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Ponencia |
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El título de esta ponencia puede hacer pensar a
muchos que es redundante, que todos ya sabemos que el ocio y la recreación es importante para los niños y los jóvenes. Sin embargo, una
afirmación tan obvia, en ocasiones no encuentra concreción a la hora de
garantizar y proteger el derecho al juego, a la recreación y al tiempo libre. Esto se observa en el colegio, en la familia y en
general en la vida cotidiana de los niños y los jóvenes. La modularización
de la vida diaria y las creencias que permean los
procesos formativos son entre otros factores que obstaculizan el pleno
ejercicio del derecho a jugar y recrearse. El poner tareas para que los
estudiantes ocupen su tiempo libre, el hecho de considerar la ociosidad como
algo pecaminoso, llevan a una reducción del tiempo libre por una parte, y por
otra a una “sobreocupación del mismo” a través de la
inclusión de niños y jóvenes en cursos y programas que responden más a los
intereses de los adultos y los modelos de desarrollo que ellos prescriben para
sus hijos. La convención Internacional sobre los Derechos del Niño,
equivale a la formalización, a nivel internacional, de un nuevo paradigma para
la consideración de la infancia y la adolescencia desde el punto de vista de
las políticas públicas. Este cambio recoge los postulados de la llamada
Doctrina de protección integral que ve al niño como sujeto de derecho a
diferencia de la anterior "Doctrina de la situación Irregular", que
lo enfoca como objeto de protección. La protección integral quiere evitar la construcción social
que separa a los menores de los niños y se dirige a los niños y adolescentes
como sujetos con derechos humanos originarios, con la finalidad de evitar su
marginalización y reintegrar a los "menores" en desventajas o
infractores, al sistema normal de la infancia y de la adolescencia[2]. De acuerdo con Castelo[3] a la recreación y al derecho a
se le ha dado un lugar de
"segunda mano" o de "hermana menor". Así aunque como anotaba al inicio nadie niega
este derecho y su importancia, se le ubica en un lugar subsidiario y
dependiente. De esta manera si bien en diversas disciplinas se le da una
especial significancia, su uso es limitado y en los
espacios de En conclusión a pesar de ser explícito el derecho en la
convención en su artículo 31, artículos 1
y 2, se debería asegurar su presencia en las legislaciones más allá del
discurso y las generalizaciones asegurando su inclusión en la vida cotidiana de
los niños, las niñas y los jóvenes. La importancia de las
actividades en el tiempo de ocio en el desarrollo psicológico, cognitivo y
físico por mencionar algunos de sus beneficios es reconocido en todas las
sociedades. Los programas de ocio y
recreación contribuyen al desarrollo de niños y jóvenes, a la construcción de
identidades sociales y personales, previenen y potencian acciones sociales y
educativas tendientes a superar problemas como la adicción a las drogas, la
delincuencia, el asilamiento, la depresión, entre otras, y un medio para la
dinamizar procesos de inclusión social y participación genuina, por mencionar
algunos de sus efectos e impactos, sin embargo, aún es necesario seguir en la
tarea de reivindicar este derecho, desde lo normativo y la concreción de los
planes y programas que operativizan el derecho. Dentro del marco, de esta
ponencia, se toma como referencia Al respecto, Lorente et. al., [4],
plantean que: “en la construcción sintáctica del Artículo de referencia
"descanso y esparcimiento", "juego y actividades
recreativas" son expresadas de manera tal que inducen a pensar que se está
ante fenómenos socio-culturales diversos y heterogéneos aunque pertenecientes a
un mismo rango analítico-epistemológico. Sin embargo, una lectura más detenida
de tales fenómenos indican que "descanso y esparcimiento" harían una
referencia más precisa a la dimensión de las necesidades básicas (Maslow, 1981), mientras que juego y actividades recreativas
estarían refiriéndose al ámbito de los satisfactores de esa necesidad (Max Neef, 1993)”. La apreciación que realizan estos autores se considera
relevante en la medida que como hemos mencionado en el marco de eventos como
éste, es necesario avanzar en las construcción de las categorías conceptuales
implícitas en el proceso de garantizar y proteger este derecho y las vías a
través de las cuales concretar los satisfactores que garantizan y potencian la
realización de necesidades y el desarrollo humano, para no quedarse en un
planteamiento funcionalista que atravesado por ideologías y valores no
explicitan en últimas a que tipo de desarrollo le apuntan, particularmente
cuando hablamos de infancia y juventud, y a la construcción de qué tipo de
sociedad. Por otra parte, reivindicar que desde el marco normativo se
trascienda la generalidad a lo puntual de los beneficios del ocio y la
recreación sobre la salud, la formación de las personas, la conservación de
recursos para las próximas generaciones, etc., se corre el riesgo de sólo
considerar las intencionalidades políticas, sociales o disciplinares e incluso
en esos casos subordinando el derecho, perdiendo de vista al fenómeno del juego
desde su naturaleza humana y sus implicaciones para potenciar la dimensión
lúdica del hombre y su papel en la construcción de un proyecto de felicidad. Este es un cuestionamiento que hemos hecho y nos hacen, en
términos de sólo estar apostándole a una recreación que dada su
intencionalidad, pierde su carácter placentero y obvia
la propuesta de libertad implícita. Castelo es bastante preciso al respecto.
