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Ponencia |
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RESUMEN Este artículo tiene por
objetivo mostrar el recorrido histórico de la animación cultural en el
Brasil, desde los diálogos teóricos establecidos al respecto y las
experiencias de intervención llevadas a cabo. Con ello, busca identificar los
principales desafíos para la profundización en las discusiones sobre la
animación cultural. Finalmente concluye con que las temáticas del ocio y de
la animación cultural en los últimos 20 años se han tornado cada vez más una
preocupación, así como avanzan las iniciativas para la reflexión teórica de
la materia y el número de experiencias concretas de intervención. Se puede
decir además, que son enormes los desafíos por venir y muchas las acciones y
tareas a encaminar para volver cualitatívamente superiores nuestra
comprensión y nuestra capacidad de intervención. Se sugiere que para el
Brasil, una de las dimensiones importantes en este proceso de construcción es
el contacto con las experiencias desarrolladas en otros países, tanto de
América Latina como de Europa. Congresos como este son fundamentales para
contribuir a nuestro avance y esperamos que sea un paso concreto en lo que se
refiere al establecimiento de una red eficiente de colaboración. En el Brasil, las primeras
iniciativas de intervención relacionadas a la animación cultural parten de
las preocupaciones por el ocio que tiene la población de las grandes
ciudades, cuyas primeras manifestaciones suceden en el último cuarto del
siglo XIX. Tales preocupaciones pueden comprenderse en el contexto de dos
eventos históricos. Uno es el surgimiento de las primeras organizaciones obreras,
donde entre sus reivindicaciones pioneras estaba la reducción de la jornada
de trabajo. Desde las primeras huelgas, los trabajadores pasaron a luchar por
mayor tiempo libre del trabajo, a la manera de lo que ocurría y ocurriría en
Europa. La verdad es, que el contexto creciente de industrialización
paulatinamente introduce al país en un movimiento semejante al del continente
europeo. Además que el propio
contexto de la modernización de la sociedad brasilera, observable desde
mediados del siglo XIX, contribuirá a darle importancia, para las ciudades en
crecimiento, a los momentos de la vida festiva. Podemos identificar una
búsqueda paulatina de los espacios públicos y una organización creciente del
mercado de diversiones, inicialmente con el teatro y posteriormente con el
deporte y el cine. Algo similar a aquello que ocurriera en Europa durante el
periodo conocido como Belle Époque[1]. En aquel
momento, el ocio no era en todo caso todavía comprendido como un campo
académico y de intervención profesional. Tales perspectivas solamente se
desarrollarían a partir de la década de 1920, cuando algunos profesionales,
influenciados por la experiencia norteamericana y europea, comienzan a
preocuparse con mayor profundidad y a proponer estrategias para una mejor
organización de los espacios de ocio en algunas ciudades, notablemente en
Porto Alegre (dirigidas por Frederico Gaelzer), en São Paulo (implementadas
por Nicanor Miranda), y un poco más tarde en Río de Janeiro (con el Servicio
de Recreación Obrera, dirigido por Arnaldo Sussekind)[2]. Esas experiencias delinean los inicios
de la animación cultural en tierras brasileras. Las primeras “Plazas de Deporte” y “Centros de
Recreos” surgieron en la transición de las décadas de los 20 y los 30 del
siglo XX, en el contexto del control de los espacios públicos de las ciudades
que fue llevado a cabo, proceso que venía en desarrollo desde el fin del
siglo XIX. En aquel momento, las actividades “recreativas” eran entendidas
como maneras de mantener la salud y recuperar la fuerza de trabajo,
dimensiones importantes para un país que se industrializaba y sentía los
impactos del proceso, principalmente en la organización de las ciudades que
crecían rápidamente y de forma desordenada. No por casualidad hubo una fuerte
acogida y una gran oferta de actividades físicas, considerándose lo más adecuado
para los propósitos de la época. En el Brasil, los autores pioneros de las
reflexiones sobre animación cultural (entendida en aquel momento como
“recreación”), la entendían como una buena solución para minimizar los
problemas desencadenados por la modernidad, pudiendo intervenir en la salud y
en la higiene de los habitantes. Eran críticos con relación a las
enfermedades sociales, pero no con relación a las injusticias sociales que
las ocasionaban, bastándoles administrar un remedio eficaz que “enmascarase”
