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Documento:

LA EDUCACION (RECREACION) EN LA GLOBALIZACION.

Unificación de las competencias para la transnacionalización del mercado.

Autor:

Víctor Alonso Molina Bedoya [1]

Paola Andrea García P. [2]  

Universidad de Antioquia.

Origen:

IX Congreso Nacional de Recreación
Coldeportes / FUNLIBRE
14 al 17 de Septiembre de 2006. Bogotá, D.C., COLOMBIA.

 

 

 

 

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Ø Ponencias del Congreso

 

 


Ponencia

 

 

“Hay que desconfiar de la escuela que no acepta la singularidad sino que se esfuerza por desdibujar y por uniformar a los individuos, de la escuela que combate como indisciplina toda originalidad, de la escuela que termina representando una suerte de venganza de los adultos contra los menores y de las repeticiones y las clasificaciones  de la vejez contra la imaginación de la juventud. Hay que avanzar hacia una educación que no se limite a informar y a adiestrar, que no exagere el culto de la competitividad, que favorezca la capacidad de creación, la alegría de buscar, el espíritu de solidaridad”. William Ospina (Medellín, julio de 2006).

 

 

Como bien lo advierte John Saxe-Fernández, la globalización difícilmente es un fenómeno nuevo, homogeneizante y propagador del bienestar y la democracia,  como  lo quiere hacer comprender cierta corriente de pensamiento determinista y eufórica. Como proceso de internacionalización  económica, se ha utilizado en diferentes países de América Latina para justificar medidas y políticas impulsadas por acreedores internacionales y ha sido justificado teóricamente por cierta intelectualidad superficial, acostumbrada a estar de moda y siempre en estrecha relación con los detentadores del poder. (Fernández, 2002:71)

 

Como se ha indicado, la globalización no es un fenómeno reciente, por el contrario, hace parte del largo proceso multisecular asociado a la modernidad y que ha tenido como sus puntos de apoyo la expansión colonial e imperial. Para el momento actual se constata el enfrentamiento a un proceso de internacionalización económica, el cual continúa ocurriendo en un escenario de relaciones de dominación  y de apropiación  de excedentes por parte de los países capitalistas en su relación con las naciones de América Latina y del Caribe.  Se continúa pues de esta forma, una relación económica  asimétrica con fuertes desventajas para los sectores empobrecidos de la sociedad global, lo que refuerza aun mas el marginamiento y la exclusión, características fundamentales del modelo.

 

Con la globalización no sólo entra en crisis la figura de los Estados -nacionales sino que también se agudizan los fenómenos de la transfronterización con lo que se acentúa la división injusta del trabajo y la desigualdad social. Uno de los elementos que sufre profundamente con la globalización capitalista tiene que ver con la soberanía y el poder de autodeterminación de las naciones. La posibilidad de los países de construir su propio destino se ve cuestionada y sometida a fuertes críticas por parte del poder transnacional que ve allí una fuerte amenaza para la realización de sus intereses de expansión y de dominación.

 

Nada escapa al poder transnacional. Las grandes potencias afectan la vida de cada país, incidiendo en las crisis petroleras, en las decisiones ecológicas, en los modelos y tendencias educativas y en las guerras, en fin, en todo su accionar como pueblo. Con esto debemos plantearnos la pregunta que ya se hiciera Monsiváis en su momento, de ¿Cómo se define la soberanía nacional ante las estructuras transnacionales? (Fernández, 2002).

 

Lo que interesa -a nuestro modo de ver- para el modelo global actual es la realización del postulado básico de que las inversiones no tienen patria y que la patria no tiene inversiones.  Con él, lo que se señala como tarea e imperativo, es la supresión de las barreras que puedan interferir en la libre circulación de los capitales y en la adopción de los estilos de vida impuestos, para un consumo efectivo. Esta perspectiva liquida la existencia de las culturas nacionales y por tanto suprime las diferencias como formas de ser en el marco de un mundo que clama por ser y hacerse desde la discrepancia. Se asiste de esta manera a una homogenización de las formas de ser, pensar, sentir y actuar en el mundo.

 

Con la mundialización centrada en la esfera de lo económico se acrecienta la discriminación y las inequidades sociales, y por tanto se incrementa el fenómeno de las migraciones, liquidando cualquier resquicio de interculturalidad como expresión de lo diverso y diferentes que somos. Esto gracias al marginamiento de los beneficios del desarrollo, de que son objeto una inmensa mayoría, producto de medidas excluyentes y discriminatorias. El diálogo en el mundo no se fundamenta en relaciones justas, democráticas e igualitarias.

 

Las relaciones sociales que se configuran con la globalización están determinadas por la imposición de una visión materialista y mercantilista  del mundo que desplaza otras miradas y posibilidades de desarrollo más ligadas a lo cultural, lo social y lo ambiental. Éste es un modelo que niega en lo fundamental las posibilidades a un desarrollo endógeno de nuestros pueblos y culturas, mas vinculados con la preservación y la cooperación entre los seres humanos y entre estos y el entorno vital.

