano y Ética para la Sustentabilidad”, en la actualidad la riqueza es entendida casi exclusivamente como la posesión de bienes, en cuanto se refiera a una mayor disposición relativa de bienes y servicios. Por el contrario, pobreza es equivalente a ausencia o privación de bienes. En su misma línea argumentativa sugerimos necesario hablar ya no de pobreza, sino de pobrezas. De hecho cualquier necesidad humana fundamental no satisfecha revela una pobreza humana. Es así que tendremos pobreza de Ocio, si el tiempo libre es utilizado inadecuadamente solo como momento de consumo, si la recreación se transforma en un espacio exclusivo de evasión, si los sueños y las fantasías son ocupados para pensar en como tener más dinero, bienes o mayor estatus, si las fiestas son únicamente un espacio de desenfreno hedonista y narcisista perdiendo la valoración del compartir con otros, o si los espectáculos son entendidos solo como espacios de consumo aplacando la posibilidad de desarrollo y disfrute estético y cultural que pudiesen poseer.

 

Lamentablemente la necesidad de ocio será así confundida y desvirtuada en su potencial sinérgico y el espacio propicio para el surgimiento del sobreconsumo desmedido típico de nuestra época.

 

Por lo cual será necesario tomar conciencia de la arremetida y el avasallamiento creciente, especialmente en los medios de comunicación social, entiéndase televisión, radio, prensa escrita, revistas, internet y otros, por la vía publicitaria y por todos los mecanismos disponibles, de estrategias dirigidas exclusivamente a exacerbar a nivel masivo los niveles de consumo en las personas. Es así como la publicidad va enseñando y transmitiendo valores vinculados a los atributos del consumo, internalizando silenciosamente nuevos códigos sociales, casi como si pudiésemos hablar de una realidad cultural donde estar fuera del consumo es casi como estar fuera de la sociedad. Con lo cual el espacio de vínculo social se homologa al espacio de consumir.

 

Las variadas implicaciones que esto acarrea en la constitución de un nuevo imaginario social son múltiples y no estudiadas en profundidad como portadoras de nuevas patologías, ya que estas huellas irán quedando enquistadas en la personalidad de cada sujeto. Es así como el tener identidad propia se traduce casi únicamente en un acto de consumo diferenciado, como si las preferencias frente al consumo determinaran tu identidad. Paralelo a todo esto, el espacio de sobreconsumo llevará a una perdida de la valoración de todo lo que no esté dentro de mis rangos de preferencias, ya que aquí lo único que tendrá importancia será lo auto referido, esto es solo lo que ayude a encontrar la autosatisfacción hedonista y narcisista de ese deseo insaciable. Con esto los seres humanos, al igual que la naturaleza, pasaran a ser solo objetos de uso, con un claro aumento de los rasgos perversos de personalidad. A la vez la sexualidad humana perderá su raíz inicial, en cuanto búsqueda del encuentro de otro en la diferencia, centrándose cada vez más en formas autoeróticas, perdiendo de este modo la importancia del encuentro y de la búsqueda de los otros y reduciéndose solo a la búsqueda en cuanto autosatisfacción inmediata.

 

Como ya mencionamos, nuestra tesis central será que en todo este proceso el tiempo libre y la recreación quedarán relegados a esta subcategoría del consumo. Por esta vía serán vaciados de todo su potencial sinérgico y de todo su impulso transformacional.

 

 

La necesaria revaloración del ocio y el tiempo libre como elementos facilitadores en la constitución de un ser humano integral y de sociedades  sustentables

 

En América Latina existe un amplio desarrollo teórico de los conceptos que involucran la sustentabilidad. A partir de estos avances teóricos y prácticos se avizora la necesidad imprescindible de avanzar en un cambio de paradigma gnoseológico y epistémico, en cuanto a asumir la crisis ambiental como la posibilidad real de realizar un verdadero salto evolutivo para entrar en una nueva etapa civilizatoria, donde la solidaridad, la justicia y el respeto por la diversidad ambiental y social sean los nuevos valores de las sociedades humanas.

 

Este cambio paradigmático al que nos referimos, es una verdadera revolución educativa de consciencias y conductas, que posibiliten el remover mitos ampliamente arraigados en el dominante pensamiento occidental, que suelen ser hegemónicos y que se pueden sintetizar en los siguientes enunciados:

 

-      Creencia en la ciencia occidental como verdad superior, lo que se traduce en la incorporación de tecnologías externas que no necesariamente serán apropiadas para las realidades locales específicas.

