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Ponencia |
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Introducción: El objetivo de esta ponencia es plantear algunos elementos de análisis para
estimular la participación cotidiana de los niños en los programas de
recreación. Esquemas, estereotipos e imaginarios de niñez atraviesan todo lo
que hacemos, hemos de ser conscientes de hasta que punto tenemos claridad al
respecto y hasta donde reiteramos
nuestro afán adulto de “formar” niños
de acuerdo con nuestros propios esquemas y valores. La construcción de espacios sociales que realmente respondan a un
interés superior del niño, nos reta a un cambio de paradigmas y formas de
vincularnos con ellos para acercarnos a relaciones nuevas y más equitativas. En este proceso el ocio y la recreación tienen un alto potencial para
contribuir a la creación de espacios de participación real, como metodología y como medio para aportar a
la formación de todas las generaciones y particularmente de los niños y las
niñas en los conocimientos, habilidades y actitudes que favorezcan su
protagonismo real. La recreación está en la vida cotidiana de los niños y las niñas;
permea su tiempo a través del día, lo divierte
y lo forma; desde ahí es donde podemos intervenir para la construcción
de ambientes y relaciones más democráticas, de tal manera que hagamos de los
espacios recreativos unos espacios construidos por y para los niños. La participación, una estrategia y un fin en si misma La Convención sobre los Derechos del Niño, CDN, es el
referente por excelencia para promover y estimular la participación de los
niños. Los artículos 12 y 13 consagran los Derechos de los Niños a formarse su
propio juicio y expresar libremente su opinión en todos los asuntos que los
afecten, el artículo 15 establece el derecho a asociarse libremente y celebrar
reuniones pacíficas. La Unicef[2],
ha estimulado diversas experiencias de participación, las cuales han planteado
elementos importantes a considerar en la propuesta de avanzar en la
construcción conjunta de enfoques y metodologías para promoverla, éstas son
entre otras: ·
La relación
bidireccional entre democracia y Derechos de los Niños: los Derechos logran
realizarse de preferencia en un ambiente democrático; el ejercicio del derecho
a la participación por los niños promueve y crea los elementos de una
coexistencia democrática de respeto mutuo, tolerancia y aprendizaje. ·
Los niños emergen
fortalecidos para promover y ejercer todos sus Derechos. ·
Hay que distinguir
entre niños y adolescentes en cuanto al tipo y contenido de la participación;
de su edad y nivel de desarrollo y dependerá en gran parte el ámbito en que se
da o tiene impacto esa participación (familia, escuela, comunidad, sociedad,
Estado). ·
La apertura de los
adultos y su capacidad de “escuchar” la voz de los niños es un componente
esencial de la realización de los Derechos. La falsa disyuntiva entre los
Derechos de los padres y los Derechos de los niños (o los de los maestros
“versus” los alumnos) se resuelve en esa disponibilidad de “escucha”. ·
Existe un peligro
real de manipulación de los niños por parte de los adultos. Algunas
experiencias de “consulta” sin otro fin que la propaganda o la distracción,
distorsionan el valor de la participación y adulteran la posibilidad muy real
de que esa expresión de una visión distinta pueda ayudar a la sociedad, como un
todo, a recrearse. La participación desde la postura de UNICEF, no es
solamente un medio para llegar a un fin, ni tampoco simplemente un “proceso”:
es un derecho civil y político básico para todos los niños y, por lo tanto, es
también un fin en sí mismo. La CDN también
plantea la necesidad que los niños tengan canales adecuados para expresarse en
todos los ámbitos de interacción (familia, escuela y comunidad) y
particularmente les permita hacer denuncias en relación con su situación de
Derechos. La defensa del derecho a su integridad física, por ejemplo, debe encontrar siempre un
espacio en las instituciones, en los mecanismos y procedimientos formales de
las administraciones locales. En este caso particular la recreación puede jugar
un papel muy importante. La experiencia nos ha mostrado de manera reiterativa
que en los espacios de los programas de recreación encuentran la oportunidad
para expresarse de manera libre y hacer las denuncias a los recreadores sobre
situaciones de maltrato. En estos casos además de informar a los niños sobre
los procedimientos y mecanismos de denuncia es importante acompañarlo en el
proceso y en muchas ocasiones trabajar conjuntamente con otros profesionales el
temor del niño a enfrentarse al agente que lo maltrata. De acuerdo con las disposiciones del Artículo 2 de la
CDN, el derecho a la participación se aplica a cada niño por igual,
