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El VI Congreso Nacional de Recreación pretende marcar un
hito dentro del proceso que se ha venido adelantando en la búsqueda de
construir comunidad académica, científica, o simplemente comunidad en
recreación. Este espacio con el que hoy contamos, con la participación de extranjeros y colombianos, pretende abrir
espacios de reflexión para la unificación de criterios en las cuatros áreas de
efectividad planteadas en el Plan nacional de Recreación 1999 – 2002 –
Recreacción: Recreación con un Propósito, con miras a traducirlas en acciones
concretas, que replanteen las ya propuestas, las ajusten o actualicen. Sin
pretender encausar los sentidos de los otros, sino más bien proponer preguntas
en esta conferencia, se plantean interrogantes acerca del recreador,
involucrando en esta categoría a todos los que trabajamos en el área, las
competencias esperadas, busca el hacerse una pregunta sobre la investigación en
el área y su legitimidad como objeto de estudio y por último sobre las
tendencias que han de fundamentar el quehacer, la vivencia, que es en últimas
el espacio donde la recreación se hace realidad. Introducción Puede
parecer extraño en un Congreso iniciar las actividades académicas, hablando del
sentido mismo del evento. La razón que sustenta las intencionalidades y los
motivos por los cuales quienes directa e indirectamente hemos permitido que el
día de hoy estemos reunidos, va más allá de actualizarnos y certificar la
asistencia. Hay tanto racionalidades como subjetividades en el
marco de estas intenciones. Hablaré en primera instancia de las razones
objetivas aunque llenas de utopía, lo que las haría entrar en el reino del sentido,
que han orientado no sólo el evento sino el proceso de construcción y
construcción en el que ya hace largo tiempo entramos. Una primera intención, es avanzar en la construcción
del sector como tal, con un sentido de comunidad, entendida ésta como las
posibilidades que nos debemos dar de compartir con base en acuerdos, criterios,
objetivos y acciones que nos articulen en torno a unos mínimos, que nos
permitan ser jalonadores de ese proceso de posicionamiento real que la
recreación ha venido alcanzando en los últimos años. Como lo he mencionado en
otras oportunidades, sin desconocer los aportes y bases que múltiples actores
han invertido, de hacer de la recreación un asunto serio, tales como docentes,
investigadores, recreadores empíricos, profesionales de otras disciplinas, voy
a exponer mi análisis interpretativo y de sentido de este evento, el cual más
que remitirse a sus protagonistas pretende sugerir reflexiones y retos que nos
convocan. Algunos elementos para el análisis
No
se puede afirmar que pretender dinamizar procesos de construcción real en el
sector y con una incidencia nacional, haya sido tarea fácil, por el contrario,
se han encontrado múltiples obstáculos y frustraciones que se dan más por una
mirada del proceso desde el deseo y que desde la realidad. El
proceso de formulación, validación y socialización del Plan Nacional de
Recreación, que se ha basado principalmente en una metodología consultiva y
participativa, con miras a que sus
actores se potenciaran para una reflexión que condujera a la acción, se ha
encontrado con limitaciones del dominio de la realidad que si queremos avanzar
no podemos desconocer. En
primera instancia, los efectos de la institucionalización del proceso, que
necesariamente condujo a acercamientos y a alejamientos de la dinámica misma,
se ha enfrentado a barreras que nos hacen evaluar el nivel de desarrollo institucional no únicamente en el sector
de la recreación, sino fuera de él. La dependencia formal del sector educativo,
hace que la recreación no cuente con la prioridad política, dados los graves
problemas que enfrenta el sistema educativo formal y que obviamente, postergan los intereses y necesidades de la
recreación como tal. A
esta condición se suman las creencias que líderes de política y procesos de
planeación, acerca de lo que es la recreación, lo que parece invariablemente
acompañado de un escaso, pero gradual conocimiento y reconocimiento del valor
de su impacto social. Aún no logramos convencer a los sectores de la salud, la
justicia, el ambiente, que la recreación puede permear transversalmente como
estrategia para el fomento de una cultura de la paz y la convivencia, para el
estímulo de una cultura de la salud, es decir, no hemos logrado demostrar los
beneficios de la recreación en lo social, económico, ambiental, en el
desarrollo comunitario, la salud, y en los diferentes segmentos poblacionales. Así
mismo, el proceso se ha enfrentado a la escasa capacidad organización y
participación de grupos, individuos e instituciones, debilidad que se ha
intentado compensar estimulando más el compromiso y el convencimiento del valor
de la recreación, de modo que sea a
partir del sentido y motivos propios que se conviertan en actores y generadores
de resultados desde sus posiciones, posibilidades de toma de decisión y niveles
de intervención. El
Plan Nacional de Recreación nos planteó como reto, para un país como
Colombia, una forma actual de hacer
política y gestión, que no es nueva en el sentido que es una tendencia mundial.
