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1 Introducción
Como alternativa al tradicional concepto de
“capacitación” – que envuelve elementos organizados de la educación formal
y de la experiencia profesional, generalmente dirigidos hacia el desempeño
de tareas especializadas –, en la sociedad contemporánea se observa una
progresiva preocupación con la cuestión de las “competencias”. Por tratarse
de un tema polémico, para muchos estudiosos el modelo de competencias puede
remitir a características individuales de los profesionales, con tendencias
al debilitamiento de las acciones colectivas en el campo del trabajo, a
la irrestricta subordinación a los principios
del mercado y a la despolitización política y social. Además de eso, tanto
en la esfera de la educación cuánto en el mundo del trabajo la noción de
competencias es polisemica, pudiendo asumir varios significados diferentes.
Aunque el debate comprenda varios abordajes, cabe
destacar que un determinado concepto de competencias expresa las
características y los intereses sociales, políticos, culturales y pedagógicos
del grupo que lo elabora. Es en este sentido que la noción de competencias
puede ser entendida como una construcción social, y por eso es motivo de
disputas respecto a su significado, que divide las opiniones.
Aunque muchas críticas al modelo de competencias sean
pertinentes, esta discusión puede ser de gran valía para los profesionales
de recreación. Al final, permite vislumbrar posibilidades diferenciadas
para la formación en esta área, teniendo en vista buscar alternativas
críticas y creativas sistemáticas tradicionales, aún limitadas a la
adquisición formal de contenidos y a la dimensión técnica de la acción
profesional en recreación. Esos
elementos, a pesar de importantes para el área de recreación, no son suficientes
para posibilitar una formación contextualizada, consistente, reflexiva,
dinámica, polifacética e innovadora, teniendo en cuenta la preparación de
profesionales competentes para buscar respuestas y enfrentar los retos con
los cuales se deparan cotidianamente.
2 Comprendiendo el significado de
competencias
¿Qué significa “ser competente”?
Una pregunta aparentemente sencilla como esta puede comportar
innumerables respuestas, que varían conforme las diferentes corrientes
teóricas y matrices epistemológicas que las fundamentan, expresando los
valores e intereses de cada sujeto o grupo social.
De acuerdo con Perrenoud (2000), poseer conocimientos o
determinadas capacidades no es suficiente para garantizar que un
profesional sea “competente”. Muchos profesionales que poseen conocimientos
u capacidades importantes no siempre saben movilizarlos de modo adecuado, aplicándolos
en el momento oportuno.
Los estudios del sociólogo suizo
indican que el aprovechamiento de aquello que se sabe en un contexto
específico – que es marcado por una cultura institucional, por relaciones
de trabajo, eventualidades, limites de tiempo, involucrando aún recursos
físicos, humanos y materiales, etc. – está fuertemente relacionado con las
competencias, que se realizan en la acción concreta. Competencia es, por lo
tanto, la capacidad del sujeto de movilizar saberes, conocimientos,
habilidades y actitudes para solucionar problemas y tomar decisiones
apropiadas (Zabala, 1998).
Competencias también pueden ser entendidas como un conjunto de
conocimientos, cualidades, capacidades y aptitudes que habilitan para la
discusión, la consulta, la decisión de todo lo que corresponde a un oficio,
suponiendo conocimientos teóricos fundamentados, acompañados de las
cualidades y de la capacidad que permiten ejecutar las decisiones sugeridas
(Ropé, Tanguy, 1997).
Otro aspecto importante es que las competencias traducen una
capacidad de abstracción, de desarrollo del pensamiento sistémico (que
pretende superar la comprehension parcial y fragmentada de los fenómenos),
de creatividad, de curiosidad, de pensar en múltiplas alternativas para la
solución de un problema. Este modelo se fundamenta en la aptitud para
trabajar en equipo, en el desarrollo del pensamiento divergente, en la
disposición para aceptar críticas, de evaluar críticamente, saber
comunicarse y buscar nuevos conocimientos y referenciales de análisis.