-      Creencia en que más es igual a mejor. Esto es, que el crecimiento económico será siempre bueno y positivo, lo que se traduce en sobreexplotación de recursos y contaminación desmedida, sin considerar los límites naturales.

-      Creencia en la existencia de una naturaleza planetaria ilimitada.

-      Creencia en la capacidad de la tecnología humana para controlar todos los procesos naturales y revertir todos los efectos indeseados.

-      Creencia en la naturaleza como objeto de uso, lo que se traduce en un desmedido antropocentrismo.

-      Creencia en el progreso civilizatorio continuo, como una realidad dada y, por lo tanto, incapacidad de autocrítica para provocar un cambio de fondo como el que se requiere.

 

A su vez podemos releer la crisis actual desde una perspectiva mucho más compleja y profunda al señalar que:

 

-      La crisis ambiental no afecta solo a la naturaleza, sino que a la vez también a la sociedad humana en su interior y a la relación que esta establece con la naturaleza.

-      “La crisis ambiental marca el límite del logocentrismo y la voluntad de unidad y universalidad de la ciencia, del pensamiento único y unidimensional, de la racionalidad entre fines y medios, de la productividad económica y la eficiencia tecnológica, del equivalente universal como medida de todas las cosas, que bajo el signo monetario y la lógica del mercado han recodificado al mundo y los mundos de vida en términos de valores de mercado intercambiables y transables” (Leff, 2003).

-      “La crisis ambiental es la manifestación primera de una crisis mucho más profunda, cual es la crisis de sentido que hoy está viviendo la humanidad… Dicha crisis de sentido se manifiesta por una parte como una crisis de las formas como percibimos la realidad, esto es las cosmovisiones, paradigmas o matrices epistémicas desde las cuales hemos construido nuestra interpretación del universo. Requerimos en consecuencia de nuevas matrices epistémicas, de nuevos paradigmas, de nuevas percepciones… También, en la crisis de sentido se expresa una profunda crisis moral, una crisis de principios, un trance donde se vienen abajo las formas del cómo valoramos, del cómo sentimos, del cómo jerarquizamos, del cómo actuamos, e incluso del cómo nos emocionamos en y con la realidad… Lo que está detrás de lo que vivimos y expresamos como crisis de sentido tiene su expresión en una crisis de los principios y del método. Muchos de los principios fundantes de nuestra civilización se han mostrado febles y equivocados. Por otra parte, los viejos métodos han caducado. Se ha perdido la relación entre esfuerzo y significado. La solidez de las certezas se ha difuminado. Estamos arribando a un mundo de incertidumbres crecientes. Hemos llegado a los límites del método y estamos sufriendo las contradicciones del sistema que hemos construido” (Elizalde, 2003-1).

 

Para realizar este necesario y profundo cambio de paradigma requerido, la búsqueda de satisfactores sinérgicos y nuevas formas de entender tanto la pobreza, como los subsistemas de las necesidades, los satisfactores y los bienes será un factor decisivo e imprescindible.

 

Como ya lo habíamos señalado la teoría del Desarrollo a Escala Humana plantea la reinterpretación del concepto de pobreza, ya que el concepto tradicional es limitado y restringido, puesto que se refiere exclusivamente a la situación de aquellas personas que pueden clasificarse por debajo de un determinado umbral de ingreso y viven la falta de algo, en especial de bienes materiales. La noción es estrictamente economicista. Sugerimos ampliar esta visión y no hablar de pobreza, sino de pobrezas. De hecho, cualquier necesidad humana fundamental que no es adecuadamente satisfecha revela una pobreza humana.

 

A la vez será necesario ampliar la noción de necesidad y dejar de concebirla solo como carencia y entender que en la medida en que las necesidades comprometen, motivan y movilizan a las personas, son también potencialidad y, más aún, pueden llegar a ser recursos. La necesidad de participar es potencial de participación, tal como la necesidad de afecto es potencial de afecto, la necesidad de ocio es potencial de ocio.

