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Documento:

LA SENSIBILIZACIÓN HACIA EL HABITANTE DE CALLE, BRIGADAS Y COMUNIDAD DESDE LA LÚDICA COMO ESTRATEGIA DE UN PROCESO DE INCLUSIÓN SOCIAL

Autor:

ANDREA LILIANA ORTIZ G. [1]
COMFENALCO

Origen:

VIII Congreso Nacional de Recreación
Vicepresidencia de la República / Coldeportes / FUNLIBRE
27 al 29 de Mayo de 2004. Bogotá, D.C., COLOMBIA.

 

 

 

 

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Ú   Uso apropiado
del Documento

 

Ø Ponencias del Congreso

 


Ponencia

Introducción

Los ciudadanos que habitan en las calles representan una cifra de aproximadamente 14.000 personas a nivel Bogotá, los cuales conforman un subgrupo que comparte una cultura, una identidad y un estilo de vida común, que por sus características son considerados diferentes a los demás. Esta población es considerada erróneamente como disfuncional o marginal, por lo tanto este trabajo pretende desdibujar esa imagen que se ha elaborado entorno al ser humano que habita en la calle sensibilizando a la comunidad y a los que habitan en las calles, por medio de estrategias lúdicas que fomenten la interacción y la convivencia ciudadana. La Psicología comunitaria pretende la transformación social en pro del beneficio colectivo, por lo tanto este proceso de sensibilización parte de los ciudadanos que habitan en las calles, las instituciones corresponsables y los brigadistas que intervienen directamente con la problemática. Para abordar una comunidad se debe partir de la empatía y el grado de acercamiento entre los actores para luego realizar un conocimiento de la misma, descubriendo sus costumbres, lenguaje, estilo de vida entre otras. En este caso, la lúdica se utilizó como una herramienta que facilitó el acercamiento con los ciudadan@s que habitan en la calle y a su vez permitió consolidar elementos que forman parte del gran concepto comunidad: interacción, cultura común, pertenencia.

 

Palabras claves: habitante de calle, Lúdica, Comunidad, sensibilización, cultura, pertenencia, interacción.

 

DESCRIPCIÓN DE LA PROBLEMÁTICA

 

La indigencia o exclusión social es un problema inherente a las grandes urbes. Bogotá no está exenta de esta situación y cuenta con un número aproximado de 8.000 o más personas en estas condiciones, según estadísticas del DANE ( 2001).

Actualmente este dato se ha reevaluado según los contactos realizados por Bienestar Social, donde la cifra se aproxima a unas  14.000 personas en estado de exclusión, es decir que viven habitando en la calle. Así mismo, esta cifra aumenta considerablemente por las consecuencias del desplazamiento ocasionado por la violencia que conlleva a que las poblaciones rurales se dirijan hacia las grandes urbes.

La población habitante de calle se multiplica, nacen generaciones con las mismas carencias de sus padres, sin una atención oportuna que les ofrezca otras opciones de vida.

Manejan el miedo o la solidaridad a su antojo, al igual que las normas y leyes. La intimidación es uno de sus argumentos, de Sus herramientas ya sea para lograr la solidaridad social o para infundir temor en la ciudadanía. Esta problemática incluye a la comunidad entera, la cual mantiene un concepto superficial e inhumano hacia el habitante de la calle desconociendo las causas reales que conllevan a estas personas a permanecer en esta situación y recaer en sus intentos fallidos de inclusión y reeducación social. De tal manera que a partir del conocimiento de su cotidianidad, de su percepción del programa al que asisten permitió    generar un proyecto que involucrara a la comunidad afectada por la problemática de habitabilidad en la calle en pro del beneficio y mejoramiento de la calidad de vida en el habitante de calle dentro de su microcontexto y en el macrocontexto, en este caso la localidad.

La existencia del habitante de calle en Bogotá es un fenómeno que se remonta al siglo XVI. Según una investigación realizada por la Cámara de Comercio de Bogotá (1997), en 1565 se le pidió autorización al Rey de España para crear un refugio de madres desamparadas. Pasaron casi ochenta años antes de que se otorgara la licencia y se construyera la casa para expósitos y recogidos, albergue que más tarde fuera trasladado a la plaza de San Victorino, lugar donde hoy en día se mantiene como vecino el Cartucho, Zona donde los habitantes de la Calle se han ido reuniendo durante los últimos veinte años.

El 1761, ante el aumento de la población indigente, producto del movimiento migratorio hacia Bogotá, el Virrey Pedro Mecí de la Zerda creó la casa de los pobres. Esta institución creció rápidamente y al cabo de los años se dividió y se ubicaron los hombres y las mujeres aparte. En 1774 se fundó el real Hospicio, que le daba albergue a unos cincuenta niños y a doscientos adultos pero se calcula que para la época, la población de indigentes en Bogotá llegaba a las quinientas personas, es decir el 3% de la población.

En 1810 los hechos que siguieron al grito de la independencia llevaron a que el hospicio real tuviera que arrojar los niños a las calles, siendo este el prólogo para la existencia de los chinos de la calle, fenómeno que progresó al punto que cuando en 1858 se reabrió el hospicio en las calles de la Capital, ya se había consolidado la existencia de las galladas y pandillas de los muchachos como una forma de autodefensa en las calles. Muchos fueron los esfuerzos de los ciudadanos para ayudar a estos Chinos de la calle; así llamados. Se crearon fábricas de betún como opción para capacitarlos como emboladores. Esta estrategia funcionó hasta que los sindicatos prohibieron el ejercicio del oficio para quienes no estaban afiliados.

Como consecuencia los Chinos de la Calle se vieron en la necesidad de derivar su sustento de otras actividades, incluso delictivas.

A propósito de la creación de un nuevo lugar en donde darle asilo a los habitantes de calle, el Cronista José maría Cordobés Moure en 1881 escribió: ¨Al principio tropezaron con la casi imposibilidad de recluir algunos de los centenares de chinos vagabundos entregados a los vicios mas repugnantes, vestidos de andrajos, durmiendo les cogía la noche, ejerciendo la ratería en todas las formas y lo peor, esparciendo el letal contagio con los muchachos que no saben para donde vienen ni para donde van ¨.

En 1883 el lugar al cual se hizo referencia en el apartado de Cordobés Moure, pasó a manos de la Beneficencia de Cundinamarca dirigida por las hermanas de la Caridad. Durante la primera mitad del siglo XX la realidad del habitante de Calle en Bogotá no varió mucho en relación con tiempos anteriores. Hacia los años cincuenta, cuando las diferencias partidistas se polarizaron y como consecuencia se descuidaron las instituciones de beneficencia, el fenómeno se repuntó, sumándose a el una cantidad de viudas y huérfanas producto de la guerra.

