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Ponencia |
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Introducción Utilizar los conocimientos acumulados por las ciencias del comportamiento, con el propósito de profundizar en la recreación como fenómeno sociocultural, no es un asunto sencillo, más aún, cuando existe una marcada tendencia en la actualidad al desarrollo de cuerpos organizados de conocimientos científicos y tecnológicos que buscan independizar componentes tradicionales de la cultura física como el deporte, la educación física y la recreación, por ello hoy se escuchan en los ambientes especializados términos como: deportología, praxiología, psicocinética y por supuesto, recreología. Sin embargo el objetivo de nuestro análisis no es poner en tela de juicio las posiciones epistemológicas de estos planteamientos, que como es sabido provienen de profundas reflexiones teóricas realizadas por estudiosos del tema, no por ello incuestionables, pero si de alguna manera respetables. Según lo previsto por el Plan
Nacional de Recreación, para el área de investigación, algunos elementos
del diagnóstico apuntan a la necesidad de contar con un cuerpo teórico y una
producción investigativa que defina de forma universal el objeto de estudio de
la recreación, sus bases epistemológicas, conceptuales y metodológicas, (PNR,
1999). No sabríamos en estos momentos reconocer qué sería más conveniente, si
hacer de la recreación una disciplina científica -ciencia social-, o darle, por
el contrario, un enfoque inter y multidisciplinario. No obstante, es cierto que dicha actividad humana requiere de un
conceptualización profunda a tenor del modo en que han evolucionado quienes se
recrean; esto, a su vez, no es equivalente con la idea de convertir en ciencia,
lo que por siglos no ha pasado de ser parte inseparable de la práxis de seres
humanos, por un lado, y problemas de investigación teórica y aplicada para las
ciencias sociales y comportamentales, por el otro. Otro aspecto importante que ha imperado tradicionalmente en el manejo
del tema de la recreación es su reduccionismo al ocio, como si solo por el ocio
y en el tiempo libre pudieramos realizar dichos actos de creación bajo un
ambiente de esparcimiento. Nuestra intervención pretende ahondar esta problemática desde las
posiciones de la psicología humanista y cognitiva. -
La
recreación es una actividad humana ligada directamente a las necesidades de
autorealización. La noción de Myhali sobre el placer y el disfrute
permite reconocer la diferencia entre satisfacer nececidades de supervivencia y
necesidades de crecimiento. Al parecer nada es más placentero que escuchar
música o asistir a un partido de futbol sobre todo cuando vamos a escuchar las
piezas que más nos gustan o nuestro equipo finalmente recompensara nuestra
presencia con la victoria de manera contundente e inequívoca. A pesar de que la posición Masloviana ha sido
ampliamente criticada por su aproximación desde los instintos a la comprensión
de la motivación en cuanto a jerarquización de las necesidades, pues la
problemática de la motivación humana no puede reducirce a su estructuración en
niveles rígidos y jerárquicos cuyo nivel superior se desarrolle sobre la base
del nivel inferior, en Maslow encontramos si, una clasificación de necesidades
que nos delimita el crecimiento, de la supervivencia humana y nos ayuda a
comprender la diferencia entre placer y disfrute, factores que merecen ser independizados. -
Jerarquía de las necesidades de Maslow
Hace unos meses, asistimos a la parada de la Copa
Davis de Tennis, celebrada en la ciudad de Cali; una ligera observación de los asistentes
a uno de los partidos dejaba ver lo que era evidente en relación a las causas
de su presencia en ese lugar; la búsqueda del placer de la victoria de nuestros
jugadores; por ello los aplausos y los lamentos ocurrían solo cuando los
nuestros ganaban o perdían el tanto, no
importaba cómo, ni siquiera importaba el esfuerzo del adversario; como
consecuencia del comportamiento del público, el partido dejó de ser realmente
atractivo, por las continuas interrupciones y por las amenazas de penalización
al equipo local, a pesar de los ingentes esfuerzos de la barra, la victoria fue
de los visitantes; luego éstas mismas escenas se repitieron cuando la parada
fue televisada desde Santa Fe de Bogotá; esto no es un caso aislado, ni
únicamente de nuestras ciudades, todos conocemos los espectáculos tan