los síntomas: las “actividades recreativas”. Una visión, en últimas,
funcionalista, de adecuación, no para la superación efectiva del problema. Siendo así, rápidamente se
estableció un fuerte vínculo con el profesional en Educación Física, visto
como aquel que poseía la formación más adecuada para actuar en el campo de la
“Recreación”, que por entonces se estructuraba. No es entonces por casualidad
que durante muchos años este fuese el profesional que comúnmente actuara en
el campo del ocio, una dimensión de acción todavía usual en nuestros días y
fácilmente identificable por la presencia constante de disciplinas
relacionadas con la práctica en prácticamente todos los cursos de formación
profesional del área de Educación Física[3]. Vale la pena destacar que en ese momento también pasamos a convivir
con dos nomenclaturas: “recreación” (una influencia norte-americana) e “ocio”
(“lazer” en portugués) (una influencia europea). Esta doble definición
persiste hasta nuestros días, normalmente siendo utilizada, el primer término
para designar el conjunto de actividades y el segundo para abordar el
fenómeno social. Curiosamente, la utilización del término y del concepto de
animación cultural es todavía, en nuestro país, reciente y carente de
estudios y comprensiones más profundas. El problema está en que
históricamente fue construida una restricción del término “recreación” en
torno a un conjunto de actividades (juegos, diversiones, etc.),
empobreciendo la comprensión del fenómeno del ocio y restringiendo las posibilidades
de intervención pedagógica de la animación cultural a un simple ofrecimiento,
sin pretensiones, de tareas para pasar el tiempo. Solamente en los últimos 20
años tornose más común el criticar tal restricción y frecuentes otras
estrategias de intervención que amplíen el sentido pedagógico de la animación
cultural. En aquel momento histórico
(décadas de 1920 y 1930), otro campo de intervención mostró entonces sus
preocupaciones con las “actividades recreativas”: el primer segmento escolar,
aquel que abarca los niños menores que entran al colegio, una vez más se
estableció un fuerte vínculo con A partir de aquel instante comienzan a verse de manera enfática las
actividades de “recreación” como las más adecuadas para Es con el desarrollo de
las preocupaciones por la animación cultural (en el Brasil restringidas a la
cuestión de la “recreación”), que comenzaron a surgir disciplinas
específicas, en los cursos de pregrado en Educación Física, y los primeros
libros sobre el asunto, tentativas pioneras por teorizar y constituir un
campo académico más sólido. En las décadas de los 40 y 50 estos libros
estaban en general colmados de juegos, una práctica que persiste hasta
nuestros días, o de tentativas de teorización en relación con la psicología.
Surgen también los primeros cursos de profundización y extensión, lo cual
demuestra cómo aumentan las preocupaciones por un abordaje profesional,
siendo el foco primordial de reflexiones. En ese recorrido podemos
identificar algunos problemas que de alguna forma todavía persisten hoy: a)
una perspectiva de comprensión de las actividades de ocio/animación cultural
como remedio y corrección de los problemas de la sociedad “moderna”; b) en
función del contexto social y del origen de la formación de muchos de los
profesionales (Educación Física), una valorización excesiva de las
actividades físicas, cuando el campo del ocio/animación cultural es por
cierto mucho más amplio; c) la no consideración de las diferencias que
existen entre las actividades para ser aplicadas en la escuela y fuera de
ella, notoriamente a partir de la adopción de la noción de “recreación”; d)
una mayor importancia al simple hecho de enunciar las actividades y por el
contrario poca comprensión acerca de la importancia de las referencias
teóricas que permiten llevar a cabo una intervención cualitativamente
superior[4]. Es solo al final de la
década de 1960 y en el transcurso de la década de 1970 que las discusiones
sobre ocio y animación cultural se amplían y tornan más frecuentes, tanto en
las instituciones académicas como en el ámbito de las organizaciones
gubernamentales. El ocio comienza a ser considerado un fenómeno social de
gran importancia y paulatinamente a ser encarado como un derecho social, como
cualquier otro. Además, las experiencias de Educación Popular, comunes a
partir de aquel momento, acaban por evidenciar los límites de las
consideraciones anteriores y a exigir una nueva postura frente a la animación
cultural. En el ámbito de las
universidades se organizan grupos de investigación, eventos científicos, se