 

Con el modelo y su consecuente eliminación de la figura Estado- Nación se consolida cada vez más la soberanía del mercado; proceso último que determina el conjunto de las  condiciones de vida y por tanto de sus prácticas sociales. El desmonte de lo nacional nos percata así, de la crisis de las prácticas culturales por las cuales se daba cuerpo a la presencia de diferentes Estados naciones en el sistema capitalista (Blandón en Tabares, 2005:217).

 

Ahora bien, ¿En este panorama de globalización capitalista qué papel juega la educación? Acaso ella no se configura también como una estrategia de la transnacionalización y como instrumento ideológico al servicio de la reproducción social del régimen en el poder? ¿Por qué en un mundo que clama por el reconocimiento a la diversidad se insiste desde lo jurídico- político internacional por la unificación y estandarización de los modelos educativos y de las competencias?

 

Indiscutiblemente con el agotamiento de los Estados -nacionales, los modelos educativos también se modifican. Si para ese modelo lo determinante con la educación era la socialización de las personas en la identidad del Estado- nación, ahora que el capital liquida las fronteras entre los países, la educación adquiere como nueva orientación, la integración, pero sobre todo, la configuración del nuevo ciudadano consumidor. Con la liquidación de las prácticas culturales como señal de la diferencia y por tanto, de la existencia de la idea de lo nacional lo que se relieva a partir del imperativo del mercado es la transnacionalización de las relaciones sociales. De otra forma, podríamos decir, que en educación de lo que se trata ahora, es de formar al nuevo sujeto –cliente y al neoesclavo para las maquilas, nueva presentación de la precarización del trabajo.

 

Como bien lo ilustra Barrantes (Torres, 2001), es clara la plena coincidencia entre las recomendaciones de los organismos multinacionales, las decisiones asumidas por diversas cumbres y foros, y las directrices y legislaciones nacionales respecto a la estructura y funcionamiento de los sistemas educativos de los países. De estos acuerdos a nivel mundial, lo que se ha derivado de forma sistemática, es una tendencia a la homogeneización de la educación y por tanto de la cultura. Pero esta homogeneización no se limita exclusivamente a los aspectos generales o teleológicos de la educación (componente abstracto), sino que afecta también las prácticas cotidianas y con él, todo el conjunto del accionar colectivo.

 

Detrás de estos procesos de homogeneización lo que históricamente se ha seguido ha sido la explotación de la mano de obra y de las riquezas naturales, con lo cual se les niega a los pueblos toda posibilidad de un desarrollo endógeno que propicie su dignidad y la sobrevivencia de sus tradiciones, su cultura y sus recursos materiales. Y en coherencia con estas decisiones es coincidente también, la presencia de nuevos discursos que se imponen en el campo de la educación; términos transportados del ámbito de la empresa con una intención clara por la competencia y el rendimiento como son: evaluación de la calidad, evaluación por competencias, ser competente, ser hábil para…, eficiencia y gestión responsable. Los cuales no han dejado por fuera ningún campo (incluida la recreación y el ocio), pues de lo que se trata es de universalizar las formas de vida, y por tanto de consumo.

 

Pero, ¿cómo llega el discurso de las competencias al campo de la educación y por tanto a la recreación? De acuerdo con Barrantes (Torres, 2001: 127), la noción de competencia es relativamente reciente en el discurso educativo y adquiere su presencia en virtud del modelo de desarrollo. La globalización como nueva fase del capitalismo, presiona la expansión de la cultura y la apertura económica. Este proceso se refrenda a partir de los diferentes encuentros de ministros y cumbres sobre temas como: educación, trabajo, cultura, género, etc. Directrices que toman como iniciativa las nuevas tendencias de la economía mundial y los alcances teóricos en materia de desarrollo social.  Según este autor, una lectura contextual al tema específico de las competencias precisa de una comprensión:

 

  • “Desde las categorías empleadas por el modelo de desarrollo para definir el perfil y el rol esperado de los individuos: Desarrollo de Recursos Humanos, Capital Humano y Capital Social;
  • Como nexo entre política social y política educativa (conocimientos básicos requeridos socialmente, calidad como punto de referencia general, relación educación- mundo del trabajo); y,
  • Desde las prácticas sugeridas en la educación formal para la Evaluación de la Calidad Educativa, y los mecanismos a través de los cuales se implementa: descentralización, focalización, concertación, gestión, transferencia de responsabilidades y, favorecimiento del Desarrollo Humano” (Torres, 2001: 127). A partir de estos elementos podemos plantear que efectivamente los sistemas educativos son una estrategia de la política social (de la reproducción social).

 

Para los momentos actuales la educación debe responder a la reestructuración del Estado; como sabemos, la tendencia mundial se erige sobre la base de la modernización y descentralización como ejes del nuevo accionar social, así la realidad se configura como tránsito, o mejor, a partir de la eliminación de la figura del Estado benefactor (interventor) se da paso al modelo de Estado Mínimo, Estado regulador (del mercado), en fin, al nuevo Estado transnacional, y es precisamente en el marco de esta lógica de funcionamiento que la educación edifica las nuevas “necesidades básicas de aprendizaje”, que no siempre van en la dirección de las reales necesidades del país.

