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Ponencia |
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CRISIS Una “crisis” es un suceso
que causa alteraciones intensas en las personas. Si excede su capacidad de
respuesta se denomina “desastre”, en caso contrario “emergencia” (1).
Toda crisis implica una amenaza y una vulnerabilidad. La amenaza (externa)
puede ser natural como un deslizamiento o un terremoto, o antrópica como
delincuencia común o guerrilla; en cambio, la vulnerabilidad (interna)
siempre es humana. Es por esto último que no existen “desastres naturales”,
sino que todos son “desastres humanos” (2). Basta pensar, por qué
cuando ocurre un deslizamiento, una inundación o un sismo, las edificaciones
más afectadas son aquellas de las personas de más bajos recursos económicos;
obviamente la inequidad social tiene un alto grado de culpa. Y como todos
somos parte de esta sociedad, TODOS TENEMOS
RESPONSABILIDAD desde el lugar donde vivimos y trabajamos en: la previsión
de los posibles riesgos de desastre, la prevención de las amenazas, la
mitigación de la vulnerabilidad, la preparación para disminuir
el impacto, la atención cuando sucede y la recuperación de la
infraestructura y del tejido social después del mismo (1). Una cuestión esencial es
que, además de los macro-desastres muy visibles, existen los micro-desastres (3):
esas pequeñas crisis cotidianas, imperceptibles para los privilegiados de la
sociedad, que afectan gravemente por su número y constancia a millones de
personas en nuestro país y el mundo entero. Por ejemplo, los niños con padres
ausentes por necesidad de trabajo, que hoy se queman en la cocina, mañana son
víctimas de violación, después son inducidos a la drogadicción, etc.; o el
sinnúmero de familias, como la suya y la mía, que de un día para otro les toca
abandonar casa, tierra, trabajo, amigos, todo… para irse a pedir limosna en
una ciudad desconocida y ver los hijos pasar hambre; etc. Resiliencia es la
“capacidad que muestran algunos seres humanos, en medio de las peores
adversidades, de tomar el contrapié a partir de sí mismos, y que les permite
desarrollarse y construir sus sueños conservando la estructura humana en
términos de valores éticos de supervivencia” (5). Todos conocemos
personas que en medio de las mayores dificultades, se sobreponen y logran
rehacer sus proyectos de vida. En la difícil situación actual de Colombia,
nosotros tenemos la posibilidad y responsabilidad de intervenir para inclinar
la balanza hacia el afrontamiento resiliente de las crisis. Dicho de otra
forma, la palabra “crisis” en chino
contiene dos símbolos (4):
Este texto es un modesto
aporte para cumplir con la responsabilidad que nos corresponde en la
preparación para disminuir el impacto psicosocial en situaciones de crisis
(cotidianas y en macrodesastres), utilizando para esto herramientas de
recreación psicoterapéutica, que aumenten la resiliencia y permitan convertir
las dificultades en oportunidades. ESTRÉS Toda crisis implica dos
fenómenos simultáneos: cambios y pérdidas. Los cambios generan estrés, el
cual puede definirse como el conjunto de reacciones que se desencadenan en
las personas cuando se sienten expuestas a algún peligro real o mental (por
ejemplo, hechos ya sucedidos). El estrés puede clasificarse en “euestrés”
cuando su nivel y duración permiten una mejor adaptación al medio, y
“distrés”, en la situación contraria (6). Holmes y Rahe realizaron
un estudio que permitió medir el nivel de estrés de 43 situaciones vitales; en
la siguiente tabla se presentan aquellos relacionados con situaciones de desastre
(4). Escala de reajuste social
de Holmes y Rahe.
La suma de 200 ó más
puntos en un solo año incrementa la incidencia de trastornos mentales (7),
y en un desastre fácilmente se duplica o triplica este nivel, y no en un año,
sino en algunos minutos. Por lo anterior, el
“Trastorno por Estrés Postraumático” puede presentarse
en un alto porcentaje, incluso más del 75% de los afectados (8).
