|
|
funlibre |
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Ponencia |
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Introducción: El objetivo de esta ponencia es plantear algunos elementos de análisis para
estimular la participación cotidiana de los niños en los programas de
recreación. Esquemas, estereotipos e imaginarios de niñez atraviesan todo lo
que hacemos, hemos de ser conscientes de hasta que punto tenemos claridad al
respecto y hasta donde reiteramos
nuestro afán adulto de “formar” niños
de acuerdo con nuestros propios esquemas y valores. La construcción de espacios sociales que realmente respondan a un
interés superior del niño, nos reta a un cambio de paradigmas y formas de
vincularnos con ellos para acercarnos a relaciones nuevas y más equitativas. En este proceso el ocio y la recreación tienen un alto potencial para
contribuir a la creación de espacios de participación real, como metodología y como medio para aportar a
la formación de todas las generaciones y particularmente de los niños y las
niñas en los conocimientos, habilidades y actitudes que favorezcan su
protagonismo real. La recreación está en la vida cotidiana de los niños y las niñas;
permea su tiempo a través del día, lo divierte
y lo forma; desde ahí es donde podemos intervenir para la construcción
de ambientes y relaciones más democráticas, de tal manera que hagamos de los
espacios recreativos unos espacios construidos por y para los niños. La participación, una estrategia y un fin en si misma La Convención sobre los Derechos del Niño, CDN, es el
referente por excelencia para promover y estimular la participación de los
niños. Los artículos 12 y 13 consagran los Derechos de los Niños a formarse su
propio juicio y expresar libremente su opinión en todos los asuntos que los
afecten, el artículo 15 establece el derecho a asociarse libremente y celebrar
reuniones pacíficas. La Unicef[2],
ha estimulado diversas experiencias de participación, las cuales han planteado
elementos importantes a considerar en la propuesta de avanzar en la
construcción conjunta de enfoques y metodologías para promoverla, éstas son
entre otras: ·
La relación
bidireccional entre democracia y Derechos de los Niños: los Derechos logran
realizarse de preferencia en un ambiente democrático; el ejercicio del derecho
a la participación por los niños promueve y crea los elementos de una
coexistencia democrática de respeto mutuo, tolerancia y aprendizaje. ·
Los niños emergen
fortalecidos para promover y ejercer todos sus Derechos. ·
Hay que distinguir
entre niños y adolescentes en cuanto al tipo y contenido de la participación;
de su edad y nivel de desarrollo y dependerá en gran parte el ámbito en que se
da o tiene impacto esa participación (familia, escuela, comunidad, sociedad,
Estado). ·
La apertura de los
adultos y su capacidad de “escuchar” la voz de los niños es un componente
esencial de la realización de los Derechos. La falsa disyuntiva entre los
Derechos de los padres y los Derechos de los niños (o los de los maestros
“versus” los alumnos) se resuelve en esa disponibilidad de “escucha”. ·
Existe un peligro
real de manipulación de los niños por parte de los adultos. Algunas
experiencias de “consulta” sin otro fin que la propaganda o la distracción,
distorsionan el valor de la participación y adulteran la posibilidad muy real
de que esa expresión de una visión distinta pueda ayudar a la sociedad, como un
todo, a recrearse. La participación desde la postura de UNICEF, no es
solamente un medio para llegar a un fin, ni tampoco simplemente un “proceso”:
es un derecho civil y político básico para todos los niños y, por lo tanto, es
también un fin en sí mismo. La CDN también
plantea la necesidad que los niños tengan canales adecuados para expresarse en
todos los ámbitos de interacción (familia, escuela y comunidad) y
particularmente les permita hacer denuncias en relación con su situación de
Derechos. La defensa del derecho a su integridad física, por ejemplo, debe encontrar siempre un
espacio en las instituciones, en los mecanismos y procedimientos formales de
las administraciones locales. En este caso particular la recreación puede jugar
un papel muy importante. La experiencia nos ha mostrado de manera reiterativa
que en los espacios de los programas de recreación encuentran la oportunidad
para expresarse de manera libre y hacer las denuncias a los recreadores sobre
situaciones de maltrato. En estos casos además de informar a los niños sobre
los procedimientos y mecanismos de denuncia es importante acompañarlo en el
proceso y en muchas ocasiones trabajar conjuntamente con otros profesionales el
temor del niño a enfrentarse al agente que lo maltrata. De acuerdo con las disposiciones del Artículo 2 de la
CDN, el derecho a la participación se aplica a cada niño por igual,
