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La
Fundación Vida y Futuro fue la gerencia Zonal que administró la
reconstrucción de la ciudad de Pereira. Contratada por el FOREC, ente creado
por el Estado colombiano para administrar la reconstrucción de 28 municipios
del Eje Cafetero afectados por un terremoto ocurrido el 25 de enero de 1999,
fue la encargada de aplicar en la ciudad programas y proyectos en diversas
áreas, que incluían: infraestructura, tejido social, vivienda, temporalidad,
comunicación, economía, medio ambiente y salud. El
Programa de Salud Urbana fue el macroproyecto desarrollado por el área de
salud de dicha fundación. En el la recreación, como ejercicio de aproximación
y de construcción social, fue uno de los elementos fundamentales en las
estrategias y actividades ejecutadas. Luego
de tres años de múltiples aprendizajes, reflexiones y haceres, la recreación
cobró un significado diferente, ya que empezó a rondar los espacios de la
individualidad creativa y re-creativa. Antes del proceso pensábamos que la
recreación construía sociedad a partir de la interacción comunicativa y de la
aproximación espacial. Ahora con las huellas de la experiencia y la
profundización teórica en los conceptos de pérdida y de percepción, la
recreación, en el caso específico del riesgo, la asociamos intrínsecamente
con los mapas perceptuales que cada sujeto posee, es a partir de la
re-creación de dichos mapas que el sujeto puede construir dualidad, luego
organización y en lo posible el logro máximo de la pluralidad. Este
texto es un borrador que incluye algunos elementos teóricos de la reflexión
hecha. Allí el riesgo se convirtió en una catapulta de comprensiones frente a
la seguridad y el miedo intrínsecos en el ser humano. El riesgo y la pérdida Viviana es una niña muy bonita, simpática y con mucho
mundo, me dijo: quiere un bolis. Yo le pregunté, ¿tiene plata? Y ella me
contestó ¡No! pero espere un ratico. Y más o menos a los diez minutos volvió
con dos bolis grandes, cada uno de $200 pesos. Viviana si usted tuviera plata
qué compraría con ella. Pues cuando tengo le doy a mi mamá, me compro cosas y
me gusta mucho chupar bolis y darles a mis amigas y a mis hermanitos, y
cuando tengo mucha le doy plata a Chava y a Cesar. Empezamos a hablar y le
pregunte por las cosas que hacía en las tardes, me dijo: yo me acuesto tarde
porque me gusta la calle, además no me pasa nada y me levanto tarde, me baño
y me vuelvo para la calle. Me gusta mucho el parque. Sabe por qué se llama
así el parque. Yo le respondí que no. Me dijo, la Libertad es porque allá
nadie controla a nadie, no tiene puertas, y todos somos amigos. En el parque
conocí a mis amigas Keicol, Luisa, Briggid, Carmen, Yudi, Sandra y Natalia,
que estamos casi todas las tardes juntas en el parque, nos parchamos los
manes que están allá y después cada una se pierde, yo no se pa donde, pero no
muy lejos, porque nos volvemos a ver las caras más tarde. Yo le pregunte a
Viviana, ¿a usted no le gustaría estar estudiando bien juiciosa? Dijo, a mi
no me gusta la escuela porque es cerrada y hay que cumplir un horario, hay
que hacer tareas, aguantarse a los profesores cansones y a estos maricas que
no se bañan oliendo muy maluco y con el calor tan hijueputa que hace en ese
salón, yo voy a la escuela cuando quiero, y nunca me dicen nada, además el
año pasado tuve un problema con un guevón de mi salón, porque me estaba
cascando en la cara casi todos los días, entonces yo le conté a mi papá y el
vino y lo cascó, también Cesar mi hermanito le dio duro, entonces a uno aquí
le pegan estos maricas por nada. Profe me voy porque me están esperando, y yo
le dije ¿para dónde va? Fue que me quede de ver con un man allí en la 14, y
después me voy a dormir un rato, y por la noche estoy en el parque. (Proyecto
Estación Galería. Diario de Campo, 2001) Los lugares empiezan a mostrarse como el sustento
de las acciones que vive la ciudad. Viviana es una niña de 10 años que habita
en el sector de la Antigua Galería de la ciudad de Pereira, ese es su mundo,
el espacio de realidad que ella día a día replica e inventa. Aparentemente
está condenada a las deprivaciones y maltratos a los que la somete el entorno
y sería fácil como observadores externos condenarla a las acciones salvadoras
de la caridad. Viviana tiene la fuerza que le da su posibilidad de adaptación
al territorio donde vive y convive, es precisamente en esa fuerza donde está
el potencial que puede ser estimulado por la otra ciudad, por esos muchos
hechos y experiencias de la producción cultural que le pueden permitir una
elección con mayores posibilidades y aperturas, que la alienada existencia
que hoy le demarca su entorno. En Pereira los espacios marcan el tipo de
relación que se tiene con la ciudad, en ella el lugar que se considera más
riesgoso es la calle (Rueda, 2001). Al ser percibida como un escenario inseguro
y no confiable la calle se convierte en la predicción de lo que puede generar
pérdida, es un punto que suma los temores heredados y los miedos aprehendidos
a través de los medios masivos de comunicación y de las narraciones que de
boca en boca cobran a veces valor de leyenda. El peligro empieza a tener
muchas formas, a veces cobra el rostro de un niño o el cuerpo de un mendigo,
la imagen de un policía o la mirada de un malandro (malo) que se acerca con
un lenguaje que indica su intención de buscar lo del otro, incluso su vida.
