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Documento:

DESDE DONDE CONSTRUIR CONTEXTOS DE OCIO Y RECREACIÓN DESDE Y PARA LA INFANCIA Y LA JUVENTUD

Autor:

ESPERANZA OSORIO CORREA

Directora Ejecutiva Nacional FUNLIBRE

Origen:

IV Simposio Nacional de Investigación y Formación en Recreación.
Vicepresidencia de la República / Coldeportes / FUNLIBRE
Mayo 19 al 21 de 2005. Cali, Colombia.

 

 

 

 

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Ø Ponencias del Simposio

 


Ponencia

 

 

El título de esta ponencia puede hacer pensar a muchos que es redundante, que todos ya sabemos que el ocio y la recreación es importante para los niños y los jóvenes. Sin embargo, una afirmación tan obvia, en ocasiones no encuentra concreción a la hora de garantizar y proteger el derecho al juego, a la recreación y al tiempo libre.

Esto se observa en el colegio, en la familia y en general en la vida cotidiana de los niños y los jóvenes. La modularización de la vida diaria y las creencias que permean los procesos formativos son entre otros factores que obstaculizan el pleno ejercicio del derecho a jugar y recrearse. El poner tareas para que los estudiantes ocupen su tiempo libre, el hecho de considerar la ociosidad como algo pecaminoso, llevan a una reducción del tiempo libre por una parte, y por otra a una “sobreocupación del mismo” a través de la inclusión de niños y jóvenes en cursos y programas que responden más a los intereses de los adultos y los modelos de desarrollo que ellos prescriben para sus hijos.

La convención Internacional sobre los Derechos del Niño, equivale a la formalización, a nivel internacional, de un nuevo paradigma para la consideración de la infancia y la adolescencia desde el punto de vista de las políticas públicas. Este cambio recoge los postulados de la llamada Doctrina de protección integral que ve al niño como sujeto de derecho a diferencia de la anterior "Doctrina de la situación Irregular", que lo enfoca como objeto de protección.

La protección integral quiere evitar la construcción social que separa a los menores de los niños y se dirige a los niños y adolescentes como sujetos con derechos humanos originarios, con la finalidad de evitar su marginalización y reintegrar a los "menores" en desventajas o infractores, al sistema normal de la infancia y de la adolescencia[2].

De acuerdo con Castelo[3] a la recreación y al derecho a se le ha dado un lugar de "segunda mano" o de "hermana menor".  Así aunque como anotaba al inicio nadie niega este derecho y su importancia, se le ubica en un lugar subsidiario y dependiente. De esta manera si bien en diversas disciplinas se le da una especial significancia, su uso es limitado y en los espacios de la Educación Formal, la Familia, la Ciudad como estructura urbana hay señales claras de no estar pensadas y proyectadas considerando el ejercicio del derecho a jugar de los niños que no busque otro fin que el del placer y el bienestar personal y social.

En conclusión a pesar de ser explícito el derecho en la convención en su artículo 31, artículos 1  y 2, se debería asegurar su presencia en las legislaciones más allá del discurso y las generalizaciones asegurando su inclusión en la vida cotidiana de los niños, las niñas y los jóvenes.

La importancia de las actividades en el tiempo de ocio en el desarrollo psicológico, cognitivo y físico por mencionar algunos de sus beneficios es reconocido en todas las sociedades.

Los programas de ocio y recreación contribuyen al desarrollo de niños y jóvenes, a la construcción de identidades sociales y personales, previenen y potencian acciones sociales y educativas tendientes a superar problemas como la adicción a las drogas, la delincuencia, el asilamiento, la depresión, entre otras, y un medio para la dinamizar procesos de inclusión social y participación genuina, por mencionar algunos de sus efectos e impactos, sin embargo, aún es necesario seguir en la tarea de reivindicar este derecho, desde lo normativo y la concreción de los planes y programas que operativizan el derecho.

Dentro del marco, de esta ponencia, se toma como referencia la Convención de los Derechos del Niño, por las implicaciones que ha tenido en la formulación de políticas de infancia y adolescencia sin desconocer que desde la constitución colombiana y otras normas también se enuncia.

La Convención de los Derechos del Niño plantea que "los estados partes reconocen el derecho del niño al descanso y el esparcimiento, al juego y a las actividades recreativas propias de su edad y a participar libremente de la vida cultural y en las artes" (Art. 31. Punto 1).