Parte de la siguiente diferenciación: “Hablaremos del "Juego" o del
"Jugar" refiriéndonos al fenómeno humano y la particular situación,
actitud y sensaciones que produce en la persona y en otro sentido llamaremos
"los juegos" a todas las actividades recreativas, de esparcimiento y
descanso, vinculadas a diversas áreas expresivas y creativas. Desde las propuestas que hemos venido construyendo, donde
desde el Modelo de Desarrollo a Escala Humana de Max Neef ,
los juegos y las actividades recreativas son concebidas como satisfactores
sinérgicos con una intencionalidad de desarrollo, su valor está dado por los
objetivos propuestos desde las disciplinas o campos de acción y se subordina a
ellos. Desde esta perspectiva considero que debemos prestar especial
atención a la vivencia en si misma y a lo que subyace a las intencionalidades
propuestas. Si asumimos que el papel en este caso, independientemente de sus objetivos
pedagógicos, debe transversalmente contribuir a la construcción de ambientes
democráticos, generar procesos de inclusión de niños y jóvenes en la vida
cotidiana y transformar los ámbitos de socialización en escenarios para el
desarrollo humano, con toda la complejidad que esto implica, la vivencia misma
debe reflejar los valores y propiciar las interacciones que lo garanticen. El sonambilismo no es un error que
nos podamos permitir; el diseño técnico y programático, la construcción de
satisfactores, no es un proceso ni a-crítico, ni a-teórico, independientemente
de la formación disciplinar, de ser empírico o profesional en este campo,
ponemos en escena nuestro propio marco teórico, y desde ahí le podemos apostar
a la perpetuación de un sistema excluyente o a la real dinamización
de procesos de transformación de la realidad. Los espacios físicos, los llenamos de contenido con las
intencionalidades, con los elementos que usemos o no, nuestra sola presencia en
la construcción y facilitación del satisfactor – llamado recreador, juego,
juguete, actividad recreativa – el ambiente se cubre de iconos, de símbolos que
transmiten mensajes, los cuales son interpretados por quien entra a jugar. Es
la persona quien vitaliza el juego, reinterpreta y resignifica,
desaprende o aprende, partir de los
dispositivos que ponemos en escena. Por ello la configuración de la vivencia es un proceso desde
donde “deberíamos tomar conciencia” de nuestras propias construcciones y marcos
de referencia para también explicitar a qué tipo de sociedad le apuntamos. Solo por poner un ejemplo que concrete esta idea: Qué estamos
haciendo y cómo estamos construyendo
espacios recreativos inclusivos para gay y lesbianas?.
En un estudio realizado por Kivel[5], los
hallazgos principales mostraron que el ocio es un contexto para el desarrollo
personal más no de la identidad social. Quienes participaron en el estudio con
sus narraciones afirmaron que los contextos de ocio los ayuda a entenderse a si
mismo, sus relaciones con otros y con el mundo, más que los roles que ellos
deben jugar en el mundo. Desde esta perspectiva, la pregunta es si desde tales
espacios se mantiene contextos heterosexuales como único marco de referencia.