“independientemente de la raza, el color, el sexo, el idioma, la religión, la
opinión política o de otra índole, el origen nacional, étnico o social, la
posición económica, los impedimentos físicos, el nacimiento o cualquier otra
condición del niño”. La promoción del derecho del niño a manifestar libremente
su opinión y a ser escuchado suele estar vinculada, por ende, con la lucha
contra la discriminación. Según Hart[3],
la participación se define en relación ”con los procesos de compartir las decisiones,
que afectan la vida propia y la vida de la comunidad en la cual se vive. Es el
medio por el cual se construye una democracia y es un criterio con el cual se
deben juzgar las democracias. La participación es el derecho fundamental de la
ciudadanía” pág. 5. De acuerdo con Gaitán[4],
la participación infantil es “el proceso tendiente a incrementar el poder de la
niñez organizada en su relación con los adultos”. Este autor enfatiza el papel
de las estructuras de poder en los procesos de toma de decisiones de los grupos
y su real incidencia sobre la acción. La participación como medio y como fin requiere de un proceso gradual e
integral en relación con la formación de las personas, la construcción de
ciudadanía, los mecanismos y los espacios de participación, el acceso a la
educación y a la información, entre otros aspectos. La participación sin embargo, no se da por si sola, es un proceso que
se da de manera gradual, requiere actitudes particulares y aprendizajes,
evoluciona con la edad y la experiencia y se inserta en el complejo mundo de
las relaciones de poder en todos los
espacios vitales de las personas. De ahí que se considere que la formación para la participación es un
proceso que se inicia desde la primera infancia, en el prejardín, el jardín, la
casa, la comunidad, es decir, en los espacios cotidianos y más próximos al
niño. Desde y para su práctica se dan aprendizajes, el ejercicio mismo de
relaciones democráticas lo empoderan y fortalecen frente a la defensa de sus
Derechos y lo prepara para la vida en comunidad. Gaitán sugiere que la participación está estrechamente ligada a la
organización y el protagonismo
infantil, definiendo éste como “el proceso mediante el cual se pretende que niñas,
niños y adolescentes desempeñen el papel principal en su propio desarrollo y el
de su comunidad, para alcanzar la realización plena de sus Derechos, atendiendo
a su interés superior” pág. 85[5] En esta línea está uno de los potenciales de la recreación: no solo
para abrir espacios de participación infantil sino para crear ambientes de
socialización y aprendizaje para un protagonismo real y no competitivo, para el
conocimiento a través del juego de diferentes roles de las estructuras de
poder, para la formación e información acerca de las estructuras del Estado y
las comunidades, para el manejo del conflicto y habilidades para la solución de
problemas por medios no violentos, sólo por enumerar algunas de las condiciones
de posibilidad que ofrece la recreación. Así si bien, no se pretende con ello afirmar que la recreación por si
sola garantice el derecho a la participación, sino tiene un alto potencial para
la formación de capacidades humanas indispensables para que el niño sea
protagonista de su propio desarrollo. La capacidad de reflexión sobre si mismo y su realidad, o la toma de
conciencia como lo denomina Gaitán, la capacidad de decisión y la calidad de la
acción, son aspectos que se pueden potenciar desde los espacios que ofrece la
recreación, teniendo igualmente su presencia en la vida cotidiana de los niños. Pero así como la recreación puede ser un espacio por excelencia para
garantizar el derecho a la participación, se puede constituir en el principal
medio para su manipulación por la naturaleza de los eventos que se realizan o
las intencionalidades con las que son solicitados (inauguraciones,
celebraciones, etc.) Tal como afirma Hart[6], la participación en un proyecto o situación
dada se puede dar a diferentes niveles:
Como se puede observar en los niveles de participación genuina por lo
menos se han de cumplir algunos requisitos: que los niños comprendan las intencionalidades
del proyecto, conocimiento sobre quien tomó las decisiones, cómo y por qué, que
tengan un papel realmente protagónico. En este proceso de avance de la
escalera, la incidencia y participación en los procesos de toma de decisiones
es fundamental y la etapa en que ingresan al mismo, el peldaño más alto
significa que el niño incorpora al proyecto a los adultos. Por su parte Trilla y Novella[7],
tomando a modo de sugerencias algunos de los aspectos de la escala de participación
de Hart, proponen una tipología de participación distinta, en la que parten de
cuatro clases más amplias de participación.
