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Documento:

EJES DE REFLEXIÓN PARA LA BÚSQUEDA DE UN SENTIDO A LA RECREACIÓN:
Apuntes para el VI Congreso Nacional de Recreación

Autor:

ESPERANZA OSORIO CORREA *
FUNLIBRE

Origen:

VI Congreso Nacional de Recreación
Vicepresidencia de la República / Coldeportes / FUNLIBRE
10 al 12 de Agosto de 2000. Bogotá, D.C. COLOMBIA.

 

 

 

 

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Ponencia


 

El VI Congreso Nacional de Recreación pretende marcar un hito dentro del proceso que se ha venido adelantando en la búsqueda de construir comunidad académica, científica, o simplemente comunidad en recreación. Este espacio con el que hoy contamos, con la participación  de extranjeros y colombianos, pretende abrir espacios de reflexión para la unificación de criterios en las cuatros áreas de efectividad planteadas en el Plan nacional de Recreación 1999 – 2002 – Recreacción: Recreación con un Propósito, con miras a traducirlas en acciones concretas, que replanteen las ya propuestas, las ajusten o actualicen. Sin pretender encausar los sentidos de los otros, sino más bien proponer preguntas en esta conferencia, se plantean interrogantes acerca del recreador, involucrando en esta categoría a todos los que trabajamos en el área, las competencias esperadas, busca el hacerse una pregunta sobre la investigación en el área y su legitimidad como objeto de estudio y por último sobre las tendencias que han de fundamentar el quehacer, la vivencia, que es en últimas el espacio donde la recreación se hace realidad.

 

Introducción

 

Puede parecer extraño en un Congreso iniciar las actividades académicas, hablando del sentido mismo del evento. La razón que sustenta las intencionalidades y los motivos por los cuales quienes directa e indirectamente hemos permitido que el día de hoy estemos reunidos, va más allá de actualizarnos y certificar la asistencia.

 

Hay tanto racionalidades como subjetividades en el marco de estas intenciones. Hablaré en primera instancia de las razones objetivas aunque llenas de utopía, lo que las haría  entrar en el reino del sentido,  que han orientado no sólo el evento sino el proceso de construcción y construcción en el que ya hace largo tiempo entramos.

 

Una primera intención, es avanzar en la construcción del sector como tal, con un sentido de comunidad, entendida ésta como las posibilidades que nos debemos dar de compartir con base en acuerdos, criterios, objetivos y acciones que nos articulen en torno a unos mínimos, que nos permitan ser jalonadores de ese proceso de posicionamiento real que la recreación ha venido alcanzando en los últimos años. Como lo he mencionado en otras oportunidades, sin desconocer los aportes y bases que múltiples actores han invertido, de hacer de la recreación un asunto serio, tales como docentes, investigadores, recreadores empíricos, profesionales de otras disciplinas, voy a exponer mi análisis interpretativo y de sentido de este evento, el cual más que remitirse a sus protagonistas pretende sugerir reflexiones y retos que nos convocan.

 

 

 

Algunos elementos para el análisis

 

No se puede afirmar que pretender dinamizar procesos de construcción real en el sector y con una incidencia nacional, haya sido tarea fácil, por el contrario, se han encontrado múltiples obstáculos y frustraciones que se dan más por una mirada del proceso desde el deseo y que desde la realidad.

 

El proceso de formulación, validación y socialización del Plan Nacional de Recreación, que se ha basado principalmente en una metodología consultiva y participativa,  con miras a que sus actores se potenciaran para una reflexión que condujera a la acción, se ha encontrado con limitaciones del dominio de la realidad que si queremos avanzar no podemos desconocer.

 

En primera instancia, los efectos de la institucionalización del proceso, que necesariamente condujo a acercamientos y a alejamientos de la dinámica misma, se ha enfrentado a barreras que nos hacen evaluar  el nivel de desarrollo institucional no únicamente en el sector de la recreación, sino fuera de él. La dependencia formal del sector educativo, hace que la recreación no cuente con la prioridad política, dados los graves problemas que enfrenta el sistema educativo formal y que obviamente,  postergan los intereses y necesidades de la recreación como tal.