“independientemente de la raza, el color, el sexo, el idioma, la religión, la
opinión política o de otra índole, el origen nacional, étnico o social, la
posición económica, los impedimentos físicos, el nacimiento o cualquier otra
condición del niño”. La promoción del derecho del niño a manifestar libremente
su opinión y a ser escuchado suele estar vinculada, por ende, con la lucha
contra la discriminación. Según Hart[3],
la participación se define en relación ”con los procesos de compartir las decisiones,
que afectan la vida propia y la vida de la comunidad en la cual se vive. Es el
medio por el cual se construye una democracia y es un criterio con el cual se
deben juzgar las democracias. La participación es el derecho fundamental de la
ciudadanía” pág. 5. De acuerdo con Gaitán[4],
la participación infantil es “el proceso tendiente a incrementar el poder de la
niñez organizada en su relación con los adultos”. Este autor enfatiza el papel
de las estructuras de poder en los procesos de toma de decisiones de los grupos
y su real incidencia sobre la acción. La participación como medio y como fin requiere de un proceso gradual e
integral en relación con la formación de las personas, la construcción de
ciudadanía, los mecanismos y los espacios de participación, el acceso a la
educación y a la información, entre otros aspectos. La participación sin embargo, no se da por si sola, es un proceso que
se da de manera gradual, requiere actitudes particulares y aprendizajes,
evoluciona con la edad y la experiencia y se inserta en el complejo mundo de
las relaciones de poder en todos los
espacios vitales de las personas. De ahí que se considere que la formación para la participación es un
proceso que se inicia desde la primera infancia, en el prejardín, el jardín, la
casa, la comunidad, es decir, en los espacios cotidianos y más próximos al
niño. Desde y para su práctica se dan aprendizajes, el ejercicio mismo de
relaciones democráticas lo empoderan y fortalecen frente a la defensa de sus
Derechos y lo prepara para la vida en comunidad. Gaitán sugiere que la participación está estrechamente ligada a la
organización y el protagonismo
infantil, definiendo éste como “el proceso mediante el cual se pretende que niñas,
niños y adolescentes desempeñen el papel principal en su propio desarrollo y el
de su comunidad, para alcanzar la realización plena de sus Derechos, atendiendo
a su interés superior” pág. 85[5] En esta línea está uno de los potenciales de la recreación: no solo
para abrir espacios de participación infantil sino para crear ambientes de
socialización y aprendizaje para un protagonismo real y no competitivo, para el
conocimiento a través del juego de diferentes roles de las estructuras de
poder, para la formación e información acerca de las estructuras del Estado y
las comunidades, para el manejo del conflicto y habilidades para la solución de
problemas por medios no violentos, sólo por enumerar algunas de las condiciones
de posibilidad que ofrece la recreación. Así si bien, no se pretende con ello afirmar que la recreación por si
sola garantice el derecho a la participación, sino tiene un alto potencial para
la formación de capacidades humanas indispensables para que el niño sea
protagonista de su propio desarrollo. La capacidad de reflexión sobre si mismo y su realidad, o la toma de
conciencia como lo denomina Gaitán, la capacidad de decisión y la calidad de la
acción, son aspectos que se pueden potenciar desde los espacios que ofrece la
recreación, teniendo igualmente su presencia en la vida cotidiana de los niños. Pero así como la recreación puede ser un espacio por excelencia para
garantizar el derecho a la participación, se puede constituir en el principal
medio para su manipulación por la naturaleza de los eventos que se realizan o
las intencionalidades con las que son solicitados (inauguraciones,
celebraciones, etc.) Tal como afirma Hart[6], la participación en un proyecto o situación
dada se puede dar a diferentes niveles:
Como se puede observar en los niveles de participación genuina por lo
menos se han de cumplir algunos requisitos: que los niños comprendan las intencionalidades
del proyecto, conocimiento sobre quien tomó las decisiones, cómo y por qué, que
tengan un papel realmente protagónico. En este proceso de avance de la
escalera, la incidencia y participación en los procesos de toma de decisiones
es fundamental y la etapa en que ingresan al mismo, el peldaño más alto
significa que el niño incorpora al proyecto a los adultos. Por su parte Trilla y Novella[7],
tomando a modo de sugerencias algunos de los aspectos de la escala de participación
de Hart, proponen una tipología de participación distinta, en la que parten de
cuatro clases más amplias de participación.