Dentro de esta propuesta se afirma que desde el primero hasta el último
tipo, se da un incremento progresivo en cuanto a la complejidad de la
participación como se muestra en la figura No. 1. Figura No. 1: Tipos de Participación (Jaume Trilla y Ana Novella, 2001)
De acuerdo con esta propuesta, existen cuatro criterios o factores
moduladores de la participación: implicación, información/conciencia, capacidad
de decisión y compromiso/responsabilidad, cada uno de los cuales puede darse en
grados diferentes, y según sea la resultante de su combinación cabe hablar de
mayor o menor nivel de participación. Por implicación se entiende el grado en que los participantes se
sienten personalmente afectados por el asunto de que se trate. Es un elemento
que se juega sobre todo en la dimensión emotiva de la participación, y se
constituye en un factor de motivación favorable a la participación. El segundo criterio de modulación/conciencia se juega en la dimensión
cognitiva; se trata del nivel de conciencia que tienen los sujetos sobre el
sentido y las finalidades del proyecto, y de la calidad y la cantidad de la
información que disponen sobre el objeto o contenido del mismo. Por su parte, el factor de la capacidad de decisión es fundamental en
la participación. Tiene dos significados diferentes aunque relacionados; por
una parte, puede referirse a la competencia psicológica de que dispone un
individuo para tomar determinadas decisiones y se encuentra en relación directa
con el nivel de desarrollo del sujeto, experiencias previas de participación,
información disponible, etc. Pero el hecho de estar preparado para decidir
sobre algo, no significa necesariamente que se tenga capacidad efectiva de
decisión sobre ese algo, ya que no depende sólo de las competencias
psicológicas del sujeto sino de aspectos contextuales, legales, políticos,
económicos, etc. Por último, el criterio de compromiso/responsabilidad subyace en el
hecho de que toda participación éticamente defendible exige también un cierto
compromiso previo con el asunto de que se trate; en otras palabras, el
compromiso antecede a la participación y la responsabilidad la sucede. Desde la anterior propuesta de participación, es posible ampliar el
espectro comprensivo del sentido y formas de la participación infantil, pues
presenta al interior de cada uno de los niveles propuestos, graduaciones y
matices que permiten una aproximación más detallada de los elementos que deben
ser tenidos en cuenta para el estudio de este tema. Por su parte Gaitán, plantea como indicadores de la participación el
nivel de conciencia, la capacidad de decisión y la calidad de la acción. Al
primero se refiere como el conocimiento que tenemos de un fenómeno o actividad,
la decisión como la situación del colectivo o el individuo de tener libertad y
firmeza al optar por una alternativa; y la acción como al conjunto de
actividades y proyectos en los que participan los miembros de la organización
infantil. Como se ha afirmado de manera reiterada y dentro de este marco
conceptual de la participación, es un hecho que ésta exige condiciones y
particularmente para la niñez, desde donde la gradualidad, el nivel de
desarrollo, las oportunidades educativas, y su mismo bienestar son
determinantes para fomentar su capacidad de participación. Los factores que afectan la habilidad del niño para participar según
Hart, son entre otros, desarrollo emocional, habilidad para identificar
diferentes perspectivas, las variaciones en la clase social; la autoestima es
una de las condiciones más críticas que afecta la participación del niño,
igualmente la capacidad para ver otra perspectiva mientras se mantiene en su
propio punto de vista. Las variaciones en la clase social pueden afectar la participación en
relación con las pautas de crianza y las alternativas educativas a las que ha
podido optar. Si el niño ha sido educado en estructuras estrictamente
verticales donde la obediencia es una forma de evitar maltrato, por ejemplo,