 

A esta condición se suman las creencias que líderes de política y procesos de planeación, acerca de lo que es la recreación, lo que parece invariablemente acompañado de un escaso, pero gradual conocimiento y reconocimiento del valor de su impacto social. Aún no logramos convencer a los sectores de la salud, la justicia, el ambiente, que la recreación puede permear transversalmente como estrategia para el fomento de una cultura de la paz y la convivencia, para el estímulo de una cultura de la salud, es decir, no hemos logrado demostrar los beneficios de la recreación en lo social, económico, ambiental, en el desarrollo comunitario, la salud, y en los diferentes segmentos poblacionales.

 

Así mismo, el proceso se ha enfrentado a la escasa capacidad organización y participación de grupos, individuos e instituciones, debilidad que se ha intentado compensar estimulando más el compromiso y el convencimiento del valor de la recreación,  de modo que sea a partir del sentido y motivos propios que se conviertan en actores y generadores de resultados desde sus posiciones, posibilidades de toma de decisión y niveles de intervención.

 

El Plan Nacional de Recreación nos planteó como reto, para un país como Colombia,  una forma actual de hacer política y gestión, que no es nueva en el sentido que es una tendencia mundial. Se ha procurado una complementación sinérgica entre la educación, la investigación, la gerencia y el componente asistencial de las políticas. El objetivo ha sido lograr integrar en la gestión, elementos de la administración, pero también de la técnica y la teoría provenientes de diferentes disciplinas. Se ha promovido la reorientación hacia  estructuras organizacionales capaces de definir y coordinar el diseño y la aplicación de políticas públicas, la designación de recursos económicos, físicos, técnicos, humanos, de investigación  e intervención interdisciplinaria, paralelamente a la búsqueda de acciones  para trabajar por el incremento de la cobertura. Esto es, esforzarse por trabajar sinérgicamente desde las cuatro áreas de efectividad.

 

Uno de los mayores logros alcanzados está el que se hayan abierto espacios de interlocución real, donde el diálogo es entre pares y no entre expertos e ignorantes y hacia allá se debe continuar avanzando, pues será la única forma de lograr en la potenciación de la capacidad organizativa y participativa del sector, para trabajar todos por la construcción de una política pública social.

Así se han ido perfilando criterios de política como son:

·         El conocer y reconocer a la recreación como un derecho  y una necesidad fundamental de los seres humanos,

·         El que los programas y servicios en recreación deben dinamizar procesos de desarrollo humano sostenibles en los niveles individual, comunitario, regional y nacional.

·         La oferta debe basarse en una responsabilidad compartida entre las instituciones públicas, privadas y la sociedad civil.

·         Las políticas deben trascender periodos de gobierno para poder hablar de procesos sostenibles de crecimiento y transformación para el sector desde sus cuatro áreas de efectividad.

Lo anterior se plantea como modelo de gestión y administración que subyace al Plan Nacional de Recreación y el avance hacia la participación directa en la construcción de una política pública y social  en recreación.

En el área de formación, los ejes que se nos plantean tienen que ver con el desarrollo de programas de formación en todas las modalidades, ciclos y niveles, incluyendo la formación ciudadana. Las acciones concretas en este sentido han de apuntar a realizar un análisis sobre la especificidad de los programas de educación superior en recreación, por ejemplo, cuál es el peso académico y el sentido que tiene el área en las licenciaturas de educación física, deporte y recreación, ¿cuáles son las competencias requeridas? ¿Qué enfoque pedagógico vamos a asumir en la formación del talento humano del sector? 

Un análisis llevado en un estudio de competencias realizado por Funlibre (Osorio, 1999), entendiéndolas como conocimientos, mostró que los campos de formación que de alguna manera son abordados por los diferentes programas, se ubican en la fundamentación interdisciplinaria de la recreación:  políticas, administración y operación de programas, manejo de métodos para la elaboración de diagnósticos y la contextualización de programas y mercadeo y servicios en recreación. El  análisis de las competencias a la luz de los empresarios mostraron una preferencia por todas, lo que hizo muy difícil discriminar cuál es el peso relativo dado a cada uno de ellos.

En algunos de los programas el énfasis en la formación desde lo humano no es muy explícita, será porque tal vez ha sido una de las cuestiones más difíciles de resolver por el sistema educativo formal. Si como se anota en el Plan Nacional de Recreación, ésta puede ser cualificada como un factor de amplio significado el que hacer educativo formal, en la formación de valores y logros cognitivos y sociales, entonces al recreador se le amplía el marco de su responsabilidad ética frente así mismo y a los demás.