Al respecto, Lorente et. al., [4], plantean que:

 en la construcción sintáctica del Artículo de referencia "descanso y esparcimiento", "juego y actividades recreativas" son expresadas de manera tal que inducen a pensar que se está ante fenómenos socio-culturales diversos y heterogéneos aunque pertenecientes a un mismo rango analítico-epistemológico. Sin embargo, una lectura más detenida de tales fenómenos indican que "descanso y esparcimiento" harían una referencia más precisa a la dimensión de las necesidades básicas (Maslow, 1981), mientras que juego y actividades recreativas estarían refiriéndose al ámbito de los satisfactores de esa necesidad (Max Neef, 1993)”.

La apreciación que realizan estos autores se considera relevante en la medida que como hemos mencionado en el marco de eventos como éste, es necesario avanzar en las construcción de las categorías conceptuales implícitas en el proceso de garantizar y proteger este derecho y las vías a través de las cuales concretar los satisfactores que garantizan y potencian la realización de necesidades y el desarrollo humano, para no quedarse en un planteamiento funcionalista que atravesado por ideologías y valores no explicitan en últimas a que tipo de desarrollo le apuntan, particularmente cuando hablamos de infancia y juventud, y a la construcción de qué tipo de sociedad.

Por otra parte, reivindicar que desde el marco normativo se trascienda la generalidad a lo puntual de los beneficios del ocio y la recreación sobre la salud, la formación de las personas, la conservación de recursos para las próximas generaciones, etc., se corre el riesgo de sólo considerar las intencionalidades políticas, sociales o disciplinares e incluso en esos casos subordinando el derecho, perdiendo de vista al fenómeno del juego desde su naturaleza humana y sus implicaciones para potenciar la dimensión lúdica del hombre y su papel en la construcción de un proyecto de felicidad.

Este es un cuestionamiento que hemos hecho y nos hacen, en términos de sólo estar apostándole a una recreación que dada su intencionalidad, pierde su carácter placentero y obvia la propuesta de libertad implícita.

Castelo es bastante preciso al respecto. Parte de la siguiente diferenciación: “Hablaremos del "Juego" o del "Jugar" refiriéndonos al fenómeno humano y la particular situación, actitud y sensaciones que produce en la persona y en otro sentido llamaremos "los juegos" a todas las actividades recreativas, de esparcimiento y descanso, vinculadas a diversas áreas expresivas y creativas.

Desde las propuestas que hemos venido construyendo, donde desde el Modelo de Desarrollo a Escala Humana de Max Neef , los juegos y las actividades recreativas son concebidas como satisfactores sinérgicos con una intencionalidad de desarrollo, su valor está dado por los objetivos propuestos desde las disciplinas o campos de acción y se subordina a ellos.

Desde esta perspectiva considero que debemos prestar especial atención a la vivencia en si misma y a lo que subyace a las intencionalidades propuestas. Si asumimos que el papel en este caso, independientemente de sus objetivos pedagógicos, debe transversalmente contribuir a la construcción de ambientes democráticos, generar procesos de inclusión de niños y jóvenes en la vida cotidiana y transformar los ámbitos de socialización en escenarios para el desarrollo humano, con toda la complejidad que esto implica, la vivencia misma debe reflejar los valores y propiciar las interacciones que lo garanticen.

El sonambilismo no es un error que nos podamos permitir; el diseño técnico y programático, la construcción de satisfactores, no es un proceso ni a-crítico, ni a-teórico, independientemente de la formación disciplinar, de ser empírico o profesional en este campo, ponemos en escena nuestro propio marco teórico, y desde ahí le podemos apostar a la perpetuación de un sistema excluyente o a la real dinamización de procesos de transformación de la realidad.

Los espacios físicos, los llenamos de contenido con las intencionalidades, con los elementos que usemos o no, nuestra sola presencia en la construcción y facilitación del satisfactor – llamado recreador, juego, juguete, actividad recreativa – el ambiente se cubre de iconos, de símbolos que transmiten mensajes, los cuales son interpretados por quien entra a jugar. Es la persona quien vitaliza el juego, reinterpreta y resignifica, desaprende o aprende,  partir de los dispositivos que ponemos en escena.

Por ello la configuración de la vivencia es un proceso desde donde “deberíamos tomar conciencia” de nuestras propias construcciones y marcos de referencia para también explicitar a qué tipo de sociedad le apuntamos.