esto puede permear su actitud frente a una oportunidad de participación. De acuerdo con Díaz Gómez[8],
formar ciudadanía desde y para la democracia implica contar con espacios y
oportunidades que promuevan habilidades y concepciones democráticas y
ciudadanas, asumir deberes y Derechos que socialmente se han acumulado como
legado cultural, lo que conlleva a la participación activa en los procesos
públicos, constituirse como nuevos sujetos en aspectos simbólicos, y éticos,
demanda la articulación de los sistemas de educación formal y no formal, acceso
al conocimiento y a la información necesaria para la participación ciudadana,
formación en valores que desarrolle
capacidades y competencias para desenvolverse responsable y críticamente en los
diferentes ámbitos de la vida social; trascender la lógica individual para acceder
a puntos de vista universal, desarrollar posibilidades comunicativas y cívicas que vinculen lo individual con lo
universal. Por otra parte y en relación con los beneficios de la participación,
puede afirmarse que son de dos clases: aquellos que permiten a los individuos
se desarrollen como miembros más competentes y seguros de sí mismos en la
sociedad y aquellos que mejoran la organización y el funcionamiento de las
comunidades. Por ejemplo, la participación permite el desarrollo de capacidades y
responsabilidad social, dado que no solamente permite que el niño tenga derecho
a expresarse sino que lo capacita para que descubran el derecho de los otros a
tener sus propias formas de expresión, al involucrarlos en proyectos reales, el
diálogo y la negociación con otros jóvenes y adultos, posibilitan la
construcción conjunta y el desarrollo de habilidades de cooperación social que
generar importantes efectos colaterales en el proceso de crecimiento del niño. Desde el desarrollo comunitario, apoyar a los niños y a los adolescentes
para que trabajen juntos, es por definición involucrarlos en el desarrollo
comunitario. Por medio de experiencias de grupo positivas los niños descubren
que la organización puede servir a sus intereses y generar dinámicas
permanentes de desarrollo con el concurso de todas las generaciones. Por último la participación es un excelente medio para la
autodeterminación política, por medio de proyectos donde se privilegie la
participación de los niños, y los jóvenes, éstos pueden desarrollar habilidades
de reflexión crítica y comparación de perspectivas esenciales para la
autodeterminación de las creencias políticas, el beneficio es doble: la
autorealización del niño y la democratización de la sociedad. A lo anterior, pueden agregarse otros beneficios tal como lo plantea
Salazar[9],
pues la participación conduce a la mayor eficiencia de la innovación debido a
que se acrecienta el sentido de responsabilidad de quienes participan en el
proceso que se lleva a cabo; desde esta perspectiva, la participación de los
niños, niñas y jóvenes los hace sentir parte del proyecto, lo ven como algo
propio y se entusiasman con sus
resultados. Su imagen dentro de las comunidades se acrecienta y encuentran más
apoyo en su familia y hasta de los funcionarios de las localidades. Afirma esta
autora, que se ha demostrado que experiencias de tipo participativo promueven
el despliegue de la capacidad creativa de los y las participantes, y al ser
reconocidos sus aportes, aumentan la confianza en sí mismos y en su propia
capacidad. Díaz Gómez[10]
sugiere varias alternativas de participación desde los adultos para crear las
condiciones de participación de las niños y los niños tales como la generación
de programas: humanitarios en el área de la salud comunitaria, educativos, de
comunicación social, de derecho alternativo, de campamentos para los
desplazados, de movilización social contra la guerra, para el desarrollo de
fuentes de empleo, generación de microempresas y subsidios económicos para los
desempleados y por último programas de investigación y desarrollo comunitario,
éstos centrados alrededor de los cuatro ejes constitutivos de la Convención