 

Siguiendo las ideas de Antonio Elizalde (2003, 2003-1) podemos definir la sociedad occidental actual global como una sociedad consumista, en la cual se produce un sobredimensionamiento del subsistema de los bienes y obviamente un subdimensionamiento de lo que son las necesidades y los satisfactores. Este tipo de sociedad es la que vivimos nosotros actualmente. Una sociedad en la cual el exceso de bienes nos va embotando tanto desde el punto de vista valorativo como desde el punto de vista emocional.

 

En nuestra propuesta creemos necesario avanzar hacia la construcción de sociedades  ecológicas, entendidas estas por aquellas donde lo que se trabaje preferentemente deberá ser la oferta de satisfactores, tanto en calidad como en cantidad; buscando así enriquecer las formas como damos cuenta de las necesidades humanas. Es importante señalar que los satisfactores, en cuanto son los elementos inmateriales de una cultura, no tienen peso material, no generan una carga sobre el medio ambiente. Los satisfactores son las formas culturales, son lo más propiamente humano porque es lo que creamos culturalmente.  Aquí la concepción de riqueza será entendida como la dotación de mayores y mejores satisfactores. La pobreza será entonces la existencia de satisfactores de menor calidad y en menor cantidad (Elizalde 2003, 2003-1).

 

Es así como las nuevas formas de entender el tiempo libre y la recreación como satisfactor sinérgico de la necesidad fundamental de ocio, claramente colaboran en la construcción de sociedades sustentables, ya que al ser esta necesidad satisfecha adecuadamente a su vez estimulará la satisfacción de otras necesidades generando de esta forma un efecto en exponencial y multiplicador.

 

Una nueva visión de los tiempos y espacios de “ocio y recreación” desde una perspectiva de la complejidad

A su vez la ciencia de la complejidad, ciencia con conciencia, nos abre caminos absolutamente novedosos por donde avanzar en la comprensión y creación de alternativas a la profunda crisis de la actualidad, crisis de sentido, crisis de despersonalización y alienación.

 

Sabemos que la realidad está interrelacionada e interafectada, y que mi accionar, por ejemplo el día de hoy dejará una huella en ustedes y lo mismo de forma recíproca. Entonces ¿Cómo comprender e incidir desde estas interrelaciones e interafectaciones? ¿Cómo comprender  e interactuar con y desde el todo y con y desde las partes? Tenemos claro que solo conocemos fragmentos de la realidad y que navegamos en un mar de incertidumbre, llegando solo a ratos a estas pequeñas y provisionales islas de certezas, que en muchos casos no serán más que construcciones culturales. Entonces un primer paso será traducir estos modos de entender la realidad a nuestro accionar cotidiano. En el sentido que estamos en un barco sin saber muy claramente como se debe navegar. Un primer punto será el entender que debemos dotar de humildad nuestras percepciones sobre el mundo y entenderlas solo como verdades provisionales y en ningún caso como verdades absolutas. Esto que digo no es para nada menor ya que el desafío al que estamos invitados no podremos realizarlo solos. Un segundo elemento será el reconocer la necesidad de los otros, en especial en la construcción de conocimientos innovadores y adecuados. En este punto creo necesario volver a reconocer, como lo menciona Enrique Leff (2003) el fin del logocentrismo. Ya no existe un único actor social poseedor de la verdad, por lo cual todos los miembros de una comunidad en cierta forma poseerán parte, fracciones, de esa realidad, más aún si consideramos que la realidad humana es social y culturalmente construida. Llegó la hora de reconocer que todas las personas, y no solo los especialistas, si saben sobre lo que los afecta. En este mismo sentido se deberá reconocer que solo con otros y entre todos se podrá construir una realidad social distinta, para construir una nueva relación hombre-tecnología-naturaleza. Es por esto que un tercer elemento será el atrevernos a compartir el poder en la toma de decisiones, logrando así verdaderos consensos para acceder al bien común. Desde aquí surge un cuarto elemento necesario que será la recuperación y revaloración de la solidaridad como eje central de este nuevo accionar. Solidaridad intrageneracional, solidaridad intergeneracional y solidaridad con la naturaleza y la vida entendida como expresión sagrada de lo infinito del universo.