La reflexión sobre el currículo en recreación, debe ayudarnos a encontrarle un lugar como sustrato teórico, como estrategia operativa, como práctica investigativa y entramarlos de tal forma que doten de significado, de coherencia y de diversidad, de posibilidad, de dinámica y de comunidad al sector y más específicamente, al nodo de formación y su representación a través de actores e instituciones.

Como anota Vargas (1999), el currículo, es expresión de un proyecto humano, en la medida que le posibilite a los sujetos educativos abrirse al encuentro de nuevos horizontes, donde puedan reafirmarse como personas y a la vez participar en la formación de un sentir propio del grupo social, en la coherencia con los postulados del proyecto histórico cultural del país, que se apoya fundamentalmente en los criterios de la democracia participativa, en la búsqueda de un desarrollo sostenible, sustentable y sostenido y en la responsabilidad solidaria.

La reflexión sobre la formación en recreación, primero, debe fundamentarse desde las propuestas pedagógicas actuales y sus discusiones y, segundo, a partir del contexto sociopolítiico, cultural y económico que se nos plantea a los colombianos. Esto implica, sin entrar en a ser radicalizaciones que impidan el diálogo, preguntarse sobre la educación en recreación. Si el currículo, es reflejo de un proyecto humano, en nuestros programas hemos de preguntarnos sobre el tipo de ciudadano que se pretende formar desde el punto de vista de un proyecto educativo ético.

Usualmente, la preocupación sobre el dominio de las habilidades técnicas o sociales que son priorizadas por la lógica del mercado, subestiman la pertinencia e importancia de la educación para el fortalecimiento personal y social previas a las cuestiones epistemológicas (Berteins, 1998). Este panorama no es extraño a los docentes en recreación; usualmente, tanto en los programas formales como no formales, se privilegia el desarrollo de habilidades para el diseño e implementación de actividades recreativas, idea que permea a los mismos sujetos en formación, quienes terminan pidiendo a gritos herramientas prácticas por encima de las teorías o la reflexión crítica acerca de los fundamentos de la práctica recreativa. De esta manera se subestima su formación como sujetos éticos y políticos, capaces de tomar decisiones pedagógicas en campo, lúdicos y en su relación con la búsqueda del conocimiento, de modo que en el momento que los participantes le plantean situaciones no típicas,  tengan los argumentos, primero, desde ellos como sujetos y luego en su interacción con los otros, para estar en capacidad de replantear su práctica.

Entonces la pregunta no es sólo sobre el currículo, la definición de recreación que y las intencionalidades explícitas en los planes de estudio, sino sobre el fondo que subyace a las propuestas de formación y sus posibilidades de posicionarse como un quehacer tan válido como cualquier otro.

Coherente con esta posición, en relación con la vivencia, no voy a plantear un debate en torno a la técnica, los medios, sus elementos, actividad, tiempo y espacio, intento ir más allá en una búsqueda de sentido y en la discusión que sugeriría, debemos establecer en torno al debate sobre aspectos tales como la globalización y los cambios positivos que nos puede plantear la posmodernidad. Pues parece que a veces el aislamiento cultural local y nuestro propio nivel de desarrollo, en ocasiones nos impidiera psicológicamente entrar en discusiones tan importantes, más aún si nos atraviesan, en la medida que el desarrollo de los medios de comunicación, especialmente a nivel tecnológico, cada vez nos acerca más.

 

Como plantea Rojeck (1998), en  muchos de nuestros estudios de ocio es común analizar las categorías de libertad y experiencia autodeterminada. Se analiza como la gente escapa de las rutinas de la vida diaria en un intento por romper libremente las reglas de la normalidad. El consumo de sustancias psicoactivas,  la experimentación sexual, por mencionar algunos, son manifestaciones recreativas y de ocupación de tiempo libre que frecuentemente resultan en censura social y aislamiento y contradicen lo que desde el marco teórico expuesto por muchos de nosotros, significa el desarrollo humano.

 

Sin embargo Cohen y Taylor (1976) también enfatizan que esos intentos de escape se constituyen en patrones, es decir se rutinizan, y por otra parte, crean esclavitudes y muchas de las limitaciones que el sujeto quiere romper de la rutina. ¿Porqué elige éstas y no otra opciones?

 

Según ese mismo autor algunos argumentan que la carencia de una genuina libertad y escape simplemente refleja el corrosivo poder de las estructuras de blanco – negro dominadas por el capitalismo, o como afirman Adorno y Horkheimer (1994), citado por Jocker (1998), la comodidad de la cultura siempre promete más de lo que puede ofrecer.