Dentro de esta propuesta se afirma que desde el primero hasta el último
tipo, se da un incremento progresivo en cuanto a la complejidad de la
participación como se muestra en la figura No. 1. Figura No. 1: Tipos de Participación (Jaume Trilla y Ana Novella, 2001)
De acuerdo con esta propuesta, existen cuatro criterios o factores
moduladores de la participación: implicación, información/conciencia, capacidad
de decisión y compromiso/responsabilidad, cada uno de los cuales puede darse en
grados diferentes, y según sea la resultante de su combinación cabe hablar de
mayor o menor nivel de participación. Por implicación se entiende el grado en que los participantes se
sienten personalmente afectados por el asunto de que se trate. Es un elemento
que se juega sobre todo en la dimensión emotiva de la participación, y se
constituye en un factor de motivación favorable a la participación. El segundo criterio de modulación/conciencia se juega en la dimensión
cognitiva; se trata del nivel de conciencia que tienen los sujetos sobre el
sentido y las finalidades del proyecto, y de la calidad y la cantidad de la
información que disponen sobre el objeto o contenido del mismo. Por su parte, el factor de la capacidad de decisión es fundamental en
la participación. Tiene dos significados diferentes aunque relacionados; por
una parte, puede referirse a la competencia psicológica de que dispone un
individuo para tomar determinadas decisiones y se encuentra en relación directa
con el nivel de desarrollo del sujeto, experiencias previas de participación,
información disponible, etc. Pero el hecho de estar preparado para decidir
sobre algo, no significa necesariamente que se tenga capacidad efectiva de
decisión sobre ese algo, ya que no depende sólo de las competencias
psicológicas del sujeto sino de aspectos contextuales, legales, políticos,
económicos, etc. Por último, el criterio de compromiso/responsabilidad subyace en el
hecho de que toda participación éticamente defendible exige también un cierto
compromiso previo con el asunto de que se trate; en otras palabras, el
compromiso antecede a la participación y la responsabilidad la sucede. Desde la anterior propuesta de participación, es posible ampliar el
espectro comprensivo del sentido y formas de la participación infantil, pues
presenta al interior de cada uno de los niveles propuestos, graduaciones y
matices que permiten una aproximación más detallada de los elementos que deben
ser tenidos en cuenta para el estudio de este tema. Por su parte Gaitán, plantea como indicadores de la participación el
nivel de conciencia, la capacidad de decisión y la calidad de la acción. Al
primero se refiere como el conocimiento que tenemos de un fenómeno o actividad,
la decisión como la situación del colectivo o el individuo de tener libertad y
firmeza al optar por una alternativa; y la acción como al conjunto de
actividades y proyectos en los que participan los miembros de la organización
infantil. Como se ha afirmado de manera reiterada y dentro de este marco
conceptual de la participación, es un hecho que ésta exige condiciones y
particularmente para la niñez, desde donde la gradualidad, el nivel de
desarrollo, las oportunidades educativas, y su mismo bienestar son
determinantes para fomentar su capacidad de participación. Los factores que afectan la habilidad del niño para participar según
Hart, son entre otros, desarrollo emocional, habilidad para identificar
diferentes perspectivas, las variaciones en la clase social; la autoestima es
una de las condiciones más críticas que afecta la participación del niño,
igualmente la capacidad para ver otra perspectiva mientras se mantiene en su
propio punto de vista. Las variaciones en la clase social pueden afectar la participación en
relación con las pautas de crianza y las alternativas educativas a las que ha
podido optar. Si el niño ha sido educado en estructuras estrictamente
verticales donde la obediencia es una forma de evitar maltrato, por ejemplo,
esto puede permear su actitud frente a una oportunidad de participación. De acuerdo con Díaz Gómez[8],
formar ciudadanía desde y para la democracia implica contar con espacios y
oportunidades que promuevan habilidades y concepciones democráticas y
ciudadanas, asumir deberes y Derechos que socialmente se han acumulado como
legado cultural, lo que conlleva a la participación activa en los procesos
públicos, constituirse como nuevos sujetos en aspectos simbólicos, y éticos,
demanda la articulación de los sistemas de educación formal y no formal, acceso
al conocimiento y a la información necesaria para la participación ciudadana,
formación en valores que desarrolle
capacidades y competencias para desenvolverse responsable y críticamente en los
diferentes ámbitos de la vida social; trascender la lógica individual para acceder
a puntos de vista universal, desarrollar posibilidades comunicativas y cívicas que vinculen lo individual con lo
universal. Por otra parte y en relación con los beneficios de la participación,
puede afirmarse que son de dos clases: aquellos que permiten a los individuos
se desarrollen como miembros más competentes y seguros de sí mismos en la
sociedad y aquellos que mejoran la organización y el funcionamiento de las
comunidades. Por ejemplo, la participación permite el desarrollo de capacidades y
responsabilidad social, dado que no solamente permite que el niño tenga derecho
a expresarse sino que lo capacita para que descubran el derecho de los otros a
tener sus propias formas de expresión, al involucrarlos en proyectos reales, el
diálogo y la negociación con otros jóvenes y adultos, posibilitan la
construcción conjunta y el desarrollo de habilidades de cooperación social que
generar importantes efectos colaterales en el proceso de crecimiento del niño. Desde el desarrollo comunitario, apoyar a los niños y a los adolescentes