Muchas fueron las instituciones que se crearon en el siglo pasado para atender a la población indigente, pero en 1967 se construyó el instituto de Protección de la niñez y la juventud IDIPRON. Y durante la administración de Carlos Lleras Restrepo, mediante la ley 75, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar ICBF; dos entidades dispuestas a explotar caminos terapéuticos y pedagógicos para atender a la población de la calle (Cámara de Comercio de Bogotá, 1997).

En Bogotá esta problemática se ha convertido en una de las de mayor importancia, debido a la cantidad de violencia, desempleo y el consumo de sustancias psicoactivas. A demás del crecimiento de migrantes atraídos por una oferta de mejor calidad de vida, de empleo, que finalmente termina envolviéndolos en un círculo de vicios, hambre y pobreza absoluta. Esta situación ha generado el desarrollo de sectores suburbanos y marginales, carentes de los más elementales servicios sociales, con altos índices de desempleo, es decir, grupos con graves dificultades económicas que terminan viviendo en estado de indigencia y alta vulnerabilidad social. Optando por hacer del espacio público su lugar de residencia, convirtiéndose desde luego en habitante de calle.

 

DELIMITACIÓN

 

Existen gran variedad de programas que apuntan a la reinserción social de los habitantes de la calle, a partir de una postura religiosa, clínica o estatal.

Para el interés de este proyecto se hará énfasis en el programa adelantado por el Departamento Administrativo de Bienestar Social DABS, mediante el proyecto 7312 y el convenio 001 con la Alcaldía Local de Chapinero

A partir de los datos arrojados y en miras de la misión del DABS ¨ ejercer acciones de prevención para la población que además de sus condiciones de pobreza, se encuentra en riesgo de desatención, en abandono o exclusión social en el distrito capital, el DABS se propuso iniciar una intervención, con una gestión proactiva, es decir saliendo a la calle, para entrar en contacto con su dinámica, sus códigos y así poder desarrollar las estrategias de acuerdo con la realidad que allí se vive. De ahí que la primera fase de intervención del proyecto 7312 sea brigadas de acercamiento en calle y se decidió, también, aumentar su cobertura abarcando una población de 22 a 59 años, con la cual se propuso establecer el perfil, para comprender su naturaleza y así poder determinar las normas para el ingreso al programa.

 Se diseñaron para ello cuatro etapas, la primera, brigadas de acercamiento a habitante de calle, la segunda es la atención transitoria, la tercera corresponde a la atención especializada y la fase cuatro que es la de inserción social y laboral del habitante de la calle.

Las cuatro fases de intervención al habitante de la calle tienen su fundamento en la problemática de la población en mención, anteriormente, se brindaba atención a través de ONG con experiencia en fármaco dependencia y no a la problemática del habitante de la calle. Hoy se asume esta función de manera institucional con un equipo interdisciplinario profesional y de operadores que se han ido especializando en la atención a este tipo de población. Para coordinar el programa se creó la gerencia de Exclusión social, y para lanzar los proyectos se diseñó el formato de propaganda de vive bien o alo bien por la vida.

Guiados por la misión y a la vez orientados por el principio de construir sobre lo construido, que primó en la formulación del plan de desarrollo BOGOTÁ para VIVIR TODOS DEL MISMO LADO, liderado por el Alcalde Mayor Antanas Mockus Sivickas el DABS ha estructurado su que hacer a través de una serie de proyectos 2001-2004, según la población (edad ) en situación vulnerable y los grados en que los mismos promueven niveles de INCLUSIÓN SOCIAL; siendo esta una relación entre el estado y la ciudadanía, en donde el primero debe convertirse en garante de los derechos, sobre todo de los de poblaciones más vulnerables, pero también supone que los sujetos y la sociedad son responsables del desarrollo de la ciudad y por lo tanto han de promover igualmente esta inclusión.

La población con la que se realizó el presente trabajo, corresponde a la primera fase de contacto hacia el ciudadan@ habitante de calle dentro del proceso de intervención en el proyecto 7312 del DABS.

 
JUSTIFICACIÓN

 

Existen diferentes causas que propician la habitabilidad en la calle, según datos publicados en la Serie Bienestar Social 2000: Causas socioestructurales: pobreza extrema, violencia intrafamiliar, abandono, desintegración del núcleo familiar, abuso sexual, migración del campo a la ciudad y desplazamiento.

Por razones personales: búsqueda de espacio para lograr que el anhelo de libertad sea real y efectivo, autodeterminación e inducción. Consumo de alcohol, drogas entre otros y por razones culturales: la calle como opción de vida.

Este particular modus vivendi ha excluido socialmente al habitante de calle, llevándolo a construir su propia identidad, a configurar un grupo social por fuera del resto de la comunidad dentro de la cual carecen de identidad, presentando problemas de comportamiento que denotan un proceso de autodestrucción. Así mismo, dentro de los estilos de vida del habitante de la calle, se han generado inconvenientes de convivencia ciudadana, propiciando un mercado ilegal de expendio y consumo de droga, protagonizando episodios que aumentan el índice de violencia e inseguridad de Bogotá.

En al calle, como se nombró anteriormente, se ha ido construyendo una cultura, una manera de sobrevivir, de pensar en la vida, de relacionarse con el entorno, de tal manera que se logre sobrevivir cotidianamente. Así mismo, se aprecia el deterioro y la miseria en la que los habitantes de la calle viven, así como las opciones que desde allí pueden generarse para construir una propuesta de vida en condiciones de dignidad y justicia. En este sentido, no se pretende cambiar el contexto del ciudadano habitante de calle y de la sociedad en general, sino se busca constituir una relación correspondida y recíproca entre el individuo y su ambiente, en este caso entre el ciudadano que habita en la calle y el contexto donde convive, conformado por la sociedad civil y el entorno que lo rodea. De tal manera, que se ajuste su estilo de vida al medio en pro del beneficio común. A su vez, se pretende descubrir al ser humano que habita en la calle, para que a partir de esas características individuales se logre conformar comunidad.

Como los proyectos sociales dependen en buena parte de la empatía entre los actores, del grado de confianza desarrollado entre las partes, se ha propuesto la lúdica como herramienta la cual tiene su razón de ser en las cualidades y características humanas individuales y en las dinámicas prediseñadas. La realidad de la calle no es homogénea es diversa y dinámica y como tal diversas pueden ser las estrategias y múltiples las actividades (MdM, 2000).

