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FORMACION
DE PROCESOS AUTONOMOS PARA EL USO DEL
TIEMPO LIBRE DESDE LOS
PRINCIPIOS DE LA ESCUELA ACTIVA El presente trabajo es una síntesis de algunos planteamientos que desde la
Escuela Activa se han retomado, para interpretar el saber cultural de los
estudiantes como un conocimiento
complementario del saber académico de la escuela. El saber cultural, así
entendido incluye símbolos, interpretaciones de lo cotidiano y formas
culturales de representarse y de vivir el tiempo libre[1]. Desde diferentes corrientes
pedagógicas se han elaborado referentes acerca del aprendizaje en contextos no
escolares[2], teniendo en cuenta las relaciones
entre los aprendizajes y la cultura, entre los aprendizajes y las
vivencias cotidianas y las relaciones entre la
vida cotidiana, la vida escolar y el tiempo libre. En el caso particular
de este estudio, se tiene en cuenta la visión que sobre el aprendizaje han
construido teóricos de la Escuela Activa, considerándolo un punto de vista relevante en la
identificación de centros de interés cultural[3] en la
cotidianidad, para la formación de
personas autónomas, en el uso y aprovechamiento del tiempo libre. 1.
PREGUNTA DE INVESTIGACIÓN: La pregunta orientadora del
presente trabajo de investigación y que da origen al desarrollo teórico
presentado a continuación es la siguiente: Cuáles principios generales de la Escuela Activa, permiten la formulación de una propuesta pedagógica
en la formación de procesos autónomos
para el uso del tiempo libre? 2.
EL USO DEL TIEMPO LIBRE, UN PLANTEAMIENTO PEDAGÓGICO Y
CULTURAL: La aproximación a la pedagogía moderna
se hace teniendo en cuenta la nueva dimensión espacio-temporal del
trabajo educativo en el tiempo libre. Los principios fundamentales que rigen el
concepto de educación en el tiempo libre, como proyecto pedagógico que busca
plantear nuevos espacio-tiempos en la relación aprendizaje y cultura, una nueva
escuela, una nueva comunidad, una nueva
sociedad son los siguientes:
3. CONTEXTO HISTÓRICO DE LA ESCUELA ACTIVA 3.1 Contexto Ideológico:
3.2
Contexto Psicológico:
3.3
Contexto Educativo y Pedagógico[11]:
4. JOHN DEWEY PRINCIPAL TEÓRICO DE LA ESCUELA
ACTIVA John Dewey ( 1859-1952): Formación del Pensamiento Reflexivo que
asegura la participación creativa y responsable como ciudadano[12]. Luego de recibir su grado de psicólogo, fue nombrado
profesor de Filosofía en la Universidad de Michigan en 1884. Escribe el primer
libro sobre la nueva sicología. Estableció el funcionalismo en la Psicología,
y la legitimación de los objetivos de
la filosofía de la educación. Desempeñó una función muy importante en el desarrollo de las ideas filosóficas de
Charles Pierce y de las teorías psicológicas de William James, llevándolas al
campo de la educación, con énfasis en la experiencia como realidad central
cognoscible. También recibió influencia de las teorías evolucionista de Charles
Darwin y Herbart Spencer. Guiado por presupuestos evolucionistas, pragmáticos y democráticos,
Dewey despliega una teoría filosófica y pedagógica en la que demuestra cómo la
meta, la tarea y la misión de la escuela y del sistema educativo no es otra que
la formación del pensamiento reflexivo
de los alumnos, que asegure su participación activa, creativa, y responsable
como ciudadanos que actúan inteligentemente en la solución de los problemas
individuales y sociales, con menos errores y desviaciones. Fue un crítico agudo de la educación
intelectualista, elaboró una teoría de la experiencia como motor del
aprendizaje, desenvolviendo las nociones de interés y de auto educación a
través de lo que denominó “learning by Doing”. Sus principios filosóficos se
apoyan en la idea del cambio y la obtención del progreso social a través de la
lucha del intelecto humano con el medio. Considera la vida social como la base
de la evolución humana y destaca la idea de la educación para todos como forjadora de una sociedad democrática. En la relación escuela y sociedad hace énfasis
en las transformaciones que
caracterizaron las sociedades contemporáneas, insiste en que la nueva
educación, de la que se hablaba en la época, debe ser entendida a la luz de los
cambios sociales, ya que la escuela constituye una parcela de toda la
evolución. La escuela es así, gestora
de la democracia teniendo como misión colocar a disposición de todos los
miembros de la sociedad, el bagaje de conocimientos acumulados por la humanidad