para que trabajen juntos, es por definición involucrarlos en el desarrollo
comunitario. Por medio de experiencias de grupo positivas los niños descubren
que la organización puede servir a sus intereses y generar dinámicas
permanentes de desarrollo con el concurso de todas las generaciones. Por último la participación es un excelente medio para la
autodeterminación política, por medio de proyectos donde se privilegie la
participación de los niños, y los jóvenes, éstos pueden desarrollar habilidades
de reflexión crítica y comparación de perspectivas esenciales para la
autodeterminación de las creencias políticas, el beneficio es doble: la
autorealización del niño y la democratización de la sociedad. A lo anterior, pueden agregarse otros beneficios tal como lo plantea
Salazar[9],
pues la participación conduce a la mayor eficiencia de la innovación debido a
que se acrecienta el sentido de responsabilidad de quienes participan en el
proceso que se lleva a cabo; desde esta perspectiva, la participación de los
niños, niñas y jóvenes los hace sentir parte del proyecto, lo ven como algo
propio y se entusiasman con sus
resultados. Su imagen dentro de las comunidades se acrecienta y encuentran más
apoyo en su familia y hasta de los funcionarios de las localidades. Afirma esta
autora, que se ha demostrado que experiencias de tipo participativo promueven
el despliegue de la capacidad creativa de los y las participantes, y al ser
reconocidos sus aportes, aumentan la confianza en sí mismos y en su propia
capacidad. Díaz Gómez[10]
sugiere varias alternativas de participación desde los adultos para crear las
condiciones de participación de las niños y los niños tales como la generación
de programas: humanitarios en el área de la salud comunitaria, educativos, de
comunicación social, de derecho alternativo, de campamentos para los
desplazados, de movilización social contra la guerra, para el desarrollo de
fuentes de empleo, generación de microempresas y subsidios económicos para los
desempleados y por último programas de investigación y desarrollo comunitario,
éstos centrados alrededor de los cuatro ejes constitutivos de la Convención
Internacional de los Derechos de los Niños y que fueron sintetizadas en cuatro
categorías: supervivencia, desarrollo, protección y participación. En el mismo orden de ideas de esta autora, Trillas y Novella[11]
manifiestan que para una participación real y efectiva es necesario que se den
de manera conjunta, al menos tres grandes condiciones: reconocimiento del
derecho a participar, disponer de las capacidades necesarias para ejercerlo y
que existan los medios o los espacios adecuados para hacerlo posible, todos
ellos dentro del marco de los Derechos establecidos por la Convención de los
Derechos de la Infancia. Para la primera de ellas, el derecho a la participación de la infancia
no nos ampliaremos, en tanto ha sido descrita de manera amplia a lo largo de la
presente revisión. En cuanto a la capacidad de participar, se debe partir del
reconocimiento de que la niñez goza de cierta capacidad genérica para
participar y que ésta para hacerse realmente efectiva, debe desarrollarse. Para esta condición los autores enfatizan en dos aspectos: la más
eficaz formación para la participación es aquella que se consigue a través de
la propia práctica de la participación; es decir, aquel principio del activismo
pedagógico. El segundo aspecto es que el desarrollo de competencias
participativas abarca todo el arco de las dimensiones de la educación, es
decir, conocimientos, destrezas y habilidades, actitudes y valores. En cuanto a los espacios para la participación, el énfasis se coloca
más que en los escenarios (escuela, familia, comunidad) en las condiciones que
deberían cumplir tales espacios, para que a la vez en que se constituyen en
escenarios de participación social infantil, se resuelvan en experiencias
formativas de participación. Estas condiciones son: §
Han de permitir actuar sobre el entorno
próximo y la vida cotidiana porque son conocidos y se pueden transformar
perceptiblemente: si las experiencias en las que se implican los niños y las
niñas giran en torno a asuntos que le son conocidos, ello garantiza “clima de
seguridad para participar” porque los temas sobre los que trabajan son
abordables y tienen una dimensión y complejidad a su medida. §
Han de explicar las intenciones y el
proceso de participación: es necesario que los y las niñas se signifiquen en el
proceso desde su origen, o como mínimo que se impliquen en la definición del
mismo. En la medida en que puedan tomar parte en ese proceso, conocerán las
condiciones y los límites de su participación, así como los comportamientos o
acciones que deben poner en marcha. §
Han de ser espacios genuinos y reales de
participación infantil: es decir adaptados a las condiciones sociales y
psicológicas de la infancia. No se trata de mimetizar, sin más, determinadas
estructuras políticas existentes (parlamentos de niños, alcaldes infantiles,
etc.) cuanto de buscar aquellas formas institucionales en las que los niños y
niñas puedan sentirse cómodos sin necesidad de adoptar determinados papeles que
no corresponden a su idiosincrasia. La perspectiva de participación mostrada en esta revisión parte del
supuesto que el avanzar en la democracia tiene como condición necesaria para
posibilidad de construir en conjunto sociedad – Estado, el país, la comunidad, la escuela, o la
familia que se desea. Es compleja y multidimensional y más que una utopía,
puede ser un espacio para la construcción de ciudadanía y la socialización
política. Participación infantil y recreación No es motivo de esta ponencia
entrar a analizar los conceptos de ocio y recreación, sin embargo es
conveniente aclarar la posición desde la que se parte. En primer lugar se habla
del ocio como una necesidad del ser