En el lenguaje que se replica, peligro y riesgo no tienen un significado
diferenciador, ahí, en el momento de los sucesos son casi la misma cosa,
porque determinan en el sujeto una respuesta que acumula toda la historia de
su vida... una respuesta que se antoja adecuada o inadecuada dependiendo de
los resultados y de la evaluación que hagan los otros (transeúnte, vecino,
autoridad, familia, iglesia, institución). La inminencia de lo que cognitivamente se
considera inevitable enmarca el sentido dado al peligro, sólo es peligroso lo
que la cultura y la socialización delimitan como tal, lo que excede los
límites tenues se torna confuso y poco aprensible para la sensibilidad y
percepción del individuo y el colectivo. Por ello existen peligros, agentes
de peligro, y ambientes peligrosos que al ser contactados sin el conocimiento
del contexto pierden su carga simbólica. Igual se presenta el caso contrario,
ante cierto numero de señales que se igualan con un referente previo se
sobredimensiona la realidad del medio y se tiende a considerar peligrosa y
por ende se toman acciones que ante los otros aparecen como excesivas. En el juego de los estímulos brindados por el
entorno, donde tienen un papel bien importante los medios de comunicación, la
sensación de peligro es modulada por interpretaciones adicionales a la que
tiene el sujeto, en muchos casos la modulación de los otros (sujetos e
instituciones) es tan alta que la sensación de peligro sobrepasa la capacidad
cognitiva del sujeto para dimensionar el contexto apoyado en datos confiables
y verificables, las respuestas generadas están por encima o por debajo del
umbral esperado. En el caso contrario, cuando la modulación desestimula la
intensidad simbólica del peligro, a pesar de los datos verificables del
entorno la respuesta es disímil frente a la realidad. Otro tanto pasa con la
desensibilización ante al peligro, el caso de la muerte en Colombia es un
ejemplo paradigmático. El nivel de respuesta de la población ante situaciones
de peligro que se asocian con la alta probabilidad comparativa de morir por
hechos de violencia es bajo. A pesar de que la tasa de muerte es de 76 por
100.000 habitantes, el peligro cotidiano de la ciudad se relaciona con la
violencia como hecho genérico. La muerte no se dimensiona como una probabilidad,
los datos y los conocimientos existentes sobre el tema no son definitivos
para las percepciones construidas por la población. No es el dato y estado de
conocimiento el que determina la importancia perceptual de la muerte como
peligro. Acorde con Douglas se tiende a ignorar los
peligros cotidianos comunes y se tiende a restar importancia a los peligros
más infrecuentes y de baja probabilidad. Desde el punto de vista de la
supervivencia de la especie, el sentido de inmunidad subjetiva es también
adaptativo si permite que los seres humanos se mantengan serenos en medio de
los peligros, que osen experimentar, y que no se desestabilicen ante la
evidencia de los fracasos (Douglas, 1996). El peligro sentido y percibido cobra así
connotaciones particulares, a pesar de ser una construcción social, el nivel
de intensidad está determinado por cada individuo y las diferentes áreas
relacionales de este. La percepción singular del peligro lo convierte en una
categoría inaprensible por si sola, pero la pregunta es ¿a qué está ligado el
concepto de peligro y todo lo que el entraña? Plantear de manera rápida que el peligro es una
respuesta conductual nos dejaría en el camino de las rupturas, hecho
frecuente en la elaboración de esquemas teóricos. Abordada la palabra
mediante la utilización de su verbo (peligrar) se invade otra serie de áreas
que difícilmente se podrían asumir en sustantivo. La diferencia entre lo
eterno y lo perecedero radica en la perspectiva del observador y la magnificencia
de lo referenciado. Para los seres humanos comunes una estrella es un algo
extraño que se encuentra demasiado lejos y que juega como un complemento de
las noches despejadas, para el poeta la estrella es la metáfora de lo
anhelado y para el astrónomo es la estructura que guarda los secretos de la
historia del universo. Pensar en el peligro generado por la muerte de una
estrella sólo compete a los que tienen la formación y la información para que
dicha idea sea posible. El sol como estrella local tiene una posibilidad de
desaparición en 5.000 millones de años, pero esa cifra es tan extraña a la
experiencia cotidiana que no se dimensiona, sólo es una curiosidad que está
registrada en textos científicos y textos escolares. El peligro se asocia con
la certidumbre de la existencia como un evento perecedero, ante la ausencia
de la eternidad en el sujeto y el colectivo mismo se perpetúan las alarmas de
supervivencia generadas por la evolución. La cultura aporta elementos
adicionales, pero es la suma de naturaleza y crianza el producto de lo que la
razón misma no puede explicar, a no ser que se reduzca a categorías impuestas
por la línea de la razón. El pánico es una respuesta de ansiedad extrema
que sobrepasa la capacidad de contención y control del sujeto o del grupo
humano que es expuesto a uno o más estímulos. La ansiedad pasa por muchos
niveles hasta llegar al pánico que es la máxima expresión de respuesta humana
ante una situación. El peligro ronda las fronteras de la ansiedad, de la
puesta a punto del sistema nervioso para responder vegetativamente ante el
agente que amenaza la integridad del espacio vivido (Ricouer, 1999). El
peligro expresado en múltiples agentes empieza a conformar un cuerpo de
presión sobre el sujeto, pero al compartirse la sensación y la percepción del
mismo y evidenciarse que no existen respuestas de los otros, paulatinamente
se genera una desensibilización que es asumida por el colectivo. En el caso
de la realidad colombiana existe un muestra palpable de desensibilización
ante las condiciones imperantes, lo cual no oculta la expresión de pánico
larvado que brota en muchos de los actos colectivos que se viven y habitan en
la cotidianidad de campos y ciudades. Un pánico colectivo adornado con un
derroche de anomia compartida, de olvidos saturados de memoria, de esfuerzos
permanentes por no aceptar que la locura en Colombia es un ejercicio
compartido. Este cuadro permite que las decisiones presentes o próximas estén
mediadas por intentos de fuga que en esencia son alucinantes ya que obedecen
a una sensación y percepción alteradas, por ello es comprensible que en una
época donde ya se cuenta con las herramientas para comprender y hacer el bien
común, se propone el aniquilamiento de la vida y el cese de la libertad como
derecho inalienable. ¿En un caso de pánico larvado, como es el colombiano,
qué tanto se percibe el peligro de las decisiones tomadas? ... Entramos en el
campo de lo qué es o no es el interés colectivo. A diferencia del concepto de peligro, el riesgo
brinda otro tipo de connotaciones, es una especie de campo de reflexión que
necesariamente es traspasado por la previsión y la capacidad humana de
proyectar. Como concepto general heredado de la lógica racional, cartesiana y
econométrica su sentido está ligado directamente con el imperio de las ideas
y los números. El riesgo per se no implica una respuesta
neurovegetativa, no hace parte de lo que se siente en las entrañas y que
incluso no se puede definir de manera clara. Tiene un sentido práctico
mediado por la contrastación y la comparación con la realidad, a partir de
ellas el sujeto o el grupo específico conceptualizan una probabilidad de...