Éste se define como un conjunto de alteraciones psicosomáticas que se
presentan después de un suceso traumático, esencialmente: reexperimentación
persistente del mismo, evitación de estímulos asociados al trauma e
hiperactivación, que provocan malestar significativo o deterioro social o
laboral. Los síntomas del trastorno por estrés postraumático suelen aparecer
luego de días, semanas o años, de la experiencia traumática, fluctúan a
través del tiempo y se intensifican durante los períodos de estrés. “Un 30% de los pacientes se recupera
completamente, un 40% continúa presentando síntomas leves, un 20% presenta
síntomas moderados y un 10% no experimenta ningún cambio, o incluso, empeora”
(7). Uno de los factores de buen pronóstico es una
buena red de apoyo social, que disminuye: la
probabilidad de padecer el trastorno, la gravedad de su presentación y el
tiempo de recuperación. Para reducir el estrés se han utilizado técnicas de
relajación, respiración (9) e imaginación guiada (“un lugar
seguro”)(10); y actualmente, técnicas de vanguardia, tales como el
“abrazo de la mariposa” y el “sombrero mágico”, que son rápidamente eficaces
no sólo para disminuir el estrés sino para acelerar la elaboración de los
recuerdos dolorosos (11). “El
abrazo de la mariposa, consiste en cruzar los brazos sobre el pecho, para que
con la punta de los dedos de cada mano, se toque la zona que se encuentra
debajo de la unión de la clavícula con el hombro. Se pueden cerrar los ojos o tenerlos
semiabiertos, viendo hacia la punta de El
sombrero mágico, como denomino a la postura de DUELO Las pérdidas requieren
proceso interno de separación del objeto o persona ya ausente; este proceso
se denomina “duelo”. Comprende tres momentos generales (se denominan momentos
porque no existe un límite preciso entre uno y otro, sino un alto grado de
interpolación): choque y negación, reacciones biopsicosociales y adaptación (4). El primero es el estado
momentáneo de aturdimiento al darse cuenta de la pérdida, seguido de la
negación que es no creer que la pérdida sea real o importante, cuando sí lo
es; es un mecanismo de defensa natural que es sano durante algunos días, e incluso
si la pérdida es muy significativa puede tardar algunas semanas en ser
superado completamente. Las reacciones pueden ser corporales (como cefalea, diarrea,
insomnio, etc.), emocionales (tristeza, rabia, miedo, culpa, etc.), mentales
(incapacidad para concentrarse, pensamientos recurrentes e intrusos sobre el
suceso, etc.), sociales (irritabilidad, apatía, etc.) y espirituales
(sensación de que la vida ya no tiene sentido, enojo con Dios –según las
creencias de cada uno -, etc.). Finalmente, la persona se va adaptando a su
nueva situación. (4) William
Worden plantea varios principios de ayuda a las personas en duelo por la
muerte de un ser querido, que pueden utilizarse también en otros tipos de
pérdida (14), los cuatro principales son los siguientes: 1.
Ayudar al
superviviente a hacer real 2.
Ayudar al
superviviente a identificar y expresar sentimientos. Escuchándolos
sin juzgarlos y expresándoles que es completamente normal (“normalización”) tener sentimientos
intensos, algunos aparentemente “negativos”, tales como los siguientes: a.
Enfado. Tener mucha
tolerancia y comprensión con las explosiones de rabia del superviviente. b.
Culpa. Casi siempre
es irracional, por lo que debe confrontarse con la realidad haciéndole ver al
superviviente que hizo todo lo que pudo dadas las circunstancias. Si la culpa
c.
Tristeza. Dejar que el
superviviente exprese este sentimiento de la forma que desee. d.
Ideación
suicida. Preguntar sin temor y en tal caso escuchar a la persona (esto
disminuye el estrés asociado y por lo tanto disminuye su riesgo; es falso que
hablar del suicidio empuja a las personas a llevarlo a cabo). Si la ideación
es intensa y el suicido es una posibilidad real para la persona, buscar la
ayuda de un profesional. 3.
Ayudar a vivir
sin el fallecido. Colaborarle en la búsqueda de soluciones a los
nuevos problemas que debe afrontar. Tener en cuenta que inmediatamente
después de una pérdida no deben tomarse decisiones importantes, porque es muy
difícil pensar con claridad en la fase aguda del duelo. 4.