escriben artículos y libros sobre la temática, desde diferentes áreas de
conocimiento (entre las cuales se pueden destacar las iniciativas desde las
Ciencias Sociales, Además de ello, se debe
destacar la tendencia de tratar el asunto de forma más crítica. Esto es, no
se trata ya de ofrecer un conjunto de actividades para simplemente pasar el
tiempo, lo que acaba contribuyendo a la alineación del individuo ante el
orden social. Se trata de percibir que tenemos una poderosa herramienta de
intervención para la búsqueda de la construcción de un nuevo orden social,
más fraterno e más justo. En las instancias del
gobierno, vemos surgir las primeras iniciativas para la elaboración más
estructurada de políticas públicas, así sea todavía de manera tímida y muchas
veces perpetuando determinadas imprecisiones conceptuales, como su
disociación del forum de la cultura y su vínculo directo con los lineamientos
del deporte. Esto sin hablar del hecho que las secretarías ligadas con la
temática normalmente reciben menos recursos, como si todavía persistiese una
rígida jerarquía de las necesidades humanas. Curiosamente entre gobiernos
conservadores y progresistas vemos equívocos en las políticas públicas
relacionadas al ocio y a la animación cultural, aunque sea en el campo de la
izquierda donde encontramos los mayores avances y perspectivas de
intervención En las décadas de 1980 y 1990, además de la
continuidad de la organización del campo académico y del perfeccionamiento de
las experiencias de intervención en animación cultural, vemos el delineamiento
definitivo en el Brasil, aunque todavía embrionario, de iniciativas para la
organización de una “industria del ocio y el entretenimiento”, como ya
sucedía en otros países del mundo. Notoriamente podemos identificar el
incremento de las preocupaciones con el turismo, la consolidación del deporte
como poderoso producto de negocios, el fortalecimiento del mercado cultural
ligado a las diversas manifestaciones artísticas, el aumento del poderío de
los medios de comunicación, el rápido (aunque desordenado) incremento del
mercado de los parques temáticos. En lo
referente a los museos, cines, teatros y todo equipamento artístico, vemos
que en el Brasil también crece la profesionalización de su administración y
la organización de grandes eventos, siendo cada vez mayor la preocupación
económica por dicho mercado. Es importante también destacar que el Brasil ya
es reconocido como parte del gran mercado internacional de cultura, habiendo
llamado la atención de conglomerados multinacionales que paulatinamente se
han instalado en el país. Se estima que la industria
cultural brasilera ha movilizado en el año de 1998 aproximadamente R$ 6,5
billones (cerca del 1% del Producto Interno Bruto) y que en el 2000 más de
2500 empresas invirtieron en cultura. Solamente en el Estado do Río de
Janeiro, tal sector movilizó 3,8 % del producto interno bruto (PIB), habiendo
movilizado, en 1999, R$ 5,1 billones, recogiendo más ICMS (impuesto sobre
circulación de mercadurías) que las industrias tradicionales como la de
química y la de alimentos. No es de sorprender entonces, el resultado de una
consulta de La cuestión está en que
ese mercado y esas oportunidades se han desarrollado de manera bastante
selectiva, solamente accesible en su plenitud a una pequeña porción de la
población. El desafío mayor parece ser conformar estrategias que permitan y
estimulen a los estratos excluidos de la población brasilera a tener acceso a
tales bienes culturales, uno de los desafíos mayores y más apremiantes para
pensar en la animación cultural en el Brasil[5]. ¿Cómo se delinea hoy, en nuestro país, el campo de
iniciativas para el ocio y la animación cultural? Podemos trazar un panorama
a partir de sus elementos constitutivos. En lo referente a grupos de
investigación, en los últimos 10 años se estructuraron mejor y como actores
colectivas que se dedican al estudio de diversos aspectos ligados al ocio y a
la animación cultural en la sociedad. Hasta el momento, tenemos cerca de 50
grupos registrados en el Consejo Nacional de Pesquisa (CNPq), involucrando
305 investigadores de los más diferentes niveles (desde académicos hasta
doctores), siendo que 37 están organizados en instituciones públicas y los 14
restantes en instituciones privadas. Si analizamos su
distribución por regiones brasileras, veremos que la concentración está en
las regiones del Sudeste y el Sur: 78% del total (54% en la primera y 24% en
la segunda). Los otros grupos están distribuidos con un orden del 18% en el
Nordeste y el 2% tanto para la región Centro-Oeste como para la región Norte.