En el proyecto, la lúdica es la estrategia de sensibilización y de acercamiento hacia los ciudadanos habitantes de calle teniendo en cuenta que esta, forma parte de las necesidades del ser humano. En este aspecto Max Neef (2000), hace referencia es al ocio, el cual es una necesidad según las categorías axiológicas descritas en su libro ¨Desarrollo a escala Humana ¨, por lo tanto al ser involucrada esta necesidad se va a contribuir al bienestar del ser humano y será elemento de apoyo en la inclusión, todo con el único fin de trabajar hacia la construcción de convivencia en comunidad.

La población habitante de calle de la Localidad de Chapinero, la cual es el eje de abordaje para este trabajo, se encuentra en una alto nivel de crecimiento y vulnerabilidad social debido a su condición frente a una serie de riesgos y por otro lado a un bajo nivel de activos y control sobre sus recursos, por lo tanto, esta población lo que hace es buscar generar ingresos e insumos útiles y vitales de la manera más rápida posible, en este caso haciendo presión sobre sentimientos de solidaridad y caridad de los demás o buscando aquello que necesitan en lugares donde se lo puedan llevar con o sin permiso.

Las personas atendidas a través del proyecto de acercamiento al ciudadano habitante de calle reciben inicialmente un servicio que busca suplir sus necesidades básicas (alimentación, aseo) y un espacio de atención para su recuperación y reinserción social.

Su asistencia a este centro se limitaba a suplir las necesidades primarias como recibir un refrigerio, almuerzo y servicio de aseo y baño, de tal manera, que se ha intentado acomodar un espacio que permita suplir una necesidad aún más apremiante, la asistencia personal y social.

Este espacio pretende abordar los siguientes ejes; Convivencia e integración social, la interacción y las emociones y Cultura ciudadana (lúdica, arte, deporte y formación).

Estos ejes se desarrollarán a través de estrategias lúdicas que garanticen un mayor y eficaz aprendizaje por parte del ciudadan@ habitante de calle. Ahora bien, la efectividad y resultados de estas estrategias se reflejan en el No de habitantes de calle provenientes de el CED JUAN XXIII que están en este momento asistiendo al CAT o al Hogar de Paso y el comportamiento sobresaliente que reporten estas instituciones del Grupo de ciudadadan@s habitantes de calle egresados de JUAN XIII.

Así mismo, dentro del proyecto 7312 dirigido por el Departamento Administrativo de Bienestar Social, se encuentra un grupo soporte que presta atención básica a los ciudadan@s habitantes de calle de Bogotá.

Su labor está focalizada en los siguientes ejes:

-   Georefrenciación de parches y cambuches.

-   Contactar Habitantes de Calle en su habitat

-   Identificar sus dinámicas

-   Motivar su ingreso a servicios sociales y propiciar el inicio de su proceso de cambio.

-   Acercamiento a los parches y cambuches para ofrecer asistencia social.

Para el ejercicio de su labor, los Brigadistas realizan recorridos de contacto y acercamiento para interactuar con los habitantes de calle, proporcionan espacios de mayor afluencia de habitante de calle en cada localidad ofreciendo servicios de alimentación, baño y limpieza básicos, así como un encuentro y dialogo traducido en remisiones al Hogar de Paso y al CAT.

Si bien es cierto, la labor del brigadista es eje central dentro del proceso de reinserción social, dado que realizan el primer contacto con el Ciudadan@ habitante de calle, supliendo las necesidades básicas de este grupo de personas a nivel distrital y a su vez son promotores de los procesos de inclusión. En este sentido, el perfil del brigadista puede abarcar más que la sola cobertura asistencial, es decir su función debe ser integral, tanto asistencial como Formadora y educadora.

Es así, como se pretende capacitar a los brigadistas en el manejo y diseño de talleres dirigidos a la población Habitante de calle a partir de estrategias lúdicas que motiven a procesos de inclusión social. Por medio de este proceso de capacitación el Brigadista podrá fortalecer su labor y optimizar la efectividad del programa.

           Por último, las instituciones que forman parte de la Localidad y que de alguna manera se encuentran involucradas con la problemática pueden contribuir a mejorar las estrategias de inclusión. Es así como se realizará un acercamiento a este sector con el fin de sensibilizar ante esta problemática.

           De tal manera que el campo de acción de la psicología comunitaria, enfocada hacia la problemática de la habitabilidad en la calle, puede ser un punto de partida a la transformación social enmarcada dentro de la convivencia y la equidad.

 

OBJETIVO GENERAL

 

Sensibilizar, informar y orientar a la comunidad involucrada dentro de la problemática de la habitabilidad en la calle, mediante procesos lúdicos psicosociales con el fin de facilitar la inclusión  del habitante de calle con la localidad.

 
OBJETIVOS ESPECÍFICOS

 

Brindar elementos básicos de convivencia al ciudadan@ habitante de calle, mediante estrategias lúdico pedagógicas para mejorar la relación comunidad y habitante de calle.

Fortalecer a los brigadistas en el manejo de temas para que complementen su labor, formándolos a nivel de crecimiento personal y desarrollo integral. Contribuyendo en el proceso de inclusión social.

Realizar un acercamiento con las instituciones involucradas en la problemática de habitabilidad en la calle, como estrategia de sensibilización para la inclusión social.

Contribuir al mejoramiento del programa de acercamiento al ciudadan@ habitante de calle planteando algunas propuestas a parir del acercamiento y contacto con el ciudadano que habita en las calles.

 

MARCO REFERENCIAL

 

Es indispensable conocer algunas definiciones, características y conceptos referentes a la habitabilidad en la calle, para luego continuar con un análisis del aspecto lúdico y su apoyo en la inclusión, todo con el único fin de trabajar hacia la construcción de la convivencia en comunidad.

La Habitabilidad en la Calle es un fenómeno producido entre otros, por la marginalidad social, debido a la falta de oportunidades y que el problema de la drogadicción pesa en el proceso de asentamiento de las personas en la vida en calle.

 La marginalidad es más un producto de la pobreza y la falta de oportunidades que genera la exclusión social. Para algunos autores la marginación, la ausencia del papel político, económico, cultural y social, ya no es un problema de clases o grupos sociales, sino que se ha convertido en una situación que afecta a zonas y países de grandes regiones del mundo (especialmente Africa y Latinoamérica). Países enteros se han convertido en afuncionales para el sistema y para el crecimiento económico, quedando totalmente desenganchados (AES, 2000).

Así mismo la marginalidad es definida como la forma de estar al margen del desarrollo del país, la no-participación en el ámbito económico, social, político y cultural. Los marginados para los desarrollistas son los campesinos e indígenas, los habitantes de los barrios y villas de las grandes ciudades, que tienen este origen y reproducen en la ciudad su cultura y modos de vida atrasados (Tovar Torres, 2000).

