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Documento:

LA PERCEPCIÓN DEL RIESGO EN LA RECREACIÓN DE LA VIDA
Una perspectiva teórica de la percepción y la pérdida como moduladores de la individualidad re-creativa Experiencia en la reconstrucción de la ciudad de Pereira

Autor:

HÉCTOR HERNANDO QUINTERO GÓMEZ
Fundación Vida y Futuro

Origen:

VII Congreso Nacional de Recreación - II ELAREL
Vicepresidencia de la República / Coldeportes / FUNLIBRE
28 al 30 de Julio de 2002. Cartagena de Indias, COLOMBIA.

 

 

 

 

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Ponencia

 

La Fundación Vida y Futuro fue la gerencia Zonal que administró la reconstrucción de la ciudad de Pereira. Contratada por el FOREC, ente creado por el Estado colombiano para administrar la reconstrucción de 28 municipios del Eje Cafetero afectados por un terremoto ocurrido el 25 de enero de 1999, fue la encargada de aplicar en la ciudad programas y proyectos en diversas áreas, que incluían: infraestructura, tejido social, vivienda, temporalidad, comunicación, economía, medio ambiente y salud.

El Programa de Salud Urbana fue el macroproyecto desarrollado por el área de salud de dicha fundación. En el la recreación, como ejercicio de aproximación y de construcción social, fue uno de los elementos fundamentales en las estrategias y actividades ejecutadas.

Luego de tres años de múltiples aprendizajes, reflexiones y haceres, la recreación cobró un significado diferente, ya que empezó a rondar los espacios de la individualidad creativa y re-creativa. Antes del proceso pensábamos que la recreación construía sociedad a partir de la interacción comunicativa y de la aproximación espacial. Ahora con las huellas de la experiencia y la profundización teórica en los conceptos de pérdida y de percepción, la recreación, en el caso específico del riesgo, la asociamos intrínsecamente con los mapas perceptuales que cada sujeto posee, es a partir de la re-creación de dichos mapas que el sujeto puede construir dualidad, luego organización y en lo posible el logro máximo de la pluralidad.

Este texto es un borrador que incluye algunos elementos teóricos de la reflexión hecha. Allí el riesgo se convirtió en una catapulta de comprensiones frente a la seguridad y el miedo intrínsecos en el ser humano.

 

El riesgo y la pérdida

Viviana es una niña muy bonita, simpática y con mucho mundo, me dijo: quiere un bolis. Yo le pregunté, ¿tiene plata? Y ella me contestó ¡No! pero espere un ratico. Y más o menos a los diez minutos volvió con dos bolis grandes, cada uno de $200 pesos. Viviana si usted tuviera plata qué compraría con ella. Pues cuando tengo le doy a mi mamá, me compro cosas y me gusta mucho chupar bolis y darles a mis amigas y a mis hermanitos, y cuando tengo mucha le doy plata a Chava y a Cesar. Empezamos a hablar y le pregunte por las cosas que hacía en las tardes, me dijo: yo me acuesto tarde porque me gusta la calle, además no me pasa nada y me levanto tarde, me baño y me vuelvo para la calle. Me gusta mucho el parque. Sabe por qué se llama así el parque. Yo le respondí que no. Me dijo, la Libertad es porque allá nadie controla a nadie, no tiene puertas, y todos somos amigos. En el parque conocí a mis amigas Keicol, Luisa, Briggid, Carmen, Yudi, Sandra y Natalia, que estamos casi todas las tardes juntas en el parque, nos parchamos los manes que están allá y después cada una se pierde, yo no se pa donde, pero no muy lejos, porque nos volvemos a ver las caras más tarde. Yo le pregunte a Viviana, ¿a usted no le gustaría estar estudiando bien juiciosa? Dijo, a mi no me gusta la escuela porque es cerrada y hay que cumplir un horario, hay que hacer tareas, aguantarse a los profesores cansones y a estos maricas que no se bañan oliendo muy maluco y con el calor tan hijueputa que hace en ese salón, yo voy a la escuela cuando quiero, y nunca me dicen nada, además el año pasado tuve un problema con un guevón de mi salón, porque me estaba cascando en la cara casi todos los días, entonces yo le conté a mi papá y el vino y lo cascó, también Cesar mi hermanito le dio duro, entonces a uno aquí le pegan estos maricas por nada. Profe me voy porque me están esperando, y yo le dije ¿para dónde va? Fue que me quede de ver con un man allí en la 14, y después me voy a dormir un rato, y por la noche estoy en el parque. (Proyecto Estación Galería. Diario de Campo, 2001)

Los lugares empiezan a mostrarse como el sustento de las acciones que vive la ciudad. Viviana es una niña de 10 años que habita en el sector de la Antigua Galería de la ciudad de Pereira, ese es su mundo, el espacio de realidad que ella día a día replica e inventa. Aparentemente está condenada a las deprivaciones y maltratos a los que la somete el entorno y sería fácil como observadores externos condenarla a las acciones salvadoras de la caridad. Viviana tiene la fuerza que le da su posibilidad de adaptación al territorio donde vive y convive, es precisamente en esa fuerza donde está el potencial que puede ser estimulado por la otra ciudad, por esos muchos hechos y experiencias de la producción cultural que le pueden permitir una elección con mayores posibilidades y aperturas, que la alienada existencia que hoy le demarca su entorno.

En Pereira los espacios marcan el tipo de relación que se tiene con la ciudad, en ella el lugar que se considera más riesgoso es la calle (Rueda, 2001). Al ser percibida como un escenario inseguro y no confiable la calle se convierte en la predicción de lo que puede generar pérdida, es un punto que suma los temores heredados y los miedos aprehendidos a través de los medios masivos de comunicación y de las narraciones que de boca en boca cobran a veces valor de leyenda. El peligro empieza a tener muchas formas, a veces cobra el rostro de un niño o el cuerpo de un mendigo, la imagen de un policía o la mirada de un malandro (malo) que se acerca con un lenguaje que indica su intención de buscar lo del otro, incluso su vida. En el lenguaje que se replica, peligro y riesgo no tienen un significado diferenciador, ahí, en el momento de los sucesos son casi la misma cosa, porque determinan en el sujeto una respuesta que acumula toda la historia de su vida... una respuesta que se antoja adecuada o inadecuada dependiendo de los resultados y de la evaluación que hagan los otros (transeúnte, vecino, autoridad, familia, iglesia, institución).