Internacional de los Derechos de los Niños y que fueron sintetizadas en cuatro
categorías: supervivencia, desarrollo, protección y participación. En el mismo orden de ideas de esta autora, Trillas y Novella[11]
manifiestan que para una participación real y efectiva es necesario que se den
de manera conjunta, al menos tres grandes condiciones: reconocimiento del
derecho a participar, disponer de las capacidades necesarias para ejercerlo y
que existan los medios o los espacios adecuados para hacerlo posible, todos
ellos dentro del marco de los Derechos establecidos por la Convención de los
Derechos de la Infancia. Para la primera de ellas, el derecho a la participación de la infancia
no nos ampliaremos, en tanto ha sido descrita de manera amplia a lo largo de la
presente revisión. En cuanto a la capacidad de participar, se debe partir del
reconocimiento de que la niñez goza de cierta capacidad genérica para
participar y que ésta para hacerse realmente efectiva, debe desarrollarse. Para esta condición los autores enfatizan en dos aspectos: la más
eficaz formación para la participación es aquella que se consigue a través de
la propia práctica de la participación; es decir, aquel principio del activismo
pedagógico. El segundo aspecto es que el desarrollo de competencias
participativas abarca todo el arco de las dimensiones de la educación, es
decir, conocimientos, destrezas y habilidades, actitudes y valores. En cuanto a los espacios para la participación, el énfasis se coloca
más que en los escenarios (escuela, familia, comunidad) en las condiciones que
deberían cumplir tales espacios, para que a la vez en que se constituyen en
escenarios de participación social infantil, se resuelvan en experiencias
formativas de participación. Estas condiciones son: §
Han de permitir actuar sobre el entorno
próximo y la vida cotidiana porque son conocidos y se pueden transformar
perceptiblemente: si las experiencias en las que se implican los niños y las
niñas giran en torno a asuntos que le son conocidos, ello garantiza “clima de
seguridad para participar” porque los temas sobre los que trabajan son
abordables y tienen una dimensión y complejidad a su medida. §
Han de explicar las intenciones y el
proceso de participación: es necesario que los y las niñas se signifiquen en el
proceso desde su origen, o como mínimo que se impliquen en la definición del
mismo. En la medida en que puedan tomar parte en ese proceso, conocerán las
condiciones y los límites de su participación, así como los comportamientos o
acciones que deben poner en marcha. §
Han de ser espacios genuinos y reales de
participación infantil: es decir adaptados a las condiciones sociales y
psicológicas de la infancia. No se trata de mimetizar, sin más, determinadas
estructuras políticas existentes (parlamentos de niños, alcaldes infantiles,
etc.) cuanto de buscar aquellas formas institucionales en las que los niños y
niñas puedan sentirse cómodos sin necesidad de adoptar determinados papeles que
no corresponden a su idiosincrasia. La perspectiva de participación mostrada en esta revisión parte del
supuesto que el avanzar en la democracia tiene como condición necesaria para
posibilidad de construir en conjunto sociedad – Estado, el país, la comunidad, la escuela, o la
familia que se desea. Es compleja y multidimensional y más que una utopía,
puede ser un espacio para la construcción de ciudadanía y la socialización
política. Participación infantil y recreación No es motivo de esta ponencia
entrar a analizar los conceptos de ocio y recreación, sin embargo es
conveniente aclarar la posición desde la que se parte. En primer lugar se habla
del ocio como una necesidad del ser
humano que es de primera importancia en la vida de las personas. Desde la postura aquí expuesta se
asume que el ocio es una experiencia humana que le posibilita a las personas
experimentar vivencias que trascienden el goce y la diversión para alcanzar propósitos