Las personas que viven en la calle, son excluidas socialmente, entendiendo exclusión como el término que Procede del verbo latino “excludere”[2], que significa echar a una persona o cosa fuera de un sistema cerrado o fuera del lugar que ocupa. En el campo socioeconómico, la exclusión es un concepto reciente. Algunos lo consideran como un producto propio del nuevo modelo tecnoeconómico.

Pablo Nguyen (1996), plantea que “cada sociedad y cultura tienen mecanismos propios de exclusión. Existen además motivos individuales y responsabilidades personales que conducen a ello. No obstante, jamás se asiste a un proceso de exclusión socioeconómica tan masiva y dramática como el de esta época de transformación tecnológica y mundialización de mercado”.

Nelly Tovar (2000), afirma que la exclusión se relaciona con los pobres y con grupos poblacionales específicos: prostitutas, homosexuales, enfermos de SIDA o crónicos, minusválidos, expresidiarios, mendigos, habitantes de calle, alcohólicos, drogadictos, quienes “rompen con el ideal de persona” construido por una sociedad que persigue el éxito, la juventud, el dinero, la belleza, la autosuficiencia, el uso tecnológico.

 Es usual la asimilación del término marginalidad con el de exclusión, aunque pareciera éste último tener connotaciones más dramáticas. En Colombia, en los últimos gobiernos y desde diversos estamentos socio-académicos, se ha querido llamar la atención sobre el fenómeno de la exclusión como un comportamiento socio-cultural colombiano generalizado. El llamado invita a establecer nuevas pautas de interacción y convivencia conducentes a la construcción de tejido social, reconociendo un contexto nacional pluricultural, pluriracial, diverso y dinámicamente heterogéneo

  A este sector de la población cada quien lo llama a su manera de acuerdo con el grado de conocimiento y acercamiento que tenga quien los observa. Para algunos son: gamines, ñeros, caminantes, desechables, drogadictos, mendigos, indigentes y habitantes de la calle. Los adultos entre los 22 y los 59 años en estas en condiciones son la población objeto por parte de la Alcaldía Mayor a través del programa de atención al habitante de calle, que dirige el DABS, mediante proyectos como Atención al habitante de la calle 7151 y brigadas de acercamiento en calle 7159, correspondientes al plan de acción de 1998- 2000 en el marco del plan de desarrollo (Bienestar Social, 2000).

El estilo de vida del habitante de calle se califica como disfuncional, carente de muchas condiciones para una vida digna, pues presenta niveles elevados de alcoholismo y drogadicción, así como de prostitución, maltrato y explotación infantil y en general conductas que atentan contra la tranquilidad y seguridad ciudadanas (Bienestar Social, 2000).

En este sentido, Max Neef (2000), se refiere a las necesidades como carencia y potencia de tal manera que el sentido de las necesidades trasciende solo lo fisiológico y se caracterizan porque movilizan y motivan a las personas. Estas necesidades se organizan dentro de categorías axiológicas o existenciales.

La categoría existencial encierra el ser, tener, hacer y estar. La categoría axiológica vincula el ocio, la subsistencia, la protección, el afecto, el entendimiento, la creación, la participación, la identidad, la libertad. Se satisfacen o colman según las posibilidades que el medio ponga a disposición. Es aún mas adecuado referirse a vivir y realizar las necesidades, teniendo en cuenta la taxonomía que representa un soporte para encontrar diversos satisfactores o formas de realizar una necesidad, según el contexto que quiera ser analizado.

Lo cual indica, que entender al ser humano a partir de sus necesidades como potencia y carencia, facilitaría los procesos de interrelación, pertenencia y cultura común que conforman el concepto de comunidad que según Sánchez Vidal (1996), son los elementos mínimos para distinguir este concepto de otro.

 Dentro de este proceso de realización de necesidades, el ciudadano que habita en la calle ha optado por conformar un estilo de vida que opera dentro de su hábitat.

Los habitantes de calle son una realidad cultural, una subcultura de nuestra desarticulada sociedad, en la cual tienen sus propias leyes, tradiciones, costumbres y una lógica de vida. Son nómadas dentro de la jungla de cemento, se desplazan y ubican en cualquier parte de la ciudad. ¨ Se organizan por parches o grupos ubicados en un lugar específico, compartiendo una identidad, normas y ciertos objetivos de grupo ¨.[3]

Se desplazan por los principales corredores viales, practicando la mendicidad, trabajos informales como cuidar carros, limpiar vidrios, cargar y descargar mercancías, consumo de droga, el atraco y el hurto calificado (Bienestar Social,2000).

Según García Suárez (1998), en su investigación social sobre la indigencia, gran parte de la vida de un parche actúa bajo los tiempos de espacio y ocio. En la noche los jóvenes tienden a PARCHAR es decir, encontrarse en las esquinas o en los parques para hablar y compartir sobre lo que se tiene planeado hacer o lo que se ha hecho anteriormente.

En las tardes se dedican a JUGAR, lo cual realizan después del almuerzo, donde los muchachos organizan partidos de microfutbol, algunos lo acompañan con un JOINT o KENKE (cigarrillos de marihuana) para hacer más emocionante el partido, en ocasiones se dedican al juego de la cajita[4].

En las mañanas lo COLINOS o consumidores habituales de sustancias psicoactivas, salen a comprar marihuana o bazuco y lo fuman en el camino o en algún parque cercano. Al medio día cuando se encuentran con el parche vuelven a fumarse tres o cuatro baretos en el lugar del parcheo.

En cuanto al licor a diario se consume gran cantidad de esta bebida o del Chamberlain[5]. Los fines de semana buscan sitios para rumbear como bodegas, garajes, lugares amplios que les permita moverse o se reúnen con su parche para realizar el atraco callejero (García, 1998).

 Estas actividades forman parte del estilo de vida del ciudadano que habita en la calle, las cuales a demás de satisfacer una necesidad potencial en el ser humano como es el ocio, contribuyen a la integración momentánea en el ciudadano habitante de calle.

Dentro de su cotidianidad, se destaca la actividad catalogada como ¨La sopla¨ que incluye la marihuana de característica alucinógena y el bazuco de carácter estimulante.

El bazuco[6] es la droga que mayor numero de adeptos ha ganado entre los habitantes de calle, el cual se obtiene durante la elaboración de la cocaína tomando el extracto de crudo de las hojas de coca, a lo cual le agregan gasolina roja o blanca, amoniaco, kerosene, éter, acido sulfúrico, permanganato de potasio, soda cáustica y para aumentarlo o rendir su volumen le mezclan talco, harina de plátano, ladrillo molido etc. Adquiere un olor tan especial que despierta de inmediato en el adicto el deseo de fumar. Algunos lo combina con marihuana y lo llaman maduro con queso. Se convierte en una droga poderosamente adictiva, ya que produce un efecto más fuerte que la cocaína y de más sencilla aplicación.