 

Como fundamentos para la adopción del discurso de las competencias en América Latina y por tanto en Colombia, podemos citar aquí las recomendaciones de la CEPAL, según las cuales, el desarrollo y los recursos humanos son temas de profunda vinculación. Insiste este organismo en la necesidad de profundizar la interrelación entre el sistema educativo, la capacitación, la investigación y el desarrollo tecnológico. Todo procurando, según esta entidad, la transformación productiva, la democratización política y la equidad social (CEPAL/ UNESCO, 1992:15 citada por Torres, 2001: 139).

 

Sobre la interrelación entre el desarrollo y los recursos humanos dice Delors (1996: 20), que el desarrollo de los países supone que su  población activa sea capaz de utilizar tecnologías complejas y dar muestras de competitividad y espíritu de adaptación. En estos planteamientos lo que subyace es la asignación  de un papel muy importante a la educación en el proceso de reconversión de la sociedad industrial en sociedad de conocimiento como hecho que afecta los sistemas de educación de los distintos países.

 

Como se puede leer en el mismo informe, la educación como medio, como dispositivo, pone de manifiesto que la competencia entre los sujetos hace parte de la lógica de funcionamiento del modelo de desarrollo y refleja el “espíritu de adaptación” adquirido en un proceso educativo permanente.

 

Así, las competencias se nos presentan hoy como el nuevo dispositivo para participar de la dinámica del sistema mundo. Podríamos decir sin temor a equivocarnos que las competencias son para nuestro tiempo los nuevos códigos de la modernidad, esto es, aquel conjunto de destrezas y conocimientos necesarios para participar en la vida pública y desenvolverse productivamente en la sociedad (Torres, 2001:140). Un ejemplo que nos puede ilustrar bien la situación, es que el tipo de comercio exterior que se promueve  tiene como soporte el intercambio de materias primas y la oferta de mano de obra barata para ser explotada bajo el modelo maquilador - ensamblador a cambio de aportes de capital. ¿No serán acaso las competencias, la forma como el gran capital pretende unificar la labor del nuevo asalariado para participar en la reconfiguración del sistema de producción?

 

Lo que nos llama poderosamente la atención frente a este tipo de planteamientos, es que son organismos internacionales los que definen las tendencias educativas de los demás países, sin permitir la expresión de una educación pertinente y con pertinencia social. Para el caso en cuestión, encontramos una crítica al modelo, en tanto procura una educación para el trabajo y limita la posibilidad de la educación como trascendencia, como recreación humana, como factor de desarrollo, como formación del carácter, como elemento para superar la pobreza y las inequidades sociales, como acto heurístico, y fundamentalmente como formación para una ética colectiva de la responsabilidad.

 

Estos discursos de lo que nos percatan, es de una tensión que se hace cada vez mas evidente en el escenario educativo -y allí en lo recreativo- entre el proyecto pedagógico como utopía y la normativa jurídico política que se resiste a toda innovación y sobretodo a la posibilidad de los actores educativos  de concretar un proyecto  que atienda los mas altos ideales y que se ponga en situación a atender las necesidades formativas de las personas y los colectivos humanos bajo el principio de la soberanía y la autodeterminación.

 

A nuestro modo de ver, el poder transnacional subsume muy bien los desarrollos en el campo educativo y los coloca a su servicio al modo de nuevos legitimadores del accionar internacional. Son muy loables los planteamientos de los organismos internacionales bajo la dirección de personalidades muy reconocidas como Morin, Derrida, Delors entre otros, al procurar una educación para la responsabilidad y para la solidaridad, no obstante esto, lo que se evidencia es que la educación se pone al servicio de los procesos de transnacionalización de los mercados, con lo cual se convierte ella misma en una mercancía que como tal, en vez de servir a las necesidades materiales y culturales del ser humano, por el contrario, lo convierte en un esclavo de su propia producción en el modo de producción capitalista, y que adquiere hoy presencia bajo la forma de las competencias.

 

Bibliografía

 

Casas, U., ALIENACION. El hombre-mercancía del capitalismo. Santafé de Bogotá, 1994

 

Delors, J., La educación encierra un tesoro. Informe de la UNESCO  de la comisión internacional para el siglo XXI. Madrid. UNESCO, Santillana. 1996.

 

Fernández, J., México en la aldea global. México. 2002.

 

Morin, E., La mente bien ordenada. Barcelona. Seix Barral los tres mundos. 2003.

 

Tabares y otros. El ocio, el tiempo libre y la recreación en América Latina: problematizaciones y desafíos. Medellín. Editorial CIVITAS. 2005.

 

Torres, E., y otros. El concepto de competencia. Una mirada interdisciplinar. Bogotá. Sociedad Colombiana de Pedagogía. 2001.

 

 

 

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[1] Profesor de la Universidad de Antioquia y Vicepresidente de la Corporación CIVITAS.

[2] Estudiante de la Universidad de Antioquia