Estas competencias necesitan ser desarrolladas en la esfera social, cultural y
profesional; deben estar presentes en las actividades políticas, sociales y
educativas como un todo, pues, son condiciones para el ejercicio de la ciudadanía en un contexto democrático
(Brasil, 1998).
Des ese modo, la noción de competencias necesita ser
entendida como una posibilidad multidimensional, que involucra facetas que
van de lo individual a lo sociocultural, situacional
(contextual-organizacional) y procesual (Manfred, 1998). Por este motivo,
una competencia no puede ser confundida con mero “desempeño” de tareas,
principalmente cuando consideramos el campo profesional. Es fundamental
hacer una transposición de las competencias presentes en el proceso y en
las relaciones de trabajo de modo a establecer, en una propuesta de
formación, un diálogo entre los conocimientos y la experiencia concreta de
la acción profesional – que considera los valores, las historias y los
saberes generados en la propia actividad de trabajo.
Las competencias relativas al universo profesional no
deben ser reducidas a la capacidad de desempeñar, con eficiencia y eficacia,
las actividades requeridas por la naturaleza del trabajo. El concepto de
competencias profesionales necesita ser ampliado porque la dimensión
técnica no puede ser el único parámetro válido. Ellas no engloban apenas
una dimensión individual de carácter cognitivo, relacionado a los procesos
de adquisición y construcción de conocimientos producidos por los sujetos
ante las demandas de las situaciones concretas de trabajo. Competencias
profesionales involucran una otra dimensión, fruto de experiencias
colectivas, pues representan una construcción influenciada por parámetros
sociales, culturales, éticos, pedagógicos, políticos e históricos
(Schwartz, 2001).
La noción de competencias profesionales se refiere, por
lo tanto, a contextos, espacios y tiempos socioculturales, políticos y económicos;
a transformaciones técnicas y organizacionales; a los impactos ambientales,
a los saberes formales e informales de los propios trabajadores, a las
contradicciones de sociedad, a los lazos colectivos y de solidaridad,
siendo significativo considerar también las influencias de clase social,
género, credo, etnia y grupos generacionales, entre otras.
Así, los procesos de identificación, definición y
construcción de competencias profesionales no deben ser direccionados
solamente para las demandas estrictas del mundo del trabajo, una vez que
esas son dinámicas, puntuales, posibles de constantes transformaciones y,
normalmente, atienden apenas a los intereses hegemónicos. Es esencial
buscar competencias para la autonomía, a través del estímulo al pensar
crítico y a la creatividad,
articulando los aspectos profesionales con los sociopolíticos de modo
sistémico.
El modelo de competencias detiene una complejidad, pero este
referencial puede contribuir con la formación de profesionales en
recreación, que en la mayoría de los casos todavía está centrada en la
dimensión técnica, con énfasis en la adquisición de contenidos. Considerar
la perspectiva de las competencias no elimina la necesidad de trabajar los
contenidos, pues no es posible desarrollarlos a partir de un “vacío”
conceptual. Entretanto, las competencias apenas direccionan la selección de
los contenidos que serán desarrollados en un determinado momento de la
formación, para que el profesional de recreación tenga conciencia de que lo
más importante no es la cantidad de informaciones que conseguirá absorber
en un determinado período de tiempo, y sí la capacidad de tratar con esos
elementos cotidianamente. Eso se hace posible a través de procesos que
impliquen apropiación y comunicación, y, principalmente, producción y
reconstrucción de las experiencias recreativas propuestas, a fin de que
sean contextualizadas, diversificadas, articuladas, mediadas y transpuestas
a nuevas situaciones.
3
Competencias para la formación profesional en recreación
Las transformaciones por las cuales la sociedad contemporánea
está pasando están creando una nueva cultura y modificando las formas de
producción y apropiación de los conocimientos. Se alienta, de ese modo, la
necesidad de pensar la formación como una posibilidad para auxiliar los
profesionales del área a través del desarrollo de determinadas
competencias, preparándolos para tratar con más este desafío.