sucesos, daños y pérdidas. Luego de ello la respuesta depende de las
condiciones para adaptarse, resistir o huir. Quienes permanecen en esta galería de fuerzas (plaza de
mercado), es porque han comprendido bien las normas y sobreviven de acuerdo a
su capacidad para sortear las amenazas. Sentirse en riesgo es cometer faltas,
sobrepasar los límites de lo prohibido, o arriesgarse a transitar por
territorios ajenos. Aquí se juega principalmente la seguridad personal,
expuesta por atrevimiento o desconocimiento de los límites. La enfermedad, la
desnutrición, la desprotección sexual o el consumo de sustancias psicoactivas
no representa ningún riesgo para la vida. Estas son situaciones y hábitos
cotidianos sobre los que se reflexiona y que se soportan sin representar
inconveniente alguno. Están ahí y no hay manera de evitarlos, hacen parte del
modo de vida, de una necesidad psicológica para sentirse vivo, así como la
promiscuidad, el hacinamiento, la violencia y el constante estrés (Proyecto
Estación Galería, informe final. 2001) Las intuiciones - aprendidas culturalmente - que
guían nuestro juicio en cualquiera de nuestros campos de competencia nos enseñan
suficientes principios de probabilidad, pero están ligadas fuertemente a la
cultura. Todos nosotros estamos perdidos cuando nos aventuramos más allá del
alcance de nuestras intuiciones culturalmente constituidas (Douglas,1996). La cultura sin ser determinista propone unos
límites para el umbral de riesgo y a partir de ellos se construyen los
modelos de aproximación a la probabilidad de que las cosas se presenten o no.
Ante la toma de cualquier decisión existe un riesgo inherente que se pude o
no percibir acorde con el modelo utilizado por el sujeto o el colectivo. Ello
significa que la percepción es posibilitada por el conocimiento convalidado
por el contexto y sus actores. La construcción de modelos analíticos de riesgos
inicialmente estuvo ligada al juego, de forma paulatina fue incluida en los
análisis de economistas y planeadores hasta convertirse en una categoría
indispensable para ser tenida en cuenta en la toma de decisiones. De modelos
intuitivos se ha pasado a modelos lógico racionales y entre estos últimos se
encuentra una gran gama de modelos que fluctúan entre los determinísticos y
lo probabilísticos respondiendo cada uno de ellos a los intereses de medición
e información de sectores específicos de los grupos humanos. En las bajezas diurnas y nocturnas del sector, lo
indistinto, lo feo y lo ridículo, tienen su catadura. Hay que recorrer y
traspasar los límites para conocer su alteración y comprender la urgencia de
independencia en las personas. Hay una compulsión constante en gravar el sello,
lo propio, por cada sujeto en cada calle. Quizá por ello a eso que le
llamamos marginalidad tenga tanto colorido. Es una multiplicidad soberbia que
brota de la basura reclamando la vida. Se vive con la franqueza brutal del
desposeído tocando sin miramientos a los demás, no hay barreras que
desmientan la cara de esta vida artificial. La visión sobre los días se
aborda desde la desnudez al filo de la nada absoluta entre extraños sin
importar si es lícito o ilícito lo que se adquiera o se conciba. El encanto
de la danza de la muerte atrae con rabia a todo aquel que no le queda sino el
último juego para vivir o morir. Otrora la plaza de mercado era como las galerías de
nuestras ciudades colombianas: un auténtico y vistoso mercado de alimentos,
un sitio de encuentro para pobres y ricos, citadinos y campesinos, donde se
establecían cadenas infinitas de intercambio. Era una isla de saludos y
abrazos entre propios y extraños, entre parientes, amigos y recién llegados.
Pero todo cayó en el olvido admitiendo sin recato en el trueque cotidiano,
las ofertas que se avenían por los desequilibrios ciudadanos. No fue de la
noche a la mañana que el deterioro físico social hizo cargo de la fachada de
este lugar. Fueron años los que se necesitaron para dar espacio en pleno centro
a la mueca tenebrosa que todos en la vida evitamos pero que inexorablemente
algún día tenemos que enfrentar. ( Proyecto Estación Galería, informe final.