humano que es de primera importancia en la vida de las personas. Desde la postura aquí expuesta se
asume que el ocio es una experiencia humana que le posibilita a las personas
experimentar vivencias que trascienden el goce y la diversión para alcanzar propósitos
orientados a su propio desarrollo humano. Esta experiencia según los diversos
autores se caracteriza por una percepción de libertad y autosatisfacción y
puede ser elegida por muy diversos fines. Por otra parte la recreación se
asume como el medio a partir del cual se crean las condiciones para que
personas, grupos o colectivos alcance experiencias óptimas de ocio, a través de
alternativas estructuradas o no estructuradas, basadas en decisiones autónomas
que le permiten a las personas separarse de las actividades de la vida
cotidiana y comprometerse psicológicamente con la vivencia. Para crear condiciones de
posibilidad favorables para el desarrollo humano, se apuesta por un proceso de
educación para el ocio, la recreación y el tiempo libre, donde las personas
desarrollan la capacidad para tomar decisiones autónomas y responsables acercar
de cómo usar su tiempo y el cómo articularlo a un proyecto de vida orientado
por el desarrollo humano. Nuestra experiencia con niños y a
partir del trabajo realizado con ellos hemos encontrado que vinculan sus
representaciones sociales de la recreación con calidad de vida, salud física,
acercamiento intercultural, educación ambiental, el juego, el juguete, el
parque, los amigos y la participación sólo por mencionar algunos de los
referentes que ellos asumen en el momento de definir o expresarse acerca del
derecho a la recreación. En el análisis de contenidos de los
textos y gráficas de niños de todo el país encontramos como más allá de la
diversión y el juego, la recreación es asumida por los niños como parte
integral de sus vidas. Y esa es un poco la apuesta que se
hace en este texto, que dadas las condiciones de nuestro país, las
potencialidades de la recreación como mediadora de procesos de desarrollo
educativo y social, debemos asegurarnos a través de los espacios que
facilitamos contribuir a transformar la sociedad. Actualmente, cada vez nos
encontramos más cercanos en la opinión que la recreación y como sector debe
asumir una posición ética y social frente a los problemas del país y sus
necesidades de desarrollo. Es bajo este supuesto que se considera que debemos
aportar a la construcción de una sociedad más democrática, y que contribuir a
la apertura de espacios para la participación infantil y la construcción de una
pedagogía que la promuevan y estimulen desde la primera infancia, es una
responsabilidad que nos compete. El contribuir a procesos de
formación de sujetos políticos de la infancia pueden en el mediano y largo
plazo conducir a un cambio social real. La hipótesis es que la recreación está
en capacidad de crear escenarios para el desarrollo humano, donde prime el
interés superior del niño, y que considere las influencias sobre el individuo,
de éste en relación con los otros y las condiciones del entorno. Es así como alternativas de uso del
tiempo no ocupado de las personas en tareas laborales como el voluntariado u organizaciones de base (deportivas,
culturales, recreativas), llegan a tener una amplia incidencia sobre los
procesos de fortalecimiento y cohesión de las comunidades. Un ejemplo de la importancia que
autores le han dado a la recreación como un medio para el cambio social es la
jerarquía propuesta por Jensen[12]
quien sugiere una pirámide donde en la base ubica los actos destructivos para
la sociedad o para uno mismo, hasta llegar al más alto nivel que enuncia como
el servicio a otros (Figura No. 3). Aunque esta jerarquía tiene una carga altamente valorada, muestra
como el ocio puede contribuir al cambio
personal y social y como los individuos toman decisiones acerca de sus propias
alternativas. El potencial del cambio social y la oportunidad para conducir a
la justicia social puede ocurrir en cualquiera de los niveles de la jerarquía e
ilustran como los beneficios pueden darse tanto individual como colectivamente.
En la medida que un individuo asciende en la jerarquía su contribución a la
construcción de comunidades mejores será más alta.
Kelly[13]
por su parte plantea que el ocio abre espacios para la formación de la
identidad, las interacciones sociales, y oportunidades que podrían conducir al
cambio social. El ocio tiene el potencial para contribuir a la construcción de
comunidades más fuertes, su valor descansa en encontrar las formas más
apropiadas para contribuir a hacer del mundo un lugar más justo. El ocio puede ser un espacio de
desarrollo personal así como también para promover valores asociados a la
equidad, a la participación democrática y la justicia social. El ideal es ir
más allá del placer personal hacia el reconocimiento de cómo el ocio contribuye
al desarrollo humano, la calidad de vida y la justicia social[14]. Justamente algunas de los críticos
del ocio y la recreación lo ven únicamente como diversión y juego, esta
afirmación descansa en nuestra propia inhabilidad para ver el potencial para el
cambio social desde un punto de vista más crítico. Pensar en el ocio como
proceso y no como producto, puede ser útil en esta discusión. La teoría crítica enfatiza en el
desafío del empoderamiento individual para lograr el cambio. Este se focaliza
no únicamente sobre la crítica y el diálogo, sino sobre una acción orientada a
problemas particulares. Esta postura supone trascender los esquemas
reduccionistas de entender el ocio y ayudar a otros a entenderlo, el cual debe
examinar las formas de poder, la experiencia e identidades para ampliar su
significado político y cultural. Exige un sistema, inclusivo y equitativo, un
análisis disciplinado, crítico e innovador. A continuación se presentan algunas
