|
|
funlibre |
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Ponencia |
|
|
El
presente trabajo propone el acercamiento al turismo como actividad recreativa
para interpretar las formas de articulación entre éste y la recreación
cotidiana. El análisis se plantea en relación a dos casos: el primero
correspondiente a una formación universitaria. Se trata de una intervención
concreta con miras al desarrollo recreativo- turístico en manos de la población
local; el segundo presenta sintéticamente la situación de la recreación en una
ciudad que se propone como centro turístico emergente. Ambos localizados en la
Patagonia Argentina. Recreación y
Turismo. La
aparición del turismo como fenómeno de masas se sitúa a partir de la II Segunda
guerra mundial con el desarrollo de las tecnologías de transporte y la
consolidación de períodos de tiempo libre en las vacaciones pagas como derechos
de los trabajadores. El turismo aparece entonces como una práctica recreativa
del tiempo libre vacacional. Los motivos de los desplazamientos –condición de
posibilidad del turismo- se constatan afines a los motivos que originaban las
actividades recreativas realizadas en el tiempo libre cotidiano, salud,
descanso diversión y placer, mediados por la realización de las actividades que
permitiera el destino elegido. La
vida cotidiana ofrecía una temporalidad para actividades después de la jornada
laboral, y los reclamos sostenidos por un descanso más prolongado dan lugar a
las vacaciones pagas, origen del turismo tal lo entendemos en las sociedades
modernas. El turismo surge como una actividad recreativa en una temporalidad
más prolongada y en un espacio diferenciado al del lugar de residencia
habitual. Ahora bien, para que ocurra el hecho turístico y a partir del
desplazamiento que conlleva se han debido desarrollar los denominados servicios
básicos del turismo –alojamiento, alimentación y transporte-, materializados en hoteles, restaurantes,
líneas aéreas y de buses entre otras. La consecuencia inmediata al desarrollo
de tal estructura para la atención del turista ha sido la de otorgar al turismo
un tratamiento diferenciado de otras prácticas recreativas, encubriendo en
muchos análisis su esencia en manos del consumo. Esto propició una atención
casi exclusiva a los aspectos económicos originados a partir de tales
desplazamientos. Atento
a que el énfasis semántico responde a los paradigmas que sustentan quienes
proponen los desarrollos teóricos se reconoce que, los desarrollos conceptuales
que se realizaron alrededor del turismo han variado desde priorizarlo como una
actividad económica, hasta destacarlo como una práctica social y cultural, pero
unos y otros lo reconocen vinculado siempre al campo del ocio y el tiempo
libre. Pero
es a partir de lo que en la actualidad se entiende como el fracaso de los
desarrollos turísticos tradicionales, centros de turismo receptivo a gran
escala que han producido asimetrías sociales,
deterioros ambientales y desequilibrios económicos, como poco a poco las
formulaciones teóricas indagan nuevas perspectivas de análisis que permitan
entender al turismo como un fenómeno complejo y multideterminado que se
desenvuelve en las dimensiones política, social, cultural, económica y
medioambiental[1],
brindando la posibilidad de definir las interrelaciones entre las mismas a fin
de delimitar estrategias de intervención que minimicen los impactos negativos
de la actividad. En
este sentido Hiernaux (1999) –autor mexicano-, afirma que “el turismo es, antes
que todo, una práctica social colectiva que integra mecanismos distintos de
relación al espacio, a la identidad y al Otro. Por ende, mas que una actividad
económica, el turismo es una práctica generadora de actividad económica en la
misma forma que la religión, el deporte o la guerra”. Esta
definición, pone en primer plano la dimensión sociocultural del turismo, sin
desconocer los beneficios económicos que del mismo devengan para el núcleo
receptor. Entender al turismo como un fenómeno sociocultural –no en términos de
consumo- nos pone mas cerca de focalizar en el ser humano –ya sea el propio
turista o el poblador local, dejando de lado las visiones de valoración
negativa del fenómeno, para partir a identificar las posibilidades de
enriquecimiento y desarrollo personal y colectivo que esta práctica recreativa
encierra. El
turismo no es la panacea del desarrollo para cualquier sociedad y tampoco es el
poder destructivo y la práctica despersonalizada, uno y otro extremo han
contribuido a desvirtuar lo que el turismo como práctica recreativa en esencia
representa. Los
beneficios de la actividad turística tanto para el turista como para el
habitante del centro receptor, son muchos y
guardan un carácter sinérgico cuando ésta no es dejada al arbitrio de
las leyes de mercado, sino que se
impulsa en una acción planificada en el marco del desarrollo local. Con
atención a estas reflexiones iniciales podemos resumir, sin la pretensión de