A partir del contacto con el ciudadano habitante de calle se manifiesta el consumo en su acelere, es decir en una intensa actividad del sistema nervioso, lo que hace que su corazón palpite irregularmente, aumenta su irritabilidad, muestra desinterés por todo, casi no puede dormir y permanece cansado constantemente, como consecuencia de su falta de apetito, presenta una perdida constante de peso y manifiesta un sentimiento excesivo de culpa. A nivel cognitivo, en el habitante de calle las tareas de memoria y concentración son muy difíciles, debido a que el consumo de sustancias psicoactivas, en este caso de bazuco.

El problema de la indigencia en Colombia, ha aumentado considerablemente como consecuencia de factores económicos y sociales que atraviesa hoy la Sociedad. Entre ellos se puede señalar la violencia intrafamiliar, el conflicto armado, el desplazamiento, el desempleo y la dependencia de sustancias psicoactivas. De tal manera, se conforman grupos marginados que buscan sobre vivir sin importar los medios utilizados para satisfacer sus necesidades. Es en este contexto donde la sociedad y la comunidad misma se ve afectada por las acciones empleadas por los habitantes de calle para lograr su sobre vivencia (el hurto, la limosna, entre otros).

Si bien es cierto, el problema de la habitabilidad en calle no se puede erradicar en un instante, pero sí se puede lograr una convivencia entre la ciudadanía habitante de calle y la no habitante de calle por medio de procesos psicosociales con énfasis en el desarrollo comunitario y la organización popular así como la búsqueda de un punto de unión entre la acción comunitaria, desarrollo y organización civil. Lo anterior, hace referencia a un área de intervención en psicología comunitaria podría contribuir en el procesos de convivencia mencionado anteriormente. A partir de ella se pueden desprender otros factores que fortalecerían el proceso como son la salud comunitaria y la educación comunitaria. En el área de salud comunitaria se puede trabajar hacia la educación para la salud en el habitante de calle, enfocado a dos ejes centrales: el fortalecimiento de los auto esquemas (el auto cuidado) y la promoción de la salud (Educación sexual y consecuencias del consumo). Por otro lado, en el área de la educación comunitaria, se trabaja la parte de cultura de sensibilización, tanto en el habitante de calle como en los no habitantes de calle.

Es buscar una resocialización y re educación donde se desarrollen nuevos hábitos por medio de una transformación tanto social como individual. Este aspecto está ligado al modelo teórico metodológico que supone el trabajo en comunidad a través de tres niveles: el macro medio o la sociedad en su conjunto, en este caso se trabajaría con la comunidad en general por medio de la información y divulgación del proceso y trabajo hacia una cultura de la sensibilización realizado con el habitante de calle, convocando reuniones para buscar nuevas alternativas de apoyo y compromiso comunitario. El micro medió o contexto específico se trabaja a nivel grupal, donde se identifican las características comunes de los habitantes de calle para entender sus comportamientos, afiliaciones  y representaciones sociales desde un punto de vista más humano .En el trabajo con el sujeto de la acción como agente portador del fenómeno social, se logrará un contacto individual donde se evita la presencia del fenómeno de masificación, teniendo en cuenta las particularidades que llevaron al habitante de calle a estar en esa situación hoy, así como identificar sus medios para la sobre vivencia, con el fin de reeducarlos hacia nuevas fuentes de trabajo o medios de adquisición de recursos que no afecten a la comunidad involucrada en esta problemática, en este caso incluye a la localidad de Chapinero y la sociedad civil en general.

Según Rappaport (1980), la psicología comunitaria pretende un cambio social, involucrando las relaciones de los individuos con los otros, las escuelas tribunales, hospitales. Este cambio se enfoca hacia la distribución de recursos psicológicos y materiales.

De tal manera, que la problemática de la habitabilidad en la calle debe partir de un cambio social de características psicológicas y materiales entre los ciudadanos que viven en la calle mediante la sensibilización, teniendo en cuenta el estilo de vida que ha construido para sobrevivir en su medio aceptando el valor de la diversidad humana.

Para aclarar este aparte, se debe considerar la definición de comunidad como un subgrupo de la sociedad que es percibido o se percibe así mismo como distinto a la sociedad en algunos aspectos, donde la psicología comunitaria, se interesa en el bienestar de muchas subcomunidades existentes en el ordenamientos social   ( Rappaport,1980).

Siendo así, el ciudadano habitante de calle constituye un subgrupo de la sociedad, con características particulares que lo definen como subcomunidad. Se percibe distinto al haber conformado un estilo de vida que ha adquirido para su sobrevivencia.

El abordaje hacia la problemática de la habitabilidad en la calle, se debería mirar desde la teoría ecológica, la cual se refiere a la relación que se constituye entre persona y ambiente, donde no hay ambientes inadecuados sino que el ajuste entre personas y el ambiente social puede estar en desacuerdo. De tal manera, que se permitan crear alternativas mediante la localización y desarrollo de los recursos hacia el fortalecimiento de las comunidades (Rappaport, 1980).

Esta perspectiva teórica centra su acción en el ajuste entre personas y ambiente más que en componer aquellas que son vistas como inferiores o en tratar de hacer a todo el mundo igual mediante el control de los ambientes, si no que por el contrario se acepta el valor de la diversidad humana y el derecho de la gente a elegir sus propias metas y estilos de vida. Esto conlleva a reevaluar diversas acciones que pretendían desvincular al ciudadano habitante de calle de su cotidianidad y de su ambiente en pro de la inclusión social.

Rappaport (1980), hace énfasis en el respeto a la diversidad humana, el derecho a ser diferentes y a la creencia en que los problemas humanos residen en el ajuste entre personas y ambiente. No hay personas ni culturas inferiores y cada uno de ellos tiene derecho a ser juzgado y a disponer de recursos para su beneficio, por lo tanto, se puede permitir a los individuos poder vivir una vida decente proporcionando los recursos para hacerlo posible.

Es importante tener en cuenta, que el concepto de comunidad incluye tres elementos mínimos necesarios para distinguir este concepto de otro; los cuales Krause (1999), identifica como: la pertenencia, la interrelación y la cultura común. La pertenencia se define como la dimensión de sentirse parte de, como identificado con, en donde el miembro de la comunidad sienta que comparte con otros ciertos valores e ideas conformando una identidad. La interrelación señala la no necesariedad de un territorio físico compartido para consolidar con ellos el concepto de comunidad y la cultura común la cual se define como el sistema de símbolos compartidos. Luego, para ser llamado comunidad, debe compartir una visión de mundo, una interpretación de la vida cotidiana construida a través de la comunicación.