Este es sólo un ejemplo del tipo de exclusiones que podemos generar. El contexto de la vivencia es un
espacio de interacciones humanas complejas donde nos podemos salir de los
lugares comunes a partir del enorme potencial de transformación de la realidad
cotidiana que tiene el juego. Llenar de rupturas, de transgresiones de lo
cotidiano, de reto a los estereotipos y a las creencias, es una oportunidad
siempre disponible con los niños y jóvenes, potenciando las crisis de
paradigmas y los procesos de cambio que ellos viven en esta sociedad actual. Sin embargo, la concreción de
satisfactores va mucho más allá de ocupar un lugar dentro de las
intencionalidades adultas e institucionales. Este derecho, como parte de la
vida cotidiana implica que tiempos, espacios y ámbitos de interacción se
configuren y estructuren de tal manera que no se pierda el valor sustantivo del
juego: “El
valor sustantivo de "los juegos" en estas condiciones radica en la
posibilidad de optimizar los resultados perseguidos en cada caso, apelando a
algunos de los componentes que le son propios a las actividades lúdicas. El
"Juego", el "Jugar" del que hablamos es "útil para
nada", no es redituable, no produce ninguna otra ganancia que el puro
placer, la experiencia del PLACER de participar, vincularse, expresarse, crear
y deshacer, transformar y transformarse, con otras coordenadas que las
previsibles. [6] La escuela, la casa, el barrio, desde
sus estructuras físicas, sociales y culturales pensadas desde la inclusión del
juego en la vida cotidiana de los niños y los jóvenes demanda el repensarlos y
dinamizar transformaciones culturales de imaginarios y representaciones
sociales que han mantenido una visión negativa del juego por si mismo. Desde
aquí y siguiendo al autor, se habla del ejercicio del derecho a jugar no desde
su perspectiva instrumental sino en su dimensión cotidiana: “sobre la búsqueda
genuina, respetuosa y respetable del bienestar individual y el mejoramiento de
la calidad de vida del colectivo social en aspectos difícilmente objetivables y no por ello menos trascendentes en lo que
hace al desarrollo integral del ser humano”. En
este contexto el lugar para la subjetividad, lo irracional, lo fantástico, la
sensibilidad, la creatividad está dado como parte
fundamental del derecho a jugar. Sin
embargo, existen elementos que no se pueden desconocer a la hora de hablar del
ejercicio del juego como un espacio de libertad, y menos aún en la sociedad
actual. El mercado de servicios, los modelos de desarrollo vigentes apuntan a
intereses tanto económicos como políticos que influyen de manera directa en la
vida cotidiana de los jóvenes y los niños y particularmente en sus contextos de
ocio. El ocio es particularmente importante en la modularización de la vida diaria, a través de él se crean
oportunidades para elegir. Sin embargo estas oportunidades para elegir y ser
libres están mediadas por la oferta de bienes y servicios de ocio, y
particularmente aquellas que representan el mantenimiento de un statu quo,
donde salir de ellas, es tanto como perder el estatus y la pertenencia a ese
sistema[7]. La mayoría de la gente ha pasado la mayor parte de
su tiempo en formas de ocio no amenazantes, pero no en formas anormales, en
pocas palabras el consumo provee maneras “sabias” de pasar nuestro ocio[8]; es
decir, “sabias” dentro del marco de un sistema social de referencia, igual
sucede con la forma de definir nuestras libertades y el ser libres, ellas
dependen del marco normativo y sancionatorio, tanto
jurídico como social que se nos plantea como miembros de una sociedad. Una condición crucial para la modularización
de la vida diaria es la emergencia de un tiempo de mercado, la posibilidad de
intercambiar módulos de tiempo por dinero y viceversa dentro del contexto de la
economía mundial capitalista. Esencialmente la modularización
de la vida diaria se refiere al incremento de la intercambiabilidad
de formas de pasar el tiempo en el transcurso de la vida diaria (rutinas
diarias y el curso de la vida), en razón al incremento en la escala de
suministros estandarizados de unidades de tiempo, llenados con actividades más
o menos predecibles, calculables y recombinables en
continuo crecimiento en oportunidades para que actores individuales elijan de
estos suministros reflexivamente organizado su vida diaria. Cuando el ocio implica que hay grandes posibilidades
para que los individuos elijan, entonces indirectamente, esto también significa
que hay un gran mercado para suplir los bienes, servicios y actividades que uno
puede elegir. El despliegue de la cultura del consumo es predicado bajo la
disponibilidad de consumidores, de actores que tienen dinero y tiempo para
permitir el consumo de bienes y servicios;
está vinculado a la primera dimensión de la modularización
de la vida diaria; al suplir los módulos de tiempo los actores pueden construir
sus propias rutinas diarias. El consumo de hoy no es tan autoevidente,
está ligado a la satisfacción real o creada de necesidades y es considerado
esencial en el proyecto de autoconciencia, identificación y posicionamiento.