Facilitar la
recolocación emocional del fallecido. Ayudar al superviviente
a poner al ser querido que ha perdido en “un lugar del corazón”,
permitiéndole así seguir adelante con su vida y establecer nuevas relaciones. En los niños, la
expresión es principalmente no-verbal e intermitente a lo largo de varios
años: intentan elaborarlo con los nuevos recursos que van adquiriendo en su
crecimiento. Según la edad se percibe la muerte y se expresa el duelo de una
manera diferente, tal como se presenta enseguida (18).
RECREACIÓN En el sistema capitalista
en que vivimos, lo primordial es el dinero. Por lo tanto, el tiempo laboral
dirigido a producir materialmente es el importante; en cambio, el tiempo
“libre” sólo es importante en la medida en que descansa a la persona
dejándola en condiciones de volver a producir (15). Se
descalifican entonces las actividades dirigidas a llenar las demás
necesidades humanas, de afecto, participación, ocio, creación, identidad y
libertad (16). Aunque la “recreación” es
un concepto en construcción, podemos apoyarnos en la ley 181 de 1995, la cual
en su artículo 5º define la recreación
como “un proceso de acción
participativa y dinámica que facilita entender la vida como una vivencia de
disfrute, creación y libertad, en el pleno desarrollo de las potencialidades
del ser humano, para la realización y mejoramiento de la calidad de vida
individual y social” (17). Es decir, es un proceso que
involucra a todas las esferas del ser humano, que es en sí mismo placentero y
cuya finalidad es el desarrollo humano y social. No se debe confundir con el
“recreacionismo” de los “recreacionistas” que es la realización de
actividades placenteras sin un objetivo claramente definido de desarrollo
humano o social y, por lo mismo, sin la cuidadosa elección de las técnicas y planeación
de la secuencia necesaria para tal fin. De igual forma, la recreación debe
adaptarse a la edad de las personas y a las características culturales de cada
grupo. Se pueden utilizar, durante
el trabajo de recuperación psicosocial, las diferentes áreas de la
recreación, con todas sus diferentes posibilidades, tales como: el área
lúdica, con los juegos, rondas, carruseles, bazares y circuitos; el área cultural,
con danzas, teatro, títeres, coros; el área de las actividades al aire libre,
con campamentos, caminatas, “cacerías”; y el área social, con los grupos
infantiles, las fiestas, las tertulias, etc. (19) RECREACIÓN
PSICOTERAPÉUTICA EN CRISIS Puede definirse “El juego es la vía más efectiva para trabajar los
sentimientos. Los adultos, al cuidado de niños, deben estimularlos,
motivarlos y crearles condiciones para jugar. Hacer rondas, leer cuentos,
dramatizar, cantar, recitar, dibujar y pintar, y todo lo que venga en mente y
divierta y haga reír. La risa es un instrumento que ayuda a sanar” (21). ·
La recreación en sí misma que induce la liberación
de endorfinas con el consiguiente bienestar que éstas producen, lo cual
contrarresta los sentimientos perturbadores de los recuerdos traumáticos. ·
La recreación como “vehículo lúdico” que facilita la
administración de procesos psicoterapéuticos. Pueden identificarse tres
componentes en los programas de RPT (20): ·
Lúdico. La personas
se involucran en actividades grupales placenteras, emocionalmente menos
comprometedoras (“como es un juego, no es en serio” –aparentemente-) y en
ambientes novedosos diferentes de los cotidianos (y del consultorio). Esto le
permite a la persona ensayar, sin sentir la presión social cotidiana, nuevas
formas de pensar y actuar. ·
Educativo. La
participación integral (corporal, psicológica y social) agiliza el aprendizaje
de nuevos conocimientos y conductas. ·
Psicoterapéutico. Lo anterior
aunado a las técnicas psicoterapéuticas genera fácilmente los cambios
terapéuticos deseados. Por lo antedicho, Los programas recreativos
orientados a la recuperación psicoemocional después de una crisis deben
dirigirse a cuatro objetivos fundamentales: 1.
Recordar lo
sucedido. Para aumentar la aceptación de la realidad de la pérdida. 2.
Identificar y expresar
los sentimientos. Para favorecer el proceso de duelo. 3.
Facilitar la
elaboración de los recuerdos traumáticos. Utilizando las técnicas
mencionadas: relajación, respiración y “lugar seguro”, para disminuir el
estrés; “abrazo de la mariposa” y “sombrero mágico”, para acelerar el
procesamiento de las experiencias traumáticas. 4.