 

En este contexto, la investigación sobre las formas de escapar de la rutina a través del ocio y la recreación manteniendo sus condiciones de libertad, autodeterminación, placer y excitación, las cuales son potencialmente enfatizadas en la  sociedad de hoy, parece no ser más que una secuencia de desilusiones que en muchos casos han remitido la discusión a la posibilidad de abordar integralmente el desarrollo humano, concibiendo como factores estructurales de tal desarrollo, el que se pueda  experimentar genuina libertad, elección, autodeterminación, en condiciones de seguridad y soporte.

 

Lo que se encuentra en la mayoría de los escenarios en relación con los programas y servicios de recreación, son contradictorias con este supuesto. El fútbol por ejemplo, que se convierte en un espacio para la muerte y la violencia, conciertos masivos que estandarizan, modelos ficticios de desarrollo cultural, de escenografías montadas para perpetuar símbolos ya inexistentes, pero que alimentan supuestamente el acerbo cultural del turista, son muestras de lo que es la oferta de actividades para el tiempo libre y que entrarían en la categoría de la recreación.

 

El papel de la libertad de elección, la flexibilidad, la autodeterminación que la modernidad presenta como el derecho de nacimiento del hombre común, parece entrar en los límites de las utopías irrealizables, a  aquellos espacios de los sueños del ser humano que no tienen limitaciones, pues la  modernidad no es capaz de proveer más que visos de un presupuesto de libertad, porque, sin barreras, la  vida moderna es imposible (Bauman, 1992, Tester, 1993).

 

 La modernidad identifica la personalidad con la internalización de cierta clase de autoconciencia. Ser maduro es lograr el bienestar moral, ser autoreflexivo y haber logrado objetivos de automejoramiento.

 

La recreación en algunas de sus manifestaciones, rompe las barreras de la normalidad, al posibilitar, por ejemplo, que el espectador de deportes, volviendo al mismo ejemplo, muestre emociones agresivas reprimidas en su vida diaria; la pornografía da el sentimiento de total posesión y por tanto de un sentido de control total. Pero el punto importante, es que estos estados son transitorios porque siempre retornamos a las limitaciones de la vida diaria, (Rojeck, 1998).

 

Puede entonces la recreación, así plantee aquí ejemplos extremos, lograr que la vivencia sea una experiencia satisfactoria y autotélica. Desde lo metodológico, lo usual en campo, es tratar a la recreación como una experiencia de la cual esperamos una total integración de la personalidad. Aún la alienación y la opresión tienden a ser teorizadas como condiciones que son conscientemente sentidas y que requieren remedios correctivos.

 

La planeación racional y previa de la recreación sólo responde a principios de realidad, desconociendo el componente subjetivo del sujeto, lo que llama Jocker (1998) el reino encantado, el mundo subliminal y el del inconsciente, el de los símbolos y los inacabados, son el contexto en el cual nosotros ganamos significados y direcciones para nuestras vidas.

 

Tratar el ocio como un reino encantado, separado de las limitaciones de la modernidad, es como un ejercicio genuino de libertad y autodeterminación; es un error, si se desconocen los principios de realidad.  Por lo tanto, creer que podemos racionalmente planear y manejar las identidades de ocio para producir una experiencia auténtica y plena puede constituirse en una barrera para el desarrollo de la recreación y para la ampliación de sus posibilidades como un objeto de estudio legítimo.

 

La  Modernidad es demasiado ajetreada, fragmentaria, intercambiable, diversa y seductora, confronta al sujeto desde su propia identidad y significados, lo toca en su subjetividad, aspectos frente a los cuales la recreación debe hacerse preguntas desde la teoría y la práctica.

 

Quizás la postmodernidad, nos obliga a reconocer que a pesar de las muchas cosas que tenemos en común, cada uno de nosotros es finalmente diferente. Mientras que bajo la modernidad la racionalidad plantea totalidades y estrategias remediales, diseñadas para mantener unidades estructurales, nosotros podemos hablar de manera optimista de alcanzar un estado social donde es posible, el reconocimiento de las diferencias existentes entre nosotros y como enfrentarlas para ser tolerantes y críticos con ello.