2001) El riesgo no es un concepto asociado con el
suceso específico, se puede abordar antes o después de que las cosas sean un
hecho y se tornen tan evidentes que muchos sean espectadores de sus
consecuencias o víctimas de sus efectos. El riesgo asumido como probabilidad
de afectación o de pérdida, representa un proceso de interrelaciones que
asume una forma específica de ver y comprender el mundo que se vive. Tan sólo
unos años atrás el riesgo exclusivamente tenía significados particulares,
cada territorio nacional o regional asumía unas condiciones de valoración que
estaban ligadas a la propia historia y a lo que el entorno proponía, así la
delimitación del riesgo tuviera un acercamiento semejante o cercano en los
diversos pueblos, el resultado era diferente por el tipo de construcción
social que permitía la reflexión sobre los alcances de los elementos que
estaban en riesgo. En las culturas con arraigo exclusivo en las prácticas
básicas de supervivencia (cultivo, caza, pesca, recolección) existía un
ejercicio importante de definición y evaluación del riesgo, que tenía en
cuenta las diferentes variables del contexto para determinar la posibilidad
de pérdida en caso de tomarse X o Y decisión. El acercamiento al entorno
tenía un alto nivel intuitivo que se probaba permanentemente en un proceso de
acierto y error (Douglas) delimitando así la aceptabilidad que el grupo
humano tenía frente al riesgo establecido o sospechado. La sequía, la
inundación, la presencia de otros cazadores, la escasez de frutos, tallos o
raíces, definían acciones que en primera instancia pretendían asegura la
supervivencia del grupo. El siguiente es un ejemplo cercano de la forma
como se afrontaba colectivamente el riesgo: En los grupos nómadas
australianos existía un comportamiento que a ojos de los exploradores
ingleses resultaba moralmente deplorable, cuando un miembro del grupo empezaba
a tener síntomas o signos físicos que le impedían seguir el paso de los
otros, después de un esfuerzo significativo de algunos días, decidía
apartarse del grupo para permitirle seguir con el ritmo adecuado de
desplazamiento. El aborigen aceptaba que su condición atentaba contra la
seguridad y posibilidad de supervivencia de los demás y por ello en un
acuerdo cultural tácito, se apartaba para morir. Culturalmente ello requería
la elaboración de una aceptabilidad conjunta de los elementos que pueden causar
pérdida. Para un grupo nómada la demora en el tiempo de marcha aumentaba el
riesgo colectivo, por ello permitir que un individuo abandonara la caravana
se convertía en la mejor solución y la más aceptable. Elaboraciones simbólicas como esta le da a los
grupos humanos un marco de certidumbre que posibilita el devenir en márgenes
aceptables. Los grupos nómadas australianos han construido una visión de la
muerte que aplica a aquellos que son abandonados para morir, culturalmente ya
están muertos y ello difícilmente cambia. Con facilidad podríamos escuchar
voces que le restan valor a ejemplos de este tipo dado que se asocian con
ploblaciones cargadas de mitos y rituales, que en apariencia son una secuela
de la premodernidad y están amarrados con la acción tangencial de otros
sujetos que a su vez reducen ostensiblemente el desgaste individual y grupal. Con la intromisión de la razón, la ilustración y
el desarrollo paulatino de la modernidad, los actos ritualísticos e
intuitivos aparentemente perdieron su influjo quedando ligados a las
costumbres y formas de actuación de grupos poblacionales sin acceso a los
beneficios de la modernización, entre ellos: pescadores artesanales,
agricultores minifundistas, intermediarios de alimentos, poblaciones sujetas
a la producción de fuentes primarias, entre otros. En los últimos cincuenta años del sigo XX con el
rápido proceso de urbanización, las sociedades de supervivencia quedaron
reducidas a puntos geográficos marginales y la relación histórica del ser humano
mundial con la naturaleza sufrió un corte de tajo que dejó a los ciudadanos
cargados de altísimas incertidumbres y desconocimientos frente a lo que
significan las señales de la naturaleza. En las ciudades las formas de
aproximación al entorno cambiaron sustancialmente. Elementos como el agua, el
aire, la tierra, el fuego y el alimento quedaron en poder de cadenas de
producción anónimas que no brindaron información sustancial sobre ellos. El
ciudadano común tuvo poco conocimiento sobre las condiciones de su entorno,
es en ese punto donde llenó su vacío de información disponiendo de los
relatos que recogió de los medios masivos de comunicación y de las
narraciones heredadas en su espacio de socialización. Con su ruptura
histórica construyó pseudorelatos que le permitieron establecer límites de
confianza frente a lo que representa la ciudad, sus peligros, sus zonas de
protección y sus lugares de paso. A pesar de habitar ciudades con un ideario
de masificación social, los grupos humanos constituyeron guetos sustentados
en los intereses de protección, cooperación y supervivencia. Allí en cada
sector de la ciudad se consolidaron formas estéticas de ver, entre otros: la
ciudad misma, la relación con el entorno, el impacto de las leyendas
colectivas, la gobernabilidad, el acceso a los medios de producción y de
decisión y la construcción de reglas y de mitos integradores. Para el caso
puntual de los riesgos y el desastre, la complejidad de la cultura urbana
cobró valor al constatarse que las respuestas de sectores específicos de la
ciudad eran disímiles frente a otros. El desastre y el riesgo no se asumieron
como una sola unidad, las respuestas dejaron entrever modelos de
aceptabilidad que obedecen a construcciones marcadas por la cultura
(Douglas). Un hecho si quedó evidenciado como respuesta general: los
habitantes de la ciudad habían perdido la sensibilidad y la capacidad de
reconocer las señales de su entorno natural. En los 90 el riesgo ingreso a las viviendas, y en
las prioridades de la sociedad civil de algunos países latinoamericanos. En
realidad había estado allí, pero con nombres y formas de comprensión
asociadas con las cosas que se hacen todos los días. No estamos hablando del
riesgo conceptualizado que permite el establecimiento consciente de modelos y
diseños, hablamos de las acciones del sentido común que permiten a los
sujetos apostarle a la toma de decisiones. Al entrar en la vida de los seres
humanos en su estado de cotidianidad, el riesgo asumió las características
propias de los individuos, generándose en ellos una forma de representar pero
igualmente una forma de decidir ante el agente visible o invisible que tiene
la capacidad de influir fuertemente en el estado presente de las cosas. La recreación, percepción de la vida Es fácil extraviarse en el sentimiento de
indignación que genera el drama ajeno, más si dicho drama está enmarcada en
la vivencia de un sujeto monstruoso que en el lenguaje de la páginas
judiciales de cualquier periódico colombiano es señalado como una amenaza
social. El extravio puede tener otra ruta, una que conduce a la reflexión