La inminencia de lo que cognitivamente se considera inevitable enmarca el sentido dado al peligro, sólo es peligroso lo que la cultura y la socialización delimitan como tal, lo que excede los límites tenues se torna confuso y poco aprensible para la sensibilidad y percepción del individuo y el colectivo. Por ello existen peligros, agentes de peligro, y ambientes peligrosos que al ser contactados sin el conocimiento del contexto pierden su carga simbólica. Igual se presenta el caso contrario, ante cierto numero de señales que se igualan con un referente previo se sobredimensiona la realidad del medio y se tiende a considerar peligrosa y por ende se toman acciones que ante los otros aparecen como excesivas.

En el juego de los estímulos brindados por el entorno, donde tienen un papel bien importante los medios de comunicación, la sensación de peligro es modulada por interpretaciones adicionales a la que tiene el sujeto, en muchos casos la modulación de los otros (sujetos e instituciones) es tan alta que la sensación de peligro sobrepasa la capacidad cognitiva del sujeto para dimensionar el contexto apoyado en datos confiables y verificables, las respuestas generadas están por encima o por debajo del umbral esperado. En el caso contrario, cuando la modulación desestimula la intensidad simbólica del peligro, a pesar de los datos verificables del entorno la respuesta es disímil frente a la realidad. Otro tanto pasa con la desensibilización ante al peligro, el caso de la muerte en Colombia es un ejemplo paradigmático. El nivel de respuesta de la población ante situaciones de peligro que se asocian con la alta probabilidad comparativa de morir por hechos de violencia es bajo. A pesar de que la tasa de muerte es de 76 por 100.000 habitantes, el peligro cotidiano de la ciudad se relaciona con la violencia como hecho genérico.

La muerte no se dimensiona como una probabilidad, los datos y los conocimientos existentes sobre el tema no son definitivos para las percepciones construidas por la población. No es el dato y estado de conocimiento el que determina la importancia perceptual de la muerte como peligro.

Acorde con Douglas se tiende a ignorar los peligros cotidianos comunes y se tiende a restar importancia a los peligros más infrecuentes y de baja probabilidad. Desde el punto de vista de la supervivencia de la especie, el sentido de inmunidad subjetiva es también adaptativo si permite que los seres humanos se mantengan serenos en medio de los peligros, que osen experimentar, y que no se desestabilicen ante la evidencia de los fracasos (Douglas, 1996).

El peligro sentido y percibido cobra así connotaciones particulares, a pesar de ser una construcción social, el nivel de intensidad está determinado por cada individuo y las diferentes áreas relacionales de este. La percepción singular del peligro lo convierte en una categoría inaprensible por si sola, pero la pregunta es ¿a qué está ligado el concepto de peligro y todo lo que el entraña?

Plantear de manera rápida que el peligro es una respuesta conductual nos dejaría en el camino de las rupturas, hecho frecuente en la elaboración de esquemas teóricos. Abordada la palabra mediante la utilización de su verbo (peligrar) se invade otra serie de áreas que difícilmente se podrían asumir en sustantivo. La diferencia entre lo eterno y lo perecedero radica en la perspectiva del observador y la magnificencia de lo referenciado. Para los seres humanos comunes una estrella es un algo extraño que se encuentra demasiado lejos y que juega como un complemento de las noches despejadas, para el poeta la estrella es la metáfora de lo anhelado y para el astrónomo es la estructura que guarda los secretos de la historia del universo. Pensar en el peligro generado por la muerte de una estrella sólo compete a los que tienen la formación y la información para que dicha idea sea posible. El sol como estrella local tiene una posibilidad de desaparición en 5.000 millones de años, pero esa cifra es tan extraña a la experiencia cotidiana que no se dimensiona, sólo es una curiosidad que está registrada en textos científicos y textos escolares. El peligro se asocia con la certidumbre de la existencia como un evento perecedero, ante la ausencia de la eternidad en el sujeto y el colectivo mismo se perpetúan las alarmas de supervivencia generadas por la evolución. La cultura aporta elementos adicionales, pero es la suma de naturaleza y crianza el producto de lo que la razón misma no puede explicar, a no ser que se reduzca a categorías impuestas por la línea de la razón.

El pánico es una respuesta de ansiedad extrema que sobrepasa la capacidad de contención y control del sujeto o del grupo humano que es expuesto a uno o más estímulos. La ansiedad pasa por muchos niveles hasta llegar al pánico que es la máxima expresión de respuesta humana ante una situación. El peligro ronda las fronteras de la ansiedad, de la puesta a punto del sistema nervioso para responder vegetativamente ante el agente que amenaza la integridad del espacio vivido (Ricouer, 1999). El peligro expresado en múltiples agentes empieza a conformar un cuerpo de presión sobre el sujeto, pero al compartirse la sensación y la percepción del mismo y evidenciarse que no existen respuestas de los otros, paulatinamente se genera una desensibilización que es asumida por el colectivo. En el caso de la realidad colombiana existe un muestra palpable de desensibilización ante las condiciones imperantes, lo cual no oculta la expresión de pánico larvado que brota en muchos de los actos colectivos que se viven y habitan en la cotidianidad de campos y ciudades. Un pánico colectivo adornado con un derroche de anomia compartida, de olvidos saturados de memoria, de esfuerzos permanentes por no aceptar que la locura en Colombia es un ejercicio compartido. Este cuadro permite que las decisiones presentes o próximas estén mediadas por intentos de fuga que en esencia son alucinantes ya que obedecen a una sensación y percepción alteradas, por ello es comprensible que en una época donde ya se cuenta con las herramientas para comprender y hacer el bien común, se propone el aniquilamiento de la vida y el cese de la libertad como derecho inalienable. ¿En un caso de pánico larvado, como es el colombiano, qué tanto se percibe el peligro de las decisiones tomadas? ... Entramos en el campo de lo qué es o no es el interés colectivo.