Visualizar un
futuro mejor. Para brindar esperanza, facilitar la adaptación a
la nueva situación y la reconstrucción del proyecto de vida. Esto puede
apoyarse en la fe en Dios, según y respetando las creencias de los
participantes. El facilitador deberá mantener
una actitud serena de comprensión de las reacciones difíciles de los
afectados, escucharlos con atención, y reconocer y aceptar los sentimientos
que expresen (excepto las conductas violentas contra sí mismos o los demás). Se sugiere leer las recomendaciones
generales de Un ejemplo de una
secuencia de recreación psicoterapéutica para la recuperación emocional
posdesastre, utilizando dibujos, es la siguiente: 1.
Realizar una actividad “rompe hielo”, de movilización,
que permita que los participantes “entren en confianza”. 2.
Dibujar individualmente qué pasó. Plenaria, ayudando
a comprender lo sucedido. Realizar alguna de las técnicas mencionadas. 3.
Dibujar individualmente qué perdieron. Plenaria,
ayudando a aceptar lo sucedido. Realizar alguna de las técnicas mencionadas. 4.
Dibujar cómo están por esto (sus pensamientos,
emociones, cuerpo, relaciones con los demás y relación con Dios) con colores
o letras según la edad (puede ser varios dibujos, uno con cada aspecto). Plenaria,
ayudando a identificar y normalizar las diferentes reacciones
biopsicosociales. Realizar alguna de las técnicas mencionadas. 5.
Dibujar cómo estarán de bien dentro de unos meses o
años. Plenaria, brindando esperanza y ayudando a reconstruir el proyecto de
vida. Realizar alguna de las técnicas energéticas mencionadas. BIBLIOGRAFÍA 1.
CRUZ ROJA COLOMBIANA. Sistema de Manejo Integral de
Desastres: Manual de Campo S-3100. En internet: <http://www.cruzrojacolombiana.org/ManualdeCampo.pdf> 2.
MASKREY, Andrew.
Los Desastres No Son Naturales.
Santafé de Bogotá: 3.
CASTELLANOS, Xavier. Desastres Olvidados. Federación
internacional de sociedades de la cruz roja y de la media luna roja. En
internet: < http://www.cruzroja.org/desastres> 4.
BRENSON-LAZAN, Gilbert y SARMIENTO, María Mercedes. Recuperación
Psicosocial. Global Facilitator Service Corps. En internet: <http://www.globalfacilitators.org/virtual%20library/Trauma.pdf> 5.
SÁNCHEZ, Esther y otros. 6.
MINGOTE, J.C. y PÉREZ, F. El Estrés del Médico.
Madrid: Díaz de Santos, 1999. 7.
KAPLAN, Harold y SADOCK, Benjamín. Sinopsis de
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BMJ, 07/22/2000, Vol. 321 Issue 7255. 9.
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Trauma Information Page En internet: <http://www.trauma-pages.com/lang/es/s/schmookler-manual.php> 11. HARTUNG, John y GALVIN, Michael. Energy Psychology and EMDR. New York:
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MEXICANA PARA AYUDA MENTAL EN CRISIS. Abrazo de 13. TAPAS FLEMING,
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2000. 16. MAX-NEEF, Manfred y otros. Desarrollo a Escala Humana. Medellín:
Proyecto 20, 1997. 17. SENADO DE 18. NATIONAL
CANCER INSTITUTE. Los niños y 19. AGUILAR, 20. TREJOS, Jhon
Jairo; CARDONA, Dora y CANO, Margarita María. Recreación Psicoterapéutica:
Conceptos Básicos. Pereira: Universidad Tecnológica de Pereira, 2005. 21. SEQUEIRA, Luz María. Cómo Ayudar a los Niños a Enfrentar Momentos
Difíciles. En internet: <http://www.amauta-international.com/MITCH/Sequeira.html> |
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Nota: he intentado presentar en la bibliografía páginas de internet donde el
lector pueda ampliar los principales aspectos de esta ponencia.
[1] Médico y
Cirujano
Magíster en Educación y Desarrollo Comunitario
Diplomado en Medicinas Alternativas
Formación en Psicoterapias de Vanguardia
Docente en
Correo: jtrejos@utp.edu.co