Puesto de otra manera, el consumo podría ser tratado como otra forma de
producción o producción en otro contexto y un importante elemento en la
construcción de identidades y estilos de vida[9]. Willis[10] afirma “la extraordinaria
creatividad simbólica de la multitud de maneras en las cuales la gente joven
usa, humaniza, decora e invierte con significados sus espacios comunes e
inmediatos de sus espacios de vida y prácticas sociales incluyen casi todas sus
prácticas de ocio. No son actividades triviales o ilógicas. Dentro de las
condiciones de la modernización tardía y la crisis generalizada de los valores
culturales ellos pueden ser cruciales para la creación y sustentación de
identidades grupales e individuales aún para la supervivencia de la identidad
en si misma. El ocio ha sido crucial en la apertura de la gente
del futuro a causa de la enorme variedad de formas en las que uno puede pasar
el ocio tanto y al enorme y variado suministro de bienes de consumo y servicios
de ocio. Reflexivamente los jóvenes y los niños tienen la opción de intervenir
en la construcción de sus propias rutinas y el curso de su vida, sin embargo,
este espacio de libertad para “ser” depende en gran medida de la
institucionalidad, los adultos y las opciones de desarrollo humano de las que
disponga. La apertura de espacios intencionales o no para garantizar
el derecho al juego y la recreación en la infancia y la juventud necesariamente
ha de estar atravesado por un análisis crítico y una postura ética frente a
ellos. Los paradigmas actuales en relación con los conceptos de joven,
juventud, niño, niña, nos obliga a procesos de transformación propios donde las
rupturas tienen que empezar desde quienes estamos implicados en la
estructuración del a oferta, y ello significa establecer relaciones
horizontales y construir con ellos. Significa no calificar sus formas de asumir
las prácticas en su tiempo vida y darle el espacio y la posibilidad de
construir sus propias rutinas diarias y de vida. Los efectos de la sociedad de consumo sobre la modularización de la vida diaria puede
ser tan dependiente en tanto menos trabajemos por propiciar ámbitos para el
desarrollo de la autonomía. Es una realidad donde se están construyendo como
sujetos, el reto abrir espacios para que tenga la
herramientas para hacerlo. Crear contextos de ocio para la infancia y la
juventud requiere un trabajo concertado desde las políticas y un cambio de los
imaginarios en relación con la importancia que se les da en sus vidas. Como
plantean en el reporte de jóvenes de El
Reporte Mundial de Jóvenes del 2003 subraya que términos tales como que el
“ocio”, “el aprendizaje informal” y el “juego” se minimizan en su causalidad de
propósito y práctica y no hace justicia a la forma en la cual la mayoría de la
gente joven usa su tiempo libre”. Entre las recomendaciones
dadas en El programa Mundial para la acción para jóvenes sobre las actividades
en el tiempo de ocio están: Las actividades de ocio
son una parte integral de los programas y políticas juveniles, en consecuencia
los gobiernos, deberían planear, diseñar e implementar las políticas y
programas con su participación activa y que la importancia dada se refleje en
los presupuestos e inversiones. ·
Los gobiernos están invitando a
establecer librearías públicas, centros culturales y otras facilidades en las
áreas rurales y urbanas, para proveer espacios a los jóvenes en los campos del
teatro, las artes y otras formas de expresión cultural. ·
Los gobiernos están invitando a
mejorar la participación de los jóvenes en el turismo, los eventos culturales
internacionales, los deportes y todas las actividades de especial interés para
ellos. ·
Las actividades de ocio son un
componente de los programas educativos. Los gobiernos deben proveer
presupuestos adecuados para que las instituciones educativas establezcan actividades
para el tiempo de ocio dándole la prioridad que requiere. Además las
actividades en el tiempo de ocio deben estar integradas al currículo regular de
la escuela. ·
Las actividades en el tiempo de ocio
deberían considerarse en los procesos de desarrollo rural y planeación urbana.