pautas que se considera podrían contribuir a promover la participación infantil
desde los programas de recreación: De acuerdo con Hart[17],
los profesionales que trabajan en el campo del desarrollo internacional dicen
frecuentemente que la participación comunitaria retrasa los esfuerzos sociales
y económicos de las naciones en desarrollo y lo apoyan con estadísticas e
indicadores que no han podido detener la tendencia creciente hacia la
participación. Sin embargo, los
argumentos para la participación son bastante fuertes especialmente en relación
con aquellos programas cuyo producto final redunda en beneficio de los mismos
participantes. En primera
instancia ha de reconocerse, como se anotaba anteriormente el derecho legitimo
a la participación, que cambió, a partir de la Convención de los Derechos del
Niño, radicalmente la postura frente a los niños y niñas y sus posibilidades de
incidir sobre su propio desarrollo y situación de Derechos. Así, el
desarrollo y potenciación de habilidades comunicativas en todos los niveles
(escritas, orales, gestuales), se convierte en requerimiento base para la
construcción de verdaderos espacios para la participación. En el caso de
los programas de recreación en los que se busque el desarrollo de estas
habilidades y competencias en los niños se requiere por parte de quienes los
diseñan, coordinan y desarrollan, claridad en relación con el concepto de
sociedad, de ser humano, de niñez, del imaginario futuro que se tiene de país,
de la forma y contenidos de las estructuras y las relaciones de poder, del
concepto de adulto y de éste en relación con el niño y el joven. Desde el diseño
de los programas, la dinamización de prácticas participativas con niños y
jóvenes, y una concepción de la recreación con intencionalidad, ha exigido replantearse
la aproximación al diseño de los programas y proyectos, en algunos aspectos
fundamentales:[18] Entendiendo que
los servicios de recreación se hacen realidad en la vivencia con el
participante, la planeación y creación de las experiencias ha demandado
entender que si bien se requiere de diseños rigurosos que no pueden dejar al
azar la estructuración de los elementos que le son fundamentales (una vivencia
con calidad, participativa, equitativa, orientada al desarrollo humano),
siempre se tendrá un margen de incertidumbre en la vivencia, en la medida que
ésta la hace posible es el sujeto participante, quien llega con sus propios
preconceptos, creencias, experiencias de roles y expectativas que influyen
directamente en las relaciones que se tejen y en los contenidos de la vivencia
misma. De ahí, que para
el diseño, ejecución y evaluación de los programas y proyectos, la
flexibilización, la autogestión, la corresponsabilidad se constituyen en ejes
fundamentales, de tal manera, que realmente se tenga la capacidad de responder
a las necesidades y particularidades de los participantes por una parte, y por
otra, para abrir posibilidades pedagógicas para la autodependencia y la
autonomía, proceso en el que el niño debe ser consciente del papel que juega. Los programas de
recreación tienen el potencial de ofrecer espacios de socialización donde se
pueden replantean las estructuras de poder, cambiar roles, analizar las propias
realidades, y armonizar intereses individuales. Uno de los
supuestos centrales, subyacente a los programas, es la creencia en la
posibilidad de incidir en la construcción de escenarios democráticos, donde el
desarrollo beneficie a todos, donde se pueda incidir en las decisiones, donde
las inequidades y desigualdades puedan ser abordadas desde los programas mismos
como una medio para contribuir desde el sector de la recreación a la
transformación social. De acuerdo con Henderson[19],
quienes defienden el ocio y la recreación plantean que este sistema contribuye
a la justicia social. Justicia social, se refiere a la ecuanimidad y a hacer lo
correcto. Dentro de la justicia social se incluye una visión de la sociedad en
que la distribución de los recursos es equitativa y en la que todos los
miembros están física y psicológicamente seguros y protegidos. En esta sociedad
los individuos son autónomos e interdependientes, lo que implica un sentido de
la propia entidad y de responsabilidad social con los demás y hacia la sociedad
como un todo. Para que el ocio y la recreación realmente hagan una contribución a la
justicia social es necesario asegurarse que desde sus políticas y programas,
valoren a todas las personas y será posible el ocio justo, en tanto desde el
sistema se reconozcan y tengan en cuenta las diferencias entre igualdad y
equidad, y la participación en si misma es considerada un medio para abordar
las desigualdades e inequidades. Funlibre en este
proceso de encontrar más y mejores vías para promover la participación infantil
como una forma de aproximarse a que la recreación realmente aporte a la
creación de escenarios democráticos, ha requerido de cambios fundamentales en
los procesos de formación de recreadores profesionales y empíricos para que
desde ellos mismos y de manera crítica, consciente y autónoma, sé de un proceso de transformación de sus propios
patrones de relación con la infancia. En esta dinámica
de aprendizaje se ha observado que cuando las situaciones generadas por la
actividad, el cuestionamiento del niño o el joven, hace en ocasiones, que quien
media la experiencia acuda a esquemas de relación tradicionales donde se hace
prevalecer la edad, la autoridad y el uso de técnicas no participativas. Estas
situaciones de confrontación y conflicto son las que se constituyen en una
oportunidad pedagógica para el recreador, la forma como lo aborde y el
aprendizaje que se obtenga de esa experiencia, es la que en últimas puede
arrojar igualmente un saldo pedagógico para el participante. Pero como se ha
anotado, es un proceso de aprendizaje, de toma de conciencia y de una práctica