A diferencia del concepto de peligro, el riesgo brinda otro tipo de connotaciones, es una especie de campo de reflexión que necesariamente es traspasado por la previsión y la capacidad humana de proyectar. Como concepto general heredado de la lógica racional, cartesiana y econométrica su sentido está ligado directamente con el imperio de las ideas y los números. El riesgo per se no implica una respuesta neurovegetativa, no hace parte de lo que se siente en las entrañas y que incluso no se puede definir de manera clara. Tiene un sentido práctico mediado por la contrastación y la comparación con la realidad, a partir de ellas el sujeto o el grupo específico conceptualizan una probabilidad de... sucesos, daños y pérdidas. Luego de ello la respuesta depende de las condiciones para adaptarse, resistir o huir.

Quienes permanecen en esta galería de fuerzas (plaza de mercado), es porque han comprendido bien las normas y sobreviven de acuerdo a su capacidad para sortear las amenazas. Sentirse en riesgo es cometer faltas, sobrepasar los límites de lo prohibido, o arriesgarse a transitar por territorios ajenos. Aquí se juega principalmente la seguridad personal, expuesta por atrevimiento o desconocimiento de los límites. La enfermedad, la desnutrición, la desprotección sexual o el consumo de sustancias psicoactivas no representa ningún riesgo para la vida. Estas son situaciones y hábitos cotidianos sobre los que se reflexiona y que se soportan sin representar inconveniente alguno. Están ahí y no hay manera de evitarlos, hacen parte del modo de vida, de una necesidad psicológica para sentirse vivo, así como la promiscuidad, el hacinamiento, la violencia y el constante estrés (Proyecto Estación Galería, informe final. 2001)

Las intuiciones - aprendidas culturalmente - que guían nuestro juicio en cualquiera de nuestros campos de competencia nos enseñan suficientes principios de probabilidad, pero están ligadas fuertemente a la cultura. Todos nosotros estamos perdidos cuando nos aventuramos más allá del alcance de nuestras intuiciones culturalmente constituidas (Douglas,1996).

La cultura sin ser determinista propone unos límites para el umbral de riesgo y a partir de ellos se construyen los modelos de aproximación a la probabilidad de que las cosas se presenten o no. Ante la toma de cualquier decisión existe un riesgo inherente que se pude o no percibir acorde con el modelo utilizado por el sujeto o el colectivo. Ello significa que la percepción es posibilitada por el conocimiento convalidado por el contexto y sus actores.

La construcción de modelos analíticos de riesgos inicialmente estuvo ligada al juego, de forma paulatina fue incluida en los análisis de economistas y planeadores hasta convertirse en una categoría indispensable para ser tenida en cuenta en la toma de decisiones. De modelos intuitivos se ha pasado a modelos lógico racionales y entre estos últimos se encuentra una gran gama de modelos que fluctúan entre los determinísticos y lo probabilísticos respondiendo cada uno de ellos a los intereses de medición e información de sectores específicos de los grupos humanos.

En las bajezas diurnas y nocturnas del sector, lo indistinto, lo feo y lo ridículo, tienen su catadura. Hay que recorrer y traspasar los límites para conocer su alteración y comprender la urgencia de independencia en las personas. Hay una compulsión constante en gravar el sello, lo propio, por cada sujeto en cada calle. Quizá por ello a eso que le llamamos marginalidad tenga tanto colorido. Es una multiplicidad soberbia que brota de la basura reclamando la vida. Se vive con la franqueza brutal del desposeído tocando sin miramientos a los demás, no hay barreras que desmientan la cara de esta vida artificial. La visión sobre los días se aborda desde la desnudez al filo de la nada absoluta entre extraños sin importar si es lícito o ilícito lo que se adquiera o se conciba. El encanto de la danza de la muerte atrae con rabia a todo aquel que no le queda sino el último juego para vivir o morir.

Otrora la plaza de mercado era como las galerías de nuestras ciudades colombianas: un auténtico y vistoso mercado de alimentos, un sitio de encuentro para pobres y ricos, citadinos y campesinos, donde se establecían cadenas infinitas de intercambio. Era una isla de saludos y abrazos entre propios y extraños, entre parientes, amigos y recién llegados. Pero todo cayó en el olvido admitiendo sin recato en el trueque cotidiano, las ofertas que se avenían por los desequilibrios ciudadanos. No fue de la noche a la mañana que el deterioro físico social hizo cargo de la fachada de este lugar. Fueron años los que se necesitaron para dar espacio en pleno centro a la mueca tenebrosa que todos en la vida evitamos pero que inexorablemente algún día tenemos que enfrentar. ( Proyecto Estación Galería, informe final. 2001)

El riesgo no es un concepto asociado con el suceso específico, se puede abordar antes o después de que las cosas sean un hecho y se tornen tan evidentes que muchos sean espectadores de sus consecuencias o víctimas de sus efectos. El riesgo asumido como probabilidad de afectación o de pérdida, representa un proceso de interrelaciones que asume una forma específica de ver y comprender el mundo que se vive. Tan sólo unos años atrás el riesgo exclusivamente tenía significados particulares, cada territorio nacional o regional asumía unas condiciones de valoración que estaban ligadas a la propia historia y a lo que el entorno proponía, así la delimitación del riesgo tuviera un acercamiento semejante o cercano en los diversos pueblos, el resultado era diferente por el tipo de construcción social que permitía la reflexión sobre los alcances de los elementos que estaban en riesgo. En las culturas con arraigo exclusivo en las prácticas básicas de supervivencia (cultivo, caza, pesca, recolección) existía un ejercicio importante de definición y evaluación del riesgo, que tenía en cuenta las diferentes variables del contexto para determinar la posibilidad de pérdida en caso de tomarse X o Y decisión. El acercamiento al entorno tenía un alto nivel intuitivo que se probaba permanentemente en un proceso de acierto y error (Douglas) delimitando así la aceptabilidad que el grupo humano tenía frente al riesgo establecido o sospechado. La sequía, la inundación, la presencia de otros cazadores, la escasez de frutos, tallos o raíces, definían acciones que en primera instancia pretendían asegura la supervivencia del grupo.