 

Estas reflexiones  tratadas muy superficialmente, nos conducen a la pregunta de si es posible en recreación, a partir de la vivencia que mediamos, lograr generar estados que trasciendan los límites de eso que Jocker (1998), llama el reino encantado. Cuando la pregunta sobre lo epistemológico, lo teórico y lo metodológico no logra adentrarse en el mundo de los sentidos, significados, representaciones sociales e imaginarios culturales de quienes son en últimas nuestro sujeto de acción, entendido como sujeto aquel que participa activamente de tal acción, seguramente llegaremos a una visión práctica de la recreación como una acción final.

 

El asunto se vuelve complejo aún, cuando, dadas las condiciones del contexto, llenamos de intencionalidad ética, desde nuestra ética, el que hacer en recreación.  Al reconocer la necesidad de un país democrático y pacífico, de contar con sujetos con mínimos estados éticos en su interacción cotidiana, con buenos fundamentos y argumentos, permeamos la actividad recreativa de ejes para la acción, que buscan facilitar la construcción creativa y colectiva de ambientes de aprendizaje para la formación de valores y desarrollo humano, bajo el supuesto de abordar integralmente a quienes participan en los programas.

 

Esto, válidamente discutido, nos devuelve al planteamiento de.Jocker (1994), en términos de hasta dónde estas intención, validada por quien propone el programa en la comunidad, en el parque, etc., rompe con los criterios que siempre se dice han caracterizado la definición de la recreación: libertad, autodeterminación y libre elección.

 

A mi parecer, en aras de buscar una solución personal, pero puesta al colectivo, al conflicto que eso nos plantea a quienes trabajamos en este campo, se remite a la posibilidad de crear y construir con los otros, pedagogías y ambientes que realmente y desde la recreación, propicien una educación para la emancipación.

 

Adorno, tomando a Kant, quien define la minoría de edad y con ella también la emancipación, diciendo que esta minoría de edad, es auto culpable, cuando sus causas no radican en la falta de entendimiento sino en la falta de valor y de la decisión necesaria para disponer de uno mismo sin la dirección del otro. Mi pregunta es hasta qué punto los recreadores, quienes fundamentamos y creamos los supuestos para la vivencia o diseñamos los programas de formación para el talento humano, que posibilita tal vivencia, hacemos posible en el ambiente de aprendizaje creado, que la experiencia se inserte y atraviese los procesos de socialización, que realmente logremos ese abordaje integrador del ser humano y no estemos por el contrario, parcializados en sus dimensiones.

 

La cuestión es, si nos asumimos como pedagogos en la acción, cómo se logra que la lúdica, el juego realmente permitan a los sujetos, adentrarse en los límites de su propio mundo de fantasías y significados y que eso, igualmente, posibilite resignificarse y resignificar la realidad.

 

Todos somos producto con distintos grados de libertad y dimensiones de un sistema y marco teórico que hemos introyectado desde la escuela, la universidad y la cotidianidad, la pregunta entonces para propiciar una reflexión crítica es si hemos sido capaces de criticar tales supuestos  o somos perpetuadores de modelos que sin la discusión y la reflexión, terminan haciendo de la práctica de la recreación un ejercicio repetido y agotador, que igual ha incidido en lo que muchas comunidades y colectivos nos critican, en relación con lo que institucionalmente ofrecemos.

 

La cuestión pues acerca de la vivencia, como área específica de trabajo, debe, casi como un imperativo ético, adentrarse en esta reflexión, para refundamentar la práctica, reinterpretarla y cualificarla en un proceso de construcción con los sujetos víctimas o beneficiados de la misma. Cuál sea el cauce, dependerá del producto de esa reflexión y de las acciones de autotransformación que nosotros mismos emprendamos antes de llegar a los otros, para manejar prácticas y discursos que ni siquiera son coherentes en nosotros mismos.

 

En recreación no podemos abstraernos de los nuevos espacios que se le han abierto a la pedagogía, la educación; la formación ya no es solo un problema del sistema educativo formal; ésta ha trascendido los límites de la escuela y la universidad y se ha adentrado en el ámbito de lo social y es ahí donde estamos, pero hasta donde hemos sido reconocedores de esto y como hemos logrado ir al ritmo de los mismos replanteamientos pedagógicos o terminamos en el espacio de la vivencia simulando los mismos modelos tradicionales de la escuela.