reflexiva, la que ha permitido reconocer estos obstáculos y trabajar sobre
ellos. Particularmente, intentar redefinir el rol del recreador, trabajar y
definir sobre cuáles son las responsabilidades de los adultos y los niños en
los procesos que se generan. El diseño de
programas que favorezcan no únicamente la participación, sino que paralelamente
contribuyan a la formación para un ejercicio responsable de la misma, exige
entonces que los sean continuos y se reviertan en dinámicas locales que toquen
las estructuras de poder y administrativas, que genere aprendizajes sobre los
roles, que se avance en medio del conflicto y se aprenda de él, que produzca
conocimientos, que abra canales y medios de acceso a información relevante par
el desarrollo de personas y colectivos. Los programas y
servicios de no pueden estar aislados de las dinámicas institucionales y
locales, y en esencia, se sustentan en la creación de espacios organizativos y
participativos. No es casual el reconocimiento que tienen las organizaciones
locales deportivas, culturales y recreativas, los clubes, como agentes de
socialización. En este sentido, los aportes que nos
han dado las experiencias anteriores con los proyectos objeto de esta propuesta
y otros proyectos realizados por la Fundación, indican que una pedagogía de la
participación infantil debe por lo menos considerar: ·
La información y
comprensión de los niños sobre lo que significa ser sujeto de Derechos y la
comprensión e implicaciones de su derecho a la participación. ·
El estimulo de un
estilo de liderazgo no competitivo, donde los aportes se miran no por el niño o
la niña que más habla, sino por aquél que más aporta sin pretensiones de
protagonismo y competencia individual y que tiene capacidad para representar a
sus pares más allá de sus necesidades individuales. ·
El reconocimiento
de los adultos de la capacidad del niño para expresarse, su derecho a ser
escuchado y la aceptación de formas de comunicación no únicamente escriturales
y orales. ·
El partir en los
procesos pedagógicos de las características del niño/niña por edad, nivel de
maduración, características personales y culturales, experiencias, etc. El
entorno en que se ha desarrollado, y la vivencia de la participación son
elementos que influyen sobre su forma de ser e involucrarse en los procesos. ·
Facilitación de
ambientes de aprendizaje a través de la lúdica que posibilitan llegar mucho más
fácilmente a las condiciones del niño y sus intereses. Se ha encontrado que los
grupos deportivos, la organización y participación a través de los mecanismos
administrativos locales; y formas de expresión diferentes al texto escrito o
verbal son medios para recoger la opinión de los niños y las niñas ·
Procesos de
información y reflexión que les aporte a los niños y las niñas elementos
teóricos y empíricos para la construcción de sus propios juicios, significados,
sentidos de las cosas y la realidad. El acceso a la información es una
condición para el desarrollo de la capacidad de participación. No se pueden
recoger las percepciones de los niños sobre si situación de Derechos si no
tienen la información y comprensión
sobre los mismos. ·
Reflexión sobre
el concepto de democracia y su sentido y práctica en la vida cotidiana. ·
Generar espacios
para la práctica de la participación por si mismo constituye un medio para su
aprendizaje. Cualquier aproximación a una pedagogía de la participación deberá
involucrar transformaciones en las estructuras de poder, en la forma como se
plantean las relaciones y los roles adultos en relación con la infancia, como
se anotó no pueden estar aislados de otros procesos públicos y privados de los
sujetos participantes, de sus propios preconceptos, y los aspectos
anteriormente analizados.[20] En conclusión, los elementos que se consideran para el diseño y
dinamización de ambientes lúdico pedagógicos que hagan real la práctica de la
participación y formen para ella se presentan en la figura 5. Estos elementos
se conjugan en la interacción y las relaciones sociales que se tejen alrededor
de las actividades y objetivos de un programa.
En la vivencia, en el espacio del
grupo, en el pequeño espacio del parque de barrio, en la ludoteca, en la calle,
es donde tenemos la oportunidad de incidir en la apertura de espacios para la
participación infantil, deberemos
avanzar gradualmente partiendo de nuestras propias transformaciones
personales para estar en capacidad de responder a este reto. Aunque el espacio no es suficiente
para abordar de manera exhaustiva todo el marco que ya existe sobre
participación infantil, en este simposio la pretensión fue abordar el tema para
ponerlo en escena e invitarlos a reflexionar sobre él. BIBLIOGRAFIA Cecilio Adorna. La participación de
niños y adolescentes en el contexto de la Convención sobre los Derechos del
Niño: Visiones y perspectivas Actas del Seminario Bogotá, 7-8 de diciembre
de 1998 Hart, A. R. La participación de los niños: De la participación simbólica a la
participación auténtica. Editorial Nueva Gente, Bogotá, Colombia, 1993. Gaitán, A. Protagonismo Infantil. En la participación de niños y adolescentes en
el contexto de la Convención sobre los Derechos del niño: Visiones y
perspectivas Actas del Seminario Bogotá, 7-8 de diciembre de 1998 Gaitán. ibidem,
página 85 Hart.
ibidem, 1993. Trilla,
Jaume,
Novella, Ana. Educación y
participación social en la infancia. Revista Iberoamericana de Educación.
Número 26. Mayo - Agosto de 2001. OEI Ediciones. Díaz Gómez,
L. La Participación de
las niñas y los niños y la formación de ciudadanía. En Memorias Derechos de
la Niñez y la Juventud – Primer Encuentro Interuniversitario . Unicef Colombia,
Bogotá, Colombia, Diciembre de 2001. Salazar, María Cristina. El derecho a la supervivencia y a la
participación de los niños, niñas y jóvenes en la construcción de democracia.