Se ha procurado una complementación sinérgica entre la educación, la
investigación, la gerencia y el componente asistencial de las políticas. El
objetivo ha sido lograr integrar en la gestión, elementos de la administración,
pero también de la técnica y la teoría provenientes de diferentes disciplinas.
Se ha promovido la reorientación hacia
estructuras organizacionales capaces de definir y coordinar el diseño y
la aplicación de políticas públicas, la designación de recursos económicos,
físicos, técnicos, humanos, de investigación
e intervención interdisciplinaria, paralelamente a la búsqueda de
acciones para trabajar por el
incremento de la cobertura. Esto es, esforzarse por trabajar sinérgicamente
desde las cuatro áreas de efectividad. Uno
de los mayores logros alcanzados está el que se hayan abierto espacios de
interlocución real, donde el diálogo es entre pares y no entre expertos e
ignorantes y hacia allá se debe continuar avanzando, pues será la única forma
de lograr en la potenciación de la capacidad organizativa y participativa del
sector, para trabajar todos por la construcción de una política pública social. Así se han ido
perfilando criterios de política como son: ·
El conocer y
reconocer a la recreación como un derecho
y una necesidad fundamental de los seres humanos, ·
El que los programas
y servicios en recreación deben dinamizar procesos de desarrollo humano
sostenibles en los niveles individual, comunitario, regional y nacional. ·
La oferta debe
basarse en una responsabilidad compartida entre las instituciones públicas,
privadas y la sociedad civil. ·
Las políticas deben
trascender periodos de gobierno para poder hablar de procesos sostenibles de
crecimiento y transformación para el sector desde sus cuatro áreas de
efectividad. Lo anterior se
plantea como modelo de gestión y administración que subyace al Plan Nacional de
Recreación y el avance hacia la participación directa en la construcción de una
política pública y social en
recreación. En el área de
formación, los ejes que se nos plantean tienen que ver con el desarrollo de
programas de formación en todas las modalidades, ciclos y niveles, incluyendo
la formación ciudadana. Las acciones concretas en este sentido han de apuntar a
realizar un análisis sobre la especificidad de los programas de educación superior
en recreación, por ejemplo, cuál es el peso académico y el sentido que tiene el
área en las licenciaturas de educación física, deporte y recreación, ¿cuáles
son las competencias requeridas? ¿Qué enfoque pedagógico vamos a asumir en la
formación del talento humano del sector?
Un análisis
llevado en un estudio de competencias realizado por Funlibre (Osorio, 1999),
entendiéndolas como conocimientos, mostró que los campos de formación que de
alguna manera son abordados por los diferentes programas, se ubican en la
fundamentación interdisciplinaria de la recreación: políticas, administración y operación de programas, manejo de
métodos para la elaboración de diagnósticos y la contextualización de programas
y mercadeo y servicios en recreación. El
análisis de las competencias a la luz de los empresarios mostraron una
preferencia por todas, lo que hizo muy difícil discriminar cuál es el peso
relativo dado a cada uno de ellos. En algunos de
los programas el énfasis en la formación desde lo humano no es muy explícita,
será porque tal vez ha sido una de las cuestiones más difíciles de resolver por
el sistema educativo formal. Si como se anota en el Plan Nacional de
Recreación, ésta puede ser cualificada como un factor de amplio significado el
que hacer educativo formal, en la formación de valores y logros cognitivos y
sociales, entonces al recreador se le amplía el marco de su responsabilidad
ética frente así mismo y a los demás. La reflexión
sobre el currículo en recreación, debe ayudarnos a encontrarle un lugar como