Percibimos una gran concentración de investigaciones en las regiones más
ricas del país, siendo un desafío difundir los estudios en aquellas regiones
menos desarrolladas económicamente. Podemos
también identificar que más de la mitad de los grupos están en las facultades
o los departamentos de Educación Física. Otra parte significativa está
organizada en las facultades de Pedagogía (en muchos casos también liderados
por profesionales oriundos de Me gustaría
resaltar que en el registro de cada grupo, el coordinador indica
palabras-claves que identifican su organización. Fue posible percibir que en
realidad, para algunos de estos grupos la temática del ocio no es la de
principal interés, pero sí ocasionalmente discutida. Igualmente en las líneas
de investigación de algunos grupos no fue posible encontrar referencias
explícitas al tema. La verdad es
que tenemos en el Brasil cerca de 15 grupos específica y exclusivamente
organizados para estudiar, investigar e intervenir el campo del ocio y la
animación cultural. Un número todavía pequeño si consideramos la importancia
que la temática posee y si tomamos en cuenta que ya existen muchas
estrategias de intervención en desarrollo, notoriamente en comunidades de
baja renta. La animación cultural ha sido señalada como una de las
principales herramientas de intervención social y experiencias bastante
interesantes han sido implementadas, pero todavía carecemos de un número mayor de estudios. En lo
que se refiere a asociaciones científicas, no poseemos en el Brasil, alguna
específica y exclusivamente dedicada al ocio y/o animación cultural. Sin
embargo, en el ámbito del Colegio Brasilero de Ciencias del Deporte (CBCE),
entidad científica que congrega interesados en discutir
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[1] . Mayores
informaciones en: NEEDELL, Jeffrey D. Belle
Époque tropical. São Paulo: Companhia das Letras, 1993; e MELO, Victor Andrade de. Cidade Sportiva. Rio de Janeiro,
Relume-Dumará, 2001.
[2] . Mayores
informaciones en el estudio: WERNECK, Christianne Luce Gomes. Significados de recreação e lazer no Brasil:
reflexões a partir da análise de experiências institucionais (1926-1964).
Belo Horizonte: UFMG, 2003. Tesis de Doctorado.
[3] . Mayores
informaciones en: MELO, Victor Andrade. Lazer e Educação Física: problemas
historicamente construídos, saídas possíveis – um enfoque na questão da
formação. In: WERNECK, Christianne
Luce Gomes. Lazer e Educação Física.
Belo Horizonte: Autêntica, 2003.
[4] . Mayores
informaciones en el estudio: MELO, Victor Andrade de; FONSECA, Ingrid Ferreira.
El profesor de Educación Física y su actuación en el area del tiempo libre:
relaciones históricas y problemas contemporáneos. Revista Nexo, Montevidéo, n.171, 1997.
[5] . Mayores informaciones en el estudio: MELO,
Victor Andrade de Lazer e Minorias Sociais. São Paulo: Ibrasa, 2003.
[6] . Mayor
información, en el estudio: MELO. Victor Andrade de; ALVES JUNIOR, Edmundo de
Drummond. Uma introdução aos estudos do
lazer. São Paulo: Manoele, 2003.
[7] . MELO.
Victor Andrade de; ALVES JUNIOR, Edmundo de Drummond. Uma introdução aos estudos do lazer. São Paulo: Manole, 2003.