 

Algunos autores plantean como una función de la pedagogía social, la formación cultural y el manejo del tiempo libre;  se supone que en la base de todas estas actividades y experiencias se abre el espacio a una sociedad educativa a partir de la cual se entiende que la mayor parte de las acciones sociales y públicas tienen un fuerte componente educativo, transmiten valores, costumbres, formas de ser y vivir, en suma transmiten cultura (Ruíz, 2000).

 

Así, si partimos de que nadie recrea a nadie, que los elementos esenciales de la definición están en la autodeterminación y la libre elección, parecería una contradicción hacer de la recreación un medio para la acción social, que en sus objetivos e intencionalidades buscan soluciones a problemas estructurales de la sociedad. Es posible que la respuesta se encuentre en los supuestos pedagógicos que la sustenten y como juguemos con los elementos de libertad y elección  en la práctica.

 

La recreación en su diversidad de manifestaciones ha de buscar los espacios de expresión para la resignificación desde la práctica.  Las dinámicas de desarrollo humano, en solitario  y que a su vez trasciendan a ese mismo colectivo, tal vez  sea el reto, y que sea el sujeto quien defina a que tipos de expresiones y manifestaciones se suma. La preferencia por las actividades en solitario, la negación individual al consumo de alcohol y las normas sociales que “obligan” a realizar propuestas no deseadas desde la recreación, el armar grupos en centros vacacionales, porque de lo contrario es aburrido, la preferencia por conversar antes que la parranda,  también son expresiones que deben ser respetadas en los espacios recreativos y por quienes rodean a los sujetos o lideran las actividades.

 

La preferencia por la pornografía o el sexo telefónico, la estandarización cultural generada por la globalización; las opciones de entretenimiento masivo, están todas ahí y de alguna manera compiten con ese sueño que quienes trabajamos en recreación de hacerla mediadora de procesos de desarrollo humano.

 

Igualmente debemos atender a las angustias del ser humano actual, sus vacíos subjetivos, sus desencuentros con el proceso mismo de vida, son aspectos que también hacen parte del individuo, y a los que la recreación también debe prestar atención.

 

Los espacios lúdico-sociales, abordados desde lo pedagógico posibilitan la orientación de acciones hacia el desarrollo del pensamiento autónomo y flexible, y estimulan aproximaciones más integrales al conocimiento, la expresividad, la afectividad, la sociabilidad y sus enlaces con procesos de participación social.

 

Desde esta visión se nos plantea entonces la oportunidad de construir modelos pedagógicos desde la recreación, guardando coherencia entre su teorización y la práctica, toda vez que realmente logren el objetivo de desarrollo humano.

 

Como hacer para que la recreación cumpla las funciones que le hemos asignado: descanso, diversión, desarrollo de la personalidad, transformación social, desarrollo humano, desarrollo integral, etc., sin perder coherencia entre sus supuestos de libertad y autodeterminación, o estaremos manejando una utopía no posible- Es preferible reconocer nuestros prejuicios teóricos, y abordar una reflexión seria acerca de la vivencia, sea que su resultado sea diversidad de posturas, pareceres, metodologías, etc., pero que realmente sean producto de la reflexión crítica y rigurosa, desde el enfoque epistemológico que se decida asumir, desde el reconocimiento de nuestros propios pretextos y prejuicios.

 

El reto que todos nos podemos poner para estos tres días es la reflexión más allá de la práctica, no sólo por el que hacer sino por el ser y muy seguramente surgirán más reflexiones y conflictos de los que he planteado aquí y por ende más sentidos al estar aquí sentados compartiendo conocimientos y saberes.

 

BIBLIOGRAFIA

Adorno, T. Educación para la emancipación. Madrid, Moarata. Pp.115-127, 1998.

 

Bernstein, B. Pedagogía control simbólico e identidad. Madrid, Ed. Morata, 1998.

 

Rojeck C. Lisure and the Dreamworld of Modernity. En Leisure: Modernity, Postmodernity and Lifestyles Ed, Ian, H. Lisure Studies Association LSA,1994.

 

Coldeportes. Plan Nacional de Recreación, 1999.

 

Ruíz, A. Hacia una Pedagoía Social. En Módulo Pedagogía Social – Maestría en Desarrollo Social y Educativo, Universidad Pedagógica Nacional – Centro de Estudios Internacionales de Educación y Desarrollo Humano, pp.5-12, 2000.

 

Roldan, O. El Currículo. En Currículo – UPN – Cinde. Ed. Cinde, 1999.

 

 

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