ser exhaustivos, que las prácticas recreativo-turísticas en el marco de una
política que armonice los distintos ámbitos de su economía, arroja los
siguientes beneficios en relación a los aspectos económicos; ambientales y
socio-culturales: Impacto Económico: -
ingreso de divisas, en su
modalidad de turismo internacional. -
generación de empleos directos e
indirectos. -
fortalecimiento de las economías
regionales. -
reconversión productiva, esto es
la incorporación de servicios al turista en actividades productivas ya
existentes que adquieren la forma de turismo rural, agro- turismo, etc. -
posicionamiento como núcleo de
oportunidades para recibir
financiamiento nacional e internacional. -
diversificación de mercados para
los productos locales como artesanías y alimentos entre otros. Impacto
Ambiental. -
Crea conciencia para la protección
del medio ambiente tanto por la acción ejercida sobre los turistas como por las
medidas impuestas a las empresas en términos de prácticas medioambientales. -
Impulsa mecanismos legales para la
protección de espacios naturales, definiendo áreas protegidas; reservas
ecológicas; monumentos naturales, etc. -
establece mediante la legislación
normas para proteger la flora y la fauna, posibilitando controles y sanciones
para la caza furtiva o introducción de especies exóticas. -
transfiere prácticas ambientales
positivas a otros sectores de la economía. -
promueve investigaciones sobre los
ecosistemas locales. -
promueve el desarrollo de planes
de manejo Impacto
Socio-Cultural. -
Revaloriza las costumbres de la
comunidad local. -
revaloriza fiestas populares y
tradiciones locales o regionales. -
favorece el reconocimiento de los
pueblos originarios en sus demandas territoriales u otras. -
Impulsa la producción de
artesanías y difusión de técnicas primitivas de realización. -
promueve el interés por la
recuperación y conservación de monumentos y sitios históricos. -
promueve el interés por la
creación y mantenimiento de museos antropológicos, históricos y de la vida
cotidiana; muestras de arte, exposiciones fotográficas, etc. -
promueve investigaciones
vinculadas al patrimonio cultural local: historias de vida; procesos de
poblamiento; primeros pobladores, etc. Primer Caso [2] -
La formación - Partiendo
del reconocimiento que la actividad turística no es negativa per se, que son múltiples los beneficios
que ella puede generar para una comunidad, la posibilidad de orientar un
desarrollo turístico hacia el desarrollo humano, implica afrontar el desafío de
instrumentarse para impulsar la intervención desde esta perspectiva. No solo se
trata de entender que el turismo no es un mero consumo, sino que hay que partir
hacia la apropiación de nuevas habilidades y destrezas que posibiliten
cualificar la práctica en pos de propiciar una equitativa distribución de los
beneficios que del mismo devengan armonizando el aprovechamiento de los recursos
naturales con otras prácticas productivas del lugar y respetando el capital
cultural[3]
de las poblaciones que habitan en los territorios con condiciones turísticas. Un
ejemplo que ilustra el proceso de repensar el turismo para una gestión en términos de desarrollo humano, ha sido el
llevado a cabo por la Facultad de Turismo de la Universidad Nacional del
Comahue –Patagonia Argentina- en la carrera denominada Técnico Universitario en Gestión del Desarrollo Turístico Local. El
perfil del egresado propone formar un profesional capacitado para: “actuar en los procesos de gestión de
productos-servicios para el turismo y la recreación a partir del uso
sustentable del patrimonio local y bajo el concepto de calidad de los
servicios. Se define a este profesional como un emprendedor y agente de cambio
comunitario en el campo del desarrollo del turismo y la recreación a escala
local.” La
intención de promover un profesional para actuar la gestión de la recreación y
el turismo conjuntamente supone la comprensión de que tanto las actividades
recreativas cotidianas como las actividades que motiven el desplazamiento del
turista ocurren en un mismo espacio –el centro receptor- por tanto tiene que
promoverse para el disfrute de ambos, más aún cuando los soportes de la actividad
–natural o cultural- son patrimonio de la comunidad local. El turismo no puede
incentivar la clausura de espacios para el poblador local. El riesgo que se
pretende superar aquí es el de especializar el espacio jerárquicamente a favor
de los turistas, anulando la accesibilidad
de la población local a espacios estéticamente diferenciados. De ser
así, habría que reconocer que a tal especialización espacial subyace una
jerarquización de los sujetos en manos del poder establecido, por lo que los
efectos negativos del turismo en términos de asimetrías sociales, que se
pretenden anular, se potenciarían. Otro
aspecto a destacar del perfil profesional que estamos analizando es la
posibilidad de ejercer una “intervención
turística resignificada por su pertenencia al ámbito local, lo cual supone una