a lo largo de la historia. Insiste en que los problemas de la escuela deben
estar situados dentro del contexto social, siendo cuidadosos de no limitar los
actores sociales que están involucrados en el debate y en la solución de los
problemas educativos ampliando el rango hacia la participación de la sociedad
en general. Revaloriza las actividades manuales como forma de
aprendizaje, no en el sentido reducido de formación técnica sino como actividad
formativa recogiendo así los mejores elementos de la educación artesanal.[13] La escuela tradicional gira alrededor del
presupuesto de que el niño sólo debe escuchar y en esta medida, no tiene
participación activa en su propio aprendizaje. De lo anterior se deriva la
existencia de métodos y programas uniformes. En contraste, la escuela Activa es
más un laboratorio, un taller que un lugar para escuchar lecciones. Partiendo
de la experiencia como núcleo central de la formación, a la educación le
compete encauzar las actividades del niño
teniendo en cuenta sus propios impulsos o intereses. Dewey
considera de gran importancia cuatro impulsos o interese de los
estudiantes, los cuales deben ser direccionados adecuadamente por la escuela:
El impulso social, el impulso de hacer ( el impulso
constructivo), el impulso expresivo ( el impulso artístico) y el impulso de investigación (combinación del impulso
constructivo con el de la conservación). Dewey considera que la escuela tradicional
generalmente desconecta la vida
académica de la vida social y tiene otras formas de vida social, motivo por el
cual es incapaz de utilizar las experiencias adquiridas fuera de la escuela así
como aplicar a la vida diaria lo que se aprende en la escuela, de esta manera
da relevancia a la relación orgánica que se debe establecer entre la vida de la
escuela, y la vida de experiencia en
la sociedad.[14] Toda su experiencia pedagógica, se resume, en buena
parte, a partir de las preocupaciones de su pedagogía:
Dewey critica la forma como es presentado el
contenido a los niños sin traducirlo a términos vitales, sino ofrecido como
algo externo a la vida infantil; por lo tanto, carece de motivación y las
materias pierden sus cualidades por la forman como se ofrecen La experiencia como base de la educación, diferencia
la educación tradicional y la educación nueva, y las posibilidades que se
generan de esa última para constituir una nueva filosofía de la educación
basada en la experiencia[15],
como única vía para que la educación alcance los fines y objetivos propuestos
en relación con el individuo, la sociedad y el conocimiento. La experiencia es, desde esta perspectiva, una carta de navegación para
la educación, la guía que le señala los nuevos caminos a seguir, para que pueda
recuperar el papel preponderante en la sociedad, en tanto la potencialidad que
ella encierra, y sin necesidad de adjudicarle calificativos específicos que
definan su relación con la tradición o lo nuevo. La experiencia, pues, como base de la educación, le imprime no sólo una
nueva dirección; de ella se derivan todos aquellos aspectos que hasta ahora han
sido problemáticos en el campo educativo, como la disciplina, el programa
escolar y la relación con la sociedad; la experiencia es el referente de la
educación y el nuevo programa de desarrollo de sí misma. Se trata de una propuesta pedagógica alternativa que permite unificar y
concentrar los esfuerzos de los actores escolares alrededor de un eje central,
que no es otro que aprender a pensar reflexivamente aprovechando la tendencia
natural de los niños a la curiosidad y explorar e indagar como es el mundo
natural y social que los rodea, hasta elevarlos en su capacidad reflexiva al
nivel del pensamiento científico. El pensamiento científico se configura así dentro de la lógica del
pensamiento como proceso constituido por ideas, conceptos y juicios que se
articulan a través de la inferencia, la deducción y la comprobación
empírica, de la realidad y la acción
sobre ésta, ampliando las
relaciones entre los significados. La aplicación de los métodos científicos a
los métodos pedagógicos no deben aislar los
conceptos de las experiencias que los originan o relacionan, sino complementarlos en la enseñanza para potenciar su poder formativo del espíritu científico en los jóvenes alumnos. El papel de la propia acción del niño en la constitución de sus esquemas de pensamiento desde la
primera infancia, es destacada en esta teoría,