El siguiente es un ejemplo cercano de la forma como se afrontaba colectivamente el riesgo: En los grupos nómadas australianos existía un comportamiento que a ojos de los exploradores ingleses resultaba moralmente deplorable, cuando un miembro del grupo empezaba a tener síntomas o signos físicos que le impedían seguir el paso de los otros, después de un esfuerzo significativo de algunos días, decidía apartarse del grupo para permitirle seguir con el ritmo adecuado de desplazamiento. El aborigen aceptaba que su condición atentaba contra la seguridad y posibilidad de supervivencia de los demás y por ello en un acuerdo cultural tácito, se apartaba para morir. Culturalmente ello requería la elaboración de una aceptabilidad conjunta de los elementos que pueden causar pérdida. Para un grupo nómada la demora en el tiempo de marcha aumentaba el riesgo colectivo, por ello permitir que un individuo abandonara la caravana se convertía en la mejor solución y la más aceptable.

Elaboraciones simbólicas como esta le da a los grupos humanos un marco de certidumbre que posibilita el devenir en márgenes aceptables. Los grupos nómadas australianos han construido una visión de la muerte que aplica a aquellos que son abandonados para morir, culturalmente ya están muertos y ello difícilmente cambia. Con facilidad podríamos escuchar voces que le restan valor a ejemplos de este tipo dado que se asocian con ploblaciones cargadas de mitos y rituales, que en apariencia son una secuela de la premodernidad y están amarrados con la acción tangencial de otros sujetos que a su vez reducen ostensiblemente el desgaste individual y grupal.

Con la intromisión de la razón, la ilustración y el desarrollo paulatino de la modernidad, los actos ritualísticos e intuitivos aparentemente perdieron su influjo quedando ligados a las costumbres y formas de actuación de grupos poblacionales sin acceso a los beneficios de la modernización, entre ellos: pescadores artesanales, agricultores minifundistas, intermediarios de alimentos, poblaciones sujetas a la producción de fuentes primarias, entre otros.

En los últimos cincuenta años del sigo XX con el rápido proceso de urbanización, las sociedades de supervivencia quedaron reducidas a puntos geográficos marginales y la relación histórica del ser humano mundial con la naturaleza sufrió un corte de tajo que dejó a los ciudadanos cargados de altísimas incertidumbres y desconocimientos frente a lo que significan las señales de la naturaleza. En las ciudades las formas de aproximación al entorno cambiaron sustancialmente. Elementos como el agua, el aire, la tierra, el fuego y el alimento quedaron en poder de cadenas de producción anónimas que no brindaron información sustancial sobre ellos. El ciudadano común tuvo poco conocimiento sobre las condiciones de su entorno, es en ese punto donde llenó su vacío de información disponiendo de los relatos que recogió de los medios masivos de comunicación y de las narraciones heredadas en su espacio de socialización. Con su ruptura histórica construyó pseudorelatos que le permitieron establecer límites de confianza frente a lo que representa la ciudad, sus peligros, sus zonas de protección y sus lugares de paso. A pesar de habitar ciudades con un ideario de masificación social, los grupos humanos constituyeron guetos sustentados en los intereses de protección, cooperación y supervivencia. Allí en cada sector de la ciudad se consolidaron formas estéticas de ver, entre otros: la ciudad misma, la relación con el entorno, el impacto de las leyendas colectivas, la gobernabilidad, el acceso a los medios de producción y de decisión y la construcción de reglas y de mitos integradores. Para el caso puntual de los riesgos y el desastre, la complejidad de la cultura urbana cobró valor al constatarse que las respuestas de sectores específicos de la ciudad eran disímiles frente a otros. El desastre y el riesgo no se asumieron como una sola unidad, las respuestas dejaron entrever modelos de aceptabilidad que obedecen a construcciones marcadas por la cultura (Douglas). Un hecho si quedó evidenciado como respuesta general: los habitantes de la ciudad habían perdido la sensibilidad y la capacidad de reconocer las señales de su entorno natural.

En los 90 el riesgo ingreso a las viviendas, y en las prioridades de la sociedad civil de algunos países latinoamericanos. En realidad había estado allí, pero con nombres y formas de comprensión asociadas con las cosas que se hacen todos los días. No estamos hablando del riesgo conceptualizado que permite el establecimiento consciente de modelos y diseños, hablamos de las acciones del sentido común que permiten a los sujetos apostarle a la toma de decisiones. Al entrar en la vida de los seres humanos en su estado de cotidianidad, el riesgo asumió las características propias de los individuos, generándose en ellos una forma de representar pero igualmente una forma de decidir ante el agente visible o invisible que tiene la capacidad de influir fuertemente en el estado presente de las cosas.

La recreación, percepción de la vida

Es fácil extraviarse en el sentimiento de indignación que genera el drama ajeno, más si dicho drama está enmarcada en la vivencia de un sujeto monstruoso que en el lenguaje de la páginas judiciales de cualquier periódico colombiano es señalado como una amenaza social. El extravio puede tener otra ruta, una que conduce a la reflexión unívoca de la sociedad como un generador de jóvenes que matan y mueren. En esta aproximación los jóvenes son sujetos vulnerables o mas bien sujetos vulnerados por las condiciones creadas por el modelo social y cultural.