Solo por poner un ejemplo que concrete esta idea: Qué estamos haciendo  y cómo estamos construyendo espacios recreativos inclusivos para gay y lesbianas?. En un estudio realizado por Kivel[5], los hallazgos principales mostraron que el ocio es un contexto para el desarrollo personal más no de la identidad social. Quienes participaron en el estudio con sus narraciones afirmaron que los contextos de ocio los ayuda a entenderse a si mismo, sus relaciones con otros y con el mundo, más que los roles que ellos deben jugar en el mundo. Desde esta perspectiva, la pregunta es si desde tales espacios se mantiene contextos heterosexuales como único marco de referencia. Este es sólo un ejemplo del tipo de exclusiones que podemos generar.

El contexto de la vivencia es un espacio de interacciones humanas complejas donde nos podemos salir de los lugares comunes a partir del enorme potencial de transformación de la realidad cotidiana que tiene el juego. Llenar de rupturas, de transgresiones de lo cotidiano, de reto a los estereotipos y a las creencias, es una oportunidad siempre disponible con los niños y jóvenes, potenciando las crisis de paradigmas y los procesos de cambio que ellos viven en esta sociedad actual.

Sin embargo, la concreción de satisfactores va mucho más allá de ocupar un lugar dentro de las intencionalidades adultas e institucionales. Este derecho, como parte de la vida cotidiana implica que tiempos, espacios y ámbitos de interacción se configuren y estructuren de tal manera que no se pierda el valor sustantivo del juego:

“El valor sustantivo de "los juegos" en estas condiciones radica en la posibilidad de optimizar los resultados perseguidos en cada caso, apelando a algunos de los componentes que le son propios a las actividades lúdicas. El "Juego", el "Jugar" del que hablamos es "útil para nada", no es redituable, no produce ninguna otra ganancia que el puro placer, la experiencia del PLACER de participar, vincularse, expresarse, crear y deshacer, transformar y transformarse, con otras coordenadas que las previsibles. [6]

La escuela, la casa, el barrio, desde sus estructuras físicas, sociales y culturales pensadas desde la inclusión del juego en la vida cotidiana de los niños y los jóvenes demanda el repensarlos y dinamizar transformaciones culturales de imaginarios y representaciones sociales que han mantenido una visión negativa del juego por si mismo.

Desde aquí y siguiendo al autor, se habla del ejercicio del derecho a jugar no desde su perspectiva instrumental sino en su dimensión cotidiana: “sobre la búsqueda genuina, respetuosa y respetable del bienestar individual y el mejoramiento de la calidad de vida del colectivo social en aspectos difícilmente objetivables y no por ello menos trascendentes en lo que hace al desarrollo integral del ser humano”.

En este contexto el lugar para la subjetividad, lo irracional, lo fantástico, la sensibilidad, la creatividad está dado como parte fundamental del derecho a jugar.

Sin embargo, existen elementos que no se pueden desconocer a la hora de hablar del ejercicio del juego como un espacio de libertad, y menos aún en la sociedad actual. El mercado de servicios, los modelos de desarrollo vigentes apuntan a intereses tanto económicos como políticos que influyen de manera directa en la vida cotidiana de los jóvenes y los niños y particularmente en sus contextos de ocio.

El ocio es particularmente importante en la modularización de la vida diaria, a través de él se crean oportunidades para elegir. Sin embargo estas oportunidades para elegir y ser libres están mediadas por la oferta de bienes y servicios de ocio, y particularmente aquellas que representan el mantenimiento de un statu quo, donde salir de ellas, es tanto como perder el estatus y la pertenencia a ese sistema[7].

La mayoría de la gente ha pasado la mayor parte de su tiempo en formas de ocio no amenazantes, pero no en formas anormales, en pocas palabras el consumo provee maneras “sabias” de pasar nuestro ocio[8]; es decir, “sabias” dentro del marco de un sistema social de referencia, igual sucede con la forma de definir nuestras libertades y el ser libres, ellas dependen del marco normativo y sancionatorio, tanto jurídico como social que se nos plantea como miembros de una sociedad.

Una condición crucial para la modularización de la vida diaria es la emergencia de un tiempo de mercado, la posibilidad de intercambiar módulos de tiempo por dinero y viceversa dentro del contexto de la economía mundial capitalista. Esencialmente la modularización de la vida diaria se refiere al incremento de la intercambiabilidad de formas de pasar el tiempo en el transcurso de la vida diaria (rutinas diarias y el curso de la vida), en razón al incremento en la escala de suministros estandarizados de unidades de tiempo, llenados con actividades más o menos predecibles, calculables y recombinables en continuo crecimiento en oportunidades para que actores individuales elijan de estos suministros reflexivamente organizado su vida diaria.