deplorables que ocurren en los estadios de nuestros países, incluso en los más
desarrollados. Las personas acuden a la realización de una gran
cantidad de actividades solo por la búsqueda del placer y no necesariamente las
disfrutan. El placer es un sentimiento de satisfacción que se logra cuando la
información en nuestra conciencia nos dice que hemos logrado cumplir con las
expectativas controladas por los programas biológicos o por el condicionamiento
social (Myhali, 1999). El sueño, el descanso, la alimentación, la bebida, el
sexo, los viajes, los vestidos, las reuniones, los espectáculos, nos proveen de
información suficientemente confiable sobre la manera en que restablecemos
nuestros equilíbrios biológicos o nos mantenemos a tono con unos modelos de
existencia que son impuestos por la sociedad, entiéndase individuos o grupos
sociales, como los que hacen las comunicaciones, ciertas formas del arte, la
moda y quienes producen artículos de consumo, todos sabemos los intereses que
se esconden detrás de tales prácticas, y si no, bastaría con hecharle una
ojeada al contenido de violencia que aparece muy sútilmente disfrazado en
ciertos comerciales que aparecen en la televisión. No hay dudas que el placer es parte de la calidad de
vida, pero no hace por si solo la autorealización humana es decir no produce
crecimiento psicológico, no agrega complejidad a la personalidad, el placer nos
ayuda a mantener el orden pero por si mismo, no puede crear un nuevo orden en
la conciencia. Rollo May, es reconocido como participante de la
corriente humanista y nos describe las razones de la conducta que conduce al
logro del placer, al caracterizar al ser humano de occidente, reconoce la problemática
en el sentido del aislamiento y la carencia de conciencia de individuo; estos
factores son generadores de ansiedad, cuya disipación se alcanza mediante la
persecución de la ganancia individual en la mantención de un orden interior. Para el autor, ello representa un círculo, vicioso
debido a que esta ansiedad genera apatía (sin empatía), hostilidad que separa a
unos de otros produciendo sentimientos de desamparo y por ende, generadores
nuevamente de ansiedad. En el hombre moderno esta ansiedad va acompañada de
sensación de vaciedad y soledad; este sentimiento implica que las personas
pueden responder ante los estímulos del medio, pero, han perdido la
fundamentación de la elección (Valdes, 1994). La cuestión es si la recreacción nos deja la opción
de escoger, por qué casi siempre escogemos aquello que nos produce placer, con
la condición que prácticamente no tengamos que realizar mucho esfuerzo; aquí es
donde precisamente se refleja la carencia de elección; sólo se trata de
mantener equilíbrios biológicos o simplemente sociales. El ser humano no puede vivir en la vaciedad durante
mucho tiempo (Valdes, 1994), sin evolucionar a algo, las potencialidades
estancadas o reprimidas se convierten en morbosidad, desesperación y
eventualmente en actividades destructivas. El estado de soledad interior va
acompañado de apatía y ausencias de sentimientos como defensa contra la
ansiedad , al sentir el temor de encontrarnos solos se pierde el sentido de
orientación externo, y se comienza a juzgar el valor de las acciones no por la
acción en si misma si no de la aceptación que tiene para los demás. Desaparece en sí, el verdadero sentido de la
identidad humana y a su vez, el lenguaje para comunicarnos unos a otros los
profundos significados personales; obsérvese cómo, en ciertas áreas del arte,
algunas obras solo tienen significado para sus autores. Myhali, nos habla de la manera en que se derrocha el
tiempo libre, cuando no quedan comprometidas nuestras potencialidades físicas y
mentales (Myhali, 1999). Por ejemplo, todos quisiéramos llegar a casa después
de una agotadora jornada de trabajo y asi disponer de nuestro bien ganado
tiempo libre; sin embargo, a menudo no sabemos qué hacer con él. Irónicamente termina siendo el trabajo mejor
disfrutado que el propio tiempo libre; esto es debido a que el trabajo es mejor
organizado, tiene metas, retroalimentaciones, reglas y retos, todo lo cual
determina que uno se involucre tanto que terminamos perdidos en él. El tiempo
libre no está tan estructurado como el trabajo; requiere de un esfuerzo mayor
para convertirse en algo que se pueda disfrutar. Las actividades que exigen
habilidad, los hábitos que nos imponen metas de crecimiento, los intereses