Esto se relaciona con la estructura desarrollada por Wiesenfeld (1994), referente a los aspectos funcionales de una comunidad saludable, en la cual destaca el concepto de interacción, relacionada con el apoyo mutuo, la solidaridad, el trabajo en común y la cooperación. Para ello, es de suma importancia la vida colectiva es decir, las actividades conjuntas que faciliten la integración social. Así mismo se encuentra la esfera representacional, que para una comunidad saludable se refiere al valor cognitivo y afectivo, destacando la conexión, el sentimiento de fraternidad y el placer mutuos. En el plano afectivo se encuentran la lealtad el amor, la gratitud y la confianza.

Según Maritza Montero(1984), uno de los principios de la psicología comunitaria es la unión entre la teoría y la practica, donde la práctica en este caso el trabajo con el habitante de calle pone a prueba la teoría y pretende la construcción de nuevas hipótesis o alternativas de trabajo, que será el fin último de este acercamiento.

Por otro lado, uno de los aspectos más críticos y peligrosos dentro del proceso de interacción y trabajo a nivel comunitario es el caer en el activismo es decir, un colaborador de la comunidad sin reflexión teórica ni precisión metodológica cuya acción es marcada por la inmediatez y la ausencia de planificación.

Para un trabajo con comunidad se hace necesario entrar en el grupo y conocer sus intereses, creencias, experiencias para construir una identidad. Una de las opciones metodológicas de acercamiento es mediante el esquema de la investigación acción, el cual es una práctica social, científica y pedagógica con un objetivo que es la transformación social, pretende como práctica pedagógica integrar el potencial de conocimiento y creatividad de la cultura popular con el conocimiento científico para lograr la construcción de un nuevo saber de carácter transformador y como práctica científica busca la producción colectiva de conocimiento para el uso colectivo y como práctica social permite el entender la realidad, comprenderla y desde allí poder realizar una transformación social (Bosco Pinto, 1987).

Otra alternativa de investigación social, adaptable al trabajo con comunidad habitante de calle, es la investigación participativa, la cual consiste en una propuesta metodológica que involucra a la comunidad en el conocimiento y solución de sus problemas, lo cual implica un proceso de aprendizaje por parte de los profesionales quienes deben enfocar su objetivo hacia la comunidad y no el hacer estudios académicos únicamente.

Estos aspectos metodológicos y teóricos se deben contextualizar en la práctica social, donde el contacto con la comunidad implique generar teoría o conformar nuevas hipótesis. Como el enfoque de este trabajo se dirige a la investigación entorno a la habitabilidad en calle, teniendo como eje la teoría ecológica anteriormente nombrada y las definiciones conceptuales descritas, se incluyó una estrategia que sustentará también el acercamiento comunitario.

La lúdica como estrategia de acción y vinculación al trabajo comunitario está ligada al desarrollo humano, no es una ciencia, ni una disciplina, ni mucho menos, una nueva moda.

La lúdica[7] es más bien una actitud, una predisposición del ser frente a la cotidianidad, es una forma de estar en la vida, de relacionarse con ella, en esos espacios en que se produce disfrute, goce y felicidad, acompañados de la distensión que producen actividades simbólicas e imaginarias como el juego, la chanza, el sentido del humor, la escritura y el arte. También otra serie de afectaciones en las cuales existen interacciones sociales, se pueden considerar lúdicas como son el baile, el amor y el afecto. Lo que tienen en común estas prácticas culturales, es que en la mayoría de los casos, actúan sin más recompensa que la gratitud y felicidad que producen estos eventos. La mayoría de los juegos son lúdicos, pero no sólo se reduce a la pragmática del juego.

Según Vigotsky (1998) el juego puede ser entendido como un espacio, asociado a la interioridad con situaciones imaginarias para suplir demandas culturales, como un estado liso y plegado, como un lugar que no es una cuestión de realidad síquica interna ni de realidad exterior, como algo sometido a un fin, como un proceso libre, separado, incierto, improductivo, reglado y ficticio, como una acción o una actividad voluntaria, realizada en ciertos límites fijados de tiempo y lugar. Desde otras perspectivas, para potenciar la lógica y la racionalidad o para reducir las tensiones nacidas de la imposibilidad de realizar los deseos.

 Son muchas las teorías existentes alrededor de la lúdica y de los juegos, pero son muy pocos los planteamientos que se han elaborado entorno a la lúdica como elemento para la inclusión.

El contexto histórico alrededor de la lúdica y la recreación, parte de los fundamentos filosóficos planteados por Platón, quien desde su doctrina, se refiere a la recreación y la lúdica desde la comprensión de unas ideas claves como: el ocio, el juego, el placer, el goce, el arte, la educación y la ética. Estos términos conformarán el tejido conceptual que dan trasfondo a la lúdica y la recreación (Funlibre, 2002).

Ahora bien, la lúdica y recreación interpretada desde una concepción moderna han sido orientadas por la psicología soviética de la década de los treinta, en relacionó con algunos postulados planteados por Vigotsky (1998), quien se refiere a la recreación y la lúdica como el proceso de creación humana, como una experiencia combinatoria a partir del presente y el pasado, de lo vivido y lo experimentado. Es toda realización humana generadora de algo nuevo, en donde el cerebro es un órgano conmbinador, capaz de reelaborar con elementos de experiencias pasadas nuevas normas y planteamientos.

Es esa dinámica creadora la que hace del hombre un ser proyectado hacia el futuro, un ser que contribuye a innovar y modifica su presente. Esta facultad del cerebro humano está basada en la combinación y es llamada en ciertos casos como imaginación o fantasía. Esta imaginación como base de la actividad creadora se manifiesta por igual en todos los aspectos de la vida cultural posibilitando la creación artística, científica y técnica (Funlibre, 2002).

De tal manera que la actividad recreativa, como la actividad artística se vinculan con la imaginación y con la creatividad cuyo producto se manifiesta y se refleja en el juego como en las más diversas expresiones culturales. Así mismo, la recreación como actividad innovadora, está directamente relacionada y es casi inseparable de la educación, teniendo en cuenta  que esta última pretende la formación y creación en el ser humano de nuevos conceptos (Funlibre, 2002).

  En este sentido la filosofía sustenta teóricamente esta relación, en los diálogos platónicos, que conformaban un juego teatral, donde los personajes actuaban en una ficción cuyo protagonista era Sócrates y se intentaba ejemplificar al hombre en una ciudad a través de una propuesta de vida pública armónica, justa, buena y feliz, tratando de idealizar y recrear una situación que finalmente intenta educar al ser humano siendo una herramienta educativa (Mesa,2000)

La noción de lúdica y recreación se vincula con el sentido de mundo, de vida de sociedad en pocas palabras de COMUNIDAD. La cual se asume como un elemento de creación, de concebir, de fabricar. Esta concepción de lúdica se puede asimilar como arte, como la reelaboración por medio del pensamiento, razón y lenguaje, que dan sentido teórico a la lúdica y re creación (Mesa, 2000).