mayor efectividad en términos de sus externalidades positivas, por la
combinación de los saberes tradicionales con los saberes técnicos que le
posibilitan dar respuestas a las problemáticas regionales armónicamente”. Nos
referimos aquí, a que la comprensión del fenómeno turístico como herramienta de
desarrollo humano, y para una real apropiación de las externalidades positivas
que ya hemos destacado, debe prever la formación de los actores locales en
atención a sus propios saberes tradicionales, imbricando los mismos con los
saberes que el técnico o el docente se propone aportar. No se trata de
“colonizar” los saberes tradicionales del alumno sino de potenciar sus propios
saberes a partir de la apropiación de los saberes técnicos que lo instrumentan
para la acción en los nuevos escenarios del desempeño profesional. Que el
poblador local pueda apropiarse de esta síntesis de saberes es lo único que nos
ubica en la dirección adecuada para iniciar y consolidar un proceso de
organización comunitaria, de verdadera autogestión, en la que la reflexión
sobre su propia cultura sea el camino para definir que quieren mostrar al
turista y en qué condiciones. Esta es, a nuestro entender, la única forma en la
que el proceso de desarrollo que la comunidad emprenda sea sostenible en el
tiempo. Es
así como se llega a una estructura curricular organizada en tres ciclos. El
primero referido a Sustentabilidad y Desarrollo propone alcanzar la
concientización de los alumnos habitantes de la localidad en relación al valor
de los propios recursos naturales y culturales que poseen en su territorio.
Para ello los módulos curriculares específicos focalizaron el reconocimiento de
los atractivos naturales y su potencialidad turística; del mismo modo se indagó
en la cultura local para detectar los valores diferenciadores de sus costumbres
ya sean recreativas y productivas devenidas de los ancestros. La naturalización
de estos procesos en la vida cotidiana impide reconocer el valor que las mismas
prácticas tienen en la construcción de la propia identidad y el valor que
encierran para el visitante en su búsqueda de conocimiento del Otro. Por tanto
es necesario redescubrir el patrimonio y redescubrirse como cultura particular.
Es así como se asistió por ejemplo a la identificación de utensilios,
herramientas de producción, y comidas
tradicionales como parte del capital cultural objetivado; a la revalorización
de costumbres y juegos de los antiguos como parte del capital cultural
apropiado o incorporado y a las formas de asociación y convivencia como parte
del capital social[4]
con pautas propias. Parte del proceso de
resignificación de lo local se trabajó en el módulo referido a la Programación
de la Recreación Social. El mismo se estructuró a partir de identificar las
propias modalidades de uso del tiempo libre y su valoración en términos del
aporte que esas modalidades realizaban a la calidad de vida. Se identificó
claramente cuáles de las propuestas recreativas constituían un aporte en este
sentido y cuales respondían a otros intereses, evaluándose que aquellas
prácticas asentadas en la naturaleza y la cultura del lugar eran las que
favorecían la conciencia de identidad propia, puesto que reflejaban las formas
como un colectivo social se relaciona con la naturaleza, con los otros
habitantes y con manifestaciones dejadas por sus antecesores. Como datos
ilustrativos del módulo, en el proceso diagnóstico de las propuestas de
recreación local se estableció: I -Oportunidades Recreativas por
tipo de actividad Los
distintos tipos de actividades recreativas consignadas para las localidades
fueron: actividades deportivas - 34% - del total de actividades propuestas,
constatándose que la mayoría de las mismas son fútbol para niños, adolescentes
y adultos presentadas bajo la forma de campeonatos, encuentros y diferentes
tipos de competencia; un 22% correspondió al tipo celebraciones y efemérides,
congregándose en este rubro conmemoraciones de fechas patrias, celebraciones
del día del niño, del estudiante, de la madre, etc. En tercer lugar las
actividades referidas a tradiciones y fiestas populares -14%- ; y con menor
porcentaje -11%- se registraron muestras –fundamentalmente de artesanías, y
actividades que demandan destrezas especiales en relación a un elemento
natural. Las actividades religiosas –procesiones y celebraciones- con un 6%;
finalmente las que hemos denominado de esparcimiento 4% y talleres para el
aprendizaje de alguna destreza –modelado en cerámica- con un 3%. II- Oportunidades Recreativas
según naturaleza de la Gestión. La
investigación de los alumnos determinó que el
56% de las actividades recreativas son propuestas del Estado, ya sea
Municipal o Provincial; el 19% es de gestión mixta; un 19% corresponde a la
gestión de organizaciones intermedias –comisiones vecinales; iglesia;
agrupaciones gauchas-; y un 6% a gestión privada. El cruce de los datos presentados