unívoca de la sociedad como un generador de jóvenes que matan y mueren. En
esta aproximación los jóvenes son sujetos vulnerables o mas bien sujetos
vulnerados por las condiciones creadas por el modelo social y cultural. Para el caso expuesto en el fragmento del parcero
muerto, la diferencia social entre amenaza y vulnerabilidad se encuentra en
un límite que está ligado a las percepciones, a la forma como el sujeto lee e
interpreta a través de diferentes mapas cognitivos para dar respuestas la
información que recibe. Catoriadis (1987 ) en su crítica a la ontología
heredada, basada en el determinismo aristotélico, propone "la
sociedad fabrica los individuos que son ella misma. Ellos piensan y hacen lo
que la sociedad es, y lo que se piensa y se hace no debe salirse de lo
establecido e instituido. Si un nuevo pensamiento irrumpe, amenaza la
sociedad, abre la posibilidad de otra sociedad y otro sujeto". El parcero muerto "Quiero volver a tener un parcero como el que
tenía. El chino lo mataron muy miserablemente y yo mantengo con la espina del que lo mato... Pero yo no me preocupo porque tarde que temprano las va a pagar también con la
vida, así como se la quitó al chino El chino no era un santo, porque pa`qué no lo era, pero era un pelado callado como yo y los otros parceros que mantenían juntos pa`arriba y pa`abajo y pa`las que fueran. Todos los parceros del parche lo recordamos Y nos da rabia porque no pudimos estar con él en ese
momento. Cuando nos pasa algo, que alguien se marea, pensamos en él y decimos: "lástima que el parcero no este aquí Hubo un día en que el parcero compró un perro pero no lo
pagó, entonces, el dueño mantenía ofendido, a los días el perro apareció envenenado, y el chino de ofendido encendió el perro a puñaladas y le mochó las orejas y las colgó en la pieza. El chino se dio la farra ese día y dijo: el que me haya matado el perro le quiebro la cabeza o le
tiro una granada. El chino pagó servicio porque estaba muy caliente y cuando regresó lo mataron. Eso es lo que más duele, saber que el parcero de toda la vida lo mataron. (Fragmento relato proyecto: crecimiento personal y
prevención de situaciones de riesgos a través de la utilización de
herramientas de comunicación alternativa. 2000). Las percepciones están ligadas a modelos de
pensamiento que tienen su asiento en las necesidades históricas de las
sociedades, especialmente de los que las dirigen o las utilizan. Un ejemplo
interesante de esta afirmación es la transformación del concepto de tiempo.
Las primeras formulaciones del concepto de tiempo lineal se hicieron en el
siglo XVII pero sólo fue hasta el siglo XIX que se tornaron hegemónicas, ello
debido a múltiples cambios sociales, económicos y políticos que afloraron en
esos dos siglos. Las sociedades de Europa y Asia del primer milenio asumían
que los dioses eran los dueños de la vida humana, por ende las cosas estaban
dadas y cada quien era y tenía lo que merecía. En este escenario la idea de
tiempo progresivo no era viable y el tiempo se asociaba más con sucesos y
hechos cíclicos. La percepción de un sujeto con un entorno que se
construye, piensa y siente exclusivamente a partir del tiempo cíclico no
asume como mapa posible la transformación de la riqueza, el poder o de las
cosas dadas, sus significaciones se dan sobre otros fenómenos que están más
cercanos a los cambios cíclicos de la naturaleza y de los entes biológicos,
para su caso ya los dioses han determinado el fin de los tiempos y la
existencia no compite... cada hecho novedoso ya está escrito y hace parte del
plan de Dios. En la percepción del sujeto con tiempo lineal el poder de la
transformación está en el ser humano, no existe una condena histórica y el
cambio es infinito y progresivo ( Halpern, 1992 ). Reconociendo que las descripciones de los tipos
de tiempo no son taxativas, si sirven de ejemplo para mostrar como el mapa
perceptual cambia drásticamente dependiendo del contexto. Lo interesante de
este ejemplo esta en comprobar que en la vida cotidiana existen diferentes
percepciones del tiempo que se subducen o se aplican dependiendo del suceso o
de la situación. Para Halpern los sujetos del presente están acostumbrados a
ver el tiempo de cuatro formas: reiterativa y cíclica, unidireccional y
progresiva, como agente destructivo y como agente creador. Aunque el tiempo no es nuestro tema si tiene
connotaciones interesantes para hacer algunas reflexiones ante el significado
de la percepción y cómo los sujetos se relacionan con el entorno dependiendo
del mapa de tiempo que se tenga. Volviendo al contexto de la percepción humana,
existen también los lineamientos morales del entorno histórico y cultural,
que en si son pistas significativas que han permitido a cada nicho humano
conformar unos moldes que son su referente y espacio de seguridad. Estos
lineamientos que son producidos y reproducidos por la socialización se sitúan
en la piel social de cada individuo. Un grupo de jóvenes del barrio Simón Bolívar
(Pereira. Colombia) ha sido marcado por las huellas de la socialización
primaria y secundaria que en cada individuo ha actuado de tal manera que hoy
acerca a los jóvenes bajo unos condicionantes de convivencia. Su
socialización, con ausencia franca de instituciones religiosas y escolares
que brinden marcos y límites, con familias desestructuradas y figuras de
autoridad ausentes y con una influencia determinante de los medios de
comunicación, se construyen entre ellos con lo que pueden tomar del entorno,
son una especie de grupúsculo que no está cobijado por el sentido colectivo y
eso les impone establecer sus propios límites (Campbell). Algunas de sus
características son: Los jóvenes se sienten protegidos por sus grupos
naturales, sus edades oscilan entre 11 y 22 años, con escolaridad media, ya
que la mayoría sólo tienen la primaria completa, son jóvenes con mucho tiempo
libre, algunos son consumidores de droga, usan con más frecuencia la
marihuana y la cocaína. Están desempleados y se les ve muy frecuentemente en
las esquinas del barrio reunidos alrededor de una conversación sobre su
cotidianidad, anécdotas y relatos de sus rumbas. De sus mayores aficiones es
salir del barrio, recorrer otros lugares ya que no les gusta hablar de su
entorno, lo rechazan y se expresan del el en palabras soeces, como "el
hueco", "la hoya", "el mierdero", pero tienen
expectativas con el nuevo barrio, donde serán reubicados, de alguna manera
están tranquilos por este hecho y tienen anhelo de salir pronto. Sus lugares
de recuerdo con respecto a la ciudad son muy remotos, casi desconocidos, no
tienen ningún tipo de referencia sobre esta, una marcada marginalidad que se
siente desde el espacio pequeño, desde donde se encuentran en la esquina del
barrio, un lugar sórdido, donde nadie se sentaría para recrear con otros o
compartir un rato de ocio( Proyecto RAI, 2000 ). Para estos jóvenes o para cualquier otro grupo
humano, el colectivo constituye la base de las reflexiones y los haceres y es
a través de el que se expresa la percepción sobre lo otro, sobre los otros.