sustrato teórico, como estrategia operativa, como práctica investigativa y
entramarlos de tal forma que doten de significado, de coherencia y de
diversidad, de posibilidad, de dinámica y de comunidad al sector y más
específicamente, al nodo de formación y su representación a través de actores e
instituciones. Como anota
Vargas (1999), el currículo, es expresión de un proyecto humano, en la medida
que le posibilite a los sujetos educativos abrirse al encuentro de nuevos
horizontes, donde puedan reafirmarse como personas y a la vez participar en la
formación de un sentir propio del grupo social, en la coherencia con los
postulados del proyecto histórico cultural del país, que se apoya
fundamentalmente en los criterios de la democracia participativa, en la búsqueda
de un desarrollo sostenible, sustentable y sostenido y en la responsabilidad
solidaria. La reflexión
sobre la formación en recreación, primero, debe fundamentarse desde las
propuestas pedagógicas actuales y sus discusiones y, segundo, a partir del
contexto sociopolítiico, cultural y económico que se nos plantea a los
colombianos. Esto implica, sin entrar en a ser radicalizaciones que impidan el
diálogo, preguntarse sobre la educación en recreación. Si el currículo, es
reflejo de un proyecto humano, en nuestros programas hemos de preguntarnos
sobre el tipo de ciudadano que se pretende formar desde el punto de vista de un
proyecto educativo ético. Usualmente, la
preocupación sobre el dominio de las habilidades técnicas o sociales que son
priorizadas por la lógica del mercado, subestiman la pertinencia e importancia
de la educación para el fortalecimiento personal y social previas a las
cuestiones epistemológicas (Berteins, 1998). Este panorama no es extraño a los
docentes en recreación; usualmente, tanto en los programas formales como no
formales, se privilegia el desarrollo de habilidades para el diseño e
implementación de actividades recreativas, idea que permea a los mismos sujetos
en formación, quienes terminan pidiendo a gritos herramientas prácticas por
encima de las teorías o la reflexión crítica acerca de los fundamentos de la
práctica recreativa. De esta manera se subestima su formación como sujetos
éticos y políticos, capaces de tomar decisiones pedagógicas en campo, lúdicos y
en su relación con la búsqueda del conocimiento, de modo que en el momento que
los participantes le plantean situaciones no típicas, tengan los argumentos, primero, desde ellos como sujetos y luego
en su interacción con los otros, para estar en capacidad de replantear su práctica. Entonces la
pregunta no es sólo sobre el currículo, la definición de recreación que y las
intencionalidades explícitas en los planes de estudio, sino sobre el fondo que
subyace a las propuestas de formación y sus posibilidades de posicionarse como
un quehacer tan válido como cualquier otro. Coherente
con esta posición, en relación con la vivencia, no voy a plantear un debate en
torno a la técnica, los medios, sus elementos, actividad, tiempo y espacio,
intento ir más allá en una búsqueda de sentido y en la discusión que sugeriría,
debemos establecer en torno al debate sobre aspectos tales como la
globalización y los cambios positivos que nos puede plantear la posmodernidad.
Pues parece que a veces el aislamiento cultural local y nuestro propio nivel de
desarrollo, en ocasiones nos impidiera psicológicamente entrar en discusiones
tan importantes, más aún si nos atraviesan, en la medida que el desarrollo de
los medios de comunicación, especialmente a nivel tecnológico, cada vez nos
acerca más. Como
plantea Rojeck (1998), en muchos de
nuestros estudios de ocio es común analizar las categorías de libertad y
experiencia autodeterminada. Se analiza como la gente escapa de las rutinas de
la vida diaria en un intento por romper libremente las reglas de la normalidad.