para justificar el juego y la enseñanza por proyectos como factores
formativos. Igualmente, muestra el lenguaje
como instrumento del pensamiento y su eficacia pedagógica[16]
y aborda la discusión crítica del viejo principio pedagógico de que hay que ir
de lo concreto a lo abstracto demostrando que tal contraposición es falsa y
deforma los alumnos. Dewey, desarrolla un importante
elemento en el método pedagógico: el equilibrio entre el liderazgo del maestro
y la auto actividad del alumno, entre el proceso y el resultado de la reflexión
y de la enseñanza, entre el intelecto y la emoción, entre lo nuevo y lo viejo,
entre el juego y el trabajo, entre el arte y la rutina. Se destaca también la
importancia de la creatividad, de la propia acción del alumno en su
aprendizaje, su propuesta de enseñanza por proyectos o por problemas, la
preeminencia del proceso de pensamiento sobre el producto a lograr, la
necesidad imperiosa de enseñar partiendo de las experiencias, conceptos e ideas
que los estudiantes traen sobre la materia. Son todos ellos criterios de un
modelo pedagógico del cual es el pionero. Destaca además, una de las finalidades más importantes de la educación,
el desarrollo consciente ampliado y enriquecedor del intercambio experiencial y
cultural de los miembros de una sociedad democrática y abierta. Entiende el
pensamiento como acción, superando con este enfoque prácticamente todas las
separaciones y dualismos de que adolecen los sistemas filosóficos de occidente. A partir del momento en que las cosas y los conceptos no se definen
estáticamente sino en movimiento, en acción, por su uso y sus funciones, ya
podemos entender el papel educativo del medio ambiente social y por qué
la educación como proceso social sirve a la supervivencia y proyección
de la vida social, al ajuste y equilibrio de los grupos sociales y al dominio
interesado de una clase social sobre las demás[17].
Podemos entender mejor el origen tardío de las escuelas, y el papel protagónico
de los adultos en ellas para asegurar la continuidad de la experiencia social
entre las generaciones jóvenes a través del contenido de los materiales y los
métodos de transmisión y de enseñanza. Así, el medio ambiente social y la
escuela como un ambiente especial, dirigen y controlan el comportamiento social
a favor de ciertas concepciones dualistas socialmente interesadas y
discriminatorias. A la escuela, se le ha asignado como función, no la de preparar para el futuro sino para el presente, no la de
enseñar lo que se debe aprender, sino la de aprender a aprender, en un proceso
de reconstrucción permanente de la experiencia personal y compartida que abre
inmediatamente el camino a experiencias nuevas que enriquecen el presente. La función de la escuela no es el adiestramiento operativo y rutinario,
sino la experiencia verdaderamente educativa, la que integra el pensamiento
propio con la acción sobre el entorno, el contenido de la materia de estudio
con la vida real, la inteligencia con
la emoción y con el interés socialmente compartido. Desde este planteamiento que prioriza la experiencia, se pueden derivar desarrollos pedagógicos
tan sustanciales para la enseñanza y el mejoramiento de las escuelas como, por
ejemplo: Cómo es la articulación entre
el pensamiento, la acción y la
experiencia?, cómo se articula el interés por la materia, con la disciplina de
estudio individual?, con el trabajo en
equipo?, la enseñanza por problemas y los proyectos de acción, conocimiento y
acción social y moral? , el juego y el trabajo en la enseñanza escolar?, enseñanza
de las ciencias naturales y de las sociales?. No es difícil imaginar por semejante recorrido de la obra y su énfasis
en la experiencia y la acción personal como la fuente y criterio del
aprendizaje, que en ella han bebido y se han fundamentado no sólo los pedagogos
activos sino los más recientes de la corriente constructivista, tan actual y
contemporánea a la transición entre los dos milenios. Los actos de la vida cotidiana son
el origen del desarrollo cognoscitivo[18] y por ello pide una
escuela que reproduzca, en cuanto sea posible; las condiciones de vida tal como
son en el medio concreto del niño. Fases de los procesos de resolución de los problemas que plantea el
hombre, su adaptación organizada según el método experimental. El aprender haciendo[19]. a. la experiencia
cotidiana: el medio ejerce su acción y el individuo reacciona para adaptarse.