 La lúdica emerge de una creación cuya manifestación recreativa está basada en el arte, la risa, la poesía, la ironía, la narrativa, el lenguaje mítico, expresados en un espacio y en un tiempo libre. Es así como la lúdica se ha establecido como un concepto necesario en la interacción del hombre y la formación de comunidad. Se concreta mediante formas específicas como la expresión de la cultura en un determinado tiempo y contexto.

Entre ellas se encuentra el juego, la actividad lúdica por excelencia, las manifestaciones del arte, el espectáculo, la fiesta, el afán creador, el rito, el quehacer laboral, el místico arte de amar a la pareja, en pocas palabras, la lúdica comprende todas aquellas acciones del ser humano condicionadas por la necesidad lúdica, es decir, la inevitabilidad e irresistibilidad de ejecutar en forma libre y espontánea; por la actividad, es decir la acción misma dirigida a la liberación de ese impulso generado por la necesidad y por el placer que finalmente es la consecuencia estimuladora del desarrollo alcanzada por la satisfacción de esa necesidad a través de la actividad obteniendo un bienestar y una relajación.

De tal manera que la lúdica es expresión, arte y creación que debe estar presente en todo acto que implique comunidad y procesos de interacción social donde el juego actúa como un artesano en la fabricación de una zona de distensión, de goce, de placer, propicia para el acto creador. Es el eje que fundamental esta propuesta de sensibilización social, donde el ciudadano habitante de calle, adquiere identidad, interrelación y se siente parte de un grupo con cultura común.

 A través de estos procesos psicosociales que se orientan desde el trabajo lúdico y recreativo se facilita el acercamiento a las comunidades y se incluyen dentro de ellos el sustento teórico que se proponen a partir de la psicología comunitaria.

 

3. DESCRIPCIÓN Y CARACTERÍSTICAS DE LA POBLACIÓN

 

Según estimativos realizados por el DABS, en la publicación de la Veeduría Distrital sobre Vulnerabilidad social 2002, a través del centro de atención transitoria CAT, la mayoría de los habitantes de la calle son solteros (64%) o separados (13%). En el censo realizado por localidades (21) incluyendo Soacha, se encontró que más de la cuarta parte (28%) de los habitantes de la calle se ubican en la localidad de Santafé, en donde está localizado el Cartucho, y en Chapinero, donde se encuentra el 6%, sector  en el que se han realizado el mayor número de contactos (1110) y corresponde a la segunda localidad con mayor índice de habitabilidad en las calles, según un seguimiento realizado al proyecto 7312 por parte de el grupo Brigadas de Bogotá al 2003 (VER ANEXO 1).

Su cotidianidad se desgasta en un rebusque sin descanso dedicándose a actividades como pedir limosna o ¨hacer moneda¨ (35 % hombres y 43% mujeres), reciclaje (22% hombres y 15% mujeres), el robo (16% hombres y 43% mujeres) y las ventas ambulantes (11% hombres y 10 % mujeres) según datos del DABS al 2001 (Vulnerabilidad Social en Bogotá, 2002).

La marginalidad y la exclusión social impelen formas de comunicación que se convierten en factores de identidad grupal y de sentido de pertenencia, así como de generación de confianza y de defensa frente a la presencia de amenazas o enemigos externos. El rasgo más particular de este comportamiento es la existencia de una jerga especializada (un completo repertorio léxico) y de algunos gestos utilizados dentro del ámbito de la calle.

El lenguaje no verbal, según García Suárez (1998), se caracteriza por la presencia de movimientos claves que se pueden trasladar a equivalencias verbales en las mismas palabras de las personas del Cartucho, correspondiendo a la vestimenta y a los accesorios usados y a todo el repertorio de movimientos corporales y faciales que remplazan las palabras divididos en dos clases: KINETICA, es decir el comportamiento cultural internalizado corporalmente y que se puede asumir como natural, por ejemplo el modo de camina. Y los GESTOS definidos como los movimientos corporales predominantemente de la cara y los brazos que portan una carga léxica reconocida grupalmente y que por ello pueden definirse como códigos o símbolos, por ejemplo: pasarse la mano por el pelo: indica sin peligro, todo bien; pasar la mano o rascarse al lado del pecho: Peligro todo mal; pasar rápidamente la mano por la boca y soplar: Señal para correr (Cámara de comercio, 1997).

El lenguaje verbal, según García Suárez (1998), se convierte en un factor de protección frente a terceras personas, pues las palabras despistan y confunden al oyente, ¨los dejan sanos¨. La jerga, refleja la identidad colectiva y la pertenencia al parche, en este sentido representa una parte importante de la socialización. Está conformado por dos clases de palabras que operan como campos semánticos en razón de las relaciones de proximidad o de oposición establecido en el interior del grupo. Primero está formado por los apelativos que los habitantes de la calle suelen recibir. Rechazan el termino desechable, que implica un evidente matiz deshumanizador y despectivo, y aceptan de mejor forma el término de ñero, el cual incluso aplican al interior del propio colectivo como equivalente de compañero, parcero o llave.

 Reconocen, sin embargo un viso negativo para la palabra en el sentido de denominar aquella persona de la calle con una apariencia descuidada, sucia y pobre. Reciclador en cambio se aplica a un sujeto dentro de una actividad económica específica y por eso es claro, para ellos que un reciclador no es necesariamente ñero. Así mismo dentro de su relación con el medio han generado conceptos clásicos que se convierte un sin número de palabras y códigos de comunicación propias de este grupo social (Cámara de Comercio de Bogotá, 1997).

Según García Suarez (1998), una característica tradicional y adicional al lenguaje verbal es el uso intensivo de la partícula RE como comparativo o superlativo de otro término por ejemplo: retruca, reconfianza, relucas, entre otros.

Es así como se constituye en un léxico exclusivo de un grupo social que alude a las actividades predominantes del grupo específico donde se inserta cada individuo.

La población habitante de calle de la Localidad de Chapinero, se encuentra en una alto nivel de crecimiento y vulnerabilidad social debido a su condición frente a una serie de riesgos y por otro lado a un bajo nivel de activos y control sobre sus recursos, por lo tanto, esta población lo que hace es buscar generar ingresos e insumos útiles y vitales de la manera más rápida posible, en este caso haciendo presión sobre sentimientos de solidaridad y caridad de los demás o buscando aquello que necesitan en lugares donde se lo puedan llevar con o sin permiso.

Así mismo, las personas atendidas a través del  proyecto de acercamiento al ciudadano habitante de calle reciben inicialmente un servicio que busca suplir sus necesidades básicas ( alimentación, aseo )y un espacio de atención para su recuperación y reinserción social.