El consumo de sustancias psicoactivas,
la experimentación sexual, por mencionar algunos, son manifestaciones
recreativas y de ocupación de tiempo libre que frecuentemente resultan en
censura social y aislamiento y contradicen lo que desde el marco teórico
expuesto por muchos de nosotros, significa el desarrollo humano. Sin
embargo Cohen y Taylor (1976) también enfatizan que esos intentos de escape se
constituyen en patrones, es decir se rutinizan, y por otra parte, crean
esclavitudes y muchas de las limitaciones que el sujeto quiere romper de la
rutina. ¿Porqué elige éstas y no otra opciones? Según
ese mismo autor algunos argumentan que la carencia de una genuina libertad y
escape simplemente refleja el corrosivo poder de las estructuras de blanco –
negro dominadas por el capitalismo, o como afirman Adorno y Horkheimer (1994),
citado por Jocker (1998), la comodidad de la cultura siempre promete más de lo
que puede ofrecer. En
este contexto, la investigación sobre las formas de escapar de la rutina a
través del ocio y la recreación manteniendo sus condiciones de libertad,
autodeterminación, placer y excitación, las cuales son potencialmente
enfatizadas en la sociedad de hoy,
parece no ser más que una secuencia de desilusiones que en muchos casos han
remitido la discusión a la posibilidad de abordar integralmente el desarrollo
humano, concibiendo como factores estructurales de tal desarrollo, el que se
pueda experimentar genuina libertad,
elección, autodeterminación, en condiciones de seguridad y soporte. Lo
que se encuentra en la mayoría de los escenarios en relación con los programas
y servicios de recreación, son contradictorias con este supuesto. El fútbol por
ejemplo, que se convierte en un espacio para la muerte y la violencia,
conciertos masivos que estandarizan, modelos ficticios de desarrollo cultural,
de escenografías montadas para perpetuar símbolos ya inexistentes, pero que
alimentan supuestamente el acerbo cultural del turista, son muestras de lo que
es la oferta de actividades para el tiempo libre y que entrarían en la
categoría de la recreación. El
papel de la libertad de elección, la flexibilidad, la autodeterminación que la
modernidad presenta como el derecho de nacimiento del hombre común, parece
entrar en los límites de las utopías irrealizables, a aquellos espacios de los sueños del ser humano que no tienen
limitaciones, pues la modernidad no es
capaz de proveer más que visos de un presupuesto de libertad, porque, sin
barreras, la vida moderna es imposible
(Bauman, 1992, Tester, 1993). La modernidad identifica la personalidad con
la internalización de cierta clase de autoconciencia. Ser maduro es lograr el
bienestar moral, ser autoreflexivo y haber logrado objetivos de
automejoramiento. La
recreación en algunas de sus manifestaciones, rompe las barreras de la
normalidad, al posibilitar, por ejemplo, que el espectador de deportes,
volviendo al mismo ejemplo, muestre emociones agresivas reprimidas en su vida
diaria; la pornografía da el sentimiento de total posesión y por tanto de un
sentido de control total. Pero el punto importante, es que estos estados son
transitorios porque siempre retornamos a las limitaciones de la vida diaria,
(Rojeck, 1998). Puede
entonces la recreación, así plantee aquí ejemplos extremos, lograr que la
vivencia sea una experiencia satisfactoria y autotélica. Desde lo metodológico,
lo usual en campo, es tratar a la recreación como una experiencia de la cual
esperamos una total integración de la personalidad. Aún la alienación y la
opresión tienden a ser teorizadas como condiciones que son conscientemente
sentidas y que requieren remedios correctivos. La
planeación racional y previa de la recreación sólo responde a principios de
realidad, desconociendo el componente subjetivo del sujeto, lo que llama Jocker
(1998) el reino encantado, el mundo subliminal y el del inconsciente, el de los
símbolos y los inacabados, son el contexto en el cual nosotros ganamos
significados y direcciones para nuestras vidas. Tratar
el ocio como un reino encantado, separado de las limitaciones de la modernidad,
es como un ejercicio genuino de libertad y autodeterminación; es un error, si
se desconocen los principios de realidad.