El individuo se modela según su medio. b. Interrupción de la
actividad y la toma de conciencia de las dificultades. c. La inspección de los
datos y las experiencias pasadas. d. Se forma la hipótesis
sobre la manera de reanudar la continuidad de la experiencia interrumpida. e.
Se pone a prueba de los hechos la hipótesis conservada como las apta
para restaurar la continuidad de la experiencia. Se trata de asociar el saber,
el hacer; de dar contenido concreto y práctico a la instrucción; un contenido
que dé su verdadera significación a las actividades escolares. |
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[1]
Según las consideraciones de autopoiesis de la estructura orgánica y
comunicativa desde el saber, como resultado del lenguaje y la emoción; según el
planteamiento de Humberto Maturana Romesin, en textos como “el árbol del
conocimiento”, “Amor y Juego. `fundamentos olvidados de lo humano desde el
Patriarcado a la Democracia”, “Emociones del lenguaje en Educación y Política”.
[2]
MOCKUS, A y Otros. Las fronteras de la Escuela; sus límites y medidas como
supuestos discursivos. Mesa Redonda Magisterio. Bogotá. 1998.
[3]
FERRIERE, A. La Escuela Activa. ED. Herder. Barcelona. 1982.
[4]
LUCIO, R. Educación y Pedagogía. Enseñanza y Didáctica: diferencias y
relaciones, En: Revista de La Universidad de la Salle.(jul 1989) # 17. Pág. 35 .
[5] FERRIERE, A. Op. Cit. CPT. 6.
[6]
ROUSSEAU, J.J. Emilio o de la Educación
[8]
FREINET, C. Los Métodos Naturales. ED. Martínez Roca. Barcelona 1984
[9]
Maturana, H. OP. Cit.
[10]
BRONOWSKI, J. Los Orígenes del Conocimiento y la Imaginación. Barcelona.
Gedisa. 1981.
[11]
ALVAREZ, C. Hacia una Escuela de la Excelencia. La Habana. Academia. 1996.
[12]
Dewey, J. Cómo Pensamos. Revista Educación y Pedagogía # 10, 11, segundo
semestre 1993. Medellín, Universidad de Antioquia Págs. 20-30.
[13]FERRIERE,
A, OP. Cit. Págs. 59, 78.
[14]
ZULUAGA, O y Otros. La Pedagogía en John Dewey, Barcelona. Piados. 1989.Págs.
15, 17.
[15]
SAENZ, J. John Dewey; La Educación como experiencia y democracia, en Maestro
Pedagogos: Un diálogo presente, Medellín, Varios autores, 1988, Págs. 91, 107
[16]
CAPARRO, A. Introducción, en Cómo
Pensamos, Barcelona, Paidós, 1989, Págs. 15, 56.
[17]
HERRERA, M. John Dewey. Biblioteca de
Bolsillo. La escuela y Sociedad. Idep. Bogotá Págs. 28,33.
[18]
HERRERA, M. Op. Cit.
[19]
Ibidem. Pág 29.