Mi percepción cobra valor si es reconocida por el otro, sea para
diferenciarse de ella o para asumirla. Es en ese intercambio que el individuo
reconoce su mapa mental y lo contrasta, lo que permite conservarlo o
cambiarlo de acuerdo con el valor y significación de los mapas de los otros que
de todas maneras deben tener una fuerte relación con el mío. En efecto la
percepción construye barreras y aperturas simbólicas que en un plano externo
pueden parecer inexistentes, incluso irracionales. Pero es precisamente este
el punto donde la percepción como hecho tangible de la psiquis humana escapa
del dominio exclusivo de la lógico racional para asumir el discurso de la
historia y la cultura, embebiéndose en un marco de estímulos que incluye
afecto, intuición, mito, ritual, lenguaje y movimiento. Por eso no sólo a
través de la mirada cartesiana es como se pueden explicar las construcciones
perceptuales, se encuentran allí hilos invisibles que requieren de una
coyuntura comunicativa para poder entretejer signos y significados que en el
intercambio y la escucha cobran lentamente sentido y coherencia. Es la
relación del tu percibes, yo percibo, ellos perciben, la que permite que se
entienda que en la piel social humana existe una polifonía que debe ser
decodificada con respeto y rigurosidad para así comprenderla y comunicarla en
un ejercicio de colectividad. Acorde con la teoría del metamodelo (Bandler y
Grinder, 1989) la percepción social humana se logra de forma básica a través
de tres canales o frecuencias que son específicos para cada persona y que pueden
ser conformados de manera grupal dependiendo de los aprendizajes y los
estímulos recibidos en el proceso de crianza. Los tres canales o tipologías
de conexión con la realidad son: sensoriomotor, visual y auditivo. Cada
sujeto tiene una predisposición que conjuga la naturaleza y la crianza, si la
persona o grupo es sensoriomotor la forma perceptual más fuerte se logra a
través de la corporalidad, allí los receptores de movimiento, presión,
posición y temperatura juegan un papel preponderante y las respuestas ante el
entorno son filtrados a partir de los mismos, no se puede olvidar que existe
un componente cortical de dichos receptores y eso hace que las
representaciones somatotopicas funcionen acorde con la posición e
interconexiones neuronales que tenga la zona de representación, en el caso de
lo sensoriomotor dichas conexiones incluyen sistema límbico y cerebelar, lo
cual le da un componente vegetativo importante a las respuestas brindadas por
este tipo de sujetos, el sistema límbico igual tiene una alta densidad de
conexiones con lóbulo derecho donde se modula el la capacidad afectiva. En los sujetos con un componente visual dominante
las zonas cerebrales más activas se encuentran en lóbulo occipital con
conexiones frontales y temporales, la participación de sistema límbico es
mínima dado que la mayor actividad de asociación neuronal se concentra en
lóbulo frontal izquierdo y en ambos niveles prefrontales . Ya esto determina
una diferencia significativa entre ambas tipologías (sensoriomotor y visual). La tercera tipología es la auditiva, obedecen a
ella los componentes neuronales de audición y equilibrio, establece
conexiones principales con lóbulo temporal y corteza prefrontal. Estos
sujetos centran su canal de comunicación en los efectos sonoros y la forma
como estos se emiten, estamos hablando de tonalidad, volumen, timbre e
intensidad. Como se ha esbozado, en la misma instancia
biológica existe para los individuos una marcada diferencia en los canales de
contacto con las cosas de la vida. Si nos quedáramos en la formulación de Bandler y
Grinder (1989) sería razonable proponer que existen verdades perceptuales que
una gran colectivo puede asumir de manera conjunta sin lograr matices
diferentes entre sus integrantes... existen otras versiones. Acorde con los
hallazgos de Edelman (1985) la plasticidad cerebral es alta y eso impone un
tipo de apropiaciones perceptuales sustentadas en la diversidad. La cultura potencializa el substrato biológico
heredado, en una interrelación con el territorio, los múltiples contextos de
socialización y la cualificación de receptores y canales comunicativos. No
sólo son los receptores biológicos y los flujos neuronales per se
los que determinan el tipo de estímulo que ingresa. El peso de la cultura
(12.000 años de utilización de instrumentos para el cultivo, 6000 años de
civilizaciones conocidas y guerras narradas, 4000 años de surgimiento y caída
de Estados, 3900 años de religiones controladas por una casta sacerdotal,
2500 años de filosofía, 2000 años de monoteísmo y religiones humanizadas, y
un sinfín de realizaciones humanas que dan cuenta del presente, el pasado y
el futuro) delimita un matizado de percepciones que dificulta la
generalización y la suposición de percepciones comunes a todos. En un discurso culturalista la racionalidad
científica surgida en el siglo XVIII y potencializada en el siglo XX es la
que favorece el desconocimiento de las percepciones de las culturas o
subculturas no dominantes. Para los ingleses la etnología permitió el
conocimiento de culturas africanas y asiáticas. Bajo el modelo de observación
ingles, que obedecía a una ejercicio cultural donde sajones y normandos
habían consolidado a través de los años un ejercicio de imperio y
colonización, se generó un manto de misterio sobre prácticas o rituales
encontrados en otras latitudes, se tendió a generalizar dichos
comportamientos buscando teorías o modelos que dieran respuesta a las
deficiencias de las otras culturas. El ideal era la cultura inglesa, todo lo
diferente a lo hegemónico y central (el imperio) era sinónimo de atraso. La
percepción quedó reducida al colectivo militar, académico y nobiliario que
definió propuestas para el manejo de las naciones que estaban bajo el dominio
imperial. La tendencia universalista aquí reflejada ha sido parte del engranaje
de la ciencia y del capitalismo, por ello la percepción de unas ciencias
naturales con explicaciones universales fue trasladada a las ciencias
sociales. Los modelos cartesianos de la física fueron puestos al servicio de
los modelos de población. En lo cotidiano la práctica y el uso cultural se
explica bajo una racionalidad que crea mediciones y comprensiones que por si