En este ámbito, las propuestas
formativas tradicionales – basadas y en un ordenamiento lineal, secuencial,
mensurable y previsible – dejan de tener sentido. Una formación en
recreación comprometida con las competencias profesionales necesita
adquirir el carácter de organización en red, con abordaje pluralista,
dinámico, diversificado, innovador, flexible y procesual, siempre abierto a
nuevas perspectivas, valorizando el potencial cognitivo, cultural, social y
afectivo de los sujetos.
Al priorizar la articulación
entre conocimientos, habilidades, procedimientos, valores y actitudes, el
modelo de competencias evidencia una preocupación en superar acciones y comportamientos
limitados a la estandarización y a la repetición que se agotan en sí
mismas, características inherentes a muchos programas de recreación. Como
alternativa a este problema, en lugar de continuar con la reproducción de contenidos,
el profesional pasará a ejercitar habilidades, y a través de ellas, podrá
adquirir competencias importantes para su intervención en el ámbito de la
recreación, como indican los ejemplos a seguir.
·
Comprender la recreación como un fenómeno
contextualizado
Antes de ser un conjunto de conocimientos profesionales, la
competencia es una actitud social que requiere de la contextualización de
los fenómenos que integran nuestra sociedad y cultura. Tal entendimiento
nos revela que la recreación no debe ser tratada como un hecho aislado, y
sí como un fenómeno históricamente situado y en íntimo diálogo con el
contexto, cuyo proceso de constitución necesita ser (re)conocido.
Simultáneamente, la recreación influencia y es influenciada por los principios,
valores, normas, contradicciones e intereses vigentes en cada realidad.
Empapada tanto por las acciones del Estado, del mercado y de
la sociedad civil, la recreación no puede ser vista como un simple entretenimiento
desconectado de la realidad más
amplia. Para eso, es imprescindible reflexionar críticamente sobre, por
ejemplo, su uso como posibilidad de evasión de la realidad, válvula de
escape, quiebra de rutina y fuga de los problemas.
La recreación es un campo a través del cual podemos
reflexionar sobre la sociedad con sus grupos, sus formas de organización
temporal/espacial, su sociabilidad y sus conflictos. Siendo un soporte de
múltiples significados, puede ofrecer una vía de acceso al conocimiento de
los impases y de las posibilidades que se abren a nuestra realidad (Magnani,
2000). En síntesis, la recreación es un fenómeno que, a partir de sus
peculiaridades, también nos permite pensar sobre nuestra sociedad y
reflexionar sobre cuestiones más amplias, pues está estrechamente vinculada
a los demás planos de la vida social.
En este ámbito, la recreación puede ser reconocida como un principio
de construcción de ciudadanía y base para implementar acciones
comprometidas con la inclusión y la responsabilidad social. Así
comprendida, la recreación requiere competencias articuladas con los principios
democráticos, teniendo en vista desarrollar habilidades capaces de
subsidiar la construcción de políticas participativas para esta área.
·
Reconocer la recreación como un campo multi e
interdisciplinar
Además de la recreación no restringirse a ninguna
área específica, un abordaje estanque no es suficiente para contribuir con
el avance del conocimiento producido sobre este tema. Recientemente,
disciplinas vienen articulando sus perspectivas de análisis para intentar
comprender esa realidad emergente y compleja que es la recreación, pero
esta iniciativa aún necesita de aprimoramientos y profundizaciones,
teniendo en vista promover el avance del conocimiento a partir de una
organización integrativa.
El carácter polifacético de la recreación ha estimulado la
realización de estudios con énfasis y orientaciones distintas de las ya
existentes, demostrando la importancia de tener nuevos puntos de vista
sobre el asunto, alargando los límites de las ciencias. Eso permitirá al
profesional del área una formación sólida e integradora, fundamental para
la constitución de un perfil profesional innovador, capaz de lidiar de
forma crítica y creativa con las transformaciones que marcan la sociedad contemporánea,
notablemente en lo que se refiere a la actuación profesional y académica en
el campo teórico-práctico de la recreación.