precedentemente permite identificar que las actividades de gestión estatal –56%-
corresponden al tipo deportivas; celebraciones y efemérides. Las de gestión
mixta fundamentalmente a tradiciones y fiestas populares algunas muestras y
talleres; las organizadas exclusivamente por organizaciones intermedias a las
actividades religiosas, alguna muestra y las denominadas de destrezas
específicas como ascensos a volcanes o montañas cercanas; y las de gestión
privada a las denominadas de esparcimiento- bares y café. El alto grado de
gestión estatal y el tipo de actividades propulsadas permite inferir que éstas
–en su mayoría- no responde a las pautas culturales de la población sino que
aparecen imponiendo un modelo de recreación estandarizado por parte del estado
que interviene en la recreación como un antídoto contra los problemas sociales
más que por considerarla como un bien social (Grant Cushman.[5])
El proceso de socialización[6]
por el que atraviesa todo ser humano, se impregna también por las prácticas
recreativas ya sea las propuestas por el grupo familiar en el ámbito privado o
las que devengan de las políticas públicas, cualquiera de sus formas contribuye
a la configuración de habitus[7]
en relación al uso del tiempo libre. De allí que debamos prestar especial
atención a la sistematización de Modos de Recreación[8]
estandarizados y desvinculados de los intereses de la comunidad, ya que son un obstáculo para el desarrollo integral
del individuo al no facilitar el proceso de la construcción de la identidad
colectiva y especializar a la población en un espectro reducido de actividades
que en poco o nada contribuyen al desarrollo humano. III- Oportunidades Recreativas
según el soporte de la actividad. Finalmente
se analizaron las oportunidades recreativas del área en cuestión según el
soporte –natural o cultural- predominante en la actividad. Se consideró como
soporte de la actividad al elemento indispensable para caracterizar a la misma.
Atento a que la diferenciación responde a la presencia predominante de tal
elemento, por lo que es necesario aclarar que si bien todas las actividades son
expresión de la cultura, en tanto el hombre es partícipe, forman parte de las
actividades identificadas como culturales aquellas en que una expresión
particular de la cultura es lo convocante. Así se estableció que el 14% de las
propuestas recreativas de las comunidades en estudio tienen una vinculación
directa con algún atractivo natural; el 18% se asientan en patrimonio cultural
tangible e intangible y el 68% restante no poseen un soporte claramente
establecido en los términos de la clasificación. En
resumen, del análisis se desprende que básicamente las actividades de gestión
estatal ya detalladas son las que no se vinculan directamente a los recursos
naturales y/o culturales de la localidad, es decir no consideran el patrimonio
de la comunidad como posibilidad de disfrute y reafirmación de la identidad
local. Pero sí adquieren importancia y se incorporan a la agenda política
cuando –siguiendo a Cushman Grant (2000) – motivan desplazamientos turísticos.
Por estas razones desde la formación universitaria, se impulsó en el primer
ciclo el empoderamiento de la comunidad local mediante la revalorización de sus
oportunidades recreativas en relación con el patrimonio local. De esta manera
la comunidad ha pasado a tener conciencia de la importancia de la defensa de su
patrimonio entendiendo que el uso y disfrute del mismo en prácticas recreativas
comunitarias es condición inicial para facilitar su preservación consolidando
la identidad cultural para mantener las condiciones de accesibilidad al mismo
frente a la demanda de la recreación turística. Estamos sugiriendo aquí que las
prácticas recreativas cotidianas de una comunidad con soporte en lo patrimonial
son un pre-requisito para emprender el desarrollo turístico. El segundo y tercer ciclo de esta
Tecnicatura se abocaron a la instrumentación del alumno en procesos
específicos: a-- Desarrollo Turístico – diseño de productos turísticos
incorporando técnicas de interpretación del patrimonio y considerando la
calidad del producto como principal herramienta estratégica competitiva y b-
Gestión de Micro emprendimientos turístico – recreativos identificando
oportunidades que pudieran derivar en propuestas de negocios propiciando formas
asociativas de proceder, así como desarrollar e implementar herramientas del
marketing y la comunicación para facilitar la comercialización de los
servicios. Con base en los lineamientos
propuestos por los distintos módulos se desarrollaron variadas actividades
prácticas, algunas de las cuales se estima podrán conformar la oferta turística
de esta comunidad. En
términos de la reapropiación y resignificación de la Identidad local se
realizaron: - Muestra sobre patrimonio, denominada “De la depredación a la Preservación” organizada por los módulos del primer ciclo, con asistencia de la población local. La muestra consistió en la exposición de artefac |