Cuando el ocio implica que hay grandes posibilidades para que los individuos elijan, entonces indirectamente, esto también significa que hay un gran mercado para suplir los bienes, servicios y actividades que uno puede elegir. El despliegue de la cultura del consumo es predicado bajo la disponibilidad de consumidores, de actores que tienen dinero y tiempo para permitir el consumo de bienes y servicios;  está vinculado a la primera dimensión de la modularización de la vida diaria; al suplir los módulos de tiempo los actores pueden construir sus propias rutinas diarias.

El consumo de hoy no es tan autoevidente, está ligado a la satisfacción real o creada de necesidades y es considerado esencial en el proyecto de autoconciencia, identificación y posicionamiento. Puesto de otra manera, el consumo podría ser tratado como otra forma de producción o producción en otro contexto y un importante elemento en la construcción de identidades y estilos de vida[9].

Willis[10] afirma “la extraordinaria creatividad simbólica de la multitud de maneras en las cuales la gente joven usa, humaniza, decora e invierte con significados sus espacios comunes e inmediatos de sus espacios de vida y prácticas sociales incluyen casi todas sus prácticas de ocio. No son actividades triviales o ilógicas. Dentro de las condiciones de la modernización tardía y la crisis generalizada de los valores culturales ellos pueden ser cruciales para la creación y sustentación de identidades grupales e individuales aún para la supervivencia de la identidad en si misma.

El ocio ha sido crucial en la apertura de la gente del futuro a causa de la enorme variedad de formas en las que uno puede pasar el ocio tanto y al enorme y variado suministro de bienes de consumo y servicios de ocio. Reflexivamente los jóvenes y los niños tienen la opción de intervenir en la construcción de sus propias rutinas y el curso de su vida, sin embargo, este espacio de libertad para “ser” depende en gran medida de la institucionalidad, los adultos y las opciones de desarrollo humano de las que disponga.

La apertura de espacios intencionales o no para garantizar el derecho al juego y la recreación en la infancia y la juventud necesariamente ha de estar atravesado por un análisis crítico y una postura ética frente a ellos. Los paradigmas actuales en relación con los conceptos de joven, juventud, niño, niña, nos obliga a procesos de transformación propios donde las rupturas tienen que empezar desde quienes estamos implicados en la estructuración del a oferta, y ello significa establecer relaciones horizontales y construir con ellos. Significa no calificar sus formas de asumir las prácticas en su tiempo vida y darle el espacio y la posibilidad de construir sus propias rutinas diarias y de vida.

Los efectos de la sociedad de consumo sobre la modularización de la vida diaria puede ser tan dependiente en tanto menos trabajemos por propiciar ámbitos para el desarrollo de la autonomía. Es una realidad donde se están construyendo como sujetos, el reto abrir espacios para que tenga la herramientas para hacerlo.

Crear contextos de ocio para la infancia y la juventud requiere un trabajo concertado desde las políticas y un cambio de los imaginarios en relación con la importancia que se les da en sus vidas. Como plantean en el reporte de jóvenes de la Organización de las Naciones Unidas:

El Reporte Mundial de Jóvenes del 2003 subraya que términos tales como que el “ocio”, “el aprendizaje informal” y el “juego” se minimizan en su causalidad de propósito y práctica y no hace justicia a la forma en la cual la mayoría de la gente joven usa su tiempo libre”.

Entre las recomendaciones dadas en El programa Mundial para la acción para jóvenes sobre las actividades en el tiempo de ocio están:

Las actividades de ocio son una parte integral de los programas y políticas juveniles, en consecuencia los gobiernos, deberían planear, diseñar e implementar las políticas y programas con su participación activa y que la importancia dada se refleje en los presupuestos e inversiones.

·                 Los gobiernos están invitando a establecer librearías públicas, centros culturales y otras facilidades en las áreas rurales y urbanas, para proveer espacios a los jóvenes en los campos del teatro, las artes y otras formas de expresión cultural.

·                 Los gobiernos están invitando a mejorar la participación de los jóvenes en el turismo, los eventos culturales internacionales, los deportes y todas las actividades de especial interés para ellos.