La simple agregación de los conocimientos producidos en
diferentes áreas del conocimiento no significa una superación de los
abordajes fragmentados sobre la recreación. Es necesario construir
competencias en el sentido de reconocerla y de implementarla como un campo
que engloba saberes multi e interdisciplinares y profesionales con
diferentes formaciones, lo que será alcanzado a través de la búsqueda de
innovación en términos del trabajo científico y de la investigación colaborativa,
superando así la sistemática de las estructuras tradicionales. Por cierto,
es esencial desarrollar el pensamiento crítico, flexible y la autonomía
intelectual, entendiendo y ampliando fundamentos científicos y
tecnológicos, con el objetivo de interrelacionar ideas y conceptos
interdisciplinares.
·
Aprehender y descifrar diferentes lenguajes
El lenguaje humano puede ser
entendido como posibilidad de expresión del sujeto creador, que se hace
capaz de dar significado a la existencia, de resignificar y de transformar
el mundo. El lenguaje va mas allá del habla: es medio de expresión,
comunicación e información; es capacidad de hacerse narrador, pudiendo
manifestarse de diversas formas: oral, escrita, gestual, visual, artística,
entre otras (Gomes, 2004). De ese modo, las manifestaciones culturales que
constituyen el universo de la recreación (el cinema, el teatro, la
literatura, la música, la pintura, la escultura, el deporte y la danza,
entre innumeras otras) necesitan ser entendidas como lenguajes a ser
aprehendidas y descifradas, en un continuo proceso de educación de las
sensibilidades.
Muchos lenguajes son complejos y de difícil comprensión,
pudiendo articular de forma múltipla sonidos, luces, imágenes, velocidades
y ritmos diversos, de acuerdo con las intencionalidades de los responsables
por la obra. El
cine, por ejemplo, es arte, técnica, espectáculo, cultura y diversión; es
un lenguaje con reglas y convenciones; tiene relación con sueños y deseos;
y también tiene una fuerte interfase con la ideología, con la política, con
la economía (Melo, 2004).
En muchos lenguajes, especialmente aquellos en que predominan
las manifestaciones de la llamada cultura erudita, la diversidad de miradas
y la apropiación de la experiencia, con autonomía y espíritu crítico, aún
no es usual, y muchas de ellas no están accesibles a la mayoría. No
podemos negar que la experiencia que los profesionales de recreación tienen
con los diferentes lenguajes es uno de los elementos importantes en el
desarrollo de sus habilidades para ver, oír, sentir, pensar y actuar. Si
ellos mismos no desarrollan esa competencia, como podrán colaborar para
educar las sensibilidades de los individuos con los cuales interactúan,
ampliando los horizontes de la experiencia estética vivenciada?
Tardif (citado por Caldeira, 2001) recuerda que el educador no
es solamente alguien que aplica conocimientos producidos por otros, tampoco
un agente determinado por mecanismos sociales. El educador es un sujeto que
asume su práctica a partir de los significados que él mismo le atribuye, un
sujeto que detiene conocimiento y un saber-haber tácito, o sea, proveniente
de su propia acción profesional, y a partir de los cuales él la estructura
y la orienta, selecciona determinados contenidos, prioriza ciertas
actividades, etc. Eso explica el por qué de muchos profesionales de
recreación enfatizan, en sus proyectos, las prácticas que más aprecian, que
integran su subjetividad y hacen parte de su historia de vida.
Por eso es importante aprimorar la competencia de aprehender y
descifrar varios lenguajes, percorriendo así diferentes motivaciones
humanas, ampliando el margen de experiencias estéticas y expandiendo el
alcance de la intervención con la recreación.