personales y especialmente la disciplina interior, ayudan a que el ocio sea lo
que realmente se supone que es: una
oportunidad para la recreación. La industria del ocio que ha aparecido en las últimas décadas, está diseñada para
ayudarnos a llenar nuestros ratos libres con experiencias placenteras. Sin
embargo, en vez de usar nuestros recursos físicos y mentales para experimentar
el establecimiento de un nuevo orden de conciencia, nos dedicamos a contemplar
durante casi toda nuestra vida, cómo, famosos deportistas compiten en estadios
inmensos; en vez de crear música, escuchamos los discos de unos músicos; en vez
de crear arte, vamos a admirar pinturas. No corremos riesgos actuando según
nuestras creencias, pero pasamos muchas horas cada día viendo a unos actores
que fingen tener aventuras y comprometiéndose en acciones significativas
(Myhali, 1999). Para muchos recordar aquello que hemos disfrutado, nos conduce a
aquellas experiencias en las que hemos trascendido más allá de las vivencias
divertidas. El disfrute contiene la experiencia placentera, pero significa
movimiento hacia delante; es ir más allá de ella. Un ejemplo de disfrute
podemos encontrarlo en el deporte que realizan quienes están en las etapas de
la alta maestría, donde es posible transformar vivencias llenas de verdadera
agonía en una simple adicción, de donde se es imposible salir; el disfrute
implica reconocer que se ha crecido. Luego la sensación de disfrutar algo, es recibir a cambio del esfuerzo
que nos compromete con la actividad, una amplia gama de recompensas no
propiamente vinculadas a necesidades de supervivencia, sino a aquellas
relacionadas con la actividad en sí misma, de manera que vencer la complejidad,
sentir el reto y percibir la autocompetencia (Reeve, 1994), son reforzadores
tan eficientes en la recreación, como en cualquier otro tipo de actividad
humana, que apunte a la satisfacción de necesidades muy especificas de la
autorealización.
La concepción humanista en la psicología, defiende la autorealización
como la meta– motivación; llegar a ser lo que se debe ser, por la propia condición
de potencialidad de los seres humanos; para ello, Allport, al definir la
personalidad madura señala tres indicadores: la autonomía, la
auto–objetivización y la concepción unificadora de la vida; más tarde, Rogers,
al caracterizar la plenitud en las personas, aclara estos indicadores en forma
de atributos como: -
Apertura a la experiencia, sin la adopción de
conductas defensivas. -
Congruencia entre las percepciones y la
realidad. -
Adaptación y creatividad. -
Capacidad de valoración autónoma. -
Sentimiento de consideración positiva
incondicional de sí mismo. -
Armonía interpersonal. Esto convierte a la recreación en un importante medio de construcción
del ser humano, de moldeamiento de su personalidad, por lo que la recreación no
debe ser vista como una simple restauradora de los equilibrios, función que
correspondería a otros medios. El niño nos muestra una conducta intrínsecamente motivada; el niño
invierte una gran cantidad de energía psicológica en metas que representan un
verdadero desafío; los niveles de concentración de la atención y la resistencia
que aparecen en su comportamiento, son síntomas inequívocos del disfrute, bajo
el cual se regulan sus acciones. Infortunadamente el refuerzo positivo y
negativo de los adultos, hace que esta condición natural de autodeterminación,
se vaya transformando en una conducta externamente condicionada, fenómeno que
no excluye a la recreación. Al llegar a la edad adulta, esta conexión natural
del crecimiento, con el disfrute, tiende a desaparecer gradualmente, debido al
auge que alcanzan los satisfactores que nos proveen de incentivos y recompensas
extrínsecas. De esta manera, asumir la recreación como una forma intrínsecamente
motivante, nos conduce a afrontar el problema desde una posición pedagógica, es
decir, que la reestructuración motivacional a la que están orientados los
procesos de formación para la vida del ser humano, hacen que la recreación sea
vista como un asunto de educación y no un simple problema de oferta de
esparcimiento. Este proceso de enseñanza y aprendizaje debe contemplar la recreación
como una fuente generadora de valores; la gente no disfruta la actividad que
realiza por la actividad en sí misma, sino, por los valores que ella contiene,
por lo cual, las actividades recreativas deben contener elementos quer
corresponden a las necesidades de crecimiento.