orientados a su propio desarrollo humano. Esta experiencia según los diversos
autores se caracteriza por una percepción de libertad y autosatisfacción y
puede ser elegida por muy diversos fines. Por otra parte la recreación se
asume como el medio a partir del cual se crean las condiciones para que
personas, grupos o colectivos alcance experiencias óptimas de ocio, a través de
alternativas estructuradas o no estructuradas, basadas en decisiones autónomas
que le permiten a las personas separarse de las actividades de la vida
cotidiana y comprometerse psicológicamente con la vivencia. Para crear condiciones de
posibilidad favorables para el desarrollo humano, se apuesta por un proceso de
educación para el ocio, la recreación y el tiempo libre, donde las personas
desarrollan la capacidad para tomar decisiones autónomas y responsables acercar
de cómo usar su tiempo y el cómo articularlo a un proyecto de vida orientado
por el desarrollo humano. Nuestra experiencia con niños y a
partir del trabajo realizado con ellos hemos encontrado que vinculan sus
representaciones sociales de la recreación con calidad de vida, salud física,
acercamiento intercultural, educación ambiental, el juego, el juguete, el
parque, los amigos y la participación sólo por mencionar algunos de los
referentes que ellos asumen en el momento de definir o expresarse acerca del
derecho a la recreación. En el análisis de contenidos de los
textos y gráficas de niños de todo el país encontramos como más allá de la
diversión y el juego, la recreación es asumida por los niños como parte
integral de sus vidas. Y esa es un poco la apuesta que se
hace en este texto, que dadas las condiciones de nuestro país, las
potencialidades de la recreación como mediadora de procesos de desarrollo
educativo y social, debemos asegurarnos a través de los espacios que
facilitamos contribuir a transformar la sociedad. Actualmente, cada vez nos
encontramos más cercanos en la opinión que la recreación y como sector debe
asumir una posición ética y social frente a los problemas del país y sus
necesidades de desarrollo. Es bajo este supuesto que se considera que debemos
aportar a la construcción de una sociedad más democrática, y que contribuir a
la apertura de espacios para la participación infantil y la construcción de una
pedagogía que la promuevan y estimulen desde la primera infancia, es una
responsabilidad que nos compete. El contribuir a procesos de
formación de sujetos políticos de la infancia pueden en el mediano y largo
plazo conducir a un cambio social real. La hipótesis es que la recreación está
en capacidad de crear escenarios para el desarrollo humano, donde prime el
interés superior del niño, y que considere las influencias sobre el individuo,
de éste en relación con los otros y las condiciones del entorno. Es así como alternativas de uso del
tiempo no ocupado de las personas en tareas laborales como el voluntariado u organizaciones de base (deportivas,
culturales, recreativas), llegan a tener una amplia incidencia sobre los
procesos de fortalecimiento y cohesión de las comunidades. Un ejemplo de la importancia que
autores le han dado a la recreación como un medio para el cambio social es la
jerarquía propuesta por Jensen[12]
quien sugiere una pirámide donde en la base ubica los actos destructivos para
la sociedad o para uno mismo, hasta llegar al más alto nivel que enuncia como
el servicio a otros (Figura No. 3). Aunque esta jerarquía tiene una carga altamente valorada, muestra
como el ocio puede contribuir al cambio
personal y social y como los individuos toman decisiones acerca de sus propias
alternativas. El potencial del cambio social y la oportunidad para conducir a
la justicia social puede ocurrir en cualquiera de los niveles de la jerarquía e
ilustran como los beneficios pueden darse tanto individual como colectivamente.
En la medida que un individuo asciende en la jerarquía su contribución a la
construcción de comunidades mejores será más alta.
| |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||