solas dan cuenta de los múltiples procesos humanos. En este parangón universalista las
investigaciones y desarrollos teóricos logrados en el siglo XX dejan un
margen importante de duda sobre los relatos únicos. Los adelantos en los
estudios de conducta, terapia familiar sistémica, neurociencias, cibernética,
membranas biológicas, fenomenología, comportamiento, grupos humanos, desarrollo
humano e inteligencia artificial han permitido darle otra dimensión a la
percepción. La cultura como constructo social diversifica la
posibilidad perceptiva, en ella la influencia del entorno ecológico, los
ambientes y los estímulos heredados son marcadores de los múltiples canales
de percepción que delimitan los haceres humanos. Si bien es cierto que la biología determina en
primera instancia el ser - hacer humano, es en últimas la cultura la
encargada de generar hechos cognitivos que crean plataformas de acercamiento
a la realidad. Surgen así los mapas cognitivos que son engramas biológicos
mediados por la cultura, ellos funcionan a manera de estructuras
representacionales donde la información tiene efecto permanente de
reconocimiento. Aquella información que no es afín es desechada mediante
procesos de olvido. Aparece así el tema de la memoria como capacidad para
reconocer la información, claro está, la información se asocia en alguna de
las plataformas dependiendo de la afinidad que esta última tenga con los
mapas del sujeto y con la influencia que el medio externo tenga en él y la
posibilidad o no de cambio que este último puede producir en el engrama
cognitivo. El ser humano tiene la capacidad de organizar el
mundo que lo rodea, conformando unas categorías generales y específicas que
se traducen en los haceres propios de la vida. Quizá ciertas habilidades
cerebrales tengan mucho que ver con esto. A diferencia del modelo de una
memoria con ubicación espacial y estructural delimitada, Edelman (1985), al
evaluar procesos de selección inmunológica propuso que el cerebro funcionaba
como un sistema selectivo donde el aprendizaje obedecía a un proceso de
selección. Su propuesta se basó en tres gruesas afirmaciones: Durante el
desarrollo del cerebro en el embrión se forma un· modelo sumamente variable e individual de
conexiones entre las células cerebrales. Después
del nacimiento en cada individuo se fija un modelo de· conexiones neuronales, pero se seleccionan
ciertas combinaciones de conexiones, en detrimento de otras, como
consecuencia de los estímulos que el cerebro recibe a través de los sentidos. La
selección ocurrirá especialmente en grupos de neuronas que· están conectadas en hojas, o mapas, y dichos
mapas se ´hablan´ entre si para crear categorías de cosas y sucesos. Con el precepto de que los embriones humanos no
se desarrollan de partes preformadas, Edelman propone que las neuronas
responden y se especializan de acuerdo al momento específico del estímulo
biológico y ya en el caso de la convivencia social a pesar de contarse con
estructuras definidas, estas se comportan más como un punto límite, como
diseño general, lo que favorece un umbral permanente de especialización ante
estímulos externos repetitivos. Para darle peso biológico a su afirmación,
Edelman estudio las moléculas de adhesión de células (CAM). Estas moléculas
son las que establecen los límites de crecimiento y desarrollo de las
células, son una especie de cemento que permite unir una célula con otra.
Pues bien, lo que encontró tuvo una relación directa con sus postulados, el
tipo de adherencia de las CAM estaba determinado por el grupo de células que
envían señales para que los genes produzcan determinados tipos de CAM, así es
como se forman grupos que lindan con otros, y cada uno sin interferir en el
otro termina especializándose. En general todo depende del tipo de estímulo
que genera la formación del grupo de células y a su vez cómo este grupo envía
la señal al gen para que produzca el CAM. Lo que no hace diferente la
morfología cerebral entre los seres humanos es que a pesar de los estímulos
específicos en cada embrión, estos en general siguen un orden biológico ya
existente. De este hallazgo se desprende la formulación de
que los grupos neuronales están dispuestos en mapas que se comunican
interactivamente entre si creando categorías de las cosas, las cuales se
reclasifican dependiendo del tipo de estímulo, su frecuencia y fuerza. En el
caso de un estímulo sonoro este puede ser categorizado como ruido, música,
voz o agresión, entre otros. "Los mapas favorecen crear clasificaciones
que permiten al animal actuar de forma adecuada, el medio ambiente en el que
se encuentra un animal cambiará, naturalmente, y por tanto las categorías
perceptivas también han de cambiar. Pero esto es precisamente para lo que
mejor sirven los mapas múltiples: se interacciona y se reclasifica la
información permanentemente"
(Rosenfield). De acuerdo con la teoría de Edelman cada persona es única y sus
percepciones obedecen a un acto de imaginación y creación. Es en el lenguaje
que esta posibilidad se potencializa porque los mapas perceptuales se
comparten construyendo acuerdos colectivos sin perder la individualidad. Esta
propuesta compromete mucho más la visión humanística de la percepción, dado
que se entra a interactuar con sujetos que tienen una multiplicidad de mapas
cognitivos que les permite adaptativamente hacer cambios y modulaciones en
sus percepciones... es la esperanza de una sociedad sin condenas biológicas,
diferente a lo que hasta ahora se ha promulgado Para Ricoeur (1998) el sujeto se encuentra
condicionado por un espacio vivido, que es el propio cuerpo como extensión de
los órganos, y que se experimenta en los haceres del cuerpo y en las
sensaciones de alegría y sufrimiento que se desplazan por el espacio. Lo otro
y el otro son el lugar que está fuera del espacio vivido, cuando ese espacio
se comparte, se torna común, se llena de cosas que tienen un lugar y se
explora activamente surcando caminos practicables y obstáculos más o menos
superables. Dicho espacio es el habitable, donde se definen las cosas de la
vida y los haceres compartidos. Permite, entonces, establecer las huellas
materiales que son la referenciadas en la memoria. Funcionalmente la memoria se asocia con tres
tipos de procesos, los de corto plazo, largo plazo y la memoria implícita.