Aspectos
Aspectos
En estudios sobre poblaciones de deportistas profesionales colombianos
de alto rendimiento, específicamente de Baloncesto y Fútbol, encontramos una
valoración insuficiente de la importancia que la recreación tiene como forma de
la cultura para el crecimiento personal, en comparación a otras formas
habituales de la práctica social. Formas como la educación, el deporte y la
salud, sin diferencias evidentes entre sí, ocupan un lugar relevante en los
mecanismos valorativos de dichas poblaciones, a pesar que existe, según los
encuestados, una gran predilección por actividades en el tiempo libre que
supuestamente son consideradas actividades recreativas.
La taxonomía de necesidades propuesta por Max – Neef, es apropiada al determinar
todos los beneficios que en la actualidad se le atribuyen a la recreación (Max
– Neef, 1986), debido a que la mayoría de las actividades que se realizan en el
tiempo libre contribuyen a la satisfacción de unas u otras; sin embargo, si
separamos aquellas que en una medida importante contribuyen al desarrollo de la
realización del ser humano, osea su autodeterminación, encontraremos una
tendencia marcada en la sociedad a consumir el tiempo libre en actividades poco
o nada relacionadas con estas necesidades; más bién, dichas actividades apuntan
a la satisfacción de sus necesidades de supervivencia. Matriz de necesidades y
satisfactores
En la propuesta de desarrollo humano de Max – Neef los motivos
(satisfacciones) del comportamiento, adquieren relevancia al facilitar o
entorpecer la satisfacción de las necesidades; de los primeros es el caso de los
satisfactores sinérgicos. Estos son aquellos que por la forma en que satisfacen
una necesidad determinada, estimulan y contribuyen a la satisfacción simultánea
de otras necesidades (Max– Neef, 1986). Desde este punto de vista, la recreación es un satisfactor sinérgico,
porque satisface necesidades de ocio y potencia, la satisfacción de necesidades
de creación y libertad; el atribuirle otras acepciones a la recreación, sería
reducirla a producir sólo experiencias placenteras, pero muy poco de crecimiento
personal. Si delimitamos el campo de influencias que generan las actividades
recreativas en el desarrollo ontogenético del individuo, separándolo de otras
formas de actividad que de alguna manera contribuyen también al crecimiento, como
es la propia educación, entonces podríamos definir el objeto para el estudio y
la construcción de la vivencia, el diseño de la formación y por ende, la
gestión. Bibliografía. Colombia, Departamento de Planeación Nacional. Informe de desarrollo humano para Colombia 1998. Csikszentmihalyi, M. Fluir: Una psicología de la felicidad. Barcelona: Circulo de lectores, S.A., 1999. Durand, M. El niño y el deporte. Barcelona:
Paidos,1988. González, F. y H. Valdés. Psicologá
Humanista: Actualidad y Desarrollo. La Habana: Ciencias Sociales, 1994. González, E. et al. Estudio del
sistema de valores de los basquetbolistas profesionales participantes en la
copa costeñita 1995, en relación a la cultura física, el deporte y el tiempo
libre. Santiago de Cali: Escuela Nacional del Deporte, 1995. (trabajo de
grado). González, E. et al. Sistema de
valores de los futbolistas infantiles y profesionales de clubes de la ciudad
concernientes a la cultura física, el deporte y el tiempo libre. Santiago
de Cali: Escuela Nacional del Deporte, 1995. (trabajo de grado). Max – Neef, M. et al. Desarrollo a
escala humana: una opción para el futuro. Motala: Grafiska, 1986. Reeve, J. Motivación y emoción. Madrid: McGraw – Hill, 1995. |
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