 

Desde este nuevo accionar moral y ético social el tiempo libre renace y se hace imprescindible para expresar todo eso que lo formal de la academia y del especialista o lo rígido del empleo no permite expresar, ni comprender. Necesitamos de estos espacios donde, aunque sea por un rato, el tiempo se detenga, para calmar la prisa y escuchar nuevamente todas las voces.

 

Es por todo esto y por mucho más que renombramos al ocio como un tiempo nuevo, tiempo de libertad, tiempo de compartir, que será partir otra vez en momentos y espacios en que quepamos todos, tú, yo, nosotros y ellos.

 

Nuestro mundo alcanza para satisfacer todas las necesidades pero no todas las codicias y egoísmos. En matemáticas uno más uno es dos, pero en lo humano uno más uno es más que dos, ya que tendremos, tú, yo y nosotros, y  eso es mucho más que dos.

 

El riesgo de una sociedad adicta al trabajo, al crecimiento económico y al sobreconsumo

 

Formulamos de forma explícitas nuestras preguntas primeras:

¿Trabajar para vivir o vivir para trabajar?

¿Crecimiento de los objetos o desarrollo de las personas?

 

Como hemos visto una sociedad adicta al trabajo, al crecimiento económico y al sobreconsumo, claramente será insustentable. Insustentabilidad que se manifestará por diversos síntomas o en variados síndromes, pero que al final de cuentas todos apuntarán a la negación de ciertos elementos básicos que habría que considerar, tales como son los equilibrios y umbrales permitidos por los seres humanos y por la vida natural.

 

Una sociedad adicta al trabajo marcará una tendencia clara hacia la alienación y deshumanización de la vida social, pero a la vez de los propios individuos que la conforman, disminuyendo las posibilidades de lograr encontrar una vida sana, plena, que posibilite un desarrollo integral de sus miembros.

 

Una sociedad adicta al crecimiento económico está condenada a enfrentar cada día más conflictos ambientales y desequilibrios de los sistemas naturales en su conjunto, incluido dentro de esto el propio sistema social humano, y a su vez los propios cuerpos de sus habitantes en cuanto sistemas naturales biológicos. Desde esta perspectiva cada vez será más innegable lo imposible de un crecimiento continuo al entender que la economía es un subsistema que  es sostenido por otro sistema mayor como es el planetario, el que claramente es cerrado, finito y con límites materiales y físicos. Por lo cual será necesario recordar que la economía debe de estar para servir a las personas y no las personas para servir a la economía.

 

Un elemento interesante de señalar es que para que un ser humano realice una vida de sobreconsumidor claramente esto será posible por la existencia de otros que quedarán excluidos, en una categoría de infraconsumo o de subconsumidores, con lo cual el sobreconsumo se plantea como inherentemente inhumano y perverso, ya que intrínsicamente lleva el germen del egoísmo y la codicia. Un ejemplo claro es que hoy en día los niveles de concentración económica van en aumento, pero al mismo tiempo en el mundo existen más y más excluidos, como algo casi estructural de la actualidad.

 

Para cruzar este abismo que tenemos al frente deberemos lograr salir de este laberinto en que se han vuelto nuestros actuales estilos de vida. Como especie humana y como comunidades locales, deberemos enmendar nuestro rumbo y volver a encontrar el sentido profundo y trascendente de nuestras acciones.

 

Nada es neutral y nada es imparcial. Toda acción y toda palabra genera realidades y esto tiene efectos impensables en los desenlaces futuros de nuestras historias. Por lo cual revalorar el trabajo, e incluso repensar el trabajo, ya no exclusivamente desde la búsqueda de mayor empleabilidad, sino desde una perspectiva de cambiar las formas de intercambio entre los seres humanos será algo decisivo. A su vez revalorar y repensar al ocio como una necesidad que satisfecha de forma adecuado y sinérgica podrá potenciar otras dimensiones de lo humano, será uno de los pasos primeros para devolver a la humanidad la posibilidad de construir una historia distinta. Como vemos muy diferente será el empleo alienado y sin sentido, que el trabajo que nos dignifica y nos vuelve  a dar sentido a nuestras vidas, para encontrar y responder el por qué, para qué y para quiénes, ya que por esta vía podremos reconocer que si necesitamos de los otros, siendo este un elemento base del desarrollo local y sustentable.