Como ya se ha planteado dichos procesos obedecen a a mapas interactivos que
conforman un gran campo de reconocimiento que está mediado permanentemente
por la selección de objetos perceptuales. Allí se da una dinámica permanente
de procesos de apertura, cierre, recordación, olvido, contrastación y
asociación. El proceso de corto plazo, llamado también memoria de trabajo es
al que se debe la percepción del tiempo, por ello es el que le brinda unidad
y continuidad a la experiencia consciente, "incorpora igualmente la
evaluación expresa y el razonamiento explícito, con la capacidad de proyectar
prerrepresentaciones sobre el futuro y de controlar la ejecución de la
tarea"(Changeux, 1998). La información que maneja es frágil y el
olvido es rápido, aproximadamente a los 20 segundos de obtenida la
información ya se ha perdido el 70% de la misma. La memoria de largo plazo
está formada por huellas estables que son alimentadas y retrotraídas por la
memoria de trabajo, su utilidad se centra en la capacidad de manejar gruesos
paquetes de información. La memoria implícita permite al ser humano
desarrollar capacidades de aprendizaje apoyadas por la repetición, sustenta
las actividades de la vida cotidiana por medio de los conocimientos
prácticos, ejemplo: la habilidad para conducir un automóvil. La percepción es una propiedad cognitiva que
permite al ser humano recibir en mapas específicos lo que el entorno le
brinda, dichos mapas están asociados con otros mapas que manejan la
sensibilidad y la construcción de conceptos. Es en la interacción donde la
percepción influye drásticamente en la elaboración de prejuicios, que no
pasando por la explicación racional y la ponderación de elaboraciones
razonables impelen al sujeto para que tome decisiones y ejecute acciones que
dan respuesta pronta y en muchos casos repetitiva a los estímulos del
entorno. La percepción genera acercamientos a la realidad
y a partir de ellos una serie de descripciones que permiten a un observador
analizar los contenidos perceptuales, un ejemplo de descripción perceptual es
el siguiente: ... Vivo en un barrio que tiene mucho pasto, que tiene
cafetales, caminitos entre las casas y una quebrada que nos arrulla en las
noches para dormir, también muchos de nosotros jugamos en ella. Mi barrio se
llama Conquistadores, está ubicado en la ciudadela Cuba de Pereira. A los niños del barrio nos gusta mirar las luciérnagas
que por las noches bailan entre los cafetales y nos alumbra el cause de
nuestra cañada. La vida en el barrio es normal, jugamos con los vecinos
mientras no tengamos que estudiar y también hablamos, nos contamos historias,
algunas inventadas otras de verdad, también jugamos y aprendemos un poco más,
nos volvemos serios pal trabajo, cuando nos toca hacerlo y una vez con unos
amigos que llegaron al barrio y jugaron con nosotros nos inventamos formas
para poder decirles a los grandes del barrio lo que sentíamos de la vida,
porque también otros grandes nos visitaban, también decían que nos teníamos
que ir a vivir a otro barrio, nosotros no entendíamos mucho, pero sí sabíamos
que nos iba a ser falta la cañada, las luciérnagas, los caminitos y los
amigos grandes que ya no están. Con esos amigos grandes pintamos los postes del barrio
con mensajes de mis vecinos, mi hermano y yo, también pintamos, entonces,
dibujamos flores, líneas de colores, arcoiris y mariposas, ese día fue muy
bonito y les escribimos mensaje a nuestros papás, para que entre todos nos
tratáramos mejor, como dicen nuestros amigos: más suavecito, más suvecito, yo
la pase de chiras, al final terminamos hasta con la cara pintada y nos
divertimos mucho, otro día nos pusimos a hablar de lo maluco que era tener la
cañada sucia, que hasta eso nos podía enfermar, por eso unos días después con
todos los que vivimos por acá nos pusimos a limpiarla ¡sacamos tanta basura!
Era un montón, ¡qué desconsideración! Ahora todos los niños del barrio nos sentimos orgullosos
de lo que hicimos por el barrio, ojalá vuelvan nuestros amigos grandes para
que con ellos podamos hacer otros juegos y pasarla rico.(Fragmento escrito
por una niña de 8 años) Para que la percepción asuma un ´explicación
razonable´ requiere de un ejercicio de interacción social, donde el sujeto o
el colectivo tienen un punto de distanciamiento frente a los mapas
perceptuales construidos en la realidad. En un ejercicio comunicativo con
otros, se promueven interacciones que hacen posible crear nuevos ordenes y a
su vez mapas perceptuales con cambios significativos. La percepción del riesgo se ha convertido en los
últimos años en un campo de interés importante que ha permeado
primordialmente disciplinas como la psicología, la antropología y la
sociología, que se dedican a la reflexión sobre el desastre, el riesgo y las
connotaciones propias de la crisis. El punto básico de su reflexión está
centrado en la afirmación: "la noción de riesgo no está basada en
razones prácticas o en juicios empíricos, son nociones construidas
culturalmente que enfatizan algunos aspectos del peligro e ignoran otros. Se
crea, así, una cultura del riesgo que varía según la posición social de los
actores (Douglas,1996). La percepción como substrato de la re-creación de
la vida brinda un entorno conceptual que permite establecer estrategias de
aproximación a los sujetos individuales y colectivos. Las narraciones
encontradas, los tiempos y la apropiación sensoperceptual del espacio cobran
valor en cuanto cada acción propuesta puede establecer conexiones
perceptuales que no sólo se quedan en el campo de la representación sino que
asumen las decisiones frente a lo que se percibe. El otro, el que recibe la
acción empieza a ser un sujeto que puede explicarse y explicar el por qué si
o por qué no de su transformación. Los mapas perceptuales pueden encadenarse,
reorganizarse REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS 1. ANDERSON, M. 1993 Disaster Vulnerability an
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