Para el caso expuesto en el fragmento del parcero muerto, la diferencia social entre amenaza y vulnerabilidad se encuentra en un límite que está ligado a las percepciones, a la forma como el sujeto lee e interpreta a través de diferentes mapas cognitivos para dar respuestas la información que recibe. Catoriadis (1987 ) en su crítica a la ontología heredada, basada en el determinismo aristotélico, propone "la sociedad fabrica los individuos que son ella misma. Ellos piensan y hacen lo que la sociedad es, y lo que se piensa y se hace no debe salirse de lo establecido e instituido. Si un nuevo pensamiento irrumpe, amenaza la sociedad, abre la posibilidad de otra sociedad y otro sujeto".

El parcero muerto

"Quiero volver a tener un parcero como el que tenía.

El chino lo mataron muy miserablemente

y yo mantengo con la espina del que lo mato...

Pero yo no me preocupo

porque tarde que temprano las va a pagar también con la vida,

así como se la quitó al chino

El chino no era un santo, porque pa`qué no lo era,

pero era un pelado callado

como yo y los otros parceros

que mantenían juntos pa`arriba y pa`abajo

y pa`las que fueran.

Todos los parceros del parche lo recordamos

Y nos da rabia porque no pudimos estar con él en ese momento.

Cuando nos pasa algo, que alguien se marea,

pensamos en él y decimos:

"lástima que el parcero no este aquí

Hubo un día en que el parcero compró un perro pero no lo pagó,

entonces, el dueño mantenía ofendido,

a los días el perro apareció envenenado,

y el chino de ofendido encendió el perro a puñaladas

y le mochó las orejas y las colgó en la pieza.

El chino se dio la farra ese día y dijo:

el que me haya matado el perro le quiebro la cabeza o le tiro una granada.

El chino pagó servicio porque estaba muy caliente

y cuando regresó lo mataron.

Eso es lo que más duele,

saber que el parcero de toda la vida lo mataron.

(Fragmento relato proyecto: crecimiento personal y prevención de situaciones de riesgos a través de la utilización de herramientas de comunicación alternativa. 2000).

Las percepciones están ligadas a modelos de pensamiento que tienen su asiento en las necesidades históricas de las sociedades, especialmente de los que las dirigen o las utilizan. Un ejemplo interesante de esta afirmación es la transformación del concepto de tiempo. Las primeras formulaciones del concepto de tiempo lineal se hicieron en el siglo XVII pero sólo fue hasta el siglo XIX que se tornaron hegemónicas, ello debido a múltiples cambios sociales, económicos y políticos que afloraron en esos dos siglos. Las sociedades de Europa y Asia del primer milenio asumían que los dioses eran los dueños de la vida humana, por ende las cosas estaban dadas y cada quien era y tenía lo que merecía. En este escenario la idea de tiempo progresivo no era viable y el tiempo se asociaba más con sucesos y hechos cíclicos.

La percepción de un sujeto con un entorno que se construye, piensa y siente exclusivamente a partir del tiempo cíclico no asume como mapa posible la transformación de la riqueza, el poder o de las cosas dadas, sus significaciones se dan sobre otros fenómenos que están más cercanos a los cambios cíclicos de la naturaleza y de los entes biológicos, para su caso ya los dioses han determinado el fin de los tiempos y la existencia no compite... cada hecho novedoso ya está escrito y hace parte del plan de Dios. En la percepción del sujeto con tiempo lineal el poder de la transformación está en el ser humano, no existe una condena histórica y el cambio es infinito y progresivo ( Halpern, 1992 ).

Reconociendo que las descripciones de los tipos de tiempo no son taxativas, si sirven de ejemplo para mostrar como el mapa perceptual cambia drásticamente dependiendo del contexto. Lo interesante de este ejemplo esta en comprobar que en la vida cotidiana existen diferentes percepciones del tiempo que se subducen o se aplican dependiendo del suceso o de la situación. Para Halpern los sujetos del presente están acostumbrados a ver el tiempo de cuatro formas: reiterativa y cíclica, unidireccional y progresiva, como agente destructivo y como agente creador.

Aunque el tiempo no es nuestro tema si tiene connotaciones interesantes para hacer algunas reflexiones ante el significado de la percepción y cómo los sujetos se relacionan con el entorno dependiendo del mapa de tiempo que se tenga.

Volviendo al contexto de la percepción humana, existen también los lineamientos morales del entorno histórico y cultural, que en si son pistas significativas que han permitido a cada nicho humano conformar unos moldes que son su referente y espacio de seguridad. Estos lineamientos que son producidos y reproducidos por la socialización se sitúan en la piel social de cada individuo.

Un grupo de jóvenes del barrio Simón Bolívar (Pereira. Colombia) ha sido marcado por las huellas de la socialización primaria y secundaria que en cada individuo ha actuado de tal manera que hoy acerca a los jóvenes bajo unos condicionantes de convivencia. Su socialización, con ausencia franca de instituciones religiosas y escolares que brinden marcos y límites, con familias desestructuradas y figuras de autoridad ausentes y con una influencia determinante de los medios de comunicación, se construyen entre ellos con lo que pueden tomar del entorno, son una especie de grupúsculo que no está cobijado por el sentido colectivo y eso les impone establecer sus propios límites (Campbell). Algunas de sus características son:

Los jóvenes se sienten protegidos por sus grupos naturales, sus edades oscilan entre 11 y 22 años, con escolaridad media, ya que la mayoría sólo tienen la primaria completa, son jóvenes con mucho tiempo libre, algunos son consumidores de droga, usan con más frecuencia la marihuana y la cocaína. Están desempleados y se les ve muy frecuentemente en las esquinas del barrio reunidos alrededor de una conversación sobre su cotidianidad, anécdotas y relatos de sus rumbas. De sus mayores aficiones es salir del barrio, recorrer otros lugares ya que no les gusta hablar de su entorno, lo rechazan y se expresan del el en palabras soeces, como "el hueco", "la hoya", "el mierdero", pero tienen expectativas con el nuevo barrio, donde serán reubicados, de alguna manera están tranquilos por este hecho y tienen anhelo de salir pronto. Sus lugares de recuerdo con respecto a la ciudad son muy remotos, casi desconocidos, no tienen ningún tipo de referencia sobre esta, una marcada marginalidad que se siente desde el espacio pequeño, desde donde se encuentran en la esquina del barrio, un lugar sórdido, donde nadie se sentaría para recrear con otros o compartir un rato de ocio( Proyecto RAI, 2000 ).