 

Entonces el crecimiento económico y el sobreconsumo no pueden ser nuestros anhelos, por ser un teorema de la imposibilidad, pero a la vez por haberse mostrado incapaz de solucionar las necesidades apremiantes de tantas y tantos seres humanos, al estar basado en el competir y la acumulación por sobre el cooperar, colaborar y compartir, pero a la vez por mostrarse incapaz de ayudarnos a ser más felices.

 

Solo a modo de cierre creo necesario destacar que las políticas, planes y programas concretos de promoción y uso del tiempo libre y la recreación, para volverse reales satisfactores sinérgicos transformacionales en pro de  un verdadero desarrollo sustentable a escala humana, deberán plantearse como acciones no neutrales y ser explícitamente intencionadas en la búsqueda del empoderamiento de las comunidades y sus miembros, entendiendo que para esto se deberán concebir como formas educativas nuevas, ya sea en como resolver los emergentes conflictos socioambientales, desde una perspectiva capaz de dotar a los actores locales de capacidades tales como liderazgo participativo, o en como tomar decisiones por consenso, en el sentido de aprender a compartir el poder, o en como profundizar la visión clara del necesario cambio en nuestros estilos de vida, de producción y consumo. Todos estos, entre otros, serán elementos claves que prioricen la urgencia de acciones concretas para el necesario cambio de paradigma  civilizatorio que requerimos. 

 

Para esto será necesario que aprendamos a escuchar las diversas voces de la comunidad y a la vez la voz de la naturaleza, ya que de esta forma se aprenderá de y en la cooperación, para dejar atrás la competitividad y el individualismo, ya que en las comunidades locales, al igual que en la naturaleza, todos somos dignos de existir y todos tenemos un valor intrínseco.

 

Al parecer deberemos hacer ese largo y necesario viaje de reencuentro con nuestras raíces, con nuestra esencia perdida, para rehabitar nuestra casa planetaria donde la diversidad será nuestro mayor patrimonio y nuestra mejor defensa frente a la muerte.

 

Por último, quiero agradecer esta hermosa invitación con la claridad de que solo volviendo a creer en nuestros sueños y anhelos comunes construiremos una sociedad más justa, libre, solidaria y sustentable, esto es una sociedad a escala humana para todas y todos.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

 

Attali, Jacques (1982). Los tres mundos (para una teoría de la post-crisis ), Cátedra, Madrid.

Elizalde, Antonio (2003). Desarrollo humano y ética de la sustentabilidad, PNUMA, México.

Elizalde, Antonio (2003-1). “Desde el Desarrollo Sustentable hacia Sociedades Sustentables”, Revista Polis, Universidad Bolivariana, Vol.1, Nº4, Santiago de Chile / http://www.revistapolis.cl/polis%20final/4/eli.htm

Leff, Enrique (2003). “La Ecología Política en América Latina. Un campo en construcción”, Revista Polis, Universidad Bolivariana, Vol.1, Nº5, Santiago de Chile / http://www.revistapolis.cl/polis%20final/5/leff.htm

Max-Neef, M., Elizalde, A., y Hopenhayn, M. (1986). Desarrollo a Escala Humana: Una opción para el futuro, Numero especial de la Revista Development Dialogue, Cepaur - Fundación Dag Hammarskjöld, Uppsala

Vilches, A. y Gil, D. (2003). Construyamos un futuro sostenible, Cambridge University Press, Madrid.

Diccionario Real Academia Española / http://www.rae.es/rae.html

http://oei.es/decada/index.html

http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/noticia.asp?pkid=416583

 

 

 

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[1]

Psicólogo, Mediador y Especialista Universitario en  Educación  Ambiental y Globalización.

Docente e Investigador de la Universidad Bolivariana de Chile.  E-Mail: relizalde@ubolivariana.cl

 

[2] Sinergia significa el comportamiento de un sistema completo, que resulta impredecible a partir del comportamiento de cualquiera  de sus partes tomadas aisladamente. Fueron los químicos en reconocer la sinergia, cuando descubrieron que toda vez que aislaban un elemento complejo, o separaban átomos o moléculas de un compuesto, las partes separadas y sus comportamientos singulares jamás lograban explicar el comportamiento de todas las partes asociadas. En este sentido, la sinergia connota una forma de potenciación, es decir, un proceso en que la potencia de los elementos asociados es mayor que la potencia sumada de los elementos tomados aisladamente.