Por lo tanto, creer que podemos racionalmente planear y manejar las
identidades de ocio para producir una experiencia auténtica y plena puede
constituirse en una barrera para el desarrollo de la recreación y para la
ampliación de sus posibilidades como un objeto de estudio legítimo. La Modernidad es demasiado ajetreada,
fragmentaria, intercambiable, diversa y seductora, confronta al sujeto desde su
propia identidad y significados, lo toca en su subjetividad, aspectos frente a
los cuales la recreación debe hacerse preguntas desde la teoría y la práctica. Quizás
la postmodernidad, nos obliga a reconocer que a pesar de las muchas cosas que
tenemos en común, cada uno de nosotros es finalmente diferente. Mientras que
bajo la modernidad la racionalidad plantea totalidades y estrategias
remediales, diseñadas para mantener unidades estructurales, nosotros podemos
hablar de manera optimista de alcanzar un estado social donde es posible, el
reconocimiento de las diferencias existentes entre nosotros y como enfrentarlas
para ser tolerantes y críticos con ello. Estas
reflexiones tratadas muy
superficialmente, nos conducen a la pregunta de si es posible en recreación, a
partir de la vivencia que mediamos, lograr generar estados que trasciendan los
límites de eso que Jocker (1998), llama el reino encantado. Cuando la pregunta
sobre lo epistemológico, lo teórico y lo metodológico no logra adentrarse en el
mundo de los sentidos, significados, representaciones sociales e imaginarios
culturales de quienes son en últimas nuestro sujeto de acción, entendido como
sujeto aquel que participa activamente de tal acción, seguramente llegaremos a
una visión práctica de la recreación como una acción final. El
asunto se vuelve complejo aún, cuando, dadas las condiciones del contexto,
llenamos de intencionalidad ética, desde nuestra ética, el que hacer en
recreación. Al reconocer la necesidad
de un país democrático y pacífico, de contar con sujetos con mínimos estados
éticos en su interacción cotidiana, con buenos fundamentos y argumentos,
permeamos la actividad recreativa de ejes para la acción, que buscan facilitar
la construcción creativa y colectiva de ambientes de aprendizaje para la
formación de valores y desarrollo humano, bajo el supuesto de abordar
integralmente a quienes participan en los programas. Esto,
válidamente discutido, nos devuelve al planteamiento de.Jocker (1994), en
términos de hasta dónde estas intención, validada por quien propone el programa
en la comunidad, en el parque, etc., rompe con los criterios que siempre se
dice han caracterizado la definición de la recreación: libertad,
autodeterminación y libre elección. A
mi parecer, en aras de buscar una solución personal, pero puesta al colectivo,
al conflicto que eso nos plantea a quienes trabajamos en este campo, se remite
a la posibilidad de crear y construir con los otros, pedagogías y ambientes que
realmente y desde la recreación, propicien una educación para la emancipación. Adorno,
tomando a Kant, quien define la minoría de edad y con ella también la
emancipación, diciendo que esta minoría de edad, es auto culpable, cuando sus
causas no radican en la falta de entendimiento sino en la falta de valor y de
la decisión necesaria para disponer de uno mismo sin la dirección del otro. Mi
pregunta es hasta qué punto los recreadores, quienes fundamentamos y creamos
los supuestos para la vivencia o diseñamos los programas de formación para el
talento humano, que posibilita tal vivencia, hacemos posible en el ambiente de
aprendizaje creado, que la experiencia se inserte y atraviese los procesos de
socialización, que realmente logremos ese abordaje integrador del ser humano y
no estemos por el contrario, parcializados en sus dimensiones. La
cuestión es, si nos asumimos como pedagogos en la acción, cómo se logra que la
lúdica, el juego realmente permitan a los sujetos, adentrarse en los límites de
su propio mundo de fantasías y significados y que eso, igualmente, posibilite
resignificarse y resignificar la realidad. Todos
somos producto con distintos grados de libertad y dimensiones de un sistema y
marco teórico que hemos introyectado desde la escuela, la universidad y la
cotidianidad, la pregunta entonces para propiciar una reflexión crítica es si
hemos sido capaces de criticar tales supuestos
o somos perpetuadores de modelos que sin la discusión y la reflexión,
terminan haciendo de la práctica de la recreación un ejercicio repetido y
agotador, que igual ha incidido en lo que muchas comunidades y colectivos nos
critican, en relación con lo que institucionalmente ofrecemos. La
cuestión pues acerca de la vivencia, como área específica de trabajo, debe,
casi como un imperativo ético, adentrarse en esta reflexión, para refundamentar
la práctica, reinterpretarla y cualificarla en un proceso de construcción con
los sujetos víctimas o beneficiados de la misma. Cuál sea el cauce, dependerá
del producto de esa reflexión y de las acciones de autotransformación que
nosotros mismos emprendamos antes de llegar a los otros, para manejar prácticas
y discursos que ni siquiera son coherentes en nosotros mismos. En