Para estos jóvenes o para cualquier otro grupo humano, el colectivo constituye la base de las reflexiones y los haceres y es a través de el que se expresa la percepción sobre lo otro, sobre los otros. Mi percepción cobra valor si es reconocida por el otro, sea para diferenciarse de ella o para asumirla. Es en ese intercambio que el individuo reconoce su mapa mental y lo contrasta, lo que permite conservarlo o cambiarlo de acuerdo con el valor y significación de los mapas de los otros que de todas maneras deben tener una fuerte relación con el mío. En efecto la percepción construye barreras y aperturas simbólicas que en un plano externo pueden parecer inexistentes, incluso irracionales. Pero es precisamente este el punto donde la percepción como hecho tangible de la psiquis humana escapa del dominio exclusivo de la lógico racional para asumir el discurso de la historia y la cultura, embebiéndose en un marco de estímulos que incluye afecto, intuición, mito, ritual, lenguaje y movimiento. Por eso no sólo a través de la mirada cartesiana es como se pueden explicar las construcciones perceptuales, se encuentran allí hilos invisibles que requieren de una coyuntura comunicativa para poder entretejer signos y significados que en el intercambio y la escucha cobran lentamente sentido y coherencia. Es la relación del tu percibes, yo percibo, ellos perciben, la que permite que se entienda que en la piel social humana existe una polifonía que debe ser decodificada con respeto y rigurosidad para así comprenderla y comunicarla en un ejercicio de colectividad.

Acorde con la teoría del metamodelo (Bandler y Grinder, 1989) la percepción social humana se logra de forma básica a través de tres canales o frecuencias que son específicos para cada persona y que pueden ser conformados de manera grupal dependiendo de los aprendizajes y los estímulos recibidos en el proceso de crianza. Los tres canales o tipologías de conexión con la realidad son: sensoriomotor, visual y auditivo. Cada sujeto tiene una predisposición que conjuga la naturaleza y la crianza, si la persona o grupo es sensoriomotor la forma perceptual más fuerte se logra a través de la corporalidad, allí los receptores de movimiento, presión, posición y temperatura juegan un papel preponderante y las respuestas ante el entorno son filtrados a partir de los mismos, no se puede olvidar que existe un componente cortical de dichos receptores y eso hace que las representaciones somatotopicas funcionen acorde con la posición e interconexiones neuronales que tenga la zona de representación, en el caso de lo sensoriomotor dichas conexiones incluyen sistema límbico y cerebelar, lo cual le da un componente vegetativo importante a las respuestas brindadas por este tipo de sujetos, el sistema límbico igual tiene una alta densidad de conexiones con lóbulo derecho donde se modula el la capacidad afectiva.

En los sujetos con un componente visual dominante las zonas cerebrales más activas se encuentran en lóbulo occipital con conexiones frontales y temporales, la participación de sistema límbico es mínima dado que la mayor actividad de asociación neuronal se concentra en lóbulo frontal izquierdo y en ambos niveles prefrontales . Ya esto determina una diferencia significativa entre ambas tipologías (sensoriomotor y visual).

La tercera tipología es la auditiva, obedecen a ella los componentes neuronales de audición y equilibrio, establece conexiones principales con lóbulo temporal y corteza prefrontal. Estos sujetos centran su canal de comunicación en los efectos sonoros y la forma como estos se emiten, estamos hablando de tonalidad, volumen, timbre e intensidad.

Como se ha esbozado, en la misma instancia biológica existe para los individuos una marcada diferencia en los canales de contacto con las cosas de la vida.

Si nos quedáramos en la formulación de Bandler y Grinder (1989) sería razonable proponer que existen verdades perceptuales que una gran colectivo puede asumir de manera conjunta sin lograr matices diferentes entre sus integrantes... existen otras versiones. Acorde con los hallazgos de Edelman (1985) la plasticidad cerebral es alta y eso impone un tipo de apropiaciones perceptuales sustentadas en la diversidad.

La cultura potencializa el substrato biológico heredado, en una interrelación con el territorio, los múltiples contextos de socialización y la cualificación de receptores y canales comunicativos. No sólo son los receptores biológicos y los flujos neuronales per se los que determinan el tipo de estímulo que ingresa. El peso de la cultura (12.000 años de utilización de instrumentos para el cultivo, 6000 años de civilizaciones conocidas y guerras narradas, 4000 años de surgimiento y caída de Estados, 3900 años de religiones controladas por una casta sacerdotal, 2500 años de filosofía, 2000 años de monoteísmo y religiones humanizadas, y un sinfín de realizaciones humanas que dan cuenta del presente, el pasado y el futuro) delimita un matizado de percepciones que dificulta la generalización y la suposición de percepciones comunes a todos.

En un discurso culturalista la racionalidad científica surgida en el siglo XVIII y potencializada en el siglo XX es la que favorece el desconocimiento de las percepciones de las culturas o subculturas no dominantes. Para los ingleses la etnología permitió el conocimiento de culturas africanas y asiáticas. Bajo el modelo de observación ingles, que obedecía a una ejercicio cultural donde sajones y normandos habían consolidado a través de los años un ejercicio de imperio y colonización, se generó un manto de misterio sobre prácticas o rituales encontrados en otras latitudes, se tendió a generalizar dichos comportamientos buscando teorías o modelos que dieran respuesta a las deficiencias de las otras culturas. El ideal era la cultura inglesa, todo lo diferente a lo hegemónico y central (el imperio) era sinónimo de atraso. La percepción quedó reducida al colectivo militar, académico y nobiliario que definió propuestas para el manejo de las naciones que estaban bajo el dominio imperial. La tendencia universalista aquí reflejada ha sido parte del engranaje de la ciencia y del capitalismo, por ello la percepción de unas ciencias naturales con explicaciones universales fue trasladada a las ciencias sociales. Los modelos cartesianos de la física fueron puestos al servicio de los modelos de población.