Los gobiernos nacionales así como las autoridades locales y comunitarias
deberían incorporar programas y facilidades en la planeación urbana y prestar
particular atención a las áreas con densidad poblacional alta. Igualmente los
programas de desarrollo rural deberían prestar atención a las necesidades de
ocio de los jóvenes de las áreas rurales. ·
Las actividades de ocio y los medios.
Los medios de comunicación deberían encarar y promover la comprensión y
conocimiento de los jóvenes de todos los aspectos de la integración social
incluyendo la tolerancia y la no violencia. La
literatura actual en relación con el ocio, el juego y la recreación en la
infancia y la juventud, es amplia e imposible de abordar en el marco de una
ponencia, sin embargo existe un marco común y es el reto de operacionalizar
en la vida cotidiana el derecho al juego y la recreación. BIBLIOGRAFÍA CASTELO Ariel. Derechos de
niños, niñas y adolescentes en la vida cotidiana - ¿Para qué un nuevo código? CROSS, G. Time and money. The Making of consumer Culture. FALCO María del Carmen. Convención sobre los Derechos del Niño.
Universidad de Concepción del Uruguay - Centro Regional Del Río Paraná. KIVEL. D. Beth. Leisure, Narratives and the Construction of Identity Among
Lesbian, Gay & Bisexual Youth. En Journal of Leisurability, Volume 24 Number 4 , Fall 1997 LORENTE
Marcela, PAVÍA Víctor, QUINTEROS Norma, VERBIC Florencia. Equilibrio entre el
ocio casual y el ocio serio - estrategias de ruptura el derecho al juego.
Trabajo práctico realizado en el contexto de la carrera de Posgrado:
Especialización en Derechos del Niño y Políticas Sociales para VAN DER POL, Hugo. The modularisation
of Daily Life.
En Leisure: Modernity, Postmodernity and lifestyles. Ed. Ian Henry. LSA, 1994. WILLIS, P. Common Culture.
Simbolic work at play in the every cultures
of the young. Milton Keynes: Open University
Press, 1990. Nota: Para efectos
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[1] Psicóloga, especialista en Gerencia Social, Maestría Desarrollo Social y Educativo.
[2] FALCO
María del Carmen. Convención sobre los Derechos del Niño. Universidad de
Concepción del Uruguay - Centro Regional Del Río Paraná. Santa Fe. Noviembre De
2003.
[3] CASTELO
Ariel. Derechos de niños, niñas y
adolescentes en la vida cotidiana - ¿Para qué un nuevo código? Montevideo, mayo
de 1998.
[4]Lorente
Marcela, Pavía Víctor, Quinteros Norma, Verbic Florencia.
Equilibrio entre el ocio casual y el ocio serio - estrategias de ruptura el
derecho al juego. Trabajo práctico realizado en el contexto de la carrera de Posgrado: Especialización en Derechos del Niño y Políticas
Sociales para
[5] Kivel. D. Beth. Leisure, Narratives and the Construction of Identity Among Lesbian, Gay & Bisexual Youth. En Journal of
Leisurability, Volume 24 Number 4 , Fall 1997
[6] Castelo
[7] VAN DER POL, Hugo. The modularisation of
Daily Life. En
Leisure: Modernity, Postmodernity and lifestyles. Ed. Ian Henry. LSA, 1994.
[8] CROSS, G. Time
and money. The Making of consumer Culture.
[9] Ibidem,
356
[10] WILLIS, P. Common Culture. Simbolic work at play in the every cultures
of the young.