recreación no podemos abstraernos de los nuevos espacios que se le han abierto
a la pedagogía, la educación; la formación ya no es solo un problema del
sistema educativo formal; ésta ha trascendido los límites de la escuela y la
universidad y se ha adentrado en el ámbito de lo social y es ahí donde estamos,
pero hasta donde hemos sido reconocedores de esto y como hemos logrado ir al
ritmo de los mismos replanteamientos pedagógicos o terminamos en el espacio de
la vivencia simulando los mismos modelos tradicionales de la escuela. Algunos
autores plantean como una función de la pedagogía social, la formación cultural
y el manejo del tiempo libre; se supone
que en la base de todas estas actividades y experiencias se abre el espacio a
una sociedad educativa a partir de la cual se entiende que la mayor parte de
las acciones sociales y públicas tienen un fuerte componente educativo,
transmiten valores, costumbres, formas de ser y vivir, en suma transmiten
cultura (Ruíz, 2000). Así,
si partimos de que nadie recrea a nadie, que los elementos esenciales de la
definición están en la autodeterminación y la libre elección, parecería una
contradicción hacer de la recreación un medio para la acción social, que en sus
objetivos e intencionalidades buscan soluciones a problemas estructurales de la
sociedad. Es posible que la respuesta se encuentre en los supuestos pedagógicos
que la sustenten y como juguemos con los elementos de libertad y elección en la práctica. La
recreación en su diversidad de manifestaciones ha de buscar los espacios de
expresión para la resignificación desde la práctica. Las dinámicas de desarrollo humano, en solitario y que a su vez trasciendan a ese mismo
colectivo, tal vez sea el reto, y que sea
el sujeto quien defina a que tipos de expresiones y manifestaciones se suma. La
preferencia por las actividades en solitario, la negación individual al consumo
de alcohol y las normas sociales que “obligan” a realizar propuestas no
deseadas desde la recreación, el armar grupos en centros vacacionales, porque
de lo contrario es aburrido, la preferencia por conversar antes que la
parranda, también son expresiones que
deben ser respetadas en los espacios recreativos y por quienes rodean a los
sujetos o lideran las actividades. La
preferencia por la pornografía o el sexo telefónico, la estandarización
cultural generada por la globalización; las opciones de entretenimiento masivo,
están todas ahí y de alguna manera compiten con ese sueño que quienes
trabajamos en recreación de hacerla mediadora de procesos de desarrollo humano. Igualmente
debemos atender a las angustias del ser humano actual, sus vacíos subjetivos,
sus desencuentros con el proceso mismo de vida, son aspectos que también hacen
parte del individuo, y a los que la recreación también debe prestar atención. Los
espacios lúdico-sociales, abordados desde lo pedagógico posibilitan la
orientación de acciones hacia el desarrollo del pensamiento autónomo y
flexible, y estimulan aproximaciones más integrales al conocimiento, la
expresividad, la afectividad, la sociabilidad y sus enlaces con procesos de
participación social. Desde
esta visión se nos plantea entonces la oportunidad de construir modelos
pedagógicos desde la recreación, guardando coherencia entre su teorización y la
práctica, toda vez que realmente logren el objetivo de desarrollo humano. Como
hacer para que la recreación cumpla las funciones que le hemos asignado:
descanso, diversión, desarrollo de la personalidad, transformación social,
desarrollo humano, desarrollo integral, etc., sin perder coherencia entre sus
supuestos de libertad y autodeterminación, o estaremos manejando una utopía no
posible- Es preferible reconocer nuestros prejuicios teóricos, y abordar una
reflexión seria acerca de la vivencia, sea que su resultado sea diversidad de
posturas, pareceres, metodologías, etc., pero que realmente sean producto de la
reflexión crítica y rigurosa, desde el enfoque epistemológico que se decida
asumir, desde el reconocimiento de nuestros propios pretextos y prejuicios. El
reto que todos nos podemos poner para estos tres días es la reflexión más allá
de la práctica, no sólo por el que hacer sino por el ser y muy seguramente
surgirán más reflexiones y conflictos de los que he planteado aquí y por ende
más sentidos al estar aquí sentados compartiendo conocimientos y saberes. BIBLIOGRAFIAAdorno,
T. Educación para la emancipación.
Madrid, Moarata. Pp.115-127, 1998. Bernstein,
B. Pedagogía control simbólico e
identidad. Madrid, Ed. Morata, 1998. Rojeck C. Lisure and the Dreamworld of Modernity. En Leisure: Modernity,
Postmodernity and Lifestyles Ed, Ian, H. Lisure Studies Association LSA,1994. Coldeportes.
Plan Nacional de Recreación, 1999. Ruíz,
A. Hacia una Pedagoía Social. En
Módulo Pedagogía Social – Maestría en Desarrollo Social y Educativo,
Universidad Pedagógica Nacional – Centro de Estudios Internacionales de
Educación y Desarrollo Humano, pp.5-12, 2000. Roldan,
O. El Currículo. En Currículo – UPN –
Cinde. Ed. Cinde, 1999. |
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