En lo cotidiano la práctica y el uso cultural se explica bajo una racionalidad que crea mediciones y comprensiones que por si solas dan cuenta de los múltiples procesos humanos.

En este parangón universalista las investigaciones y desarrollos teóricos logrados en el siglo XX dejan un margen importante de duda sobre los relatos únicos. Los adelantos en los estudios de conducta, terapia familiar sistémica, neurociencias, cibernética, membranas biológicas, fenomenología, comportamiento, grupos humanos, desarrollo humano e inteligencia artificial han permitido darle otra dimensión a la percepción.

La cultura como constructo social diversifica la posibilidad perceptiva, en ella la influencia del entorno ecológico, los ambientes y los estímulos heredados son marcadores de los múltiples canales de percepción que delimitan los haceres humanos.

Si bien es cierto que la biología determina en primera instancia el ser - hacer humano, es en últimas la cultura la encargada de generar hechos cognitivos que crean plataformas de acercamiento a la realidad. Surgen así los mapas cognitivos que son engramas biológicos mediados por la cultura, ellos funcionan a manera de estructuras representacionales donde la información tiene efecto permanente de reconocimiento. Aquella información que no es afín es desechada mediante procesos de olvido. Aparece así el tema de la memoria como capacidad para reconocer la información, claro está, la información se asocia en alguna de las plataformas dependiendo de la afinidad que esta última tenga con los mapas del sujeto y con la influencia que el medio externo tenga en él y la posibilidad o no de cambio que este último puede producir en el engrama cognitivo.

El ser humano tiene la capacidad de organizar el mundo que lo rodea, conformando unas categorías generales y específicas que se traducen en los haceres propios de la vida. Quizá ciertas habilidades cerebrales tengan mucho que ver con esto. A diferencia del modelo de una memoria con ubicación espacial y estructural delimitada, Edelman (1985), al evaluar procesos de selección inmunológica propuso que el cerebro funcionaba como un sistema selectivo donde el aprendizaje obedecía a un proceso de selección. Su propuesta se basó en tres gruesas afirmaciones:

 Durante el desarrollo del cerebro en el embrión se forma un· modelo sumamente variable e individual de conexiones entre las células cerebrales.

 Después del nacimiento en cada individuo se fija un modelo de· conexiones neuronales, pero se seleccionan ciertas combinaciones de conexiones, en detrimento de otras, como consecuencia de los estímulos que el cerebro recibe a través de los sentidos.

 La selección ocurrirá especialmente en grupos de neuronas que· están conectadas en hojas, o mapas, y dichos mapas se ´hablan´ entre si para crear categorías de cosas y sucesos.

Con el precepto de que los embriones humanos no se desarrollan de partes preformadas, Edelman propone que las neuronas responden y se especializan de acuerdo al momento específico del estímulo biológico y ya en el caso de la convivencia social a pesar de contarse con estructuras definidas, estas se comportan más como un punto límite, como diseño general, lo que favorece un umbral permanente de especialización ante estímulos externos repetitivos. Para darle peso biológico a su afirmación, Edelman estudio las moléculas de adhesión de células (CAM). Estas moléculas son las que establecen los límites de crecimiento y desarrollo de las células, son una especie de cemento que permite unir una célula con otra. Pues bien, lo que encontró tuvo una relación directa con sus postulados, el tipo de adherencia de las CAM estaba determinado por el grupo de células que envían señales para que los genes produzcan determinados tipos de CAM, así es como se forman grupos que lindan con otros, y cada uno sin interferir en el otro termina especializándose. En general todo depende del tipo de estímulo que genera la formación del grupo de células y a su vez cómo este grupo envía la señal al gen para que produzca el CAM. Lo que no hace diferente la morfología cerebral entre los seres humanos es que a pesar de los estímulos específicos en cada embrión, estos en general siguen un orden biológico ya existente.

De este hallazgo se desprende la formulación de que los grupos neuronales están dispuestos en mapas que se comunican interactivamente entre si creando categorías de las cosas, las cuales se reclasifican dependiendo del tipo de estímulo, su frecuencia y fuerza. En el caso de un estímulo sonoro este puede ser categorizado como ruido, música, voz o agresión, entre otros.

"Los mapas favorecen crear clasificaciones que permiten al animal actuar de forma adecuada, el medio ambiente en el que se encuentra un animal cambiará, naturalmente, y por tanto las categorías perceptivas también han de cambiar. Pero esto es precisamente para lo que mejor sirven los mapas múltiples: se interacciona y se reclasifica la información permanentemente" (Rosenfield). De acuerdo con la teoría de Edelman cada persona es única y sus percepciones obedecen a un acto de imaginación y creación. Es en el lenguaje que esta posibilidad se potencializa porque los mapas perceptuales se comparten construyendo acuerdos colectivos sin perder la individualidad. Esta propuesta compromete mucho más la visión humanística de la percepción, dado que se entra a interactuar con sujetos que tienen una multiplicidad de mapas cognitivos que les permite adaptativamente hacer cambios y modulaciones en sus percepciones... es la esperanza de una sociedad sin condenas biológicas, diferente a lo que hasta ahora se ha promulgado

Para Ricoeur (1998) el sujeto se encuentra condicionado por un espacio vivido, que es el propio cuerpo como extensión de los órganos, y que se experimenta en los haceres del cuerpo y en las sensaciones de alegría y sufrimiento que se desplazan por el espacio. Lo otro y el otro son el lugar que está fuera del espacio vivido, cuando ese espacio se comparte, se torna común, se llena de cosas que tienen un lugar y se explora activamente surcando caminos practicables y obstáculos más o menos superables. Dicho espacio es el habitable, donde se definen las cosas de la vida y los haceres compartidos. Permite, entonces, establecer las huellas materiales que son la referenciadas en la memoria.