En Memorias Primer Encuentro Interuniversitario. Derechos de la Niñez y la
Juventud. Unicef- Colombia. 2001 Díaz Gómez,
L. La Participación de
las niñas y los niños y la formación de ciudadanía. En Memorias Derechos de
la Niñez y la Juventud – Primer Encuentro Interuniversitario . Unicef Colombia,
Bogotá, Colombia, Diciembre de 2001. Ibid. Pág.13 Jensen, C.R. Leisure and
receration: Introudction and overview. Philadephia, P.A: Lea and Febiger,
1977. Kelly, J.R. Leisure indentities
and interactions. London, UK: George Alleln & Unwin, 1987. Henderson, K.A. The changer and the
changed: Leisure research in the 1990s. Journal Applied Recreation Reserach,
18(1), 3-18, 1993 Osorio, E. Hacia una pedagogía de la participación infantil en los programas de
recreación. En Texto Recreación y
Niñez: Construcción de escenarios para el desarrollo humano. Documento en
construcción. Funlibre 2002 – 2003. Lansdown, G. Promoting
Children´s participation in democratic decision-making. Unicef –
Innocenti Research Center, Florence,
Italy, 2001 Ibidem, pág. 42 Osorio, E. ibidem 2002-2003 Henderson,
Karla. Desarrollo Humano y Ocio Justo. En 6º.
Congreso Mundial de Ocio. Bilbao. 2000. pág. 37 Osorio, E. Hacia una pedagogía de la participación infantil en los programas de
recreación. En Texto Recreación y
Niñez: Construcción de escenarios para el desarrollo humano. Documento en
construcción. Funlibre 2002 – 2003. 2003. |
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[1]
Psicóloga, Especialista en Gerencia Social, Maestría en Desarrollo Educativo y Social
– Directora Ejecutiva Nacional/Directora Centro de Investigaciones Funlibre.
[2] Cecilio Adorna, La participación de niños y
adolescentes en el contexto de la Convención sobre los Derechos del niño:
Visiones y perspectivas Actas del Seminario Bogotá, 7-8 de diciembre de 1998
[3] Hart, A. R. La participación de los niños:
De la participación simbólica a la participación auténtica. Editorial Nueva
Gente, Bogotá, Colombia, 1993.
[4] Gaitán, A. Protagonismo Infantil. En la participación de niños y adolescentes en el contexto de la Convención sobre los Derechos del niño: Visiones y perspectivas Actas del Seminario Bogotá, 7-8 de diciembre de 1998
[5] Ibidem, Gaitán, 85
[6] Ibid. Hart. 1993.
[7] Trilla,
Jaume, Novella, Ana. Educación y participación social en la infancia. Revista
Iberoamericana de Educación. Número 26. Mayo - Agosto de 2001. OEI Ediciones
[8] Díaz Gómez,
L. La Participación de las niñas y los niños y la formación de
ciudadanía. En Memorias Derechos de la Niñez y la Juventud – Primer Encuentro
Interuniversitario . Unicef Colombia, Bogotá, Colombia, Diciembre de 2001.
[9] Salazar,
María Cristina. El derecho a la supervivencia y a la participación de los
niños, niñas y jóvenes en la construcción de democracia. En Memorias Primer
Encuentro Interuniversitario. Derechos de la Niñez y la Juventud. Unicef-
Colombia. 2001
[10] Díaz
Gómez, L. La Participación de las niñas
y los niños y la formación de ciudadanía. En Memorias Derechos de la Niñez y la
Juventud – Primer Encuentro Interuniversitario . Unicef Colombia, Bogotá,
Colombia, Diciembre de 2001.
[11] Ibid. Pág.13
[12] Jensen, C.R. Leisure and receration: Introudction
and overview. Philadephia, P.A: Lea and Febiger, 1977.
[13] Kelly, J.R. Leisure indentities and interactions.
London, UK: George Alleln & Unwin, 1987.
[14] Henderson, K.A. The changer and the changed: Leisure
research in the 1990s. Journal Applied Recreation Reserach, 18(1), 3-18, 1993.
[15] Osorio,
E. Hacia una pedagogía de la participación infantil en los programas de
recreación. En Texto Recreación y Niñez: Construcción de escenarios para el
desarrollo humano. Documento en construcción. Funlibre 2002 – 2003.
[16] Lansdown, G. Promoting Children´s participation in
democratic decision-making. UNICEF – Innocenti
Research Center, Florence, Italy, 2001
[17] Ibidem, pág.
42
[18] Ibid. Osorio. 2002-2003
[19] HENDERSON, Karla. Desarrollo Humano y Ocio Justo. En 6º.
Congreso Mundial de Ocio. Bilbao. 2000. pág. 37
[20] Osorio,
E. Hacia una pedagogía de la participación infantil en los programas de recreación.
En Texto Recreación y Niñez: Construcción de escenarios para el desarrollo
humano. Documento en construcción. Funlibre 2002 – 2003.