Este proceso se inicia con los contactos y la identificación de los diversos parches y cambuches que se encuentran ubicados dentro de la localidad, para brindarles información acerca de las brigadas y los beneficios que obtienen al asistir a ellas de manera voluntaria.

El grupo de personas contactadas por medio de las brigadas nocturnas, son las que en mayor parte asiste al Centro Educativo Distrital Juan XXIII a recibir los servicios que el DABS ofrece. Aproximadamente un 90 % de la población que allí se reúne son hombres en donde su gran mayoría  presenta problemas de consumo de alcohol y otras drogas.

Su asistencia a este centro se limitaba a suplir las necesidades primarias como recibir un refrigerio, almuerzo y servicio de aseo y baño, de tal manera, que se ha intentado acomodar un espacio que permita involucrar una necesidad aún mas apremiante, la asistencia personal y social.

Al iniciar la labor en este espacio, se busca lograr un nivel de confianza con el ciudadano habitante de calle,para lograr identificar sus intereses y a su vez permitirles expresar sus pensamientos, ideas y emociones ya que en la cotidianidad les es casi imposible compartir. La población que allí asiste es inconstante pues los participantes fluctúan notablemente, debido a su movilidad permanente.

Pero dentro de ese grupo se han identificado varios que demuestran interés por asistir a esos espacios lúdicos o de acercamiento en búsqueda de un cambio en su estilo de vida y expresan no estar conformes con su situación actual.

Desde esta perspectiva los acercamientos realizados con este grupo han permitido detectar las diversas causas que los han llevado a su situación actual y la notable necesidad de sentirse identificados dentro de un grupo social y especialmente la búsqueda profunda de pertenencia ciudadana.

 A partir del logro de una identidad personal se configurará la identidad social, que enfocará los intereses de un grupo de individuos hacia un objetivo común, en este caso a encontrar mejores formas de convivencia entre los que asisten al programa y los que aún desconocen de el. En este sentido se parte de la conformación de interacción, de pertenencia, se vida colectiva como eje para lograr objetivos comunes. Los ciudadanos habitantes de calle de la Localidad de Chapinero asisten los días Martes y jueves de 8 Am a 2 Pm,al Ced Juan XXIII con un balance de la cobertura y participación es de 37 personas aproximadamente por sesión, estimadas en la etapa de diagnostico ( VER ANEXO 2).

 

DISEÑO METODOLÓGICO

 

El trabajo se desarrollo en etapas o fases, abordando tres ejes principalmente. Para iniciar este proceso debe partirse del concepto de que el individuo cobre personalidad desde la pertenencia a la comunidad, es decir en el lugar donde se socializa, aprende a vivir reglas, valores y establece una ética de respeto por sí mismo y por el otro ( Morales, 1998).

El proceso de acercamiento está basado en el compromiso de la psicología comunitaria en el intento de participación de los sujetos de intervención. Este sería "es el estudio de los factores psicosociales que permiten desarrollar, fomentar y mantener el control y poder que los individuos pueden ejercer sobre su ambiente individual y social, para solucionar problemas que los aquejan y lograr cambios en esos ambientes y en la estructura social (Motero, 1984)

Es este sentido, se pretende reconocer al habitante de calles como un sujeto de derechos, autonomo, valioso, con ideas y capacidad de decisión, son dinámicas que lo hagan re-creador de su realidad, a través de la lúdica. Este proceso está relacionado con la comunidad que se ve inmersa por esta problemática. Esta comunidad esta conformada por el habitante de calle, los brigadistas y las entidades que se encuentran dentro de la localidad. Partiendo de esta clasificación, uno de los ejes de trabajo se centrará hacia el habitante de calle, utilizando la cultura, como medio para enriquecer sus formas de expresión de comunicación, de interpretación y de participación a través del carácter formativo y recreativo del arte, la lúdica y el deporte. Por otro lado se abordará el otro eje que forma parte de esta comunidad: Los brigadista, los cuales estan directamente relacionados con el proceso y su función puede llegar a ser más integra, sí disponen de las bases y herramientas necesarias. Para ello, se ha diseñado un programa de capacitación descrito más adelante. Finalmente se intentará hacer contactos con algunas entidades o personas que con sus aportes físico, manuales o intelectuales puedan aportar de laguna forma a la inclusión y sensibilización por medio de la actividad lúdica por excelencia. Es así como se hace necesario trabajar frente a dos ejes específicos dentro del proceso de sensibilización, los cuales involucran a todos los actores sociales que se encuentran inmersos en esta problemática y que hacen parte de la comunidad.

Cada uno de los objetivos tienen en cuenta un abordaje participativo, a partir del reconocimiento del papel activo de los seres humanos, los cuales son considerados como actores y constructores de su realidad. Esta orientación, ubica al sujeto de intervención en el centro de dicho proceso, es decir, aquel que se supone sería estudiado ahora se convierte en investigador de su realidad, y de los efectos que ejerce sobre el mismo. Por ello, debe participar en la formulación de objetivos, como en todo el proceso, así como también, metodológicamente, se debe dejar espacio a la autogestión (Montero 1994).El primer eje se dirige hacia el ciudadan@ habitante de calle, el segundo eje está enfocado hacia los brigadistas y en el tercer eje se abordaría a la comunidad que forma parte de la Localidad de Chapinero teniendo en cuenta las instituciones involucradas.Antes de iniciar la descripción específica de cada uno de los ejes de trabajo dentro de este importante proyecto, es indispensable conocer algunas definiciones, características y conceptos referentes a la habitabilidad en la calle, para luego continuar con un análisis del aspecto lúdico

Pues bien, par el logro de los objetivos del proyecto y el título del mismo describiré los ejes de acción y matriz que sustenta el proyecto.El primero consiste en el acercamiento y sensibilización de los ciudadan@os habitantes de calle de Juan XXIII,el cual tiene en cuenta el abordaje de temas como la convivencia e integración social, la interacción y la cultura ciudadana. Basado en estrategias lúdicas de acercamiento para la participación comunitaria.

 

1.CRONOGRAMA DE ACTIVIDADES JUAN XXIII

 

         Se parte del fortalecimiento de las normas para la convivencia del habitante de la calle consigo mismo, con la comunidad y en su ¨CASA¨ Juan XXIII, formando hacia el buen trato con estrategias lúdicas y experienciales. Para ello, se elaborará un documento que sensibilice a la comunidad respecto a los aspectos que desconocen del habitante de la calle -Sus emociones y expresiones de afecto-.

 

ACTIVIDAD/ FECHA

17 de julio

22 de julio

29 de julio

31 de julio

Nombre

La convivencia