Funcionalmente la memoria se asocia con tres tipos de procesos, los de corto plazo, largo plazo y la memoria implícita. Como ya se ha planteado dichos procesos obedecen a a mapas interactivos que conforman un gran campo de reconocimiento que está mediado permanentemente por la selección de objetos perceptuales. Allí se da una dinámica permanente de procesos de apertura, cierre, recordación, olvido, contrastación y asociación. El proceso de corto plazo, llamado también memoria de trabajo es al que se debe la percepción del tiempo, por ello es el que le brinda unidad y continuidad a la experiencia consciente, "incorpora igualmente la evaluación expresa y el razonamiento explícito, con la capacidad de proyectar prerrepresentaciones sobre el futuro y de controlar la ejecución de la tarea"(Changeux, 1998). La información que maneja es frágil y el olvido es rápido, aproximadamente a los 20 segundos de obtenida la información ya se ha perdido el 70% de la misma. La memoria de largo plazo está formada por huellas estables que son alimentadas y retrotraídas por la memoria de trabajo, su utilidad se centra en la capacidad de manejar gruesos paquetes de información. La memoria implícita permite al ser humano desarrollar capacidades de aprendizaje apoyadas por la repetición, sustenta las actividades de la vida cotidiana por medio de los conocimientos prácticos, ejemplo: la habilidad para conducir un automóvil.

La percepción es una propiedad cognitiva que permite al ser humano recibir en mapas específicos lo que el entorno le brinda, dichos mapas están asociados con otros mapas que manejan la sensibilidad y la construcción de conceptos. Es en la interacción donde la percepción influye drásticamente en la elaboración de prejuicios, que no pasando por la explicación racional y la ponderación de elaboraciones razonables impelen al sujeto para que tome decisiones y ejecute acciones que dan respuesta pronta y en muchos casos repetitiva a los estímulos del entorno.

La percepción genera acercamientos a la realidad y a partir de ellos una serie de descripciones que permiten a un observador analizar los contenidos perceptuales, un ejemplo de descripción perceptual es el siguiente:

... Vivo en un barrio que tiene mucho pasto, que tiene cafetales, caminitos entre las casas y una quebrada que nos arrulla en las noches para dormir, también muchos de nosotros jugamos en ella. Mi barrio se llama Conquistadores, está ubicado en la ciudadela Cuba de Pereira.

A los niños del barrio nos gusta mirar las luciérnagas que por las noches bailan entre los cafetales y nos alumbra el cause de nuestra cañada.

La vida en el barrio es normal, jugamos con los vecinos mientras no tengamos que estudiar y también hablamos, nos contamos historias, algunas inventadas otras de verdad, también jugamos y aprendemos un poco más, nos volvemos serios pal trabajo, cuando nos toca hacerlo y una vez con unos amigos que llegaron al barrio y jugaron con nosotros nos inventamos formas para poder decirles a los grandes del barrio lo que sentíamos de la vida, porque también otros grandes nos visitaban, también decían que nos teníamos que ir a vivir a otro barrio, nosotros no entendíamos mucho, pero sí sabíamos que nos iba a ser falta la cañada, las luciérnagas, los caminitos y los amigos grandes que ya no están.

Con esos amigos grandes pintamos los postes del barrio con mensajes de mis vecinos, mi hermano y yo, también pintamos, entonces, dibujamos flores, líneas de colores, arcoiris y mariposas, ese día fue muy bonito y les escribimos mensaje a nuestros papás, para que entre todos nos tratáramos mejor, como dicen nuestros amigos: más suavecito, más suvecito, yo la pase de chiras, al final terminamos hasta con la cara pintada y nos divertimos mucho, otro día nos pusimos a hablar de lo maluco que era tener la cañada sucia, que hasta eso nos podía enfermar, por eso unos días después con todos los que vivimos por acá nos pusimos a limpiarla ¡sacamos tanta basura! Era un montón, ¡qué desconsideración!

Ahora todos los niños del barrio nos sentimos orgullosos de lo que hicimos por el barrio, ojalá vuelvan nuestros amigos grandes para que con ellos podamos hacer otros juegos y pasarla rico.(Fragmento escrito por una niña de 8 años)

Para que la percepción asuma un ´explicación razonable´ requiere de un ejercicio de interacción social, donde el sujeto o el colectivo tienen un punto de distanciamiento frente a los mapas perceptuales construidos en la realidad. En un ejercicio comunicativo con otros, se promueven interacciones que hacen posible crear nuevos ordenes y a su vez mapas perceptuales con cambios significativos.

La percepción del riesgo se ha convertido en los últimos años en un campo de interés importante que ha permeado primordialmente disciplinas como la psicología, la antropología y la sociología, que se dedican a la reflexión sobre el desastre, el riesgo y las connotaciones propias de la crisis. El punto básico de su reflexión está centrado en la afirmación: "la noción de riesgo no está basada en razones prácticas o en juicios empíricos, son nociones construidas culturalmente que enfatizan algunos aspectos del peligro e ignoran otros. Se crea, así, una cultura del riesgo que varía según la posición social de los actores (Douglas,1996).

La percepción como substrato de la re-creación de la vida brinda un entorno conceptual que permite establecer estrategias de aproximación a los sujetos individuales y colectivos. Las narraciones encontradas, los tiempos y la apropiación sensoperceptual del espacio cobran valor en cuanto cada acción propuesta puede establecer conexiones perceptuales que no sólo se quedan en el campo de la representación sino que asumen las decisiones frente a lo que se percibe. El otro, el que recibe la acción empieza a ser un sujeto que puede explicarse y explicar el por qué si o por qué no de su transformación. Los mapas perceptuales pueden encadenarse, reorganizarse

 

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