·
Actuar como mediador
Como vimos anteriormente, el profesional de recreación
necesita desarrollar la capacidad de dominar y comprender nuevos lenguajes
y experiencias estéticas. Esa atribución se articula con otra capacidad,
basada en el proceso de mediación y diálogo en el cual el profesional
adquiere un papel esencial al tratar con grupos y comunidades. A partir de
su intermediación, todos pueden informar, comunicar, discutir, participar,
crear y estimular el acceso a nuevos lenguajes para ampliar el grado
de comprensión y las vivencias
culturales de los sujetos.
Esa estrategia de mediación puede encontrar apoyos en la
perspectiva dialéctica de animación cultural, según la cual el profesional
de recreación entiende que la realidad es compleja e
históricamente construida, siendo importante construir
una democracia cultural y movilizar los miembros de la comunidad para que
ocupen el papel de sujetos activos en el proceso. Al profesional no le cabe
imponer una programación de recreación, solo simplemente invitar, pero,
construir propuestas junto con el grupo, apostando en estrategias de
mediación (Gómez, en Melo, 2004).
La vida humana está constituida por la idea de relación de un
sujeto con el otro, indicándonos que ésa competencia es construida y
compartida. Trabajar colectivamente en la perspectiva de la mediación
significa organizar reuniones colectivas y sistemáticas que favorezcan el
estudio, el intercambio de experiencias, la reflexión, la toma colectiva de
decisiones y la responsabilidad compartida por los resultados alcanzados,
lo que acaba colaborando con el crecimiento de todos (Caldeira, 2001).
De esa forma, un trabajo colectivo que involucra mediación
exige comprometimiento, apertura para el diálogo, respeto mutuo, ética,
cooperación y espíritu crítico, con creatividad, buscando construir
alternativas para las dificultades, considerar los intereses de los sujetos
y promover interacciones sociales. Para desarrollar esa competencia, es
necesario superar el aislamiento, uno de los principales entraves para la
realización del trabajo colectivo y para la constitución de conocimientos
comunes.
Romans (2003) Pide
atención para los momentos de crisis a que el trabajo colectivo está
sujeto, una vez que los grupos son formados por personas con formas de
sentir, pensar y actuar diferenciados. Acciones individuales pueden
“contaminar” todo el grupo, implicando un cierto grado de sufrimiento y tensión
que causan desánimo, desilusión, deserciones. La mediación del profesional
es fundamental para administrar los conflictos, exigiendo madurez colectiva
para respetar las identidades y las diferencias, promoviendo así el
aprendizaje y el crecimiento de todos.
Finalmente, el profesional de recreación es un elemento clave
en la organización de las situaciones de aprendizaje, pues le corresponde a
él desarrollar posibilidades diferenciadas de mediación, estimulando la
articulación entre saberes y competencias, desarrollando habilidades para
buscar soluciones para los problemas del día a día y para elaborar nuevas
propuestas significativas para el grupo.
4 Consideraciones finales
Competencias constituyen un
conjunto de conocimientos, actitudes, capacidades y aptitudes que habilitan
un profesional para varios desempeños en la vida. Existe además
otras de las cuatro competencias aquí presentadas, que comparten la
suposición de que apenas la adquisición de conocimientos disciplinares o
técnicos no es suficiente: es imprescindible que el profesional de
recreación sepa movilizar los conocimientos necesarios y desarrollar
habilidades para solucionar problemas y enfrentar los imprevistos que
surgen en el cotidiano de las
situaciones de trabajo.
El modelo de competencias no
puede restringirse a una perspectiva individualista, pues considera que las
competencias profesionales son construidas a lo largo de la trayectoria del
trabajador, que es condicionada por el contexto económico, social y
político. Finalmente, los componentes no organizados de la formación, como
la subjetividad y las calificaciones vivenciadas en la práctica concreta
son de gran relevancia para desarrollar competencias. Esos elementos
auxilian la movilización de conocimientos para buscar respuestas inéditas,
creativas y eficaces para que se pueda enfrentar una determinada situación.
Es por eso que una competencia representa la capacidad de encontrar varios
recursos, en el momento y la forma apropiadas.
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