·                 Las actividades de ocio son un componente de los programas educativos. Los gobiernos deben proveer presupuestos adecuados para que las instituciones educativas establezcan actividades para el tiempo de ocio dándole la prioridad que requiere. Además las actividades en el tiempo de ocio deben estar integradas al currículo regular de la escuela.

·                 Las actividades en el tiempo de ocio deberían considerarse en los procesos de desarrollo rural y planeación urbana. Los gobiernos nacionales así como las autoridades locales y comunitarias deberían incorporar programas y facilidades en la planeación urbana y prestar particular atención a las áreas con densidad poblacional alta. Igualmente los programas de desarrollo rural deberían prestar atención a las necesidades de ocio de los jóvenes de las áreas rurales.

·                 Las actividades de ocio y los medios. Los medios de comunicación deberían encarar y promover la comprensión y conocimiento de los jóvenes de todos los aspectos de la integración social incluyendo la tolerancia y la no violencia.

La literatura actual en relación con el ocio, el juego y la recreación en la infancia y la juventud, es amplia e imposible de abordar en el marco de una ponencia, sin embargo existe un marco común y es el reto de operacionalizar en la vida cotidiana el derecho al juego y la recreación.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

CASTELO Ariel.  Derechos de niños, niñas y adolescentes en la vida cotidiana - ¿Para qué un nuevo código? Montevideo, mayo de 1998.

CROSS, G. Time and money. The Making of consumer Culture. London and New York: Routledge, 1993.

FALCO María del Carmen. Convención sobre los Derechos del Niño. Universidad de Concepción del Uruguay - Centro Regional Del Río Paraná. Santa Fe. Noviembre De 2003.

KIVEL. D. Beth. Leisure, Narratives and the Construction of Identity Among Lesbian, Gay & Bisexual Youth. En Journal of Leisurability, Volume 24 Number 4 , Fall 1997 

LORENTE Marcela, PAVÍA Víctor, QUINTEROS Norma, VERBIC Florencia. Equilibrio entre el ocio casual y el ocio serio - estrategias de ruptura el derecho al juego. Trabajo práctico realizado en el contexto de la carrera de Posgrado: Especialización en Derechos del Niño y Políticas Sociales para la Infancia y la Adolescencia. Modulo 1: La protección de la infancia en el marco de los derechos humanos. Universidad Nacional del Comahue. Dirección de Educación Contínua

VAN DER POL, Hugo. The modularisation of Daily Life. En Leisure: Modernity, Postmodernity and lifestyles. Ed. Ian Henry. LSA, 1994.

WILLIS, P. Common Culture. Simbolic work at play in the every cultures of the young. Milton Keynes: Open University Press, 1990.

 

Nota: Para efectos informativos se anexa la declaración emanada de la Asociación Mundial de Recreación – Seminario de Educación para el Tiempo Libre Jóvenes en Riesgo.

 

 

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[1] Psicóloga, especialista en Gerencia Social, Maestría Desarrollo Social y Educativo.

[2] FALCO María del Carmen. Convención sobre los Derechos del Niño. Universidad de Concepción del Uruguay - Centro Regional Del Río Paraná. Santa Fe. Noviembre De 2003.

[3] CASTELO Ariel.  Derechos de niños, niñas y adolescentes en la vida cotidiana - ¿Para qué un nuevo código? Montevideo, mayo de 1998.

[4]Lorente Marcela, Pavía Víctor, Quinteros Norma, Verbic Florencia. Equilibrio entre el ocio casual y el ocio serio - estrategias de ruptura el derecho al juego. Trabajo práctico realizado en el contexto de la carrera de Posgrado: Especialización en Derechos del Niño y Políticas Sociales para la Infancia y la Adolescencia. Modulo 1: La protección de la infancia en el marco de los derechos humanos. Universidad Nacional del Comahue. Dirección de Educación Contínua

[5] Kivel. D. Beth. Leisure, Narratives and the Construction of Identity Among Lesbian, Gay & Bisexual Youth. En Journal of
Leisurability,
Volume 24 Number 4 , Fall 1997 Beth D. Kivel *

[6] Castelo

[7] VAN DER POL, Hugo. The modularisation of Daily Life. En Leisure: Modernity, Postmodernity and lifestyles. Ed. Ian Henry. LSA, 1994.

[8] CROSS, G. Time and money. The Making of consumer Culture. London and New York: Routledge, 1993.

[9] Ibidem, 356

[10] WILLIS, P. Common Culture. Simbolic work at play in the every cultures of the young. Milton Keynes: Open University Press, 1990.